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Silvela busca liderar el Partido Conservador tras la desaparición de Cánovas del Castillo

El político conservador Francisco Silvela publica en su periódico EL TIEMPO el artículo ‘Sin pulso’ para denunciar la situación en España

HECHOS

El 16.08.1898 el periódico EL TIEMPO publicó el artículo ‘Sin Pulso’ firmado por D. Francisco Silvela.

Los partidos turnantes en el poder tuvieron sus respectivos órganos mediáticos, así como las disidencias o personalismos. El más calificado portavoz de D. Antonio Cánovas del Castillo fue LA ÉPOCA, el veterano y excelente periódico conservador, que siguió disfrutando de las preferencias de las clases altas y continuó vendiéndose casi exclusivamente por suscripción. El editor formal del periódico era el marqués de Valdeiglesias.

EL TIEMPO era el medio de expresión en la prensa de D. Francisco Silvela, que redactaba personalmente los artículos de fondo; en sus páginas publicó el 16 de agosto de 1898 el célebre artículo ‘Sin pulso’ que inauguraba la literatura del ‘Desastre’.

Durante un tiempo fue órgano del Partido Liberal conservador el diario LA POLÍTICA, que antes lo había sido de la Unión Liberal, desde su fundación en 1863, y que desapareció en febrero de 1881.

Órgano de D. Praxedes Mateo Sagasta era EL CORREO. Órgano de D. José Canalejas era EL HERALDO DE MADRID.

EL NACIONAL, por su parte, era afecto a su enemigo (del Sr. Silvela) dentro del Partido Conservador, el Sr. Romero Robledo.

Cuando muy a fines de siglo XIX surja dentro del Partido Liberal la escisión capitaneada por el Sr. Gamazo, tendrá en seguida su órgano en EL ESPAÑOL.

EL RESUMEN era órgano de la Izquierda Dinástica del General Serrano y EL MUNDO portavoz del Sr. Martos.

Los periódicos personalistas cumplieron la misión de servir de vehículo a las ideas y aspiraciones de sus inspiradores, pero no lograron el favor de gran parte del público que se dirigieron a periódicos más generalistas que, pese a tener líneas ideológicas, no eran órgano de expresión de un político en concreto, como sería el caso de EL IMPARCIAL, EL LIBERAL o, a partir de 1903, el diario ABC.

SIN PULSO

EL TIEMPO (Director: Francisco Silvela)

16 de agosto de 1898

«Varones Ilustres, ¿hasta cuándo se-
réis de corazón duro? ¿Por qué amáis
la vanidad y vais tras la mentira?.»
(Isaías. Salmo IV )

Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada: no se percibe agitación en los espíritus, ni movimiento en las gentes.
Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal: discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios ; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España : dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Monárquicos, republicanos, conservadores. liberales, todos los que tengan algún interés en que este cuerpo nacional viva, es fuerza se alarmen y preocupen con tal suceso. Las turbulencias se encauzan; las rebeldías se reprimen: hasta las locuras se reducen a la razón por la pena o por el acertado régimen : pero el corazón que cesa de latir y va dejando frías e insensibles todas las regiones del cuerpo. anuncia la descomposición y la muerte al más lego.

La guerra con los ingratos hijos de Cuba no movió una sola fibra del sentimiento popular. Hablaban con elocuencia los oradores en las cámaras de sacrificar la última peseta y derramar la postrer gota de sangre… de los demás ; obsequiaban los Ayuntamientos a los soldados, que saludaban y marchaban sumisos, trayendo a la memoria el Ave César de los gladiadores romanos : sonaba la Marcha de Cádiz ; aplaudía la prensa, y el país, inerte, dejaba hacer. Era, decíamos, que no interesaba su alma una lucha civil, una guerra contra la naturaleza y el clima, sin triunfos y sin derrotas.
Se descubre más tarde nuestro verdadero enemigo ; lanza un reto brutal; vamos a la guerra extranjera; se acumulan en pocos días, en breves horas, las excitaciones más vivas de la esperanza, de la ilusión, de la victoria, de las decepciones crueles. de los desencantos más amargos, y apenas si se intenta en las arterias del Suizo y de las Cuatro Calles una leve agitación por el gastado procedimiento de las antiguas recepciones y despedidas de andén de los tiempos heroicos del señor Romero Robledo.

Se hace la paz, la razón la aconseja, los hombres de sereno juicio no la discuten; pero ella significa nuestro vencimiento, la expulsión de nuestra bandera de las tierras que descubrimos y conquistamos; todos ven que alguna diligencia más en los caudillos, mayor previsión en los Gobiernos hubieran bastado para arrancar algún momento de gloria para nosotros, una fecha o una victoria en la que descansar de tan universal decadencia y posar los ojos y los de nuestros hijos con fe en nuestra raza : todos esperaban o temían algún estremecimiento de la conciencia popular; sólo se advierte una nube general de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vida, ni costumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para qué, le toque ocupar el Gobierno.
Es que el materialismo nos ha invadido, se dice : es que el egoísmo nos mata: que han pasado las ideas del deber, de la gloria, del honor nacional; que se han amortiguado las pasiones guerreras, que nadie piensa más que en su personal beneficio.

Profundo error ; ese conjunto de pasiones buenas y malas constituyen el alma de los pueblos, vivirán lo que viva el hombre, porque son expresión de su naturaleza esencial. Lo que hay es que cuando los pueblos se debilitan y mueren su pasiones. no es que se transforman y se modifican sus instintos, o sus ideas, o sus afecciones y maneras de sentir; es que se acaban por una causa más grave aún : por la extinción de la vida.
Así hemos visto que la propia pasividad que ha demostrado el país ante la guerra civil, ante la lucha con el extranjero, ante el vencimiento sin gloria, ante la incapacidad que esterilizaba los esfuerzos y desperdiciaba las ocasiones la ha acreditado para dejarse arrebatar sus hijos y perder sus tesoros; y amputaciones tan crueles como el pago en pesetas de las Cubas y del Exterior, se han sufrido sin una queja por las clases medias, siempre las más prontas y mejor habilitadas para la resistencia y el ruido.

En vano la prensa de gran circulación, alentada por los éxitos logrados en sucesos de menor monta, se ha esforzado en mover la opinión, llamando a la puerta de las pasiones populares, sin reparar en medios y con sobradas razones muchas veces en cuanto se refiere a errores, deficiencias e imprevisiones de gobernantes: todo ha sido inútil y con visible simpatía mira gran parte del país la censura previa, no porque entienda defiende el orden y la paz, sino porque le atenúa y suaviza el pasto espiritual que a diario le sirven los periódicos y los pone más en armonía con su indiferencia y flojedad de nervios. No hay exageración en esta pintura, ni pesimismo en deducir de ella, como en el clásico epigrama,

que una cosa tan bellaca
no puede parar en bien.

Que contemplen tal y tan notorio estrago los extraños con indiferencia, y que lo señalen y lo hagan constar los que pudieran ser herederos de nuestro patrimonio con delectación poco disimulada, se explica : pero los que tienen por oficio y ministerio la dirección del estado no cumplirán sus más elementales deberes si no acuden con apremio y con energía al remedio, procurando atajar el daño con el total cambio del régimen que ha traído a tal estado el espíritu público.

Hay que dejar la mentira y desposarse con la verdad; hay que abandonar las vanidades y sujetarse a la realidad, reconstituyendo todos los organismos de la vida nacional sobre los cimientos, modestos, pero firmes, que nuestros medios nos consienten, no sobre las formas huecas de un convencionalismo que, como a nadie engaña, a todos desalienta y burla.

No hay que fingir arsenales y astilleros donde sólo hay edificios y plantillas de personal que nada guardan y nada construyen: no hay que suponer escuadras que no maniobran ni disparan, ni citar como ejércitos las meras agregaciones de mozos sorteables ni empeñarse con conservar más de lo que podamos administrar sin ficciones desastrosas, ni prodigar recompensas para que se deduzcan de ellas heroísmos, y hay que levantar a toda costa, y sin pararse en amarguras y sacrificios y riesgos de parciales disgustos y rebeldías, el concepto moral de los gobiernos centrales, porque si esa dignificación no se logra, la descomposición del cuerpo nacional es segura.

El efecto inevitable del menosprecio de un país respecto de su Poder central es el mismo que en todos los cuerpos vivos produce la anemia y la decadencia de la fuerza cerebral : primero, la atonía, y después, la disgregación y la muerte.Las enfermedades´ dice el vulgo, que entran por arrobas y salen por adarmes, y esta popular expresión es harto más visible y clara en los males públicos.

La degeneración de nuestras facultades y potencias tutelares ha desbaratado nuestra dominación en América y tiene en grave disputa la del Extremo Oriente; pero aún es más grave que la misma corrupción y endeblez del avance de las extremidades a los organismos más nobles y preciosos del tronco, y ello vendrá sin remedio si no se reconstituye y dignifica la acción del Estado. Engañados grandemente vivirán los que crean que por no vocear los republicanos en las ciudades, ni alzarse los carlistas en la montaña, ni cuajar los intentos de tales o cuales jefes de los cuarteles, ni cuidarse el país de que la imprenta calle o las elecciones se mixtifiquen, o los Ayuntamientos exploten sin ruido las concejalías y los Gobernadores los juegos y los servicios, está asegurado el orden y es inconmovible el Trono, y nada hay que temer ya de los males interiores que a otras generaciones afligieron. Si pronto no se cambia radicalmente de rumbo, el riesgo es infinitamente mayor, por lo mismo que es más hondo´ y de remedio imposible, si se acude tarde ; el riesgo es el total quebranto de los vínculos nacionales y la condenación, por nosotros mismos, de nuestro destino como pueblo europeo y tras de la propia condenación, claro es que no se hará esperar quien en su provecho y en nuestro daño la ejecute.

Francisco Silvela.

EL TIEMPO

Diario conservador es el subtítulo del periódico que funda y dirige el abogado, periodista y político de origen sevillano Manuel Moreno López (1815-1868), que lo adscribirá como órgano de la denominada tendencia “puritana” del Partido Moderado, situándose entre el grupo “ortodoxo” de Pedro José Pidal (1799-1865) y Alejandro Mon (1801-1882) y el liderado por el conde de San Luis -Luis José Sartorius (1820-1871)- y Ramón María Narváez (1800-1868). El diario aparecerá en mayo de 1844, precisamente coincidiendo con la asunción de la presidencia del Gobierno de este “espadón”, dando comienzo así a la denominada Década Moderada (1844-1854). La colección de este título comienza con su entrega número 318, correspondiente al primero de abril de 1845, por lo que, erróneamente, se ha considerado esta como su fecha de aparición. En la misma se indica también que corresponde a su “edición de Madrid”, por lo que debió tirar otra para provincias. Salía todos los días, excepto, generalmente, los domingos (en provincias) y los lunes (en Madrid), ofreciendo en su lugar la revista pintoresca e ilustrada El Laberinto (1843-1845). En entregas de cuatro páginas y a cuatro columnas, que aumenta a cinco a partir del uno de junio de ese año, se estampa en la Imprenta de Boix, y después en una propia, a cargo de José Ferrer. Francisco Carvajal aparece como su editor responsable. Es un diario informativo y doctrinal, al que Gómez Aparicio (1967) le titula como “o la oposición irreductible”, pues será no sólo “uno de los más duros y contumaces adversarios” de Narváez, sino del gobierno que le sustituirá, entre abril de 1846 y enero de 1847, presidido por Francisco Javier de Istúriz (1790-1871), precisamente uno de los principales líderes de los “puritanos”, que junto a Nicomedes Pastor Díaz (1811-1865) y Joaquín Francisco Pacheco (1808-1865), fueron partidarios de la permanencia de la consensuada -entre progresistas y moderados- Constitución de 1837, frente a la nueva conservadora que se establecerá en 1845. Moreno López, que iniciará su carrera como diputado precisamente en 1846, llegará a modificar instantáneamente el subtítulo de su periódico como “diario de oposición” en la entrega número 625, del doce de abril de ese año, posicionándose así contra el propio gobierno Istúriz. Su periódico polemizará constantemente tanto con los diarios progresistas El Eco del comercio (1834-1849) y El Clamor público (1844-1864), como con los moderados, como fue el caso de El Español (1835-1848), que había fundado Andrés Borrego (1802-1891), y El Heraldo (1842-1854), fundado por el conde de San Luis. Además del editorial, el diario está estructurado en secciones: Cortes, Parte oficial o Actos del gobierno; Correo extranjero o Boletín extranjero; Correspondencia de provincias o Boletín nacional; Noticias de la capital o Gacetilla de Madrid; Espíritu de la prensa, Variedades, Boletín de comercio, Parte religiosa, Teatros, Última hora y Anuncios. También publica un folletín, al principio en los faldones de las dos primeras planas, y después en las dos últimas, que a veces denominará Revista semanal. Coincidiendo con el nuevo gobierno presidido, entre marzo y agosto de 1847, por otro “puritano”, como Joaquín Francisco Pacheco, el diario dejará de publicarse. El último número de la colección es el 991, correspondiente al 18 de junio de ese año. Según Hartzenbusch (1894), el último correspondería al día siguiente, 19 de junio. Su director y principal redactor, que nunca aparecerá como tal -Moreno López-, además de seguir siendo diputado liberal conservador, ocupará cargos políticos, llegando a ser en 1863 ministro de Hacienda y de Fomento, además de dirigir otros periódicos.

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