22 febrero 1939

El poeta Antonio Machado fallece al poco de exiliarse en Francia ante el avance del ejército franquista

Hechos

Falleció el 22 de febrero de 1939.

Lecturas

En Collioure, Francia, ha muerto el poeta español D. Antonio Machado. Educado en un ambiente progresista, estudió en la Institución Libre de Enseñanza, de Madrid. Durante su juventud llevó una vida bohemia en Madrid y París, que abandonó al ser nombrado catedrático de francés en un instituto de Soria, en 1907. Allí contrajo matrimonio en 1909 con Leonor Izquierdo, cuya muerte, tres años más tarde, marcaría profundamente el ánimo y la obra del poeta. Entonces abandonó Soria y se trasladó primero a Baeza, y después a Segovia y Madrid. Partidario de la República, se vio obligado a exiliarse con parte de su familia en Francia, donde acaba de morir.

Perteneciente a la ‘generación del 93’ publico su primer libro ‘Soledades’ en 1903, ampliado en 1907 con el título de ‘Soledades, galerías y otros poemas’ que denota una clara influencia modernista y en el que anticipa la temática que luego ampliará en el resto de su obra: el paso del tiempo que conduce a la muerte.

En ‘Campos de Castilla’, de 1912, examina el árido paisaje castellano y en ‘Nuevas Canciones’, editado en 1924, utiliza un tono popular y epigramático, todo ello con un grna dominio del lenguaje.

 

El Análisis

PATRIA ROTA, FAMILIAS ROTAS

JF Lamata

Antonio Machado ha muerto en tierra ajena, derrotado por el cansancio, la enfermedad y, sobre todo, por el peso insoportable del exilio. Ha fallecido en Colliure, apenas cruzada la frontera francesa, donde halló refugio entre miles de compatriotas huidos del desastre de una guerra que, para muchos como él, ha significado no solo la pérdida de su hogar, sino la de la propia España. Machado, el poeta de Castilla y de la melancolía, del pensamiento sobrio y la palabra justa, ha dejado de andar —como escribió de sí mismo— por los caminos que tanto evocó, pero lo ha hecho con los zapatos llenos de polvo, como uno más entre los desamparados.

Su muerte resume la tragedia de toda una nación dividida, incluso en el seno de las familias. Él, republicano sereno, comprometido con la legalidad del Frente Popular sin caer jamás en el sectarismo ni en la violencia, ha visto cómo su propio hermano, Manuel Machado, abrazaba la causa nacional y permanecía en la España de Franco. En los Machado se repite la fractura que ha partido en dos al país, que ha hecho que padres no hablen con hijos y que hermanos marchen a trincheras opuestas. Antonio no fue un político, ni un propagandista, ni un agitador; fue un hombre de letras, un humanista que creyó que la República encarnaba la esperanza cultural y moral de España. Y por ello eligió el destierro antes que el silencio cómplice.

Hoy, mientras su cuerpo es enterrado discretamente en un pueblo francés que no conocía su nombre, su poesía ya pertenece a la conciencia de un país que deberá reconstruirse no solo en edificios, sino en alma. Porque con Machado muere uno de los mejores intérpretes de España, un país que amó sin banderas, desde la hondura de quien entendía sus raíces, su historia, sus miserias y su belleza. Y aunque haya muerto lejos de su tierra, su voz queda. Queda su palabra como testimonio del país que fue, del que quiso que fuera… y del que tal vez algún día vuelva a ser.

J. F. Lamata