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En la ejecutiva figurarán los ex ministros Rodríguez Sahagún, Calvo Ortega y Jiménez de Parga, así como el Director General de RTVE, Fernanco Castedo

1er Congreso del CDS – Adolfo Suárez ratificado como presidente del partido, mientras que la secretaría general queda vacante

HECHOS

El 2 y 3 de octubre de 1982 se celebró el I Congreso del CDS que ratificó al Duque de Suárez como presidente del partido.

COMITÉ NACIONAL DEL CDS

  • D. Adolfo Suárez Duque de Suárez (Presidente)
  • D. Agustín Rodríguez Sahagún
  • D. Jesús María Viana
  • D. Rafael Calvo Ortega
  • D. José Ramón Caso
  • D. Fernando Castedo
  • Sr. Jiménez de Parga
  • D. Emilio Pujalte
  • D. Alejandro Rebollo
  • D. Manuel de Sárraga
  • D. Francisco Villodres
  • D. Federico Ysart
  • D. Joaquín Abril
  • D. León Buil
  • D. Abel Cádiz
  • D. Miguel Ángel Eced.
  • D. José Antonio Escudero
  • Sr. González Quirós
  • D. Gerardo Harguindey
  • D. Alfredo Marco
  • Dña. Laura Mors

SUÁREZ (CDS) VS FRAGA (AP)

Las relaciones entre el Duque de Suárez, presidente del CDS y D. Manuel Fraga, presidente de AP nunca fueron demasiado buenas. El Sr. Fraga calificó al Duque de Suárez de ‘frívolo’ y ‘oportunista’. Antes había diño que como parlamentario en el Congreso ‘no tenía ni media bofetada’. El Duque de Suárez respondió asegurando que el político gallego ‘no había perdonado’ que en 1976 le eligiera a él y no al Sr. Fraga como presidente del Gobierno.

10 Octubre 1982

El programa del CDS

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

El programa del Centro Democrático Social parte, en el terreno de la política económica, de la creencia de que un manifiesto electoral obliga a los partidos a decir algunas cosas sobre todas las cuestiones posibles, desde la pesca a la innovación tecnológica, pasando por las nuevas fuentes de energía. Aunque el documento pisa la tierra firme del realismo en los problemas a corto plazo, el tratamiento de la política industrial a largo plazo incurre en las habituales fantasías a las que son propensos los discípulos de Toffler.En la 5ormulación de alternativas a largo plazo, algunas galopadas por el futuro suministran a los neocentristas ideas inverificables para abandonar las penurias económicas. Es cierto que los futuristas terminan siendo los precursores de sus tataranietos. Pero el inconveniente es que la política se ocupa del corto y medio plazo, ya que, como dijo un escéptico hombre de la Restauración, dentro de cien años todos estaremos calvos. Los profesionales del poder no pueden permitirse el lujo de estremecerse con el shock del futuro, a menos que pretendan utilizarlo para no enfrentarse con los problemas del presente.

El programa del CDS concede un lugar relevante a la nueva industrialización, que debería «renovar totalmente la estructura productiva española», y crear «nuevas empresas competitivas y equiparables a los países mas desarrollados». Esa estrategia, exige una definición clara de los sectores de futuro», fundamentados en «tecnologías de vanguardia y con fuertes porcentajes de valor añadido» que permitirían «mantener los altos niveles de salarios que se han venido alcanzando en los últimos años». La informática, la electrónica, algunas ramas de la industria química, la agroindustrla, la biología aplicada y las nuevas energías son algunos de los sectores capaces de «ofrecer unas perspectivas más dinámicas dentro del actual proceso de reajuste de la economía mundial». Los estrategas del partido no explican, sin embargo, cómo desviar hacia las nuevas industrias las inversiones ya realizadas y el capital humano de la siderurgia, la construcción naval y las industrias de transformación en crisis. En cualquier caso, para quienes estén familiarizados con la picaresca española del asalto al presupuesto, lo mas preocupante de esa imaginativa perspectiva es que el programa neocentrista se ofrezca a financiar a los empresarios de la nueva industrialización mediante circuitos privilegiados de crédito.

El programa también se ocupa, como es lógico, de los problemas a corto plazo. La situación de la economía española no permite, en verdad, otra política que no sea una estricta y prosaica disciplina del día a día, orientada a incrementar el ahorro, aumentar la inversión, reducir el déficit público, cortar el despilfarro de los gastos corrientes y relanzar la actividad productiva. En este terreno no hay diferencias sustanciales entre los objetivos del CDS y las metas que persiguen la UCD de Lavilla o el PSOE: «Contener la inflación, frenar el aumento del paro y atender a los parados, conseguir la mejor administración de los recursos públicos y alcanzar el crecimiento máximo de producción posible en cada momento». La negociación entre empresarios y sindicatos, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, el saneamiento del sector público, la reforma de la Seguridad Social, la mejora de la recaudación tributaria, el combate contra el fraude fiscal, el control de los gastos corrientes y el aumento de las inversiones públicas productivas son algunas de las propuestas que comparte el CDS con sus competidores electorales.

En la dimensión estrictamente política, el CDS hace planteamientos cargados de especial significación en este crispado otoño de 1982. El partido de Adolfo Suárez subraya que el régimen constitucional y las instituciones democráticas están seriamente amenazadas y que la preocupación por «la estabilidad interna» del sistema político tiene un carácter prioritario en su programa. La causa de los peligros que acechan al régimen democrático «se debe buscar en comportamientos inadecuados e irresponsables de buena parte de los protagonistas sociales». La clase política tiene que estar a la altura de sus obligaciones, pero todavía más decisivo resulta, para la defensa de la Monarquía parlamentaria, el comportamiento de los ciudadanos corrientes, de «los innumerables componentes de la trama real de la vida ordinaria». El programa acierta al señalar que «la mera revisión o creación de marcos legales e institucionales, de la reforma de códigos existentes», no basta para consolidar el sistema democrático. La sugerencia de un pacto de Estado mediante el que las fuerzas constitucionales se comprometieran a renunciar a cualquier manipulación partidista de los «tres grandes problemas nacionales» -la estabilidad del sistema democrático, la crisis económica y la política exterior- despierta el recuerdo de los Pactos de la Moncloa, incumplidos por el Gobierno de Adolfo Suárez en aquellos puntos que contenían las contraprestaciones políticas reivindicadas por la oposición, comprometida, por su parte, a recomendar la moderación salarial y el descenso de la conflictividad laboral.

Las propuestas del CDS para promover «el reconocimiento y amparo de las libertades públicas» no difieren de las incluidas en los programas de UCD o del PSOE. El enfoque de la interrupción voluntaria del embarazo es sumamente matizado. El CDS «se declara contrario al aborto», pero considera que es un tema «sobre todo moral’ que, como tal, debería estar fuera de los planteamientos electorales.

Juanto a la crisis económica y la defensa de las libertades, el CDS concede especial importancia a la definición de una política exterior y de defensa de caracter estatal y no simplemente gubernamental. «Si se exceptúa el fácil terreno de la retórica, la situación internacional española está pobremente definida». Sólo un acuerdo de fondo y a largo plazo entre las fuerzas políticas permitiría «el asentamiento de una posición firme y congruente del Estado en todos los asuntos internacionales». Sin duda, Adolfo Suárez tiene razón al afirmar que el entendimiento político interior es «absolutamente esencial» para diseñar y llevar a cabo una política exterior que se halle al abrigo de los cambios de mayoría parlamentaria. Pero el programa de una «preéisa definición de una política exterior verdaderamente de Estado» es más fácil de enunciar que de realizar. El CDS se limita a abogar por una negociación de las condiciones concretas para la plena integración de España en la Alianza Atlántica, condicionándola, en cualquier caso, a la satisfacción de las demandas de recuperación de Gibraltar e ingreso en la Comunidad Económica.

Las simpatías y los rechazos del CDS tienen como origen común la controvertida valoración de la figura de Adolfo Suárez. La gran duda es saber qué porcentaje del electorado que votó a Suárez en 1977 y 1979 seguirá fiel a un político que tan decisivamente contribuyó a devolver a los españoles sus libertades y que fracasó, en cambio, por sus propios errores o por las conjuras ajenas, al ejercer su mandato como primer presidente de Gobierno constitucional de la Monarquía parlamentaria.

02 Diciembre 1982

El porqué de un nuevo partido

José Luis González Quirós

Muchos votantes de Suárez en el 77 y el 79 se han preguntado por qué el presidente de Gobierno que fue elegido gracias a sus votos dimitió y por qué ahora ha vuelto a la escena política desde un partido nuevo. Las líneas que siguen constituyen un intento de aportar alguna luz sobre estas dificultades.

Suárez dimitió porque le era imposible gobernar en democracia. Ante el ataque feroz a que se vio sometido desde la izquierda – que le acusaba de realizar una política contraria a la Constitución – y desde la derecha – que le presentaba como un hombre entregado al revanchismo de la izquierda – Suárez quedó sólo con la ayuda de unos pocos de los suyos. El partido que tanto le debía – su misma unidad, los triunfos electorales, etc. – no sólo no supo apiñarse en defensa de su presidente, sino que asumió en buena medida al desconcierto general. Suárez pudo haberse defendido, pero esa defensa hubiera supuesto la guerra política y la descalificación personal de gentes que eran necesarias para la estabilización democrática. Suárez pensó que si él era el obstáculo, su oblgiación de hombre de Etado era dar lugar a que otros miembros de su partido tomaran el relevo y actuó en consecuencia dimitiendo.

La historia posterior ha demostrado ben a las claras que el partido no supo recuperarse y caminaba de modo acelerado hacia el suicidio. Los notables se enzarzaron en una discusión sobre galgos y podencos y sobre el modo de repartir la herencia común. El ejemplo de insolidaridad, de personalismo, de olvido del propio espíritu ha desbaratado la poca crecibilidad que le quedaba a un partido capaz de inmolar insensatamente a quien les había conducido a la vicotria.

El campo podía quedar libre para quienes desde la izquierda y derecha desde el propio partido que se continuaba llamando de centro, y olvidando los problemas reales del país, aspiran únicamente a apoderarse de esos votos populares para, fortalecidos con ellos, imponer una determinada política con el riesgo evidente de reproducir la radicalización política de España y atender, por ello, a la estabilidad de la democracia.

Suárez ha pensado que el centro progresista y reformista que este país necesita exige la existencia de un partido a su servicio y a su medida: un partido joven, fuerte, idealista, capaz de unir alrededor de su líder a quienes atesoran ya una larga experiencia en otros partidos y a quienes aportan fundamentalmente un nuevo caudal de ilusión y de esperanza a la política.

El CDS  aparece en la vida española como testimonio de que somos capaces de aportar soluciones nuevas ante nuevas situaciones. La democracia en España necesita progresas, convertirse en el sistema que, además de garantizar las libertades individuales sea el instrumento para construir un país próspero y justo.

Nosotros hemos aportado un programa electoral pensado, coherente, posible cuyo principal contenido político reside en la oferta de un pacto de Estado que permita la colaboración de todas las fuerzas políticas en la consolidación de la democracia y en la búsqueda de las soluciones que la crisis económica requiere.

Los avances logrados en la transición han sido posibles porque prevaleció el diálogo, la moderación, la sensatez y la tolerancia. El CDS Es un partido dispuesto, con unidad interna y coherencia, a que ese espíritu se implante cada vez más entre nosotros y a que la soluciones progresistas y reformistas de centro tengan defensor político válido. Nosotros profesamos un profundo respeto hacia todas las posiciones políticas, pero tenemos una personalidad propia bien definida, ideológica y políticamente.

Nuestra única preocupación, como partido joven, es que los españoles de centro, que votaron a Suárez en las dos últimas elecciones, no se confundan, que renazca su esperanza, que sepan que podrán arrepentirse de no habernos votado, pero nunca de haber confiado en nosotros, porque somos un partido de futuro.

José Luis González Quiros

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