1 octubre 1962
Ross Barnett, Gobernador del Estado de Mississippi es del Partido Demócrata, al igual que Kennedy, pero al contrario que él, es partidario de mantener la segregación racial y de que los negros y los blancos estudien en universidades separadas
John F. Kennedy moviliza al ejército de EEUU para que el afroamericano James Meredith sea admitido en la Universidad de Mississippi ante la oposición del Gobernador Barnett
Hechos
El 1 de octubre de 1962 James Howard Meredith se convirtió en el primer estudiante negro de la Universidad de Misisipi
Lecturas
Ross Barnett, el Gobernador del Estado de Mississippi es del Partido Demócrata, al igual que Kennedy, pero al contrario que él, es partidario de mantener la segregación racial y de que los negros y los blancos estudien en universidades separadas.
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EL GENERAL WALKER DETENIDO POR PARTICIPAR EN LOS ACTOS SEGRECIONISTAS
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La situación en el Estado de Mississippi, se repetirá posteriormente en el Estado de Alabama.
El Análisis
La matriculación de James Meredith, el primer estudiante negro en ingresar a la Universidad de Mississippi, ha puesto a prueba no solo los cimientos del sistema educativo estadounidense, sino también los límites del federalismo y la moral de una nación que se proclama defensora de la libertad. Lo ocurrido en octubre de 1962 en Oxford, Mississippi, no ha sido solo un conflicto racial: ha sido una batalla institucional entre el Gobierno federal, liderado por el presidente John F. Kennedy, y las autoridades estatales encabezadas por el gobernador Ross Barnett, ambos del Partido Demócrata, pero en extremos opuestos del espectro moral y político.
Barnett, símbolo vivo del segregacionismo sureño, se erigió en defensor de la “pureza” educativa blanca, ignorando la sentencia de la Corte Suprema en Brown v. Board of Education y enfrentando abiertamente a Washington. La escena alcanzó tintes casi grotescos con la participación del general Edwin Walker, héroe de la Segunda Guerra Mundial, que cambió el uniforme de la democracia por la pancarta del odio. Su arresto, ordenado por el Fiscal General Robert Kennedy y seguido de un breve internamiento en un sanatorio mental, fue tanto una medida de contención como una muestra del nivel de tensión que envolvía al país.
La resistencia de las autoridades de Misisipi obligó al Gobierno federal a movilizar a la Guardia Nacional para garantizar lo que debió haber sido un acto administrativo rutinario: la inscripción de un ciudadano en una universidad pública. Solo así, en medio de enfrentamientos violentos y una férrea vigilancia militar, James Meredith pudo cruzar las puertas del campus.
Paradójicamente, Meredith no sería posteriormente una figura central del movimiento por los derechos civiles. De ideología conservadora y votante republicano, su perfil no encajaría del todo en el relato progresista dominante. Pero su papel en esta página de la historia es incuestionable: fue el catalizador de un pulso entre la ley y el prejuicio, entre un Estado que defendía la segregación y un Gobierno que, aunque con vacilaciones, se vio obligado a hacer cumplir la Constitución.
J. F. Lamata