17 mayo 2002

El asesinato del líder anti-islámico catapulta a su partido a la segunda posición

Elecciones Holanda 2002 – Victoria democristiana con Balkenende mientras los socialdemócratas pagan el efecto ‘Pim Fortuyn’

Hechos

En mayo de 2002 se celebraban elecciones legislativas en Holanda.

Lecturas

 El líder del democristiano CDA, Jan Peter Balkenende, apodado ‘el Harry Potter’, ha ganado las elecciones con 43 escaños y será el nuevo primer ministro con el apoyo de la lista Pim Fortuyn.

 La Lista Pim Fortuyn ha logrado un gran éxito al entrar de golpe en el parlamento holandés como segunda fuerza en una campaña marcada por el asesinato de Fortuyn. Su líder sustituto es Peter Langendam, que previsiblemente pactará con Balkenende.

 El candidato del Partido Socialdemócrata, PVDA, Ad Melkert, centró su campaña en atacar a Pim Fortuyn como un dirigente ‘ultra’ y fascista. Por lo que cuando este fue asesinado, muchos le señalaron como incitador al odio. El Partido Socialdemócrata obtuvo un importante desplome al caer de 45 escaños a 23 a pesar de que el gobierno socialdemócrata de Wim Kok (1994-2002) había tenido una gestión contra el paro considerada eficaz.

17 Mayo 2002

El fantasma llega a Holanda

Hermann Tertsch

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El nuevo escenario político holandés lo auguraban algunos, pero pocos creían que surgiera con semejante rotundidad. Ganan los cristianodemócratas de la CDA con más votos de los que jamás pensaron poder lograr, Pim Fortuyn logra una gran victoria posmortem y sitúa a su lista como segunda fuerza política, y todos los partidos del Gobierno saliente se hunden, en especial el laborista PvdA de Wim Kok. Es ocioso especular sobre los efectos que el asesinato de Fortuyn a manos de un fanático ecologista, o simple descerebrado, haya podido tener sobre los resultados de las elecciones del miércoles. Pero es posible que, en vida, Fortuyn hubiera logrado aún más y que votantes suyos hace tan sólo unos días optaran finalmente por apoyar a la CDA ante la evidencia de que sin Fortuyn, su partido no es más que una agrupación de adoradores huérfanos sin programa, sin experiencia y sin mayor factor de cohesión que el malestar. Esto explicaría el éxito de Jan Peter Balkanende.

Éste será el encargado de formar un Gobierno de coalición y todo indica que en el mismo estará presente el fantasma del cabeza rapada encarnado en unos cuantos ministerios. Y aunque los ministros huérfanos sean unos novatos sin formación ni perfil propio, es decir, en principio fagocitables por Balkanende y su partido, la vida da sorpresas y con frecuencia son desagradables. Mucho se ha escrito sobre el célebre muerto, y entre tantos esfuerzos de comprensión hacia el personaje, tan simpático por extravagante, se ha corrido peligro de canonizarlo por la vía de urgencia. Pero las ideas, y ante todo los sentimientos, sobre los que logró cabalgar durante su fugaz pero espectacular carrera siguen ahí y van a estar representadas en el Parlamento por gentes menos brillantes en todo caso y probablemente menos inteligentes. El éxito de la Lista Pim Fortuyn llevará en todo caso al nuevo Gobierno conservador a una política de mayor rotundidad derechista.

Cuando algo muy similar sucedió en Austria, toda Europa se llevó las manos a la cabeza y la UE se lanzó a castigar a aquel país con sanciones por su mal criterio electoral. Cuando en Italia se formó ese triste triunvirato Berlusconi-Fini-Bossi ya nadie se atrevió a sugerir sanciones a un miembro del G-8. Y después de que Le Pen dejara en evidencia a toda la clase política francesa en la primera ronda de las elecciones francesas, Europa reaccionó con histeria. Eso sí, para zambullirse de nuevo y de inmediato en la autocomplacencia al interpretar los resultados de la segunda ronda como un triunfo de los valores democráticos cuando en realidad sólo había sido la previsible confirmación de que, puestos ante la disyuntiva de votar a un bronco ultraderechista patibulario o a un miembro de la vieja clase política, tramposo, bajo sospecha y con problemas de carácter, se inclinarían por la segunda opción. La primera era excesivamente grotesca. Ahora, el fantasma europeo ha nombrado delegado en el Parlamento -y previsiblemente en el Gobierno- de Holanda.

Sería ya hora de que los partidos tradicionales, y sobre todo esa izquierda que se está suicidando en todo el continente, se planteara las razones por las que sus votantes desertan hacia formaciones populistas que al final siempre cristalizan en el ultraderechismo. Quizás la negación sistemática de evidencias sea una de ellas, en cuestiones de inmigración, de integración, de delincuencia y tantas otras. La bondad infinita -abran las fronteras-, así como el dogma de la tolerancia incluso hacia los intolerantes, pueden ser perversos si llevan a ignorar los temores y las experiencias de la propia población. Ésta se ofende y protesta.

16 Mayo 2002

El partido del asesinado Pim Fortuyn se convierte en la segunda fuerza política holandesa

Alfonso Rojo

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Diez días después de muerto, Pim Fortuyn ha triunfado en las elecciones holandesas. Huérfano de líder, el partido que formó hace tres meses ha quedado segundo y formará parte del Gobierno. Los democristianos vuelven al poder tras ocho años de suave oposición. Su líder, Jan Balkenende, será primer ministro.

Los dos muchachos avanzan muy juntos, como si fueran pareja.Mientras esperan el turno de votar, buscan el sol, con la ansiedad de los habitantes de los países fríos. Huele a canal y a primavera en el viejo centro de Amsterdam.

«Pim nos abrió los ojos», explica el más alto. «Fue el primero que dijo en voz alta lo que muchos pensábamos en Holanda y no nos atrevíamos ni a comentar».

Aunque ambos confiesan no estar seguros de que los que mandan ahora en la Lista Fortuyn sepan gobernar, van a votar por ellos.

«Eso al menos servirá para agitar las cosas y que la política comience a cambiar», se justifica el más bajo. «Nosotros no somos ultraderechistas ni racistas, y Pim tampoco lo era».

Algunos de los que están en la fila comparten sus ideas. Con matices. Una chica admite que se sintió incómoda la primera vez que escuchó a Pim Fortuyn calificar el islam de «cultura retrógrada», pero está plenamente de acuerdo en que los musulmanes deben integrarse y respetar las reglas de la sociedad holandesa.

«Los que ya están aquí se pueden quedar; Pim nunca dijo que debían regresar a sus países, pero Holanda es pequeña y ya estamos llenos», aclara la muchacha, que trabaja de terapeuta en un asilo. «Este ha sido el país más libre y tolerante del mundo durante muchos años y no queremos que se eche a perder».

No eran matices sobre la inmigración lo único que distanciaba a Pim Fortuyn de la extrema derecha francesa, liderada por Jean-Marie Le Pen. Su énfasis en la necesidad de «tomar medidas para preservar la tolerancia», su brillantez intelectual, su acerada inteligencia y hasta su rampante homosexualidad, que utilizaba como reclamo electoral, también le colocaban aparte.

Ayer, 10 días después de que un ecologista alucinado le acribillara a tiros en el aparcamiento de una emisora de radio, más de dos millones de holandeses votaron a favor del partido creado hace tres meses por este sociólogo de verbo abrasivo, lenguaje directo, cerebro privilegiado, ideas eclécticas y cabeza rapada.

Con el 92% de los votos escrutados los cristianodemócratas aparecían como claros vencedores, con 43 escaños de los 150 que componen el Parlamento. En segundo lugar quedaba la Lista Pim Fortuyn (LPIF), con 26 diputados. Detrás los liberales del VVD, con 23, y el Partido Laborista, con otros 23, que obtenía así su peor resultado desde la II Guerra Mundial. Los Verdes sacaban 11 escaños y los centristas del D-66 se quedaban con ocho.

La obsesión por el consenso que tanto vituperaba Pim Fortuyn ha convertido en una regla no escrita que el Gabinete se diseñe siguiendo al pie de la letra los resultados de las urnas. Durante las próximas semanas, mientras el país es dirigido por probos y anónimos funcionarios, los políticos negociarán con discreción nombres y puestos. La tradición exige que la «voluntad del electorado» se refleje en la coalición gubernamental. Eso significa que los derechistas de la Democracia Cristiana retornarán al poder, que su jefe Jan Peter Balkenende será primer ministro y que los seguidores de Pim Fortuyn coparán al menos cuatro carteras.

Hay quien se agita nervioso, convencido de que la entrada de la Lista Fortuyn en el Gabinete endurecerá la política de inmigración y metamorfoseará a Holanda, haciendo que una de las naciones más europeístas del Viejo Continente se pase al euroescepticismo.Algo de eso ocurrirá, pero no habrá giros dramáticos.

Pim Fortuyn tenía fobia a los eurócratas de Bruselas y quería poner freno a la integración europea, pero nadie pretende en Holanda donde la economía ha crecido un 3% anual desde 1982 y el paro está en el 2% poner patas arriba el sistema o desmantelar el Estado de bienestar.

Los cambios son de otra naturaleza y ya están en marcha. Aunque la Lista Fortuyn termine desintegrándose su nuevo líder, el biólogo Peter Langendam ya ha anunciado que dimitirá uno de estos días , las aguas nunca volverán a su cauce y prueba de ello es cómo están cambiando en este país las formas y actitudes de los políticos. Ayer mismo, tras conocer los resultados, el líder laborista, Ad Merkert, anunció su dimisión. «Necesitamos hacer cosas para restaurar la confianza del pueblo», dijo para justificar su marcha.