6 julio 2004

Fue uno de los máximos defensores de 'la Guerra de Irak' y fue el anfitrión de la Cumbre de las Azores

El portugués Jose Manuel Durão Barroso es elegido nuevo Presidente de la Comisión Europea en sustitución de Romano Prodi

Hechos

El 23 de julio de 2004 Juan Manuel Durao Barroso fue elegido Presidente de la Comisión Europea.

06 Julio 2004

Después de Barroso

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Portugal ha entrado en una crisis política. La designación del hasta ahora primer ministro portugués, José Manuel Durão Barroso, como próximo presidente de la Comisión Europea le llevó ayer a presentar formalmente su dimisión al presidente de la República. Pese a que Barroso haya afirmado que aceptó el cargo europeo porque la estabilidad política y el crecimiento económico estaban asegurados, se abre un periodo de incertidumbre en el que Portugal todavía se interroga sobre su autoestima, como expresa muy bien el contraste entre la derrota y el fulgor del Campeonato Europeo de Fútbol. El sucesor de Barroso al frente de su partido, PDS, de centro-derecha, el populista alcalde de Lisboa, Pedro Santana Lopes, que aspira a encabezar el Gobierno, es contestado entre sus propias filas. La salida que piden las izquierdas -especialmente los socialistas, crecidos tras su victoria en las europeas- y los sindicatos es la convocatoria de elecciones generales.

La última palabra sobre la continuidad o la convocatoria anticipada la tiene ahora el presidente Sampaio, que en este terreno goza de poderes efectivos que pretende ejercer con autonomía. No hay precedentes para un caso así. Barroso se va a Bruselas a preparar un mandato que comenzará en noviembre con una popularidad en baja en su propio país. Ha sido un candidato de último minuto para la Comisión Europea, por lo que tampoco se le puede responsabilizar de no haber preparado su sucesión en Lisboa. Pero su partido, al menos, debería estar unido sobre el sucesor si quiere evitar el adelanto de las elecciones. Por debajo de esta crisis política sobrevenida fluye una ola de descontento social. Las medidas de rigor presupuestario y austeridad introducidas por Barroso en momentos de recesión han resultado ciertamente impopulares.

Muchos electores parecen olvidar el desastroso estado en que dejó las cuentas nacionales la gestión del socialista António Guterres. De las filas de este partido surge ahora con fuerza la figura de Eduardo Ferro Rodríguez, aunque puede tener un rival en el eficaz comisario europeo António Vitorino, que tendrá que dejar Bruselas ante la llegada de Barroso. Hoy por hoy, los socialistas están por delante en las encuestas, pero no han expuesto con claridad qué política económica seguirían en caso de gobernar. En este clima, la decisión de Sampaio no resulta fácil ni evidente. Pero no debe demorarse.

24 Julio 2004

El colegio de Barroso

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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A pesar de que haya sido ratificado por el Parlamento Europeo con más votos en contra que Romano Prodi, Jose Manuel Durão Barroso tiene el reto de mejorar a su predecesor. Esos 251 votos en contra (frente a un 58% a favor) tienen mucho de protesta por su condición de anfitrión de la nefasta cumbre de las Azores. Los problemas que afronta Barroso requerirán buenas artes. Será el primer presidente de la Comisión de 25 miembros, uno por país. Esta condición acentúa la deriva intergubernamental de esta institución central y original de la Unión Europea, frente a su carácter supuestamente supranacional.

Barroso, nombrado por los gobiernos y ratificado por la Eurocámara, pretende hacer su Comisión, que empezará a funcionar el 1 de noviembre. No le será fácil. Él no elige a los comisarios -los nombran los Gobiernos-, sino que reparte carteras. Y aunque el conservador portugués se resiste a crear supercomisarios, algunos de los países grandes ya están presionando para llevarse las áreas más codiciadas por comportar mayor poder real: competencia, mercado interior, comercio exterior, reforma económica, unión monetaria y agricultura. El reparto de carteras entre 25 se hace doblemente difícil para Barroso, pues, además de no disponer de contenido real para todos, es sabido que será en parte transitorio, pues en 2009, si entra en vigor la nueva Constitución, todas las áreas de acción exterior pasarán a depender del ministro europeo de Asuntos Exteriores, que tendrá así un pie en el Consejo y otro, como vicepresidente, en la Comisión, lo que trastoca los equilibrios institucionales.

El reto inmediato para Barroso es recuperar la moral perdida por una Comisión que se siente mera intendencia del Consejo y convertir una suma de comisarios en un equipo. Prodi ha tenido un elenco de excelentes comisarios, pero no ha sabido generar un espíritu colegiado, ni instaurar un sistema presidencial. En estos próximos años, Barroso será la cara de la UE a la que muchos ciudadanos mirarán para apoyar o no la Constitución en los diversos referendos de ratificación. De momento, ha acertado en el diagnóstico: el mayor peligro no viene del «euroescepticismo de unos pocos, sino de la euroapatía de muchos».