13 mayo 1980

La ganadora del premio era Merce Rodoreda

El Jurado del Premio d´Honor de Les Lletres Catalanes descarta a Josep Pla por su respaldo a la dictadura del General Franco

Hechos

En mayo de 1980 se concedió el Premio d´Honor de Les Lletres Catalanes Merce Rodoreda

13 Mayo 1980

IDENTIDAD Y PROYECCIÓN

Manuel Martín Ferrand

Leer

Tampoco este año el premio d´Honor de Les Lletres Catalanes ha ido a parar a manos de Josep Pla. Le ocurre al de Palafrugell lo que a Borges: quienes analizan su obra le prestan más atención a las circunstancias marginales que a su inmenso talento sometido a la siniestra dispersión del periodismo. El premio ha ido a parar como se cuenta pormenorizadamente en esta página a Merce Rodoreda.

Sirve la ocasión para dejar en el aire un pensamiento. La Rodoreda, a pesar de tener traducida al castellano ‘La Plaza del Diamante – ¡que jugoso lugar del barrio de Gracia! – es una escritora prácticamente desconocida fuera de Catalunya. Esa es una maldición que pesa como una losa sobre la cultura catalana. Hay razones históricas y políticas más que sobradas que lo explican e interpretan, pero, ahora que nace un tiempo autonómico, es momento de analizar otros nuevos fenómenos de incomunicación de lo catalán con las restantes realidades y culturas del Estado. Durante lustros se ha clamado en esta tierra por alcanzar cauces y vehículos específicos de comunicación en catalán y para Catalunya. Ya se está en el camino de su consecución. Era una meta justa y necesaria.

La televisión, por ejemplo, al funcionar en circuito catalán no emite hacia el exterior los hechos y los nombres que aquí protagonizan la vida cultural. Catalunya, al conseguir una vieja ambición que ha de subrayar su personalidad, puede perder un conocimiento que ha de darle dimensión y, todo hay que decirlo, hasta mercado. No es ese un tema baladí. A fin de cuentas es grave para Catalunya que Rodoreda sea sólo un nombre local como lo son la mayoría, por no decir la totalidad de los intelectuales y artistas que hoy viven y trabajan en idioma catalán. Es ésta una delicada cuestión.

Por lo demás, ya le darán a Pla el premio el próximo año.

Manuel Martín Ferrand

25 Abril 1981

JOSEP PLA, LA GLORIA Y LOS ODIOS

Baltasar Porcel

Leer

Toda la facción del catalanismo más nacionalista y de izquierda jamás le perdonó a Pla sus opciones política. Incluso el Premi d´Honor de les Lletres Catalanes, prestigioso galardón paradójicamente pagado por una entidad burquesa, le ha sido negado sistemáticamente a Pla por que una de sus bases establece que el escritor que recibirá el Premio de Honor tiene que haber desarrollado una ejemplar tarea cívica de signo catalanista. El problema es grave, ya que fueron muchísimos los catalanes y catalanistas, los intelectuales y los burgueses que estuvieron con Cambó, que huyeron de la República, que aceptaron – aunque la mayoría sin compartirlo – el franquismo…  Por tanto, si Cataluña es una totalidad deberán existir en ella la derecha y la izquierda, el republicano y el monárquico. Y si negarle a Pla su inmenso apostolado catalán llevado a cabo a través de sus libros y artículos resulta absurdo, llega incluso a ser dramático que se le haya vetado un galardón – y el hecho a Pla le afectó muchísimo – por una determinada tendencia o actitud política compartida por numerosísimos catalanes en aquellos trágicos años del 36, 40, 45… Pla, para los citados integristas fue, es aún, un “traidor”.

14 Mayo 1980

El honor de las letras catalanas

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera Cortázar)

Leer

LA CONCESIÓN del duodécimo Premio de Honor de las Letras Catalanas a la gran escritora Mercé Rodoreda ha sido, al mismo tiempo, un acto de estricta justicia y el inexcusable reconocimiento a la obra de una de las novelistas más importantes, no sólo de las letras catalanas, sino del conjunto de las hispánicas. En realidad, el reconocimiento ha llegado con retraso, hasta en el contexto de la cultura catalana, pues si bien la autora recibió en 1937 el Premio Creixells, su figura y su obra fueron olvidadas con la guerra civil y el exilio, y hasta en 1960 su obra maestra La plaza del Diamante fue postergada, en beneficio de otros ilustres desconocidos que lo han seguido siendo en la concesión del Premio Sant Jordi. Y hasta, en opinión de muchos especialistas, este Premio de Honor ha llegado a la autora con inexplicable tardanza. Es de notar felizmente que en esta ocasión la comunicación entre la literatura catalana y la escrita en castellano ha funcionado: solamente una de las cinco grandes novelas de Rodoreda falta por ser publicada en castellano.El segundo siglo de oro de las letras catalanas, iniciado a finales del XIX con el noucentismo, quedó brutalmente interrumpido con la guerra civil. El régimen franquista persiguió sañuda e injustamente al idioma y a la cultura catalanes, sin caer en la cuenta en su celo represivo, que de esta manera se empobrecía todavía más el acervo cultural de toda España. Durante esos amargos lustros, una serie de personalidades de toda índole mantuvieron una lucha constante contra la represión, que tuvo un doble significado, tanto cultural como civil. Y ya desde la década de los sesenta comenzaron a multiplicarse las actividades de todo tipo, creadoras y difusoras de cultura, que al fin y a la postre ganaron la batalla. Desde entonces, las letras catalanas han entrado en un nuevo período ascendente, de cuyo final feliz depende tanto la normalización de la cultura en Cataluña como en el país entero.

Pues una cultura catalana floreciente, libre e independiente, con medios suficientes para su desarrollo, es una condición elemental para el buen funcionamiento de la cultura en España. La contraposición de las dos culturas, la castellana y la catalana, su aislamiento o el predominio artificial de una de ellas sobre la otra no conducirán más que al común perjuicio de ambas.

La polémica sobre la conveniencia o no de que el nombre de Josep Pla se inscriba en el palmarés de este galardón es, desde luego, una discusión interna cátalana. Pero para un espectador imparcial resulta paradójico que el máximo prosista de la lengua catalana de este siglo haya sido hasta ahora postergado, por razones exclusivamente políticas, ya que no estéticas ni culturales. Bien es verdad que la institución Omnium Cultural, que fue creada a principios de los años sesenta, ha ostentado siempre un significado cívico, político y moral de defensa de la catalanidad y de antifranquismo que ha constituido uno de sus máximos timbres de honor en tiempos ominosos. Pero creemos, con todo el respeto hacia Cataluña, hacia esta digna institución y su inequívoca ejecutoria, que los tiempos del franquismo, en este terreno, han pasado, y que la lucha debiera inscribirse en otros terrenos, no en los de malos recuerdos y cobro de pasadas cuentas tan tristes como perfectamente olvidables. La cultura, sin más, también tiene sus derechos, y la sistemática exclusión, por ejemplo, que la Academia Sueca ha hecho del nombre de Borges en la panoplia de los premios Nobel suena ya a algo ridículo y polvoriento. Que, por otra parte, en el caso sueco, se corresponde con el otro polo: su desagrado ante las literaturas comunistas. Vaya lo uno por lo otro, y así se fabrican las falsas neutralidades. Pues, ¿qué representa Sholojov frente a Bunin, Pasternak y Solyenitsin?

Si la literatura catalana, en su historia, es una sucesión de rupturas y renacimientos, debe tener en cuenta que sólo estará completa asumiendo su pasado en su conjunto, y que se verá empobrecida sin asumir al Eugenio d’Ors de su etapa catalana, o al Josep Pla testigo de su siglo. La politización no debe desbordar los límites históricos de la política misma, y, al fin y al cabo, las literaturas no son cuadros de honor de buena conducta en colegios de pago: pero siempre explican al mundo y lo hacen conocerse mejor.

El Análisis

Rodoreda, el premio y la sombra de Pla

JF Lamata

La concesión del Premi d’Honor de les Lletres Catalanes a Mercè Rodoreda en este mes de mayo de 1980 ha sido recibida con satisfacción por amplios sectores del mundo cultural, pero también con una notable polémica que no puede obviarse. El galardón, otorgado por Òmnium Cultural, se ha consolidado como el mayor reconocimiento a una trayectoria literaria en lengua catalana, con un fuerte componente simbólico en estos años de recuperación cultural tras el franquismo. En ese contexto, premiar a Rodoreda supone distinguir a una autora de obra indiscutible, marcada por el exilio y por novelas como La plaça del Diamant, que han contribuido decisivamente a la proyección moderna de la literatura catalana.

Sin embargo, la ausencia de Josep Pla entre los galardonados ha generado sorpresa e incluso malestar en ciertos ámbitos. Pla es, sin duda, uno de los prosistas más influyentes y prolíficos de la literatura catalana contemporánea, con una obra vastísima que abarca desde el periodismo hasta el retrato literario del país. Muchos daban por hecho que sería él quien recibiría el premio en esta edición, lo que ha alimentado la percepción de que su exclusión no responde únicamente a criterios literarios. Su actitud durante el franquismo, percibida por algunos como acomodaticia o poco beligerante, podría haber pesado en la decisión de un jurado que, en el actual clima político y cultural, parece inclinarse por figuras cuya trayectoria personal encaje mejor con la reivindicación de la resistencia cultural.

La elección de Rodoreda no admite discusión en términos de mérito, pero el debate abierto en torno a Pla revela hasta qué punto la cultura catalana de hoy sigue atravesada por las tensiones entre memoria, política y literatura. El Premi d’Honor no solo consagra a un autor: también construye un relato sobre qué voces representan mejor una tradición y un tiempo. En esa construcción, la figura de Pla —tan central en lo literario como incómoda en lo político— sigue planteando interrogantes que este fallo no ha cerrado, sino más bien ha puesto aún más en evidencia.

J. F. Lamata