14 abril 1962

El Jefe de Estado de Francia, De Gaulle, nombra primer ministro al banquero Georges Pompidou

Hechos

El 14 de abril de 1962 Georges Pompidou asumió el cargo de primer ministro de Francia.

Lecturas

En agosto de 1962 se produjo el intento de asesinato de De Gaulle. 

El dirigente gaullista Georges Pompidou fue encargado este 14 de abril de 1962 por el General De Gaulle a formar un nuevo Gobierno tras la renuncia presentada por Michel Debré ante el presidente de la república.

Nacido en Montboudif hace 51 años, Pompidou había formado parte del consejo de estado, entre 1946 y 1954, pasando luego a ser director de la banca Rothschild.

La amistad de Pompidou con el general De Gaulle data de la época de la guerra: Pompidou, que era profesor agregado en las universidades de Marsella y París, se unió a las fuerzas de Francia Libre, cuando no eran muchos los que apostaban por el destino del general.

En 1958, De Gaulle designó a Pompidou jefe de su gabinete, pero muy pronto este prefirió regresar a su puesto en la banca. Desde su nuevo cargo de jefe del gobierno, Pompidou deberá hacer frente a graves dificultades políticas, entre otras las que genera la oposición de izquierdas.

Al mismo tiempo, quedará en sus manos la culminación de las negociaciones tendentes a afirmar la paz en Argelia, tras los recientes acuerdos firmados en Envian con los dirigentes de la antigua provincia francesa en África del Norte. El nuevo primer ministro francés afirma que seguirá las directrices del general De Gaulle.

En enero de 1963 De Gaulle firmará la paz con la República Federal de Alemania. 

El Análisis

Pompidou, el hombre del General

JF Lamata

Francia ha estrenado este 14 de abril de 1962 un nuevo Primer Ministro: Georges Pompidou, un nombre que hasta ayer evocaba más los discretos salones de la banca Rothschild que los estruendos del Palacio Matignon. Pero no nos engañemos: Pompidou no es un tecnócrata cualquiera, sino el rostro sereno y eficaz del gaullismo civil. Fue mano derecha del General en los momentos fundacionales de la V República y ahora, con el país sacudido por las secuelas de la guerra de Argelia y el zumbido inquieto de la izquierda, De Gaulle vuelve a recurrir a un fiel de su confianza.

Pompidou asume en un momento decisivo: con la independencia de Argelia ya pactada en Evian, le tocará apagar los últimos incendios coloniales y consolidar una paz que muchos –tanto en la metrópoli como en el Magreb– aún miran con recelo. Su desafío será doble: ejecutar las decisiones del General sin dejar de construir su propio perfil político, algo que sus predecesores, como Michel Debré, no lograron del todo. Si el gaullismo quiere trascender al propio De Gaulle, Georges Pompidou podría ser el primer paso hacia esa transición. Pero primero tendrá que demostrar que su autoridad no es solo prestada.

JF Lamata