5 agosto 1998

El Presidente José María Aznar López destituye al profesor José Barea como jefe de la Oficina Presupuestaria

Hechos

El 4 de agosto de 1998 se hizo pública la destitución de D. José Barea.

01 Agosto 1998

"Míster No"

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Durante los últimos dos años, la presencia de José Barea al frente de la Oficina Presupuestaria ha sido una fuente de inquietud para el Gobierno. Sus informes, críticos en muchos momentos con la gestión del Ejecutivo, tenían la extraña inclinación a caer en manos de la oposición y se han esgrimido en los momentos solemnes como prueba de las incoherencias en la política presupuestaria del Ministerio de Economía, como demostración de la existencia de agujeros presupuestarios ocultos y como críticas procedentes del mismo corazón del Ejecutivo contra las políticas oficiales en la sanidad o en la televisión pública. Con ocasión del último debate sobre el estado de la nación, Barea alcanzó el cenit de popularidad y el Gobierno su límite de irritación cuando un informe sumamente crítico con las previsiones oficiales de sostenibilidad del déficit fue esgrimido públicamente por José Borrell para atacar a Aznar.La destitución de Barea, ejecutada ayer por el Consejo de Ministros bajo la fórmula habitual de cese a petición propia por motivos personales, confirma que el sabio profesor era una pieza incómoda, con funciones imprecisas y sin capacidad real para controlar el gasto, que es la tarea para la que está especialmente capacitado. Pero también es una acusación contra la incongruencia política de Aznar, que creó una oficina presupuestaria de cara a la galería, como símbolo de su preocupación por el gasto, y que ha prestado poca o nula atención a los informes de su máximo responsable.

Barea es el paradigma de un liberal económico a ultranza, convencido de los efectos perversos de cualquier tipo de déficit -sea cual sea su composición, su cuantía y su destino- y partidario de adoptar medidas drásticas para evitarlo.

En su etapa de subsecretario de Presupuestos con UCD era conocido como Míster No por la dureza con que rechazaba las peticiones de aumento de gasto. Barea es un experto en el Presupuesto y en las complejas mecánicas para su elaboración. Por ello, los informes que elaboró sobre las finanzas públicas, también los que fueron filtrados por la oposición, deben ser considerados como aproximaciones muy serias a la realidad de las cuentas públicas; no pueden despacharse alegremente, como hizo el Gobierno, por incompletos o faltos de información. El problema del profesor Barea ha sido que, al parecer, no ha asimilado del todo la evidencia de que la integración en el euro exige defender públicamente el presupuesto oficial, aunque sea poco real.

Se esté de acuerdo o no con su ideología y al margen de que su escaso sentido de la componenda genere situaciones impopulares, lo cierto es que la destitución de Barea priva a la opinión pública -y al Gobierno- de una referencia respetable sobre el estado de las finanzas públicas. De Barea hay que añadir que siempre que defendió lo público -y lo ha hecho a lo largo de su dilatada carrera- lo ha hecho con honestidad y rigor.

01 Agosto 1998

¿Por qué se marcha Barea?

Casimiro García-Abadillo

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José Barea abandona La Moncloa. Tras casi dos años y medio al frente de la Oficina Presupuestaria, el viejo profesor ha optado por marcharse a casa siguiendo una tradición muy suya y que le ha llevado a enfrentarse a todos los gobiernos con los que ha trabajado: con Franco, con la UCD, con el PSOE y, desde 1996, con el PP.

La decisión de crear la Oficina Presupuestaria y poner al frente de ella a Barea fue un gesto valiente por parte de Aznar. El presidente quiso involucrarse desde el primer momento en la tarea de recortar el déficit del Estado y, para ello, puso bajo su mando directo a un hombre experto y duro como pocos en la desagradable tarea de aplicar la tijera al gasto público.

La reducción del déficit ha sido uno de los grandes éxitos del Gobierno y, al menos en parte, hay que agradecérselo a la intransigencia de Barea. Las reuniones de los responsables de Hacienda con el equipo de la Oficina Presupuestaria eran una especie de batalla entre dos concepciones: la de los contables y la de los políticos. La sabiduría de Barea y la autoridad que le daba su hilo directo con Aznar provocaron en ocasiones roces desagradables.

Pero Barea es así. Nunca ha sabido callarse y, desde luego, nunca ha seguido el viejo lema que es norma para muchos funcionarios: «El que no hace nada, nunca se equivoca».

Hace un par de días nos contó a un grupo de amigos una anécdota que refleja fielmente su personalidad: Era Claudio Boada presidente del INI y él alto funcionario de Hacienda. Barea proponía el cierre de un arsenal militar porque causaba fuertes pérdidas al Estado, lo que provocó la respuesta airada de los generales presentes en la sala. Una vez finalizada la tensa reunión, Boada le comentó a Barea en tono amable: «Pepe, qué cosas se te ocurren». Y Barea, que iba acompañado por su mano derecha, Miguel Martín, le contestó: «A quien deberían ocurrírsele esas cosas es a ti y no a mí».

Esa coherencia suya que le hace decir siempre lo que piensa en cualquier circunstancia, fue la que llevó a un periódico a compararle con el personaje de «La forja de un rebelde», trilogía antológica de Arturo Barea.

¿Por qué se marcha? Pues, sencillamente, porque Barea se había convertido en un incordio. Lo comentó en la reunión antes aludida: «Hace dos años el presidente y yo nos reuníamos dos veces al mes y ahora llevamos meses sin vernos».

Uno de sus mejores amigos le había recomendado hace tiempo que se marchara. «A la gente hay que dejarla trabajar y Rato está haciendo bien su trabajo, así que es mejor que te marches», le dijo. Y Barea ha terminado haciéndole caso.

A Aznar no le ha hecho gracia que se vaya. Barea no sólo es un magnífico profesional, sino, además, un hombre que se hace querer. Políticamente, al Gobierno le venía bien tener a Barea en La Moncloa.

Sin embargo, las filtraciones (que tienen su origen en Hacienda), sus comentarios críticos, sus planteamientos a veces inflexibles, le convirtieron, una vez más, en un personaje incómodo. La pérdida de contacto con Aznar, su escaso papel en la elaboración de los Presupuestos del 99 y el cansancio le han hecho tirar la toalla.

01 Agosto 1998

Barea, otra vez «no»

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Tal vez fuera José Barea, asesor de la Oficina Presupuestaria, el más polémico, junto con Miguel Angel Rodríguez, de los secretarios de Estado que tenía el Gobierno del PP. A menudo causó verdaderos quebraderos de cabeza en el seno del Ejecutivo.

Ayer, el viejo profesor, cansado de que no se contara con su trabajo y de haber perdido en la elaboración de los presupuestos actuales el peso político que tuvo en los dos primeros, presentó su dimisión.

Desde su despacho en La Moncloa, contiguo al de Aznar, Barea ha desempeñado en los dos últimos años un papel a menudo desagradable -el del implacable predicador de la austeridad- en el que se sentía, sin embargo, como pez en el agua, porque lo ha venido desempeñando con todos los gobiernos, desde Franco al PP, pasando por la UCD o el PSOE.

Su criterio de técnico por encima del bien y del mal daba credibilidad a la política de recortes del Gobierno. Pero las filtraciones de sus informes internos y su hábito de decir lo que pensaba han puesto en frecuentes bretes al Gobierno. Y le han convertido en un personaje incómodo: en más de una ocasión sus críticas eran excelentes argumentos para que la oposición fustigara al Ejecutivo.

Aznar pierde un asesor de prestigio, pero la Oficina Presupuestaria sigue abierta. Sería deseable que su función no quedara desvirtuada por una excesiva reducción de su papel político en la elaboración del presupuesto.