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Una fuerte campaña contra el magistrado acabó con su carrera, siendo reemplazado por el juez Gonzalo Moliner

El juez Carlos Dívar dimite como presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo tras conocerse sus gastos en viajes privados

HECHOS

El 21.06.2012 el juez D. Carlos Dívar dimitió Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, siendo reemplazado por D. Gonzalo Moliner.

El periodista D. José Yoldi, que encabezó la cobertura mediática del caso Dívar desde EL PAÍS, habla con J. F. Lamata sobre el caso Dívar:

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EL NUEVO PRESIDENTE DEL CGPJ Y EL TRIBUNAL SUPREMO

gonzalo_moliner El juez progresista D. Gonzalo Moliner fue nombrado nuevo presidente del CGPJ y, por tanto, del Tribunal Supremo, tras la dimisión del juez Carlos Dívar.

EL VOCAL QUE DENUNCIÓ AL JUEZ DÍVAR

Gomez_Benitez El vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), nombrado a propuesta del PSOE, D. José Manuel Gómez Benitez, fue quién descubrió a los elevados gastos en viajes del juez D. Carlos Dívar usando dinero público. En una misma semana intervino en la Cadena SER, LA SEXTA y TVE para denunciar a su presidente. Aunque el Tribunal Supremo estimó que no era algo ilegal, pero la presión mediática se disparó considerándolo poco ético.

gabriela_bravo La fiscal Dña. Gabriela Bravo, portavoz del CGPJ, y vocal a propuesta del PSOE, fue la principal defensora del juez Dívar durante aquella polémica, reprochando a Gómez Benitez que denunciara el caso ante los medios sin consultar antes con el resto del CGPJ.

Margarita_Robles Dña. Margarita Robles, vocal del CGPJ (a propuesta del PSOE) fue una de las que, tras el ruido mediático dirigió la petición de dimisión al juez Dívar.

01 Julio 2012

Dívar no vio nunca Barrio Sésamo

José Yoldi

Parece evidente que el ya expresidente del Poder Judicial y del Tribunal Supremo Carlos Dívar nunca vio Barrio Sésamo.

Como seguramente saben la mayoría de los lectores, Barrio Sésamo (Sesame Street) era un programa infantil de televisión creado en Estados Unidos por Jim Henson, y que en España se emitió trufado con otras producciones nacionales desde 1976 hasta 2000. El espacio tenía una parte muy didáctica en la que uno de los personajes, un monstruo peludo de color azul llamado Coco (Grover, en Norteamérica), enseñaba a los más pequeños a diferenciar conceptos básicos, como arriba y abajo, dentro y fuera y cosas por el estilo.

El expresidente Dívar, que en contadísimas ocasiones había realizado declaraciones, parece que ha sentido esta semana la necesidad de explicar en la emisora de los obispos —¿dónde si no?— y nada menos que en una entrevista con varios tertulianos, el asuntillo de sus viajes caribeños a Marbella y otros destinos turísticos a cargo de todos los españoles. Un impulso a dar explicaciones que no llegó a sentir cuando sus compañeros y la ciudadanía se las reclamaron.

A ver, no vayan a deducir de mis palabras que Dívar sintió un arrebato por contar la verdad. No. Lo que dijo es que ha sido objeto de “una campaña cruel, desproporcionada y con ensañamiento”, en la que “se han metido con mi vida privada y con mis creencias religiosas”. Porque, según dijo, solo “han sido 11 viajes en cuatro años”. Desprovisto de cualquier remordimiento llegó a asegurar que el dinero público se empleó en actos públicos, conferencias, semanas jurídicas y otros encuentros, aunque todas sus coartadas hayan sido desmentidas por varias autoridades judiciales, municipales y hasta por el expresidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla, que explicó que no había invitado oficialmente a Dívar, como este sostenía, sino que el prócer le había pedido entradas gratis para ver la muy jurídica y oficial cueva de El Soplao.

El caso es que Dívar podría haber dicho que se había equivocado, que había interpretado mal la norma, haber devuelto el dinero y seguramente todavía seguiría en su puesto. Pero se empeñó en que no ha hecho nada reprobable. En el mejor estilo de Homer Simpson cree que “la culpa la tienen todos menos yo”.

Y no es por llevarle la contraria, pero trató de camuflar como viajes oficiales nada menos que 32 periplos de fin de semana de cuatro días —no 11 como pretende— que no eran más que de turismo y relax, aunque en ocasiones acudía a actos públicos de unas horas y que, a veces, se celebraban a 200 kilómetros de distancia. También cargó como gastos protocolarios o de atención a otras autoridades 24 cenas y ocho almuerzos para dos personas en restaurantes de lujo, solo de los viajes a Puerto Banús.

Naturalmente tiene derecho a quejarse, pero que diga que ha sido objeto de una campaña cruel, desproporcionada y con ensañamiento es conmovedor. Porque los periodistas hemos conocido numerosos detalles que hubieran invadido la intimidad del señor Dívar y que no hemos publicado, por ejemplo, y solo como botón de muestra, faxes sobre las reservas de habitaciones, las facturas de sauna que intentó pasar como gasto oficial y que le fueron rechazadas por la interventora del Consejo, y el uso del coche oficial para ir a misa y a la playa.

Si se ha mencionado la exacerbada exhibición de su religiosidad es porque él hace ostentación de ello y si este periódico desveló que el segundo comensal de la mayoría de sus cenas de lujo era su ayudante personal y jefe de seguridad, Jerónimo Escorial, es porque públicamente, el 30 de mayo, Dívar aseguró que la persona con la que había cenado tenía “carácter público y oficial” y no respondía “a relaciones personales”. Lo que obviamente no era cierto.

Además, con ayuda de algún periódico de la competencia, ha intentado hacer creer a los españoles que otros vocales del Consejo hacían lo mismo, por lo que el secretario general, Celso Rodríguez, ha tenido que certificar que no hay ningún vocal que haya tenido una conducta ni remotamente parecida.

Porque los que sí vimos Barrio Sésamo podemos pensar que dos viajes a la Patagonia del vicepresidente y un vocal, autorizados por la Comisión Permanente, con el fin de explicar la modernización de la justicia española, o sea, a algo así como enseñar Derecho a los pingüinos, es un exótico exceso puntual; mientras que 32 viajes caribeños, con sus cenas de lujo a cargo del contribuyente, es un delirante abuso sistemático. Quizá Dívar tenga que repasar los capítulos de Barrio Sésamo para apreciar la diferencia.

17 Junio 2012

La soledad de Dívar y el futuro del Poder Judicial

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

CARLOS DÍVAR se vio ayer abocado a tomar esa decisión «contundente» que formalizará en el próximo pleno del Poder Judicial -su propia dimisión – cuando constató que ha perdido el apoyo de la mayoría de los vocales del órgano de Gobierno de los jueces.

Como dijimos anteayer, la decisión del Tribunal Supremo de inadmitir la querella por malversación dirigida contra él había dejado sin base objetiva la propuesta de destituirle. Todo indica que Dívar abusó de una norma poco estricta para cargar al Consejo gastos de carácter privado o como mínimo de dudoso encaje en el ejercicio de su cargo.

Pero la falta de relevancia penal de esa conducta dejaba el desenlace del episodio al albur de la conciencia y estrategia de los vocales del CGPJ. Dívar podía haber sido censurado, requerido a devolver los pocos miles de euros cuestionados a lo largo de los años o forzado a dimitir. Era una cuestión de ética personal y estética corporativa.

Bien está que, obviando otras consideraciones de carácter institucional, la mayoría de los miembros del CGPJ haya puesto el listón tan alto, lanzando el mensaje de que en estos tiempos de crisis cada gasto de un euro público debe estar plenamente justificado. Pero sería más convincente su actitud si viniera acompañada de una declaración pública de los viajes y gastos de cada uno de ellos, pues en el entorno del Consejo se da por hecho que Dívar no era el único en aplicar ese criterio laxo. Transparencia, sí, pero para todos.

Pocos de quienes conocen el juego de fuerzas que rige nuestra hiperpolitizada judicatura dudan, por otra parte, de que la suerte de Dívar habría sido muy otra si hubiera llegado a la cúpula del CGPJ de la mano de la APM o Jueces para la Democracia. Pero Dívar había sido promovido por Zapatero, quien, sorprendiendo a propios y extraños, valoró más su independencia que su ideología; y a la hora de la verdad su soledad ha sido absoluta.

Es muy significativo que la conservadora APM haya sido el detonante de su caída, dando así el triunfo a un individuo de la catadura de Gómez Benítez, capaz de «vender» a ETA el chivatazo del Faisán, y a quienes no vieron motivo alguno de reproche en los cobros millonarios de Garzón mediante el truco de los cursos de Nueva York.

Pero es que el trasfondo de este episodio tiene mucho mayor calado que el juicio moral que merezca Dívar. Estamos en los prolegómenos de la gran batalla sobre el nuevo sistema de elección del Consejo, anunciado por Gallardón. Tras el periodo transitorio que con una u otra fórmula se abre ahora, terminará restableciéndose el espíritu del precepto constitucional adulterado por Guerra en 1985 y la mayoría del CGPJ será fruto de la elección directa de los jueces.

De ahí que sea tan importante que el Gobierno aprenda las dos lecciones que deja este desafortunado asunto: por un lado, el Poder Judicial debe tener un gobierno lo más austero y autoexigente posible; por el otro, poco se avanzaría si su control pasara de las manos de los partidos a los de unas asociaciones judiciales que en la práctica actúan como sindicatos de intereses y agencias de colocación de sus afiliados.

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