25 mayo 2002
Eurovisión 2002 – El Triunfo de Marija Naumova (Letonia) llena de decepción a los seguidores de ‘Operación Triunfo’: Rosa López quedó en 7º lugar con su ‘Europe´s living a celebration’
Hechos
El 25 de mayo de 2002 se celebró el festival de Eurovisión de ese año.
Lecturas
27 Mayo 2002
De La Decepción Al Bochorno Televisivo
Lo peor del séptimo puesto de Rosa López en el Festival de Eurovisión no ha sido el mayúsculo desencanto nacional, que no encuentra parangón ni en los fiascos más sonados que España ha sufrido en las últimas décadas con motivo de grandes acontecimientos deportivos. Lo peor, decimos, ha sido el vergonzoso espectáculo que millones de espectadores pudieron contemplar en TVE a la conclusión de los votaciones. El culmen eurovisivo de Operación triunfo nos lleva a convencernos de que la fatalidad conduce sistemáticamente a la televisión en nuestro país a desembocar en la más rancia chabacanería, la sonrojante horterada y la falta del sentido del ridículo.
No cabe otra conclusión después de comprobar cómo TVE pervirtió la fórmula mágica de su programa estrella, al no tener ni siquiera previsto cómo reaccionar ante un resultado que cualquier profesional de la música podría haber vaticinado. Quedarán por muchos años como motivo de oprobio los comentarios soeces, el patrioterismo barato y la mala educación que los protagonistas del invento exhibieron en su intento baldío de presentar como un éxito el fracaso de Tallin. Hicieron el ridículo por no saber perder.
Con el beneplácito de TVE y en un alarde de chovinismo que queda fuera del alcance de los franceses, los presentadores y los compañeros de Academia de Rosa López se propusieron maquillar las falsas expectativas creadas en torno a Europe’s living a celebration con una ceremonia de despropósitos inenarrable. No es de recibo que la audiencia tuviera que pasar del completo catálogo de tacos que desplegó Nina a la apoteosis del esperpento en el abarrotado pabellón de Granada. El presentador del evento, Carlos Lozano, remató la faena culpando a Europa del resultado de Rosa con un estilo casposo y entre aullidos que dejaron patente su abundante pelo de la dehesa.
La responsabilidad de lo sucedido recae de lleno en los gestores de TVE. En su febril obsesión por explotar la gallina de los huevos de oro no han dudado en manipular a los concursantes acelerando su transformación y montando un circo descomunal a su alrededor para sacar los máximos beneficios del sustancioso negocio en que se ha convertido OT. Su ambición desmedida ha motivado este descarrilamiento patético. Eurovisión les ha hecho descender a la realidad: en contra de lo que hicieron creer, la canción que interpretó Rosa estaba entre las ocho o diez más mediocres y sólo el voto de Francia, Bélgica y Suiza, donde existe una fuerte implantación de inmigrantes españoles que apoyaron en masa a la joven granadina, evitó que la debacle fuera absoluta.
La víctima de este disparate no es otra que Rosa López, a la que ayer TVE secuestró para abortar de forma humillante el recibimiento de miles de seguidores. Lejos de rectificar sus errores de la noche anterior, TVE aseguró ayer en uno de sus programas que la canción española fue perjudicada por «unas votaciones previsibles» y que su «calidad no fue reconocida». ¿Resucita la conjura antiespañola?
24 Mayo 2002
Operación Fracaso
En la España embobada con Operación Triunfo, una huelga general constituirá una rotunda Operación Fracaso. No es que haya o deje de haber motivos para una huelga general, es que los españoles pasamos por una crisis letárgica de conformismo y adocenamiento que sólo moviliza muchedumbres ante el cotilleo televisado, la coña de Eurovisión y las copas del Real Madrid. ¿Dónde está esa sociedad atenta, activa, vigilante, concienciada, disconforme y movilizada que, manteniendo un paso diario de crítica, reivindicación y protesta esté entrenada para el gran paso de una huelga general? En ninguna parte. O, mejor dicho, está tirada en el sofá, está de puente, está de fin de semana, está a sus pequeñas cosas.Está a la espera de que alguien o algo la despierten de su siesta, pero ese alguien o ese algo no tienen pinta de ser el brusco toque de corneta de unos sindicatos en crisis, decadentes y divididos y de una huelga general que nos pilla con los ojos cerrados y los músculos atrofiados.
Zapatero tiene la decisiva y muy complicada papeleta de desmarcarse radicalmente de semejante idea. No puede ser que el político que lo pacta todo con el Gobierno, el hombre tranquilo que evita a diario la confrontación, el que busca en el centro sus votos, cometa el error y perpetre el ridículo de ponerse el chubasquero por un día para jugar a una izquierda inexistente en la práctica, que tiene la cabeza espesada por un enturbiamiento de sus ideas que ya dura demasiado, para jugar por unas horas con el arma más radical y genuina de una torrentera social y política que hoy es un apacible estanque de patos. Lo tiene difícil Zapatero, con Chaves e Ibarra jugando a otra cosa, pero ese problema lo tiene que solucionar, con huelga o sin huelga, de una vez.
No entro ni en el contenido de la ley, que puede recusarse, negociarse o protestarse de otras formas más proporcionales a la fuerza disponible. Ni en la evidencia de que hay problemas y gente que sufre. Ni en si la huelga va o no va a hacer daño a la imagen de España. Ni concibo siquiera la posibilidad de utilizarla como acción de desgaste contra el PP de cara a las futuras elecciones, lo que no dejaría de ser una utilización cínica y bastarda de los dolores sociales que se arguyen para desesperados fines partidistas que deberían perseguirse y legitimarse reponiendo en pie cada día a la izquierda española con ideas, actitudes y soluciones nuevas.
La idea de ser izquierdista por un día me repugna y me avergüenza.Esta maniobra desmesurada va a dejar una sensación de vacío, de patetismo y de fracaso justamente en la presunta izquierda que pretende revitaminarse con ella. Esto va a ser como ir cojo de una pierna a Lourdes y volver con la otra pierna rota. No se puede, ni se debe, hacer en un día lo que no se está haciendo cada día.
26 Mayo 2002
Exagerar la nota
Ha llovido mucho desde el nacimiento del Festival de Eurovisión, en 1956, pero la idea de mezclar europeísmo musical y concurso sigue siendo lo bastante peregrina para funcionar. Si se gana, cada país le da a la victoria un sentido que varía en función de sus carencias, a remolque de una industria que ve en estos montajes el escaparate para vender y, a falta de señas identitarias más serias, imponer nostalgias aptas para todos. Este país ha superado con creces todos los niveles de ese patrioterismo que sirve tanto para santificar el gol de Zarra como para elevar a categoría de santa Rosa de España a una granadina entrañable y que, cuando caiga en manos del lado oscuro de la industria, podría acabar siendo Marchita de Estonia virgen y mártir con todo su ejército de coros y danzas incluido.
Para endulzar el recuerdo de viejas derrotas, TVE ha apostado por Operación Triunfo con la intención de olvidar un pasado del que Massiel sigue viviendo los lunes y miércoles y renegando los martes y jueves. A otros, en cambio, les persigue la leyenda de un fiasco, como a Remedios Amaya, que por una barca que no supo manejar está condenada a que no se valore su duende gitano. De José Guardiola se cuenta que tuvo que poner dinero para cubrir los gastos de una expedición que no tiene nada que ver con el lujo que ha rodeado la de este año, anunciada con un spot promocional estupendo en el que se tararea el himno de Eurovisión y cuyo lema dice ‘Todas las voces de España’. Puede que sea cierto: sólo faltó la Brunete para completar una estrategia que tenía por misión ponerle la guinda al sabroso pastel de OT. Siguiendo con el símil culinario, OT ha sido el plato fuerte; Triunfomanía, un segundo indigesto, y la traca final de Tallin, precedida ayer por un despliegue brutal desde Granada, un postre enriquecido con glamour barato y esperanto de academia de idiomas, una mezcla que produce una erosión neuronal de consecuencias imprevisibles en el espectador.
¿Quién iba a pensar que las cosas acabarían así? Nadie. Y ésa es la gran lección del invento: confirmar que el azar y el gusto del público todavía pueden dar sorpresas, sobre todo si sus protagonistas no traicionan la mezcla de ingenuidad y ambición que, junto a la recuperación de la canción-espectáculo, les ha llevado hasta aquí. Éste es el gran mérito de OT: acertar con un formato bien hecho y que ha sido defendido primero con sensatez y luego con alevosía por parte de TVE y de una productora, Gestmusic, consciente de que las cosas nunca más le volverán a ir tan bien y que, por tanto, hace bien en disfrutar del momento. Pero ojo: el bombazo de OT deja secuelas. Primera: las imitaciones, que, como Estudio de actores, no le han hecho justicia al modelo imitado. Segunda: la abusiva presencia de los chicos de OT en la parrilla de los últimos meses, explotando no ya su simpatía, sino exhibiendo obscenamente sus discos de platino. A nivel televisivo, pues, OT y sus derivados han exagerado la nota hasta tal extremo que, cuando Rosa sale al escenario de Tallin, a muchos ya nos da lo mismo que gane o que pierda. No porque no seamos patriotas constitucionales como Dios manda, sino porque estamos hasta las mismísimas narices de la dichosa celebration.
28 Mayo 2002
Caspa
A juzgar por lo que sale en los medios, se diría que los españoles hemos sufrido una amarga decepción por la derrota de Tallín, cosa que me deja estupefacta. ¿De verdad esperaba alguien ganar con esa canción tan lamentable? Aún es más: ¿de verdad le importaba a alguien ganar Eurovisión, uno de los festivales más casposos del planeta Tierra? Llevo un par de días atrapada en el interior de una pesadilla regresiva: de repente me he visto en el túnel negro de mi infancia franquista, en medio de un delirio patriotero adobado por los comentarios increíblemente petardos de Uribarri, Lozano y compañía, que parecían reinventar la conjura judeomasónica contra E’paña, E’paña. Por no hablar del complejo de inferioridad que todo eso demuestra y del mal estilo exhibido al perder.
Si es cierto lo de la decepción nacional, entonces es que el personal verdaderamente se creyó que Rosa era Cenicienta y que las Cenicientas existían. Los chicos de OT (que son buena gente, chavales simpáticos) han tenido éxito justamente por eso: porque todo el mundo se puede identificar con ellos, porque personifican el triunfo dorado al que aspira cada cual. Un triunfo concebido de manera tan infantil, tan de cuento feliz, que muchos pensaron que en Tallín el orbe entero se rendiría ante Rosa, porque así es como sucede en las películas de Hollywood. Pero, claro, luego llega la vida y demuestra que Rosa no es un Prodigio Único, sino sólo una cantante más entre muchas otras. Ahora sólo falta que Rosa comprenda que ser una más no es malo, sino mejor, porque es lo único real. Y que es ahí, en la realidad, en donde puede construirse una existencia feliz y una carrera, buscando con tiempo y esfuerzo su lugar. Porque el lugar que hoy ocupan los chicos de OT es un lugar prestado. No sé si estos muchachos conseguirán sobrevivir a tanta desmesura: al amor frenético del público, que dentro de nada se puede convertir en una antipatía igualmente gratuita; y a la mezquina envidia de los cantantes profesionales, que están dando un espectáculo penoso al criticar a estos chicos por puros celos. Lo más interesante del fenómeno OT es que ha sido una radiografía sociológica de nuestro país; y ha demostrado que, si se nos rasca un poco, asoma una cantidad de caspa espeluznante.