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Es cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá, considerado del sector conservador de la Iglesia católica, reemplazará al progresista Díaz Merchán

El obispo Ángel Suquía es elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal española

HECHOS

En febrero de 1987 monseñor D. Ángel Suquía fue elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal.

El obispo D. Ángel Suquía fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal. Aseguró que ‘todo obispo es conservador y progresista a la vez’ y sobre su supuesta vinculación con Roma, respondió: “no conozco ningún obispo que no lo sea.”

Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal:

– Presidente: D. Ángel Suquía, cardenal arzobispo de Madrid

– Vicepresidente: D. Elías Yanes, arzobispo de Zaragoza.

– Secretario General: D. Fernando Sebastián, obispo sin diócesis

– Vocales: D. Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo, D. Ramón Torrella, arzobispo de Tarragona, D. José María Setién, obispo de San Sebastián, D. Miguel Roca, arzobispo de Valencia.

 

EL OBISPO DÍAZ MERCHÁN SE DESPIDIÓ CON ADVERTENCIAS SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL

diazmerchan

Monseñor Díaz Merchán: “La democracia corre peligro de reducirse a caricatura, reducida a las votaciones periódicas y a la dejación de las responsabilidades cívico sociales en manos exclusivamente de los líderes políticos (…) Nuestro pueblo atraviesa un momento difícil y complejo (…) instaurada la democracia en las leyes, el pueblo está falto de experiencia y de maduración político-social. Nos preocupa el vacío de instituciones sociales operativas en nuestra sociedad. El pueblo español corre el riesgo de convertirse en masa fácilmente manipulada sin capacidad crítica desgajad de su conciencia cristiana por la propaganda de pautas culturales paganas, que por mil medios se insinúan  entra peligrosamente en el camino del vacío moral, sin más estímulos que el egoísmo o el placer inmediato”.

 

25 Febrero 1987

Suquía

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Ángel Suquía es el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. Los vientos florentinos del Vaticano azotan a la Iglesia española. El prelado elegido es un hombre hábil que se mueve con destreza en las más altas esferas eclesiásticas, aun a costa de que su imagen se deteriore en las bases agitadas de su propia diócesis. No es fácil, explicar la irresistible ascensión de este clérigo guipuzcoano. Desde su rectorado del seminario de Vitoria rehuyó cualquier posicionamiento político; pasó fugazmente por las diócesis de Almería y Málaga, y ocupó la sede arzobispal de Santiago sin suscitar entusiasmos. No se compromete con nadie, y sus ideas son tan desconocidas que ni siquiera se puede desconfiar de ellas. Pero en conjunto pasa por representar al sector más reaccionario del episcopado.Su elección de ayer fue laboriosa. Cinco votaciones. Las tres primeras, ganadas por Díaz Merchán, aunque sin el número suficiente de los dos tercios necesarios. En el quinto escrutinio superó por dos votos la mayoría absoluta y por seis a su oponente, el arzobispo Elías Yanes. Estos dos prelados finalistas indican que los obispos buscaban, al fin, un presidente de relevancia polémica y de talante conservador.

No puede negársele a Suquía una cierta audacia para hacerse presente en los medios de comunicación. Sus declaraciones e intervenciones semanales no han rehuido la confrontación y el trato hostil que da a grupos de la Iglesia que de él disienten y a decisiones e instituciones del Estado que no le placen. El acento de su discurso es espiritualista. Nunca se le vio rodeado de colaboradores críticos. Pertinaz en su actitud monologante, buscó refugio en la autoridad de las instancias superiores. No pretende disimular su simpatía por los grupos más inmovilistas, compactos y poderosos de la Iglesia actual.

De una elección así, los únicos responsables son quienes la han decidido. Con ella, el episcopado español confirma las sospechas de involución y enclaustramiento manifestadas durante los últimos años en la Iglesia jerárquica. Y los católicos comprometidos con el cambio ético y democrático pueden haber quedado sin interlocutores. La denuncia de las injusticias, el compromiso con los pobres, la tolerancia y la convivencia civil son causas que pueden verse relegadas. Para muchos, esta elección confirmará la sospecha de que la Iglesia es la de siempre, aquella en que sus intereses institucionales prevalecen sobre los valores de una sociedad libre. Pero, a fin de cuentas, los obispos tienen al presidente que se merecen, pues ellos lo han elegido.

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