3 noviembre 2026
El ministro de Transportes, Óscar Puente, dimite a tres semanas de las elecciones como asunción de responsabilidades políticas por el accidente ferroviario en Urda

Hechos
El 3 de noviembre de 2026 D. Óscar Puente dimite como ministro de Transportes tras comparecer en el Congreso de los Diputados.


04 Noviembre 2026
Dimisión necesaria
En un gesto poco habitual en España, el ministro de Transportes, Óscar Puente, anunció este martes su dimisión seis días después del choque entre dos trenes de alta velocidad en el que murieron 69 personas, el segundo gran accidente en la misma línea en lo que va de año. Puente comunicó la decisión en la Diputación Permanente del Congreso —en sede parlamentaria, donde correspondía hacerlo—, tras escuchar las críticas de todos los grupos políticos por la gestión de las infraestructuras. No todos le hicieron responsable a él de lo ocurrido, pero sí le transmitieron la evidencia de que su permanencia al frente del ministerio distorsionaba el objetivo principal del país y del Gobierno en estos momentos, que es recuperar la confianza ciudadana en la alta velocidad.
Puente anunció su dimisión después de más de cuatro horas de comparecencia en la que dio explicaciones sobre los datos conocidos del accidente de Urda, y después de que La Moncloa hubiera trasladado oficiosamente la versión de que contaba con todo el apoyo del presidente del Gobierno. El propio Puente dijo el pasado viernes ante la prensa que se sentía capaz de liderar la recuperación de la confianza quebrada en el sistema de alta velocidad, que ha sufrido dos enormes tragedias humanas, con 115 muertos en total, en menos de un año. Era una actitud insostenible. Los propios socios del Gobierno de coalición, que se sientan con él en el Consejo de Ministros, habían pedido su renuncia. Ni el presidente del Gobierno ni su equipo conocían la decisión, según reveló el propio Puente.
Al retirarse de la primera línea, el ministro permite que la investigación sobre las causas de un accidente que ha dejado conmocionada a la ciudadanía avance sin distracciones. Los ataques personales a la capacidad de gestión de la cúpula de Transportes terminan aquí. Esta es la segunda vez, tras la catástrofe de Adamuz en enero, que los ciudadanos han visto a Puente dando explicaciones de un accidente mortal. No se trata de culpas, sino de balance. Y no era sostenible mantenerse como el rostro de la gestión del Gobierno.
Nadie puede obviar el contexto de campaña electoral en el que se produce la decisión. Puente no era solo una distracción para la investigación y el duelo por las víctimas, sino que se había convertido en un lastre para el PSOE en una campaña ya de por sí cuesta arriba para mantenerse en el Gobierno. Si es cierto que nadie en su partido le ha pedido que dimita, se trata de un gesto obligado con su formación. Ha renunciado también a ser cabeza de lista por Valladolid en las elecciones del 29-N.
La dimisión de Puente supone un golpe de efecto en la política española. Es inédito desde hace demasiados años en España que un político asuma su responsabilidad al máximo nivel por algo que no sea un caso de corrupción, y solo si se ve imputado por la justicia. Se trata de una anomalía entre las democracias consolidadas de nuestro entorno, seguramente cimentada por el hiperpartidismo de nuestro sistema político, en el que la asunción de responsabilidad se ve como una asunción de culpabilidad, y cualquier gesto de humildad es confundido con debilidad. Era una dimisión ineludible, que sienta un precedente, aunque no agota la elucidación de responsabilidades. Tomada en su mejor versión, contribuye en todo caso a cambiar esa dinámica, y a normalizar lo que debería ser habitual en cualquier Gobierno ante circunstancias de este cariz.


04 Noviembre 2026
El teatro de la crueldad de Puente y Sánchez
ANTONIN ARTAUD, tras hacer de inquisidor en la película de Dreyer sobre Juana de Arco, perfiló el «Teatro de la crueldad», que era una forma de realismo extremado, una especie de Brecht con sangre y vísceras, como en Los Cenci. Pero las sagas de criminales italianos se quedan cortas ante la capacidad de simulación y el ejercicio de maldad que nos ofreció ayer el Gobierno de Sánchez, con Puente como falso mártir de la responsabilidad política. Ahora, Fráudez besará a Begoña y abrazará a Puente y la plebe de partido los ovacionará. Ya lo hizo en Aragón después de Adamuz, y lo hará con más motivo ahora, 115 muertos. Matar les excita. Dimitir para quedarse en el grupo de poder, junto al Prostituto Amo, les motiva. Va a pasar lo mismo que con el Fiscal General del Estado, al que rinden tributo por delinquir a su favor. Esta gentuza es capaz de asaltar el cementerio de Paracuellos y burlarse de los miles de asesinados por la «luminosa» II República. Son capaces absolutamente de todo.
Óscar Muerte dimitió después de decir que no lo haría. Estuvo fingiendo toda la larga sesión en las Cortes y riéndose de los representantes de la soberanía popular. Cuando Ester Muñoz o Pepa Millán lo ponían verde, él se reía para sus adentros, porque ya sabía que todo lo que pasara se convertiría en humo cuando dijera que se iba. No sólo fue incapaz de nombrar una sola vez a las víctimas, ni una sola vez, lo mismo que no fue a ver a las de Adamuz, ni él ni su Amo. Además, montó el número de hacer como que explicaba algo, aunque no explicase nada, para, al final, irse y dejar a todos con la boca abierta. Estamos ante un elenco de malvados como no se ha visto en toda la historia de España, del teatro y de la política. Y la cloaca sincronizada nos presentará en unas horas la dimisión de Puente como una de tantas injusticias, obra de la derecha malévola, que, como dijo el Pijoaparte Rufián, nos llevará a tener trenes de plástico con vías de madera.
Lo que no sé es cómo van a explicar los muertos, aunque les dé igual. Ni a quién van a poner en el lugar del miserable criminal que ayer nos tomó el pelo. Puede ser el propio presidente el que asuma el cargo de Oskargután, o Bolaños, o Marlaska. O, por qué no, Begoña Gómez, pichona y perita en lo suyo. Nos esperan tres semanas de esperpento electoral, en las que echar a esta gentuza del teatro de la crueldad política se ha convertido en una auténtica necesidad nacional.
Federico Jiménez Losantos


04 Noviembre 2026
La Moncloa fulmina a Puente
Al final, Sánchez le ha dado una patada a Puente y le ha obligado a dimitir en una escenografía muy bien orquestada. Su continuidad era insostenible y no existía ninguna razón que la justificara. Era necesario prescindir de él para intentar salvar los muebles en una campaña desastrosa para el PSOE. Es, sin lugar a dudas, el peor ministro que ha tenido España desde la Transición. Un bocazas que se dedicaba a insultar a todo el mundo y que no estaba dedicado a su ministerio, sino a suceder a Sánchez. La comparecencia fue un auténtico esperpento, donde intentó colocar un relato absurdo sobre lo que había hecho su Gobierno y él como ministro. Tras ocho años de descuidar las inversiones en infraestructuras y en la seguridad de las líneas de alta velocidad, dos catastróficos accidentes mostraban que las mentiras tienen las patitas muy cortas. El esperpento finalizó con el anuncio de su dimisión como ministro y su renuncia a ir en las listas del PSOE donde encabezaba la circunscripción de Valladolid. Lo peor, incluso, fueron los diputados socialistas de pie aplaudiendo a un incompetente. Si la comparecencia fue poco creíble en mayor medida fue el anuncio final. La realidad es que Sánchez ha soltado lastre, aunque dudo que esto le permita remontar una campaña que estará marcada, desgraciadamente, por la catástrofe ferroviaria.
La renuncia no es ningún gesto de heroísmo o de ética política, sino un artificio de un sanchismo agónico que intenta desesperadamente sobrevivir. Una gran mayoría de españoles tiene claro que el problema no era solo Puente, sino el fracaso de un proyecto político, populista y radical, que nunca ha tenido apoyos suficientes para gobernar. Otra cosa es que Sánchez comprara la presidencia y estuviera dispuesto a cualquier comportamiento deplorable con tal de seguir en La Moncloa. España necesita un proyecto de regeneración y un gobierno previsible y eficaz que realmente sirva al conjunto de la sociedad y no a los intereses del inquilino de La Moncloa como actualmente sucede. Por supuesto, la izquierda política y mediática intentará utilizar la fulminante destitución del ministro, que es lo que realmente ha sucedido, para movilizar al electorado de izquierdas. El balance de esta legislatura no se limpia con lo que sucedió en la comparecencia.