10 abril 2010
La tragedia dificultará aún más las relaciones entre Rusia y Polonia
El presidente de Polonia, Lech Kaczynski, muere al estrellarse su avión en Rusia
Hechos
El 10.04.2010 el avión Tupolev-154 en el que viajaba el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, se estrelló en la ciudad rusa de Smolensk.
11 Abril 2010
Infortunio polaco
La súbita y trágica desaparición del presidente Lech Kaczynski no suscita hoy la preocupación que habría sido propia de otros tiempos sobre las relaciones ruso-polacas, pero no sería mala ocasión para una reflexión profunda de ambos países sobre su dolorosísima historia de enfrentamientos en esa parte de Europa.
El mandatario, junto al que han perecido su esposa, el jefe del Ejército y el gobernador del banco central de Polonia entre otros dignatarios, volaba ayer en un vetusto Túpolev, que se estrelló a unos kilómetros del aeropuerto de Smolensk, y se dirigía a participar en las ceremonias en homenaje de los 22.000 militares polacos asesinados por orden de Stalin en los bosques de Katyn (Rusia) en 1940. El recuerdo de la masacre que ha envenenado las relaciones entre ambos países desde la II Guerra se asocia de nuevo a circunstancias trágicas para Polonia. El primer ministro ruso, Vladímir Putin, había participado esta semana en un acto en memoria de las víctimas, pero no llegó a pedir perdón por el monstruoso crimen y para que hubiera plena reconciliación entre las dos naciones eslavas Moscú tendría que hacer la mayor parte del camino.
El presidente, que junto con su hermano gemelo, Jaroslaw, había dominado la reciente política polaca, no sólo era un nacionalista de derechas de profundo anticomunismo, sino que sus aprensiones se extendían a lo ruso-soviético, en general. Pese a ello, el Gobierno que preside el centrista Donald Tusk había desarrollado un prudente deshielo con su gran vecino del Este. Los últimos contenciosos bilaterales tienen que ver con la eventual admisión de Ucrania y Georgia en la OTAN, a lo que se opone Moscú, pero que apoya con fuerza Varsovia.
Las presidenciales polacas, mientras tanto, se anticiparán constitucionalmente a junio, con probable enfrentamiento de Kaczynski y Tusk. El panorama queda hoy mucho menos definido.
11 Abril 2010
Una tragedia que arroja a los polacos a su fatalidad histórica
«LA ACCIÓN transcurre en Polonia, o sea en ninguna parte…». Pocas citas reflejan tan bien la desgracia histórica del país como ésta de Ubú rey, de Alfred Jarry, obra cumbre del teatro universal. Ayer de nuevo la fatalidad volvió a ensañarse con este pueblo. El destino no sirve por sí solo para explicar el terrible accidente aéreo que ayer costó la vida al presidente de Polonia y a otras 95 personas. Pero sí ayuda a entender mejor la conmoción que golpea hoy a los polacos, a los que les costará digerir una tragedia que sume al país en una profunda crisis institucional y agiganta, además, la maldición que rodea a su pasado aún reciente. Imposible olvidar en este momento la sucesión de devastadoras particiones e invasiones, el terrible Gueto de Varsovia o la masacre en el bosque de Katyn.
Precisamente allí, a una ceremonia en recuerdo de los más de 20.000 polacos asesinados durante la II Guerra Mundial, se dirigían ayer el presidente Lech Kaczynski y su mujer, junto a una amplia delegación formada por casi todo su gabinete, los altos mandos del ejército y otros cargos tan importantes como el presidente del Banco Central de Polonia. El accidente se produjo en las inmediaciones del aeropuerto ruso de Smolensk, localidad muy próxima a Katyn, ya para siempre un lugar doblemente maldito. Todo apunta a que el avión se estrelló por la espesa niebla cuando el piloto intentaba realizar el aterrizaje. No sobrevivió ninguno de los 96 pasajeros.
Los hechos se ven desbordados por una cadena de circunstancias que aumentan la carga simbólica del infortunio. La primera, que la élite política y militar de la Polonia actual ha muerto casi en el mismo lugar donde el Estado soviético aniquiló a la élite intelectual de la Polonia de hace 70 años. Es como una burla macabra de los hados, a la que aludía ayer consternado el ex presidente y Nobel de la Paz Lech Walesa.
Pero es que, además, este viaje nunca debió producirse. Porque el miércoles ya tuvo lugar un acto histórico en Katyn de homenaje a las víctimas, presidido por el primer ministro polaco, Donald Tusk, y por Putin, con el que se trataba de iniciar una nueva página en las intrincadas relaciones entre Varsovia y Moscú. Kaczynski se negó a asistir por sus irreconciliables diferencias tanto con Tusk como con el Kremlin. Y decidió organizar una ceremonia alternativa ayer, que incluso le iba a privar de su intención de acudir al Bernabéu para ver el Real Madrid-Barça.
El presidente polaco era muy conocido en Europa. Junto a su hermano gemelo, el ex primer ministro Jaroslaw Kaczynski, formaba un tándem político ultracatólico y conservador, que durante años se convirtió en la peor pesadilla de la UE por su euroescepticismo. De hecho, pese a que el fallecido estaba considerado como el gemelo bueno, no dudó en boicotear hasta el último momento la aprobación del Tratado de Lisboa.
Lo ocurrido llena de incertidumbre a Polonia. De momento, el presidente del Parlamento ha asumido la jefatura del Estado y habrá elecciones presidenciales en dos meses. Aún es pronto para intuir si el drama tendrá consecuencias electorales y arruinará la previsible victoria del candidato del Partido Liberal, al que pertenece el primer ministro y que cuenta en su favor con el hecho de que Polonia no haya dejado de crecer pese a la crisis económica. En todo caso, lo que ahora necesitan los polacos es hacer frente a la fatalidad y no caer en la melancolía que les ha producido el ser uno de los pueblos más castigados por la Historia.
27 Abril 2010
El vicio ultra de explotar las tragedias
La ultraderecha nunca duda en tratar de sacar provecho político de las tragedias nacionales, y eso es lo que está intentando ahora conseguir el partido Ley y Justicia al designar candidato a la presidencia a Jaroslaw Kaczynski, en sustitución del fallecido Lech, quien no habría logrado ser reelegido en las urnas. Pero esa postrera maniobra del gemelo más ultra es una apuesta muy arriesgada y el tiro le puede acabar saliendo por la culata.
El más influyente comentarista del semanario Polityka ya advirtió al PiS de que si trataba de instrumentalizar el dolor de los polacos ante una catástrofe general (en el accidente aéreo murieron personalidades de todas las tendencias, incluido el candidato del izquierdista SLD), sólo provocaría “la ira de la población”. Y la familia Kaczynski irritó a gran parte de la opinión pública por empeñarse en enterrar a Lech en la catedral Wawel de Cracovia, donde yacen los más ilustres héroes, reyes y celebridades de Polonia.
Confiemos en que eso le pase factura a Jaroslaw, cuyo autoritarismo es temido hasta en sus propias filas ultracatólicas desde que dinamitó, en 1993, el conservador Acuerdo de Centro por su empeño en ejecutar cazas de brujas internas que harían palidecer a McCarthy. Si por él fuera, Polonia prohibiría el divorcio, penaría la homosexualidad y restauraría la pena de muerte. Ejemplar.