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El juicio por la difusión del vídeo sexual de Pedro J. Ramírez condena a los ex dirigentes del PSOE Ángel Patón y Goñi Tirapu

HECHOS

El 1.08.2002 se hizo pública la sentencia por la difusión de un vídeo de contenido íntimo en el aparecían  D. Pedro José Ramírez Codina y Dña. Exuperancia Rapú Muebake.

LOS ACUSADOS Y SUS CONDENAS

acmuebake

D. José María Sánchez-Cantalejo – Cuatro años de prisión.

Dña. Exuperancia Rapu Muebake – Cuatro años de prisión.

D. Ángel Patón Gómez – Cuatro años de prisión.

D. José Ramón Goñi Tirapu – Dos años de prisión.

D. Emilio José Rodríguez Menéndez – Dos años de prisión.

D. Javier Gómez Bleda – Dos años de prisión.

D. Rafael Vera – Absuelto.

01 Agosto 2002

Gratificante, Reparadora, Incompleta... Al Fin Justicia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Casi cinco años después de que el director de EL MUNDO Pedro J.Ramírez fuera víctima de un abyecto montaje basado en inducirle a participar mediante engaño en una relación sexual, grabarla desde dentro de un armario y difundirla entre las más altas instituciones del Estado y en medios políticos y profesionales, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Madrid ha acordado por unanimidad condenar a seis de los implicados en esa trama delictiva a 18 años de prisión.

La minuciosa sentencia, impregnada de valores democráticos y moral cívica, redactada por la ponente Olatz Aizpurua, con el concurso de Consuelo Romera y José de la Mata -tres magistrados de muy diversa trayectoria y sensibilidad política- no deja lugar a dudas de cuál fue la naturaleza de la trama: se trataba de «atacar la reputación del señor Ramírez como respuesta al tratamiento informativo de determinadas noticias y a la línea editorial del periódico que dirige». Sólo con esto ya se les debería caer la cara de vergüenza a quienes en 1997 fingieron llamarse a andana, e ignorando que se trataba de un brutal ataque no sólo a la intimidad de una persona sino a la libertad de expresión del medio que había investigado la guerra sucia y la corrupción del felipismo, contribuyeron a ampliar el daño con mordaces alusiones a la falaz y engañosa proyección pública de la más privada de las facetas del individuo.

La identidad de varios de los condenados tampoco deja la menor sombra de duda respecto a cuáles eran las «determinadas noticias» y cuáles los aspectos de la «línea editorial» de EL MUNDO que merecían tan infame «respuesta». En el centro de la trama, condenado a cuatro años de reclusión, nos encontramos con Angel Patón, asistente personal de Felipe González durante seis años, desempeñando en la Moncloa «a 25 metros del presidente», funciones equivalentes a las de Agag o López Isturiz en tiempos de Aznar. A su lado -dos años de prisión- el ex gobernador de Guipúzcoa José Ramón Goñi Tirapu, hombre de total confianza de Corcuera, Barrionuevo y Galindo; y el patético y maléfico Emilio Rodríguez Menéndez -dos años de prisión- propagandista de la guerra sucia y significativo compañero de viaje de Vera en algunas de sus últimas fechorías.

Los propios términos de la absolución de Vera son muy indicativos de cuál es el convencimiento íntimo del tribunal: «Disponemos de un juicio de probabilidad de su participación en los hechos enjuiciados, pero el de certeza se nos muestra dudoso». El in dubio pro reo ha beneficiado una vez más a quien fue el ministro del Interior de facto durante más de una década: como en el caso Lasa y Zabala Rafael Vera habría logrado así descargar la responsabilidad penal en quienes según todos los indicios pudieron actuar bajo sus órdenes.

El tribunal considera un hecho probado que el que fuera portavoz de Vera, el presunto periodista Agustín Valladolid -contra quien se deduce testimonio ante el alud de pruebas de que mintió al declarar durante el juicio- advirtió al cómplice de la mujer utilizada como anzuelo que debía tener cuidado con las personas con las que les ponía en contacto porque «eran peligrosos, eran del GAL». Motivos tenía él para saberlo.

La sentencia también subraya que fue «un grupo organizado», integrado «por más personas» que los condenados, el que adquirió y difundió el vídeo. Y da una enorme importancia a la sugerente afirmación de Vera cuando en su turno de última palabra, tras el que nadie podía ya preguntarle nada, «dijo que él no había tomado parte en estos hechos pero que sabía quiénes habían sido, que se trataba de personas que habían ostentado responsabilidades de nivel superior al suyo».

Aquí también hay, pues, una equis que despejar. Estremece pensar que de ser ciertas esas alusiones, convergentes con algunas incluidas en la agenda de Rapú, un montaje tan bajo haya podido contar con participaciones o aquiescencias tan altas. Pero quien ha podido consentir con el secuestro o el asesinato, tampoco debe tener que forzar demasiado sus tragaderas morales para intentar destruir a un detestado adversario al más puro estilo nazi.

La Justicia pasa, pues, de forma incompleta y con su habitual tardanza, otra página más de unos años terribles en los que los principios constitucionales más sagrados fueron pisoteados por personas especialmente obligadas a defenderlos. Teniendo en cuenta sus medios limitados y las múltiples maniobras de obstrucción desplegadas contra ella, es casi un milagro -un gratificante y reparador milagro- que haya llegado hasta donde lo ha hecho.

Frente a quienes nos instaban a apostar por un vergonzante olvido de los hechos, este periódico y su director decidimos en 1997 buscar la verdad y demandar justicia. Investigamos los hechos, descubrimos la monstruosa trama y tras denunciarla en nuestras páginas guardamos respetuoso silencio para que actuaran los tribunales.Verdad y justicia se han convertido ayer en una sola cosa.

10 Octubre 2005

«Vera estaba en el chalé donde me dieron 50 millones para comprar el vídeo»

Antonio Rubio

Entrevista a Goñi Tirapu

José Ramón Goñi Tirapu fue gobernador civil de Guipúzcoa desde 1987 a 1990. Durante ese tiempo, las Fuerzas de Seguridad del Estado detuvieron a varios comandos etarras. Ahora, el ex gobernador descubre y relata en un libro que aquellas operaciones se hicieron gracias a un confidente que había logrado colocar en las mismas entrañas de ETA. El confidente está escrito en la cárcel de Brieva (Avila). Allí, Goñi Tirapu cumple una condena de dos años por haber participado en el montaje del vídeo contra el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez.

Pregunta.- ¿Por qué y cuándo decide escribir un libro sobre ETA y su entorno?

Respuesta.- Hacía muchos años que había ocurrido y en un momento determinado, buscando y ordenando material me encontré con unas cintas, mis conversaciones con aquel confidente. Eso me hizo recordar un trascendente episodio en mi vida y en la Historia de España. La intención del libro consiste en mostrar cómo era ETA en aquellos años, finales de los 80, y descubrir sus interioridades.

P.- ¿Qué aporta en su libro que no se haya dicho hasta ahora?

R.- En el País Vasco hay miles de personas que todavía viven con miedo. Cuento la realidad con todo tipo de detalles. Las traiciones internas de ETA. La corrupción económica y moral de aquella sociedad. El confidente es una historia humana donde describo por qué una persona, en una situación de miedo generalizado, se atrevió a revelarse contra ese sistema. Mi confidente, cuando da el paso, sabe que es un paso final. Que puede morir en el intento. La situación familiar que estaba viviendo el confidente en su propia casa era tan grave e insoportable que se rebeló y se colocó al otro lado de la trinchera.

P.- ¿Cuántas veces se vio con su confidente?

R.- Cuando era gobernador civil de Guipúzcoa recibí una llamada de esa persona y me propuso la detención del comando Eibar. La negociación que establecí con él duró un mes y durante ese tiempo tuve 23 conversaciones telefónicas. Finalmente logré verlo y convencerlo el 3 de febrero de 1989, a las tres y cuarto de la tarde.

P.- ¿Es cierto que su confidente facilitó la caída del comando Eibar y la cúpula de ETA en la ciudad francesa de Bidart?

R.- Inició su conversación conmigo ofreciéndome el comando Eibar, que finalmente fue detenido por la Guardia Civil. El confidente, al darse cuenta de que tras la primera operación no había ocurrido nada y que nadie sospechaba de él, siguió colaborando. Pasó a Francia, llegó a un importante puesto dentro de ETA y en marzo de 1992 cayó la cúpula terrorista en Bidart: Francisco Múgica Garmendia, Paquito, José Luis Alvarez Santacristina, Txelis, y José María Aguirre Erostarbe, Fiti.

P.- ¿Cuáles fueron los motivos que movieron a su confidente a traicionar a los suyos?

R.- Puramente personales. El también se convirtió en una víctima de ese comando porque su familia estaba entregada, a todos los niveles, a aquellos miembros de ETA. Se sintió traicionado por el comando en su fuero más interno.

P.- ¿Insinúa que alguien de la familia del confidente tenía relaciones íntimas con los miembros del comando?

R.- Tuvo que pasar momentos y situaciones gravísimas. En el libro se describen con detalles.

P.- O sea, que el ex general Galindo consiguió su famoso confidente de Bidart a través de usted.

R.- Sólo puedo decir que Galindo estaba al corriente de esta operación, pero no voy a decir quién era la persona que después se relacionó con el confidente.

P.- ¿Cuánto tiempo o dinero empleó para conseguir la colaboración del confidente?

R.- La negociación fue larga, dificultosa, yo no tenía dinero y cada vez que había que hacer un pago había que pedírselo a Rafael Vera, que era el encargado de custodiar y distribuir los fondos reservados. El confidente me exigió un adelanto y tuve que ponerlo de mi bolsillo, luego lo recuperé. Recuerdo que Vera me dijo que no confiaba en la operación y que podía ser un engaño.

P.- ¿Cobró usted sobresueldos o gratificaciones de los fondos reservados?

R.- No, nunca. Y, además, así lo ratificaron los jueces.

P.- Pero otros gobernadores civiles sí que cobraron.

R.- Eso también lo han dicho los jueces.

P.- ¿Cuál es su actual relación con el ex secretario de Estado?

R.- En la actualidad no tengo ninguna relación y, además, estoy quejoso de su comportamiento.

P.- El confidente (Espasa-Hoy) lo ha escrito en la cárcel de Brieva (Avila). ¿Cómo llegó a prisión y por qué?

R.- En la actualidad me encuentro cumpliendo pena en tercer grado y tengo que dormir en prisión. Mi condena fue de dos años. Esa condena fue fruto de una traición. El juez dijo que fue por interferir en la intimidad de Pedro J. Ramírez. Estamos hablando, por supuesto, del vídeo que le montaron al director de EL MUNDO.

P.- En aquel caso también se sentó en el banquillo de los acusados Rafael Vera, pero al final fue absuelto. Cuando habla de traición, ¿a quién se refiere?

R.- Si Rafael Vera hubiera dicho todo lo que sabía en relación a la grabación y distribución del vídeo de Pedro J., estoy convencido de que yo no habría sido condenado. Sin embargo, me callé y él no habló para defenderme y liberarme de aquel delito. Si yo hubiera hablado presumo que Rafael Vera sí habría ido a la cárcel por aquel delito.

P.- La sentencia de aquel caso decía que usted había entregado 50 millones de pesetas a Sánchez Cantalejo y Exuperancia Rapú, autores materiales del montaje del vídeo.

R.- Del sumario, de la vista y de la sentencia se deduce que yo no tenía esos 50 millones. Es decir, que ese dinero me lo dio alguien. Yo me callé, no dije quién me lo había dado. Pero sí puedo decir que en el chalé donde me entregaron los 50 millones estaba Rafael Vera.

P.- Es decir, que usted recibió los 50 millones de pesetas que cobraron Rapú y Cantalejo por el montaje del vídeo en un chalé donde estaba Rafael Vera.

R.- Sí. Estaba Rafael Vera, yo lo vi.

P.- ¿Por qué no dijo eso en el juicio?

R.- Tampoco voy a decir ahora muchas cosas que conozco de aquella época y de otras épocas.

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APOYO

Participación «probable» del ex secretario

«Disponemos de un juicio de probabilidad de su participación en los hechos enjuiciados, pero el de certeza se nos muestra dudoso».Ese fue uno de los puntos que recogió la sentencia del montaje del vídeo contra Pedro J. Ramírez cuando finalmente los magistrados absolvieron a Rafael Vera, ex secretario de Estado del Interior.

La sentencia también recogía que «en cuanto a la participación del señor Vera en los hechos han sido diversas las referencias que al mismo se han efectuado a lo largo del procedimiento».

Esas referencias fueron recogidas tanto en el sumario como en la vista oral. Exuperancia Rapú dijo que Agustín Valladolid (ex jefe de prensa del Interior) le había comentado que Vera se pondría en contacto con ella a través de Goñi Tirapu y que Angel Patón le comunicó que «el dinero lo había recogido en el domicilio de Vera».

Javier Bleda, ex director del diario ‘Ya’, también aludió a Vera cuando manifestó que el ex secretario de Estado dijo en una cena celebrada en la casa de Rodríguez Menéndez que «del dinero nos os preocupéis, que lo pongo yo».

El tribunal también dio gran importancia al último turno de intervenciones que tuvo Vera en el juicio: «Dijo que él no había tomado parte en estos hechos pero que sabía quiénes habían sido, que se trataba de personas que habían ostentado responsabilidades de nivel superior al suyo».

Finalmente, la sentencia indicaba que fue «un grupo organizado», integrado «por más personas» que los condenados el que adquirió y difundió el vídeo.

10 Octubre 2005

Vera en la trama de la infamia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La revelación que hoy hace el ex gobernador civil de Vizcaya Goñi Tirapu sobre la implicación personal de su ex jefe Rafael Vera en el montaje realizado hace ocho años contra el director de EL MUNDO aporta una de las piezas que faltaban en el puzzle de la guerra sucia del felipismo.

Según la sentencia de la Audiencia de Madrid, plenamente ratificada por el Supremo, un grupo de personas vinculadas a la llamada «banda de Interior», entre las que estaban el propio Goñi y el asistente personal de González en La Moncloa Angel Patón, urdieron en 1997 una trama para coaccionar a este periódico de cara a los juicios sobre los GAL. El método sólo tenía parangón en la Alemania nazi, pues se trataba de desprestigiar a Pedro J. Ramírez por el infame procedimiento de tenderle una trampa, grabar un vídeo de naturaleza sexual desde el interior de un armario y distribuirlo a la clase política y a su familia.

El mero hecho de que el ex secretario de Estado se sentara en aquel banquillo en el que no faltaban vulgares hampones ya era todo un indicio de su catadura. Sin embargo, fue absuelto porque, según el Tribunal, existía un «juicio de probabilidad» sobre su implicación, «pero no el de certeza».

Esa certeza es la que ahora aporta Goñi al declarar que «Rafael Vera estaba en el chalé donde me entregaron los 50 millones» con los que se pagó el vídeo. Goñi, que siempre ha descrito su papel como el de un simple intermediario, añade que si él hubiera dicho la verdad en el juicio, Vera «habría ido a la cárcel por ese delito». Su declaración habría sido decisiva, pues ratificaría la de al menos otros dos testigos de referencia y las alusiones a «Rafael» en el diario de la mujer utilizada como anzuelo. ¿Por qué calló entonces? Según él, por un sentido de la lealtad mal entendido. ¿Por qué habla ahora? Porque en la cárcel se ha sentido «traicionado» y abandonado por sus antiguos jefes.

Goñi no tiene nada que ganar, más allá de quedar en paz con su conciencia, pues cumple sus dos años de cárcel sin que haya ya margen procesal alguno de beneficiarse del perdón del ofendido.Tal vez al escribir sus memorias de la lucha contra ETA se haya dado cuenta -como en su día ocurrió con Amedo- de que fueron unos los que corrieron los riesgos y otros los que se quedaron el dinero de los fondos reservados.

Sus declaraciones a Antonio Rubio -uno de los dos periodistas que descubrieron la sórdida trama del vídeo- no tienen por desgracia ninguna consecuencia penal, pues estamos ante lo que en el argot forense se llama «cosa juzgada» y la implicación criminal de Vera, como mínimo en la financiación del montaje, quedará ya impune.

Sirven, sin embargo, para dejar patente hasta dónde fueron capaces de llegar algunos altos cargos socialistas. Es una vergüenza que todavía haya en el PSOE quienes les disculpen y protejan, concediéndoles beneficios penitenciarios. Porque la enfermedad mental de Rafael Vera no se llama depresión sino vileza.

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