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Hundimiento de los radicales, que quedan en tercer lugar

Elecciones Argentina 1995 – El presidente argentino Carlos Sául Menem (peronista) es reelegido por aplastante mayoría

HECHOS

  • El 14.05.1995 D. Carlos Saúl Menem fue reelegido presidente de la Argentina al volver a ganar las elcciones presidenciales.

Menem era presidente desde que ganó las pasadas elecciones de 1989.

MENEM: «HE GANADO A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN»

MENEM CAUTIVA A LAS ESTRELLAS DE LA TELEVISIÓN ARGENTINA:

 D. Carlos Sául Menem y su ministro D. Domingo Cavallo celebraron su reelección desde el programa ‘Un Tiempo Nuevo’ en el programa Telefé donde el presentador estrella del programa, D. Bernardo Neustadt, brindó con ellos al conocer su triunfo. El Sr. Neustadt no ocultó su apoyo al Sr. Menem incluso anunciando que le había votado ante las cámaras.

tinelli_menem El popular programa humorístico ‘Videomatch’ de D. Marcelo Hugo Tinelli, que se emitía en el canal Telefé, el canal con mayor audiencia del país, invitó a D. Carlos Sául Menem dos días antes de las elecciones. El Sr. Tinelli reconocería posteriormente que con esa entrevista ‘había echado una mano’ al presidente de cara a las elecciones.

menem_legrand Dña. Mirtha Legrand, del programa ‘Almorzando con Mirtha’ entrevistó a D. Carlos Saúl Menem, al que le dijo «Nos encanta, usted me encanta, es muy auténtico».

Las siguientes elecciones están previstas para 1999.

15 Mayo 1995

Argentina confía en Menem

ABC (Director: Luis María Anson)

Los argentinos no quieren más experimentos políticos. La convulsa historia reciente de la nación americana aparece, cada vez con mayor jelanía, como un pesadilla acabada, felizmente concluida. Ayer, la mayor parte de la población optó por la continuidad y otorgó su plena confianza a la gestión realizada por Carlos Menem a lo largo del os últimos seis años. No habrá segunda vuelta. Y es que la mayoría de los argentinos tuvieron muy presente, a la hora de depositar su voto en las urnas, las circunstancias dramáticas en las que el ayer reelegido presidente alcanzó la Jefatura del Estado en 1989: profunda crisis financiera, hundimiento económico, con una inflación cercana al 500 por ciento, una población desmoralizada y la espada del pronunciamiento militar pendiendo sobre la joven democracia comenzaba en 1983.

Lo cierto es que cuando accedió Menem a la presidencia por primera vez, en una ceremonia de traspaso de poderes adelantada a la norma constitucional por mor del profundo deterioro institucional surgido en los últimos meses del mandato radical de Raúl Alfonsín, se contemplaba el retorno del populismo peronista no sin ciertas cautelas. Se temía otra vez, la fiesta de los descamisados, el Estado benefactor y el omnímodo poder sindical. Sin embargo, ya a lo largo de su primer año de Gobierno, Menem manifestó un giro inédito en las habituales proclamas peronistas hacia la aplicación de un estricto plan de ajuste económico liberal que incluía la inmediata reducción de las empresas públicas, un ambicioso proyecto de privatizaciones y la apertura de los mercados al exterior, sin adjetivos, ni cartas marcadas.

Todo ello, no sin problemas, no sin conflictos, cuajó en el paulatino descenso de la inflación, la irrupción de inversiones extranjeras – en las que España ha tenido un papel decisivo – el fortalecimiento de las libertades públicas – otro hecho inédito en anteriores gobiernos peronistas – y, lo que no era poco el retorno irreversible de los militares a sus cuarteles. Bueno será recordar que la última y sangrienta ‘asonada’ protagonizada por el visionario teniente coronel Seineldín en diciembre de 1990 demostró que Menem no iba a permitir, de ningún modo, la desestabilización de la democracia, ni estaba dispuesto a pactar nada con los insurrectos. La cárcel era el destino de los golpistos y allí se fueron. Argentina se convertía, así, en un punto de referencia esencial para todo el subcontinente, mediante la consolidación del Estado de Derecho y la economía de mercado aplicada sin márgenes proteccionistas.

Ayer en Buenas Aires se comentaba que estas elecciones eran claves pero no dramáticas. Con ellos se hacía alusión a que, por fin, los asuntos que han prevalecido en la campaña no han sido otros sino los referentes a la política económica. La democracia, ganara quien ganara, estaba plenamente consolidada. Ni Menem, como es lógico advertir, ni el candidato sorpresa, Bordón, ni el radical, Massacessi, tenían en mente otro debate que el centrado en la conveniencia o no de devaluar o en la necesidad de ajustar el gasto. Se ha optado por la continuidad. La reelección de Menem y con ella la hábil dirección económica del ministro Cavallo, señala, también, la voluntad del pueblo argentino por recuperar el espíritu, y la política, que convirtió, hace ahora cien años, a la nación austral en un país de inmejorables condiciones para la inmigración y la inversión tanto propia como extranjera.

Así las cosas, los resultados obtenidos por los candidatos apuntan al histórico hundimiento de la Unión Cívica Radical y a la desaparición del tradicional bipartidismo, con la espectacular irrupción de Bordón y el FREPASO (Frente del País Solidario), como la segunda fuerza política argentina.

16 Mayo 1995

Repite Menem

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Jamás había votado Argentina con mayor convencimiento aparente. La victoria del presidente Carlos Menem, peronista, con casi el 50% de los sufragios expresados, lo que le ahorra una segunda vuelta para su segundo mandato, alcanza los caracteres de un cierto plebiscito. Por añadidura, en la jornada electoral del domingo, el peronismo se ha hecho con la mayoría absoluta en la Cámara y la mayor parte de las gobernaciones provinciales. Pero, ¿qué han votado realmente los argentinos?La ciudadanía ha votado al presidente cuyo Gobierno ha acabado con el fenómeno de la hiperinflación -hasta un 5.000% anual a finales de los ochenta-, hoy reducida a proporciones apenas superiores a las del mundo desarrollado, y a una política económica, la del ministro Domingo Cavallo, que ha permitido el crecer cerca de un 50% durante el mandato presidencial. Pero lo ha hecho perfectamente consciente de que sobreviven algunos desequilibrios graves: la cifra de desempleo supera el 12%, el coste social de la estabilización es enorme y la corrupción está muy lejos de haberse erradicado. Éstas han sido unas elecciones en las que se ha votado estabilidad, libre mercado y una política de recuperación económica con efectos contradictorios a corto plazo.

Pero en ese contexto de voto prudente se ha producido, sin embargo, un hecho de notable trascendencia en la política nacional. El tradicional segundo partido del sistema, la Unión Cívica Radical, se ha hundido, dando paso, no sabemos aún si con carácter duradero, a una nueva formación, el Frepaso (Frente del País Solidario), que, bajo la dirección del senador ex peronista José Bordón, ha tocado en la campaña resortes alternativos de derecha y de izquierda. Con ello ha obtenido un 30% de votos, que constituye una sólida base de futuro.

Los problemas a los que tiene que hacer frente ahora el presidente Menem no son menores, pese a lo rotundo de su triunfo. El crecimiento económico del 7% en los últimos años, lejos de acortar las desigualdades so ciales, las ha agudizado. En el frente político, el asunto de la guerra sucia que parecía enterrado con la Ley de Punto Final, aprobada bajo la anterior, presidencia del radical Raúl Alfonsín, rebrota ahora como los sumideros rezuman tras una noche de tormenta. Algunos militares y, en mucha menor medida, personalidades eclesiásticas que practicaron -los primeros- la eliminación de millares de presuntos enemigos a fin de los años setenta, y la santificación o el silencio -los segundos- de ese criminal exterminio, aparecen ahora reconociendo sus culpas, tratando de exorcizar con la palabra lo que fue una auténtica vergüenza nacional.

Menem, muy dado a prometer antes de saber si puede cumplir, primero pareció inclinarse por revisar el perdón general que aprobó el Parlamento bajo el principio de la obediencia debida, pero, más recientemente, ha declarado que es mejor dejar las cosas como están. Los familiares de tanto inicuo asesinato, sin embargo, no parece que se vayan a dar por satisfechos con esa especie de amnesia legal, por la que sólo unas docenas de militares pagaron en parte por el pecado de toda una institución.

El líder peronista, que logró hacer enmendar la Constitución para poder desempeñar un segundo mandato, tiene por delante seis años para pasar revista a los fantasmas del pasado. Y este peronismo convertido con furor catecúmeno al neoliberalismo cuenta hoy con un apoyo popular, quizá no delirante, pero sí notabílisimo, para reconstruir el país con el apoyo, no de los descamisados que aclamaban al general Perón hace medio siglo, sino de las clases medias, ansiosas de estabilidad, y del capital, para el que la integración de Argentina en la economía mundial es garantía de buenos negocios.

23 Mayo 1995

Menem y la memoria

Hermann Tertsch

Ciertos políticos, periodistas e intelectuales -o híbridos de estas especies tan locuaces- tienden a regañar a los electorados que desobedecen sus recomendaciones. Pasa en todas partes, aunque en España alcanzara cotas grotescas tras las últimas elecciones generales. Con la abrumadora victoria de Menem en Argentina ha sucedido un poco lo mismo. Tanta condena severa al implacable neoliberalismo del presidente argentino y de su ministro de Economía, Cavallo, sólo ha servido para que lograran la victoria más rotunda que podían soñar.Menem es un personaje fácil de criticar. Ya su aspecto suele dar pie al chiste por mucho que, si se compara con el que lucía cuando llegó al poder, casi parece ya Lord Byron. Y aunque ha moderado sus actitudes casi tanto como la longitud de sus patillas, su desparpajo antiintelectual, sus excesos verbales y ademanes autoritarios siguen produciendo un profundo rechazo en las capas urbanas ilustradas. La insólita soberbia de Cavallo refuerza la antipatía de dichos sectores hacia este tándem hoy indiscutido.

Y, sin embargo, la victoria de Menem es explicable, comprensible y lógica. No tiene alternativa. El rival tradicional del justicialismo de Menem, la Unión Cívica Radical está hundida y hay quien piensa que para siempre. Pese a la ayuda electoral del propio Menem, cayó a mínimos históricos. Profundamente dividido, está maniatado por el mensaje político y económico antediluviano de un Alfonsín que sigue insistiendo en que él hizo siempre todo bien y sólo se equivocan los demás.

La nueva fuerza emergente, el Frepaso de Octavio Bordón, ha logrado hacerse con gran parte del voto de las clases medias de la UCR, pero su campaña se tuvo que centrar en la ética y los derechos humanos mientras solo podía apoyar a la política económica del Gobierno. Así las cosas y como ya dijo Bertoldt Brecht, «primero la zampa y después la moral». Y los argentinos han rechazado las opciones voluntaristas, porque recuerdan que muchos de los caminos del calvario que transitó esta zarandeada sociedad estaban empedrados por buenas intenciones.

Por primera vez quizás en su historia han preferido una opción de sacrificios seguros a otra de alivios milagrosos hipotéticos. Tres traumas de su reciente historia han sido determinantes en la elección de volver a someterse al moro y a su ducha fría económica. La hiperinflación heredada de Alfonsín hacía desaparecer los sueldos apenas cobrados, y alcanzó los cuatro dígitos, con su avasallador efecto sobre las clases pobres, la amenaza de unos militares con vocación de secuestrar a su pueblo y el aislamiento internacional, que alcanzó su máxima expresión durante la guerra y la derrota en las Malvinas.Con Menem, la inflación ha bajado a niveles europeos óptimos, en torno al 4%; los militares han sido despojados de todo protagonismo, desprovistos de medios y del servicio militar obligatorio, y convencidos de que, después de lo sucedido, la única forma que tienen de vivir con un mínimo de dignidad es la de pasar inadvertidos. Y, finalmente, Menem acabó con los flirteos con el tercermundismo y el Movimiento de No Alineados y lanzó a Argentina a competir con Brasil por los favores de EE UU. Fue el único país latinoamericano que combatió en el Golfo Pérsico, envió cascos azules a varios conflictos y con el Mercosur ha abierto un mercado regional que va en serio y ya cosecha resultados. Con Cavallo, ha estabilizado la economía. Ha persuadido al FMI y a los empresarios nacionales y extranjeros de que es la mejor opción imaginable. Y a las clases bajas, con peronismo retórico y métodos tradicionales de captura de votos, las convenció de que es la menos mala de las posibles.

Se verá si salen las cuentas. Y si cumple las promesas de acabar con vicios como la dependencia judicial como cumple con la privatización. Pero, pese a la ética y estética Menem, el voto de los argentinos ha sido razonable. Su memoria colectiva sabe que podrían estar peor. Mucho peor.

28 Mayo 1995

Un reto para Menem

Juan Velarde

Como se recordaba en la larga entrevista a Carlos Menem publicada el pasado 16 de abril en ‘La Nación Revista’, Álvaro Alsogaray había señalado que la política económica argentina precisaba que el presidente, tras su victoria electoral, presentase un nuevo paquete de medidas económicas “tan modificador de las reglas de juego como el que hubo el día después de que el justicialismo ganase las elecciones en 1989”.

Algo de esto puede suceder. Fernando Lazcano, en su comentario ‘Exigencias inmediatas’ aparecido en ‘La Nación’ el pasado 7 de mayo escribía ‘el ministro de Economía, Domingo Cavallo, acaba de decir, con bastante sinceridad, que el impacto local de la crisis de México fue útil para informar a la gestión en curso que había incurrido en errores o demoras en plano económico’.

Es fácil entender la necesidad de este nuevo planteamiento. Hasta 1994 y desde sus primeros pasos, tras la victoria electoral de 1989, cuando hubo de tomar posesión apresurada porque Alfonsín estaba desbordado por la situación económica, ha conseguido la Administración Menem un fuerte incremento del Producto Interior Bruto. Aún es más impresionante la victoria contra la inflación y equilibrio presupuestario

Estas tres victorias se debieron a una lucha sin cuartel para equilibrar el presupuesto, para reprivatizar y desregular la economía y para infundir confianza con la ley de Convertibilidad que ligaba el peso al dólar y regulaba la oferta monetaria por las reservas de moneda extranjera convertible en dólares.

Quedó sin embargo un flanco al aire, como consecuencia de la convertibilidad del peso y la imposibilidad de que se devaluase so pena de hundir todo lo logrado.

Este peso tan sobrevalorado provocó un fuerte déficit en la balanza por cuenta corriente. El pequeño superávit del 1,9 por 100 en el año 1990 se convirtió en un progresivo déficit, que alcanzó el 7,6 por 100 del producto interior Bruto en 1993 y el 11,2 por 100 en 1994.

El equilibrio se logró a la mexicana o sea en forma de capitales foráneos, muchos de ellos llegados como inversiones al corto plazo.

(…)

Aparentemente todo iba muy bien. Gracias a altos tipos de interés y a la seguridad de en el cambio, afluyeron muchos fondos extranjeros hacia Argentina.

Pero, del mismo modo que llegaron se fueron, se fueron en cuanto atisbaron, tras ‘el tequilazo’ ciertos paralelismos entre las economías mexicana y argentina.

No hubo más remedio, para atraerlos, que aumentar, incluso salvajemente, los tipos de interés, lo que era tanto como disminuir los precios de los activos.

Por eso cayó espectacularmente la Bolsa de Buenos Aires. El merval ‘índice de este mercado de valores – que en junio de 1994 alcanzaba el 21.000, en febrero de 1994 alcanzaba el 21.000, en febrero de 1995 se situaba en el 12.000. En esas condiciones desaparece la capitalización para el desarrollo.

Argentina acertó al no ceder a las presiones de los devaluadores, pero eso obliga ahora a Menem a cerrar su modelo con un proyecto de incremento de las exportaciones.

Para eso precisa aumentar la productividad, convertir a Argentina en una sociedad ahorradora y muy trabajadora, como eran aquellas multitudes de inmigrantes pintadas por Quinquela mientras cargaban carbón o reparaban buques en la Boca.

También tiene que atreverse a aceptar condiciones cada vez más abiertas para para el comercio exterior. En este sentido. Argentina debe convertirse en adalid del engarce de un sincero Mercosur con la Unión Europea.

Si Carlos Menem logra esto, no sólo verá aumentado el respaldo financiero internacional que ahora mismo, a pesar de todo, le ha logrado Domingo Cavallo, sino que habrá situado a Argentina en posición de retornar al puesto señero en la economía mundial que había perdido desde el año 1930.

Se habría convertido, con palabras de Mallea, en un político de la fibra de Alberdi o Sarmiento, de la de aquellos hombres “que colocaron el principio por encima de la táctica”.

10 Julio 1995

¿Cambia Menem?

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

La promesa fundamental del presidente argentino, Carlos Menem, al asumir su segundo mandato ha sido la de buscar el crecimiento con una mayor dedicación a la justicia social. Apenas ha podido sorprender, porque la penosa situación de millones de compatriotas demandaba el compromiso contraído por el jefe de Estado en el solemne discurso de investidura. Durante su primera presidencia, que sucedió a una Administración de la Unión Cívica Radical (UCR) desarbolada por la hiperinflación y la inestabilidad política en el último, tramo del mandato, el sistema democrático nacional ha avanzado hacia su definitiva consolidación y se ejecutaron en sus aspectos más esenciales las transformaciones económicas imprescindibles para el crecimiento.Estos dos logros principales, cuya consecución se vio siempre acompañada por las denuncias de quienes más duramente sufrieron sus carencias o errores, no son poca cosa en un país históricamente amenazado por los golpes militares y las torpezas gubernamentales. El presidente y su programa liberal se impusieron en los comicios de mayo con el 50% de los votos, pero las expectativas. del electorado son ahora diferentes, y la sociedad demuestra estar dispuesta a reclamarlas.

Más consolidadas la, democracia y la estabilidad, y sentidas por la mayoría como valores propios e incorporados., los mismos argentinos que votaron a Menem y el 50% que no lo hizo vuelven a pedir ahora mayor limpieza política y judicial, y una verdadera independencia de los poderes. Pero exigen sobre todo que haya equidad en la distribución de la riqueza y una política social de momento raquítica o inexistente.

Pero la consecución de las grandes metas macroeconómicas, el sostenido y encomiable crecimiento del PIB, no pueden seguir relegando a un segundo plano la ya impostergable atención a los sectores de la salud, educación y vivienda, tercermundistas en buena parte del territorio argentino y que han llevado a cotas de violencia realmente deplorables a los segmentos de la sociedad más míseros o abandonados.

Únicamente el 33% de la población del país gana lo suficiente como para vivir bien, advertía una encuesta publicada este domingo. El presidente Menem, cuya . audacia política está fuera de toda duda, ha prometido también pulverizar el desempleo, cercano al 14% en una nación cuyo seguro de. desempleo alcanza a una ínfima parte de los parados.

Este es el desafío más urgente del hombre que lleva camino de alcanzar a Perón en cuanto a número de presidencias conseguidas. Lamentablemente, Argentina atraviesa una situación económica difícil, resultado de la fragilidad de sus estructuras y consecuencia también del golpe encajado por la devaluación mexicana. Menem ha avisado que sin recursos no es posible hacer justicia social.

Sin crecimiento y con hiperinflación no se reparte más que miseria. Pero sin una política social y el reparto de las cargas de la dolorosísima transformación pueden estar en peligro también las conquistas de su primer mandato. Sería peligroso por ello que amparándose en la actual etapa recesiva quedaran una vez más olvidados aquellos argentinos cuya necesidades son de verdad acuciantes.

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