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Será multado con 270.000 pesetas por simular su secuestro

El PP expulsa a su concejal de La Carolina Bartolomé Rubia ‘Bartolín’ por inventarse que había sido secuestrado por ETA

HECHOS

El 1.06.1998 D. Bartolomé Rubia se dio de baja como militante del PP y el Grupo Popular del ayuntamiento le expulsó pasándose al grupo mixto.

D. Bartolomé Rubia, Bartolín, simuló que, después de las ocho de la mañana de un jueves, una pareja de terroristas lo secuestró en su chalé, en La Carolina (Jaén), y que lo llevó adormecido a Irún. D. Carlos Iturgaiz, presidente del PP en Euskadi, enseguida señaló a ETA; pero en Interior nunca creyeron la historia. Y menos cuando se descubrió que las dos llamadas anónimas que avisaron del secuestro se hicieron desde el teléfono móvil del propio Bartolín.

30 Mayo 1998

Contar hasta diez

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

EL TERRORISMO es una lacra cuyas graves y trágicas consecuencias afectan inevitablemente a toda la sociedad. En la lógica de la lucha antiterrorista está por ello que las instituciones y personas con especial responsabilidad en ese campo hagan todo lo posible por minimizar sus efectos. Esto requiere discreción, cautela y seriedad. El supuesto y después desmentido secuestro por parte de ETA del concejal del Partido Popular de La Carolina (Jaén) Bartolomé Rubia ha dejado en evidencia una vez más que hay políticos y medios de comunicación en España que, en su precipitado afán de interpretar actos terroristas en clave favorable a sus intereses, olvidan las más mínimas cautelas. El jueves por la noche, el dirigente del PP en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, perdió una gran oportunidad de permanecer callado y esperar a que la policía expusiera sus conclusiones sobre tan extraño suceso. Sin entrar en los motivos que indujeron a Bartolomé Rubia a denunciar un secuestro multimedia que según todos los indicios nunca existió, sí cabe pedir a los responsables políticos mayor cuidado en el tratamiento de noticias que causan una lógica alarma social.

El máximo respeto a los concejales del PP y la comprensión de la situación de tensión causada por los pasados atentados y secuestros de que han sido víctimas son dos razones de peso, entre otras muchas, para pedir más responsabilidad y menos ansias de ganar carreras por la audiencia y el eco mediático. Primero, porque lo requiere una cuestión de Estado como es la lucha antiterrorista. Y segundo, porque evitaría a más de uno tener que lamentar sus precipitadas palabras.

El espectáculo de algunos medios en la noche del jueves, con especial mención a los públicos, disputándose la primicia de una no noticia, resultó bastante esperpéntico. Algunos periódicos también derraparon espectacularmente, pese a que desde el primer momento el Ministerio del Interior mostró un escepticismo muy profesional. ETA nos ha acostumbrado a dar crédito a cualquier barbaridad imaginable, pero eso no convierte en verosímil, sin una mínima verificación, cualquier rocambolesca historia imaginada por alguien. En caso de duda, mejor contar hasta diez antes de inflar los titulares y desbocar los superlativos, haciendo el juego a los que siempre aspiran a sembrar la inquietud.

01 Junio 1998

Un individuo como Bartolín no puede ser concejal

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

En la peculiar conferencia de prensa que convocó Bartolomé Rubia, el concejal de La Carolina (Jaén) autosecuestrado, no estaban permitidas las preguntas de los periodistas. Así que llegó, leyó su escrito y se fue. No se desdijo de lo relatado y pretendió apoyar la verosimilitud de los hechos sólo con su devaluada palabra: «Que nadie dude de lo que digo; yo fui secuestrado». A mayor abundamiento, atribuyó los hechos a fenómenos extraños: «Yo me reitero, a mí me ha pasado esto. Y aquí pasa algo que yo no entiendo». Lo que no se entiende es que una persona que ocupa un cargo público sufra el delirio de anunciar su propio secuestro y siga insistiendo en la idea cuatro días después, cuando ya se han comprobado las falsedades de su versión. Anunció su baja como militante del PP, pero no su renuncia al cargo de concejal, algo totalmente inadmisible. El PP ha amenazado con expulsarle del grupo municipal si no dimite. Después de la mofa y el escarnio sufridos, prefieren perder un concejal a seguir contando con un representante como Bartolín. Es comprensible.

02 Junio 1998

Bartolín como símbolo

LA VANGUARDIA (Director: Joan Tapia)

Al margen de las diligencias policiales y judiciales en curso, que previsiblemente arrojarán más luz sobre la rocambolesca historia del aún concejal del municipio jiennense de La Carolina, Bartolomé Rubia, también conocido como Bartolín, la reacción más fácil sería la del clásico chascarrillo celtibérico, aludiendo a las aparentemente escasas luces del joven edil. Ciertamente, ha habido antes otras personas que han fingido secuestros, frecuentemente por razones crematísticas o sentimentales, pero pretender que ETA utilizara taxis, trenes y transbordos para perpetrar una acción de estas características era desafiar la credulidad de toda una sociedad.

Pese a ello, tampoco cabe cargar mucho las tintas sobre la precipitada reacción del presidente del Partido Popular en el País Vasco, Carlos Iturgaiz. Sus comentarios, obviamente imprudentes, cabe enmarcarlos en la amenaza cierta que pende sobre las cabezas de los concejales y otros cargos electos del PP tras las seis víctimas que la banda terrorista ha causado en ese colectivo.

En el cáso del concejal de La Carolina, sin embargo, hay con notaciones caciquiles, predemocráticas y subdesarrollistas que querríamos ver erradicadas de la España integrada en Europa y en los mismos umbrales del siglo XXI. A falta de explicaciones más convincentes, da la sensación de que el mencionado Bartolín, o sus eventuales inductores, pretendieron pescar en el río revuelto de una sociedad comprensiblemente traumatizada y amedrentada como consecuencia del azote terrorista. Uno de los grandes méritos del Partido Popular ha sido la de integrar en el sistema democrático a sectores de la sociedad, bien que minoritarios, un tanto alérgicos al ejercicio de las libertades. Obvia mente, debe perseverar en tan meritoriá tarea para evitar que determinados personajes utilicen sus siglas con fines espúreos

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