22 agosto 1962

Fracasa un intento de asesinato al Jefe del Estado de Francia, General Charles de Gaulle

Hechos

El 22 de agosto de 1962 se produjo un intento de asesinato al Presidente de la V República de Francia, Charles de Gaulle.

Lecturas

En julio de 1962 se concedió la independencia de Argelia. 

 El 22 de agosto de 1962 un grupo encabezado por Jean-Marie Bastien-Thiry se concentró en el suburbio parisino de Petit-Clamart. El vehículo de De Gaulle, un Citroën DS sin blindaje, y varios comercios de la vecindad fueron rociados con fuego de ametralladora, pero de Gaulle, su esposa y sus acompañantes lograron escapar indemnes. Luego del atentado, se pudieron contar catorce agujeros de bala en el vehículo del presidente, y otras veinte perforaciones en el Café Trianon de las inmediaciones, y en la calzada se contaron otras ciento ochenta y siete. Este evento fue llevado a la ficción en el libro El día del Chacal (1971). De Gaulle destacó las especiales características del automóvil DS, como una de las razones por las que salvó su vida. Los disparos habían perforado dos de las ruedas, pero aun así el vehículo pudo escapar a gran velocidad.

Tras el fracaso Jean-Marie Bastien-Thiry fue encarcelado y ejecutado.

Desde abril de 1962 el primer ministro de Francia es Pompidou. 

El Análisis

El día que casi cae De Gaulle

JF Lamata

El 22 de agosto de 1962, la República Francesa estuvo a un par de ráfagas de cambiar el rumbo de su historia. Un grupo de extremistas de ultraderecha, encabezado por el oficial Jean-Marie Bastien-Thiry, intentó asesinar al presidente Charles de Gaulle en Petit-Clamart, en un atentado tan espectacular como fallido. Las balas volaron –187 impactos se contaron en la zona– y el Citroën DS presidencial terminó con catorce agujeros, pero milagrosamente, De Gaulle y su esposa salieron ilesos. El general, siempre sobrio, atribuyó parte de su supervivencia a la robustez de su coche, que siguió avanzando aunque le volaran dos ruedas. El símbolo gaullista, por segunda vez en su carrera, parecía blindado por el destino.

Pero el atentado no fue un hecho aislado. Fue la secuela más dramática de la independencia de Argelia y la ira de sectores militares y colonos franceses que consideraban al presidente un traidor por “abandonar” aquel pedazo de África. Bastien-Thiry pagó con la vida su osadía, siendo el último condenado a muerte ejecutado por fusil en Francia. Hoy, cuando el país aún lidia con las cicatrices coloniales y el trauma de Argelia sigue latiendo en los márgenes, el atentado de Petit-Clamart recuerda que los fantasmas del imperio no se desvanecen sin resistencia. Y que el precio de cambiar el rumbo de la historia puede ser una lluvia de balas en un bulevar parisino.

J. F. Lamata