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El partido del anterior mandatario, el radical, sufre un debacle electoral

Elecciones Argentina 1989 – El ‘peronista’ Carlos Menem logra la presidencia de un país en crisis tras el mandato de Alfonsín

HECHOS

En mayo de 1989 se celebraron elecciones en Argentina en las que Carlos Menem, candidato del partido peronista, venció a Angeloz, el candidato del partido radical.

Las últimas elecciones fueron en 1983 y llevaron al triunfo de Alfonsín, que abandona el poder dejando una gran crisis económica.

MENEM PLANTÓ AL DEBATE DE ‘TIEMPO NUEVO’:

debate_sin_menem El programa ‘Tiempo Nuevo’ del canal argentino Telefé (De D. Bernardo Neustadt y D. Mariano Grondona) organizó un domingo antes de las elecciones un debate entre los dos candidatos. Pero, inesperadamente el candidato que partía como favorito, Menem, no apareció en el espacio. Ello no impediría que, tiempo después el espacio ‘Tiempo Nuevo’ se convertiría en un espacio de completo apoyo para el ya presidente Sr. Menem.

Las siguientes elecciones presidenciales serán en 1995.

16 Mayo 1989

Menem, presidente

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

La victoria alcanzada por el candidato peronista, Carlos Menem, en las elecciones presidenciales argentinas ha sido rotunda y no tiene discusión. Con cerca del 50% de los votos populares se asegura una mayoría absoluta en el Colegio Electoral, que el 10 de agosto proclamará al futuro presidente. La situación de caos económico que ha acompañado la última fase de la campaña electoral ha sido, sin duda, el factor determinante de la derrota sufrida por el Gobierno radical. El deterioro del nivel de vida y la inflación galopante han empujado a los votantes a manifestar en las urnas la bronca, la protesta, contra los que ostentan el poder.Raúl Alfonsín pasará a la historia como el primer presidente elegido que en 67 años transmitirá el poder a otro civil salido de las urnas. En ese objetivo, obsesivo, el líder radical ha concentrado todos los esfuerzos de su presidencia, sometida al fuego graneado de sindicatos y militares nostálgicos de la dictadura. Empeñado en ese meritorio esfuerzo, Alfonsín no se ha percatado del enorme peligro que suponía para la estabilidad de la democracia una crisis económica profunda, en modo alguno atajada por una política ineficaz, errática y contradictoria.

No puede sorprender, pues, que el enorme descontento que se ha ido acumulando se traduzca ahora en la victoria del candidato peronista. Ya en las elecciones legislativas de 1987, el Partido Justicialista obtuvo el mayor número de votos. En la escena argentina, el peronismo ha logrado atraer desde los años cuarenta -junto a compañías poco recomendables- a opciones políticas asociadas con los ideales de justicia social, defensa de los más pobres y lucha contra los privilegios y la corrupción. Y los sindicatos, que tienen en Argentina una fuerza considerable, han estado dominados desde hace décadas por el peronismo. Difícil de entender para los europeos -que tienden a ver en él exclusivamente una forma política de tipo semifascista-, el Partido Justicialista representa hoy en cierta manera el deseo, expresado por una gran mayoría de los electores, de sacar a Argentina del atolladero económico en que se está hundiendo.

El triunfador del domingo, Carlos Menem, suscitó temores cuando fue elegido candidato peronista en el verano de 1988, dejando en la cuneta a la figura más moderada de Cafiero. En la dialéctica de la contienda electoral, sus contrincantes han querido presentarle como el campeón de un peronismo duro, propenso a las aventuras populistas. Sin duda en el peronismo existen tendencias heterogéneas, y en su historia se han escrito páginas siniestras. Pero lo cierto es que Carlos Menem, durante la campaña, ha reafirmado su voluntad de defender la democracia. Y acaba de reafirmarlo de modo solemne una vez conocidos los resultados. Es de destacar, en estos momentos, su convencimiento de que Argentina necesita un consenso de las principales fuerzas políticas y sociales para resolver el caos económico. Menem citó incluso los Pactos de la Moncloa y el papel positivo que tuvieron para la transición española. Tal es, sin duda, la exigencia prioritaria de cualquier salida política en Argentina: la reconciliación, el acuerdo, supeditando a una gran tarea nacional las diferencias políticas e ideológicas.

La Constitución argentina establece un larguísimo plazo -hasta diciembre- para que tome posesión de su cargo el nuevo presidente. Tal como están las cosas, el país no puede permitirse el lujo de un período de incertidumbre tan prolongado. Por ello deberían buscarse fórmulas que permitan al partido vencedor en las urnas participar cuanto antes en una solución concertada de los problemas pendientes.

16 Mayo 1989

La Vuelta del Peronismo

ABC (Director: Luis María Anson)

El candidato del Partido Justicialista, Carlos Menem, ha ganado las elecciones argentinas por mayoría absoluta. Ello significa a la vez el fin de la experiencia radical, tras el titubeante Gobierno de Raúl Alfonsín, y el retorno del peronismo, derrocado por el golpe militar que en 1976 destituyó a la presidenta constitucional de la República, María Estela Martínez de Perón, Isabelita.

La victoria de Carlos Menem es también la derrota del Partido Radical. Estaba anunciada desde hace dos años en que el peronismo pasó a dominar la mayoría de las gobernaciones provinciales. El Justicialismo ha conseguido ahora la mayoría absoluta en la Cámara y en el Senado. El radicalismo significó en 1983 la posibilidad de un reformismo moderado. Pero Alfonsín ha sostenido un pulso, de resultados desiguales, con el Ejército y ha fracasado en su política económica. La izquierda argentina que ayudó al general Perón a llegar al poder en 1973, presionó demasiado fuerte sobre el aún presidente en el juicio a las Fuerzas Armadas sin discriminación. Los sucesivos plantes militares sólo sirvieron para debilitar al presidente, que ha sido incapaz de dominar la inflación, reestructurar las bases productivas de la nación, dependiente hasta el anacronismo de su fabulosa cabaña y dominar la enorme hipoteca de us deuda externa. No obstante, ha cumplido, hasta ahora, su mandato y el país ha conocido elecciones generales en un clima de normalidad y alta participación electoral, algo que no ocurría hace muchos años. Así lo subrayó Carlos Menem en el despacho del Director de ABC durante la visita que recientemente realizó a nuestro periódico.

El señor Menem, procede de una familia de emigrantes sirios, es un típico representante del peronismo que tiene en la emigración su principal asistencia electoral. En la campaña ha reivindicado las Malvinas, pero ha recordado a la vez la necesidad de un pacto nacional para sacar a la nación de su estancamiento. Al mismo tiempo, se ha mostrado dispuesto a hacer frente a la deuda, según declaraba ayer a ABC. Su margen de maniobra es muy estrecho. Y habrá que ver cómo es capaz de conciliar su idea del consenso nacional con lo que llama el salariazo, esto es, la necesidad de que las clases trabajadoras recuperen la capacidad adquisitiva. El salariazo es, por de pronto, una metáfora típica del discurso peronista, vertebrado siempre por un populismo sustantivo, al que debe su fuerza pero que representa también la mayor fuente de sus servidumbres. Algo es seguro hoy: sólo de ese pacto nacional y del refrenamiento del populismo podrá derivarse una salida a la situación en que vive el país. Si ese pacto no se logra y la demagogia campa por sus respetos, los días de la democracia argentina estarán contados.

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