22 enero 1990

El nuevo líder del partido, Gregor Gysi, anuncia el cambio de denominación del partido (PDS) y la convocatoria de elecciones libres en la Alemania del Este a la que podrán presentarse los partidos de derecha

El partido comunista de la República Democrática Alemana rompe con su pasado expulsado a Egon Krenz

El partido comunista de la República Democrática Alemana rompe con su pasado expulsado a Egon Krenz

Hechos

El 21.01.1990 el partido socialista unificado de Alemania (SED) expulsó del partido a Egon Krenz y Guenter Schabowski.

Lecturas

Egon Krenz había dimitido como presidente de la RDA y como líder del SED en diciembre de 1989. 

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SCHABOWSKI TAMBIÉN EXPULSADO

Cae_Muro_Berlin Gunter Schabowski, el dirigente del SED encargado por Krenz de anunciar la destrucción del muro de Berlín también ha sido expulsado del partido e inhabilitado para ejercer la política.

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CRONOLOGÍA DE EGON KRENZ

18 de octubre de 1989 — Krenz sustituye a Honecker. Ante unas protestas populares cada vez mayores, Erich Honecker es apartado de la dirección del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED). Lo sustituye Egon Krenz, de 52 años, miembro del Politburó desde 1983, secretario del Comité Central responsable de cuestiones de seguridad y miembro del Consejo Nacional de Defensa. No representa una ruptura con el régimen: durante años había sido considerado uno de los posibles herederos de Honecker y en junio había elogiado públicamente la actuación de las autoridades chinas frente a las protestas de Tiananmén. El 24 de octubre acumula además las presidencias del Consejo de Estado y del Consejo Nacional de Defensa, convirtiéndose formalmente en jefe del Estado de la RDA.

Octubre-noviembre de 1989 — Una «Wende» para intentar salvar el sistema. Krenz proclama que comienza una Wende —un giro— y trata de responder a las manifestaciones mediante cambios controlados: relevo de dirigentes, promesas de reforma y una nueva regulación que facilite los viajes al extranjero. Su problema es de credibilidad. Para buena parte de la oposición no representa al reformismo, sino a la misma generación gobernante que intenta conservar el poder del SED haciendo las concesiones imprescindibles. Pesaba especialmente su condición de máximo responsable electoral durante las elecciones municipales del 7 de mayo de 1989, cuyos resultados oficiales habían sido manipulados.

9 de noviembre de 1989 — Se abre el Muro. Una confusa conferencia de prensa de Günter Schabowski precipita la apertura de los pasos fronterizos. La medida que debía contribuir a estabilizar la RDA acelera el hundimiento de su sistema político. El SED pierde rápidamente el monopolio del poder y Krenz queda desbordado apenas tres semanas después de haber sucedido a Honecker.

3-6 de diciembre de 1989 — Krenz pierde todos sus cargos. El 3 de diciembre, el Comité Central y el Politburó del SED dimiten colectivamente. Krenz deja la secretaría general. El 6 de diciembre renuncia también como presidente del Consejo de Estado y del Consejo Nacional de Defensa. Lo sustituye como jefe del Estado Manfred Gerlach, dirigente del Partido Liberal Democrático de Alemania. El hombre que debía asegurar la continuidad del sistema de Honecker ha permanecido apenas siete semanas al frente del partido y seis como jefe del Estado.

21 de enero de 1990 — Expulsado de su propio partido. El SED intenta transformarse para sobrevivir a su derrumbe, primero como SED-PDS y posteriormente como PDS. Para marcar distancias con la antigua dirección, expulsa a Krenz. La paradoja es completa: tres meses después de alcanzar la cúspide del partido, su propia organización lo convierte en parte del pasado del que necesita desprenderse para continuar existiendo.

1990-1993 — De antiguo jefe del Estado a investigado. Tras la reunificación del 3 de octubre de 1990, la Justicia alemana comienza a determinar las responsabilidades penales derivadas del régimen fronterizo de la RDA. Krenz había participado, como miembro del Politburó y del Consejo Nacional de Defensa, en decisiones referentes a la protección de la frontera. Paralelamente se investiga su actuación en la falsificación de las elecciones municipales de mayo de 1989. En 1993 existen formalmente investigaciones contra él tanto por las muertes fronterizas como por su posible participación en la manipulación electoral.

8 de julio de 1995 — Acusado por las muertes fronterizas. La Fiscalía de Berlín presenta acusación contra Krenz por homicidio y corresponsabilidad en el régimen fronterizo. No se trataba de demostrar que hubiese disparado personalmente ni de atribuirle una orden individual para matar a una víctima concreta. La acusación sostenía que, desde el Consejo Nacional de Defensa y el Politburó, había participado en decisiones que mantenían un sistema fronterizo basado en armas de fuego y otros medios potencialmente mortales para impedir la salida de ciudadanos de la RDA.

1996-1997 — Krenz rechaza la legitimidad del proceso. Su defensa sostiene que la República Federal no puede castigar retrospectivamente a antiguos ciudadanos de la RDA por decisiones adoptadas conforme al ordenamiento de un Estado entonces soberano. Los tribunales alemanes rechazan finalmente ese planteamiento: consideran que las muertes eran punibles incluso aplicando el derecho de la propia RDA y que los responsables políticos no podían ampararse en una práctica estatal que vulneraba gravemente derechos fundamentales. Krenz, por su parte, lamenta ante el tribunal las víctimas del Muro pero niega su responsabilidad penal personal.

25 de agosto de 1997 — Condenado a seis años y medio. El Landgericht de Berlín declara a Krenz culpable como autor mediato de cuatro homicidios y lo condena a seis años y seis meses de prisión. Los cuatro casos correspondían a personas desarmadas que, sin poner en peligro a terceros, murieron entre 1984 y 1989 intentando abandonar la RDA por la frontera interalemana. Los tribunales consideraron que Krenz había contribuido causalmente a mantener el dispositivo que produjo aquellas muertes mediante su participación en decisiones del Consejo Nacional de Defensa y del Politburó. Sus coacusados Günter Schabowski y Günther Kleiber fueron condenados a tres años.

Krenz es detenido al dictarse sentencia, pero una reclamación contra su prisión provisional prospera y 18 días después queda nuevamente en libertad mientras se tramitan los recursos. La sentencia todavía no es firme.

Noviembre de 1997 — Archivada la causa por fraude electoral. Krenz también había sido investigado por su papel en la falsificación de las elecciones municipales del 7 de mayo de 1989. La manipulación no era una invención posterior de la Justicia federal: el propio Código Penal de la RDA castigaba la falsificación electoral. Sin embargo, el procedimiento contra Krenz termina archivándose, teniendo en cuenta fundamentalmente que ya había sido condenado a una pena considerable por los homicidios fronterizos. Por tanto, Krenz no fue condenado por fraude electoral.

8 de noviembre de 1999 — La condena se hace firme. El Bundesgerichtshof, Tribunal Supremo Federal alemán, rechaza los recursos y confirma íntegramente los seis años y seis meses. Determina que Krenz fue corresponsable de cuatro muertes por su participación en las decisiones de las máximas instancias de la RDA sobre el régimen fronterizo. La sentencia de 1997 queda definitivamente confirmada.

12-13 de enero de 2000 — Fracasa el último recurso alemán y entra en prisión. El Tribunal Constitucional Federal rechaza admitir el recurso constitucional de Krenz. El antiguo jefe del Estado sostenía, entre otras cosas, que su condena vulneraba el principio de irretroactividad penal. Karlsruhe responde que ese principio no protege una práctica estatal que había convertido graves vulneraciones de derechos humanos en política de Estado. El 13 de enero Krenz comienza a cumplir condena en Berlín-Hakenfelde y posteriormente es trasladado a Plötzensee.

22 de marzo de 2001 — Estrasburgo respalda la condena. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechaza también el recurso presentado por Krenz —junto con los antiguos responsables militares Fritz Streletz y Heinz Keßler—. Estrasburgo considera que sus condenas no vulneraron la prohibición de castigar hechos que no fueran delito cuando se cometieron. La posición jurídica de Krenz queda definitivamente cerrada también en el ámbito europeo.

18 de diciembre de 2003 — Libertad anticipada. Después de cumplir casi cuatro años de prisión, parte de ellos en régimen abierto, Krenz queda en libertad anticipada y el resto de la condena queda suspendido. El último jefe comunista efectivo de la RDA termina así su recorrido judicial: una condena firme de seis años y medio por cuatro homicidios relacionados con el régimen fronterizo; ninguna condena por la falsificación electoral de 1989.

Isabel M. Moyano

28 Enero 1990

Un partido al borde del abismo

Isabel M. Moyano

Leer

El desesperado esfuerzo de los principales dirigentes del Partido Comunista de la RDA, Hans Modrow, Gregor Gysi y Wolfgang Berghofer, no ha conseguido frenar la caída de este partido en el abismo hacia la desintegración. El SED-PDS hace aguas y sus valientes capitanes abandonan el barco. Las declaraciones del secretario de la Unión CristianoDemócrata de la RDA, Martin Kirchner, han levantado el grito en el cielo de los últimos defensores del SED: el primer ministro Hans Modrow podría abandonar su militancia en el partido en aras del bien del país. Aunque Modrow ha desmentido la noticia, la voz de alarma ya está dada. La espectacular dimisión de Wolfgang Berghofer, alcalde de Dresde, hace unos días, hizo más vulnerable un partido que lo había sido todo en la RDA. Parece que este cesé de militancia le ha venido bien, hace unos días superó con abrumadora mayoría, una moción de confianza a la que se sometió después de romper su carnet. Los rumores de estos últimos días hacían presagiar la noticia: Wolfgang Berghofer, vicepresidente del SED-PDS preparaba abandonar el partido y pasarse a las filas de los socialdemócratas germanoorientales. Otros treinta y nueve altos cargos del SED en la región de Dresde han dado han dado también el portazo, pidiendo, además, la disolución del Partido. Entre ellos, se encuentra el director de Robotron, la más prestigiosa empresa estatal de la RDA, y sucesor de Hans Modrow en la dirección regional del SEDPDS. «Mi país es más importante que el Partido», justificó Berghofer, sin precisar dónde iba: Sin embargó, junto con sus treinta y nueve compañeros, ha firmado un documento en el que afirma «dar su apoyo al programa socialdemócrata». Frente a las oleadas de cólera y frustración, frente al peligroso episodio de hace unas semanas, en el que la multitud atacó la sede de la ex policía política, STASI, el partido intenta desesperadamente ganarse la credibilidad de los ciudadanos. El pasado fin de semana, el comité de dirección, decidió expulsar a Egon Krenz y a otros trece miembros del Politburó.

Krenz, sucesor de Erich Honecker, tampoco pudo convencer a sus conciudadanos de sus intenciones renovadores. A pesar de haber dado la orden de abrir el Muro de Berlín, su pasado como «delfín» pudo con él. Compañeros de viaje de Krenz, fuerón Kurt Hager, ex ideólogo del SED, y Güriter Schabowski, ex jefe del distrito de Berlín Este. En un desesperado intento por evitar la caída total, el Partido continúa lavando su ropa sucia: el domingo día 21 empezó la acción juducial contra la ministro de Finanzas, Uta Nickel, acusada

de pagos ilegales, provocando un daño a la propiedad socialista. Joachim Herrmann, antiguo miembro del Politburó y responsable de propaganda en el Partido Comunista germanooriental, está ya tras las rejas, acusado de alta traición. Erich Honecker, enfermo y en el hospital, será juzgado por «alta traición» al Estado. El ex ministro de Defensa, Heinz Kessler fue detenido ayer por abuso de poder. Pero el presidente, Gregor Gysi rechaza la disolución del Partido. Durante el fin de semana pasado subrayó el peligro que conllevaría para la RDA, para la nación alemana y para Europa, que esta medida se tomara antes de las elecciones del 6 de mayo. Gysi reconoció que, desde su congreso extraordinario del mes de diciembre, el partido no se había renovado suficientemente. Ofreció a la oposición aceptar algunos puestos que hasta ahora han sido reservados a los miembros del partido. También se declaró partidario que una persona, sin pertenencia a ningún partido, asumiera la jefatura del Estado que hoy ocupa Manfred Gerlach, jefe del Partido Liberal. Como posible candidato citó el nombre de Kurt Masur, director de la orquesta de Leipzig. El primer ministro Modrow también ofreció el día 17 a la oposición que entrara a formar parte del Gobierno. Inmerso en un profundo, pero insuficiente, proceso de metamorfosis, el domingo se retiró incluso el símbolo del Partido de la fachada de su sede en Berlín Este: dos manos entrecruzadas sobre una bandera roja.

Sin embargo, las quejas siguen creciendo en la calle. «Nunca más el SED», «No queremos ser cobayas del socialismo» gritan los manifestantes diariamente en las calles de las ciudades de la RDA. Las huelgas -tema tabu en este país- se suceden y extienden vertiginosamente. Hospitales, conductores de taxis, empleados de la central lechera de Berlín: todos paran durante unas horas para exigir la mejora inmediata de sus condiciones de trabajo y pedir «la muerte» del SED, al que acusan de haberles engañado durante cuarenta años. Cuarenta años de engaño, cuarenta años de abuso de poder, cuarenta años de robo,’ se queja la gente que, hoy, ha perdido la paciencia. Los comunistas han arruinado el país. Exasperados por la lentitud de los cambios, los germanoorientales siguen pasándose a la RFA en bloque, entre 1.500 y 2.000 cada día. Sin embargo, todavía hay gente que reivindica la etiqueta «comunista». Plataforma comunista, sigue defendiendo este ideal. «Hay que renovar el partido cuanto antes. El ideal comunista no está muerto y el marxismoleninismo tampoco», subraya Fred Beuzhel, uno de sus dirigentes. Los seguidores de Plataforma comunista estiman que en las elecciones del 6 de mayo, el partido puede conseguir entre el 30% y el 40% de los votos, siempre y cuando no se disuelva antes. Desde el principio de la revolución, el SEDPDS ha perdido más de un millón de afliados, y se piensa que ya sólo le queda 1.200.000 seguidores con carnet. Lo que temen Gregor Gysi y algunos de sus seguidores, es que una vez aniquilado el Partido Comunista, ya no quede en la RDA ninguna fuerza política que represente los ideales de la izquierda. Prácticamente todos los movimientos opositores se han manifestado a favor de la unificación. Gregor Gysi tendrá muchas dificultades para poder trazar y ver una RDA democrática y socialista, independiente en esa «tercera vía» entre el capitalismo salvaje que se le avecina y el estalinismo de acero que quiere desesperadamente olvidar.

El Análisis

Un estorbo para la supervivencia del partido

JF Lamata

La expulsión de Egon Krenz y Günter Schabowski del Partido Socialista Unificado de Alemania marca un nuevo capítulo en el frenético intento del viejo SED por reinventarse para sobrevivir en la Alemania que viene. Gregor Gysi, su nuevo líder, ha comprendido que, si quiere tener alguna opción en la era post-muro, debe amputar —con bisturí político— a todo aquel que recuerde la dictadura que gobernó Alemania del Este durante cuatro décadas. Ya cayeron Honecker y Stoph; ahora le ha tocado el turno a Krenz, aquel sucesor “de transición” que nunca llegó a transición alguna, y a Schabowski, célebre por anunciar la apertura de fronteras en un lapsus que cambió la historia.

Pero cambiar de piel no borra el pasado. El SED mutará pronto a PDS, una nueva etiqueta para un partido que quiere proclamarse “democrático” sin dejar de ser la casa de todos los comunistas que aspiren a seguir en la política, incluso en la Alemania reunificada de Helmut Kohl. La ironía es que el propio Gysi, el cirujano de la purga, carga con sospechas de haber sido informante de la Stasi bajo el alias “IM Notar”. El cambio de siglas podrá borrar carteles, pero no las sombras que proyecta el muro caído.

Para Egon Krenz, en cambio, no habrá ni siglas nuevas ni segundas oportunidades. La RDA se derrumbó en sus manos y, con ella, su futuro político. El hombre que quiso pilotar el cambio sin romper con el pasado ha acabado expulsado de la misma estructura que lo encumbró, comprobando que, en la política poscomunista, los viejos guardianes del muro no son reciclables: se convierten, irremediablemente, en parte de sus ruinas.

JF Lamata