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La prensa considera que es un triunfo del sector más aperturista frente al sector más conservador encabezado por Ricard María Carles

El arzobispo de Zaragoza, Elías Yanes, se convierte en el nuevo Presidente de la Conferencia Episcopal reemplazando a Ángel Suquía

HECHOS

El 16.02.1993 la Conferencia Episcopal Española escogió a D: Elías Yanes como Presidente y a D. Fernando Sebastián como Vicepresidente.

fernando_sebastian D. Fernando Sebastián, obispo de Granada y considerado también aperturista será el nuevo Vicepresidente.

ricard_carles D. Ricard María Carles, obispo de Barcelona, señalado por la prensa como el candidato de El Vaticano, fue el principal derrotado en la votación al no ser elegido ni presidente, ni vicepresidente.

RESULTADO DE LA VOTACIÓN

Para Presidente:

D. Elías Yanes – 45 votos

D. Ricard María Carles – 20 votos.

Para Vicepresiddente

D. Fernando Sebastián – 54 votos

D. Ricard María Carles – 18 votos

17 Febrero 1993

Renovación episcopal

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Los obispos españoles han optado por una cierta renovación frente al continuismo al nombrar, contra todos los pronósticos, al arzobispo de Zaragoza, monseñor Elías Yanes, como sucesor del cardenal Suquía al frente de la Conferencia Episcopal. Dicha elección es también una muestra de autonomía frente a la influencia que había alcanzado en el último lustro la curía romana sobre el episcopado español.Dentro del clima conservador que reina en la jerarquía de la Iglesia española puede afirmarse que la decisión episcopal tiene una claro sentido reformador. Lo tiene frente a un mandato del cardenal Suquía, caracterizado por una actitud condenatoria de los cambios de la sociedad española y reticente ante el Gobierno de los socialistas, a los que Roma ha hecho siempre culpables de “la paganización de España”. De ahí que los obispos hayan optado por la candidatura de monseñor Yanes -un obispo de talante más abierto y ducho en el trato con el poder político, como ocurrió en la batalla de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE), en la que participó como presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza- y rechazado la del arzobispo de Barcelona, monseñor Carles, patrocinada por el propio Suquía y el nuncio apostólico, monseñor Tagliaferri.

17 Febrero 1993

¿Una Iglesia más progresista?

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

LOS obispos españoles se decantaron ayer por la renovación. El inmovilismo de los seis años de mandato de Angel Suquía ha sido suficiente como para que una mayoría de la Conferencia Episcopal española se haya decidido por el cambio, haciendo caso omiso de las indicaciones que desde El Vaticano, vía nuncio apostólico, decían que el elegido debía ser el arzobispo de Barcelona, Ricard María Caries. El nuevo presidente, Elías Yanes, y su equipo están dispuestos a comenzar una nueva etapa -más autónoma respecto a las órdenes de la Santa Sede, fuertemente afectada por el conservadurismo- para la que han escogido como bandera una palabra clave: diálogo. El voto de castigo a la gestión anterior es evidente: no sólo salió derrotado el candidato oficialista sino que la vicepresidencia será ocupada por Fernando Sebastián, que ocupó la secretaría general de la Conferencia hasta que fue «desterrado» a Granada por Suquía. Muy clarificadora sobre el nuevo talante que se ha instalado en el «gobierno» eclesial español es la intervención de monseñor Yanes a propósito de la presencia de la Iglesia católica en la sociedad española: «Existe una documentación sobreabundante. Más de un obispo ha recomendado que escribamos menos y pensemos más». El inmovilismo y en ocasiones la agresividad que han caracterizado determinados pronunciamientos de la jerarquía eclesiástica española han ido marcando distancias con la sociedad que el nuevo equipo parece dispuesto a superar. Ricard María Carles, por su parte, ha sido víctima tanto de sus posiciones ideológicas como del rechazo de los prelados catalanes, que han votado a Yanes por un doble motivo: no creían en la preparación del arzobispo de Barcelona y, además, confían en tener su propia Conferencia Episcopal al margen de la española, para lo cual la elección de Caries podría haber sido un obstáculo. Elías Yanes, aunque no se pueda decir que comulga plenamente con las tesis más avanzadas de la Iglesia Católica, representadas por teólogos progresistas y comunidades cristianas de base, es un hombre con una trayectoria mucho más abierta que su antecesor (es significativo su paso por la secretaría general en la etapa de Tarancón) y cabe confiar en que en su gestión se notará su carácter aperturista y dialogante: «Soy un convencido de la eficacia del diálogo; el diálogo es deseable y posible». Esta disposición debe empezar a verse pronto tanto en el interior de la Iglesia como en sus relaciones con la sociedad y con el Gobierno socialista. En este sentido se hace necesario -aun aceptando, como dice Yanes, que la Iglesia puede y debe denunciar los abusos y las desviaciones del poder-, acabar con la obsesión de Suquía hacia los socialistas a los que acusaba de laicismo militante y de ser culpables de todos los males, especialmente de la «descristianización» de la sociedad.

21 Febrero 1993

La rebelión de añastro

Abel Hernández

Los obispos españoles han decidido romper sin concesiones con la etapa anterior, dirigida por el cardenal Suquía y el nuncio Tagliaferri y apostar por el diálogo con la sociedad, con la cultura moderna y con los poderes públicos. La elección de José Sánchez, obispo de Sigüenza-Guadalajara, como secretario de la Conferencia Episcopal ha sido la culminación de un «golpe de mano» del qué no hay precedentes. La rebelión de los obispos españoles frente a la excesiva presión de la Curia romana y el creciente predominio de los grupos eclesiásticos más inmovilistas no ha cuidado ni las formas. Han rodado cabezas con la sonrisa en los labios. El sector más conservador, que gozaba de la creciente complacencia romana, ha resultado aniquilado sin compasión. Por primera vez ha dejado de funcionar la ley de las compensaciones. El equipo dirigente, salido de esta importante asamblea, es homogéneo. Lo ocurrido demuestra que la mayoría de los obispos españoles estaban hartos y se han creído en la obligación moral de decir «¡basta!». La Iglesia española, cada vez más descolocada en la nueva sociedad, se iba atrincherando, metida en el «ghetto», soñando con el regreso al «nacionalcatolicismo» si la derecha ganaba las próximas elecciones. En los púlpitos empezaban a colgar demasiados paños del PP. Los «renovadores» pretenden, precisamente, evitar la identificación, otra vez, de la Iglesia con la derecha y abrir sus puertas a todos.

A partir de ahora, la nueva dirección del Episcopado español con Yanes a la cabeza, pretende restablecer el diálogo con el Gobierno socialista, sin acusar por delante a Felipe González de estar descristianizando España -acusación que le irrita profundamente- y, por supuesto, sin orientar institucionalmente el voto de los católicos españoles en las próximas elecciones en una determinada dirección. Se mantiene, pues, la «taranconiana» neutralidad política, sin perjuicio de que previsiblemente los obispos derrotados -en realidad, machacados- de tendencia más reaccionaria agudicen su rechazo de la izquierda cuando lleguen las urnas. Hace tiempo que la jerarquía católica y la Moncloa vienen acusándose de desarrollar un «doble juego» en sus relaciones mutuas, hasta llegar durante la «etapa Suquía» a la práctica interrupción de las mismas. (De hecho Felipe González se ha negado durante años ha recibir al cardenal de Madrid). El PSOE no ha sido capaz aún, a pesar de algunas tentativas en pasados congresos, de tener una verdadera «política religiosa», y, en consecuencia, el Gobierno socialista se ha mostrado incapaz, desde que está en el poder, de llegar a un pacto con la Iglesia católica sobre dos aspectos cruciales: una ética civil aceptada por todos y una enseñanza religiosa libre y abierta, sin discriminaciones. Los nuevos dirigentes eclesiásticos llegan con la mano tendida. Falta saber la respuesta, y lo que aguantarán con la mano en el aire. De momento es prácticamente seguro que Felipe González exigirá a Elías Yanes algunos gestos o Contrapartidas para reanudar el diálogo de los primeros años 80, cuando se reunían en la Moncloa, en el despacho de Alfonso Guerra -en esto, mucho más perspicaz- los ministros y los obispos. Está claro que saldrá inmediatamente la COPE a relucir.

El argumento de la Moncloa es concluyente: No hay diálogo posible mientras la emisora de la Iglesia sea la principal plataforma de oposición al Gobierno socialista. Un problema arduo. ¿Van a sacrificar los nuevos dirigentes eclesiásticos la libertad de expresión para reconciliarse con el Gobierno? ¿Cómo compaginar una cosa y otra? Más aún, ¿quién sabe la fórmula mágica para que la COPE sea rentable económicamente y tenga rentabilidad pastoral? El obispo Montero, experimentado y capaz, que reasume la comisión de Medios de Comunicación, tiene tarea por delante. Con la COPE, con los grandes medios públicos y con el divorcio sucedido estos últimos años entre la Iglesia y la prensa (salvo la más conservadora, a la que se le acaba la luna de miel). ¡Mucha tela que cortar! En general, la «rebelión de Añastro» (donde está la casa de la Iglesia) ha sido acogida con alivio en los ambientes cristianos comprometidos, aunque sin lanzar las campanas al vuelo, y con simpatía en los ambientes laicos menos jacobinos o reaccionarios. Ha sido una bocanada de aire limpio que casi nadie esperaba. La Iglesia española, acaso un poco tarde, trata de ocupar el puesto que le corresponde, sin anatemas ni gori-goris, en la cultura moderna, según el recuperado espíritu conciliar. Puede ser un ejemplo para otros episcopados. La duda está en si Roma aceptará esta pacífica rebelión o se apresurara a sofocarla cerrando de un golpe airado las ventanas, mientras hace sonar por los altavoces a todo volumen el «totus tuus».

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