3 septiembre 1990
El programa ‘¡Ay, que calor!’ de TELECINCO pasa a emitirse en versión española bajo la batuta de Luis Cantero
Hechos
El 4 de octubre de 1990 el canal TELECINCO anunció una nueva etapa de su programa ‘¡Ay, que calor!’ esta vez con ediciones grabadas en España y con D. Luis Cantero como presentador.
Lecturas
El programa se había emitido inicialmente trasladando la versión italiana doblada.
El 4 de octubre de 1990, Telecinco estrenó la versión española de ¡Ay, qué calor!, el concurso erótico que desde julio emitía con las imágenes originales del programa italiano Colpo grosso, presentadas por Umberto Smaila y dobladas al castellano. La nueva etapa incorporaba al periodista Luis Cantero como presentador, acompañado por Eva Pedraza, Miss España 1988, y sustituía a los concursantes italianos por participantes españoles. El cambio no suponía trasladar la producción a España: el espacio seguía grabándose en Italia, adonde viajaban semanalmente los concursantes y el equipo español, utilizando las instalaciones del formato original. La novedad más visible era su ambientación: el plató representaba la cubierta de un lujoso trasatlántico, con Cantero convertido en capitán de una peculiar tripulación integrada por Pedraza, las célebres «chicas del chin-chin» y varias modelos que representaban distintos países europeos. El periodista asumía así el papel de maestro de ceremonias de un espectáculo que combinaba preguntas sencillas, números musicales, bromas picantes y exhibiciones de desnudos. Telecinco reforzaba con esta producción propia para el público español uno de los programas más provocadores de su primera temporada.
La mecánica seguía siendo fundamentalmente la misma que en Italia: un hombre y una mujer competían acumulando puntos que les permitían realizar viajes imaginarios por distintos países europeos, representados por modelos que efectuaban números de striptease. Cuando los concursantes necesitaban recuperar puntos, podían conseguirlos quitándose prendas de vestir, con una puntuación determinada para cada una. Entre las diferencias anunciadas figuraba la incorporación de un desnudo integral realizado por una modelo, algo que no contemplaba de la misma manera la versión italiana emitida anteriormente en España. Cantero describía el concurso como un simple pretexto para ofrecer variedades y defendía públicamente la desnudez como un elemento natural, rechazando las críticas de quienes consideraban el formato excesivamente atrevido. En realidad, los concursantes no competían por grandes premios económicos: la propia experiencia de viajar a Italia, alojarse con los gastos pagados y participar en la grabación constituía buena parte de la recompensa. El programa se estrenó en la madrugada de los jueves y permaneció en emisión hasta el 21 de septiembre de 1991, después de pasar a la madrugada de los sábados durante el verano. Su desaparición, apenas un año después del lanzamiento de la versión española, cerró una experiencia representativa del primer Telecinco de Valerio Lazarov, marcado por la importación de formatos italianos y la utilización del erotismo como reclamo televisivo.


07 Octubre 1990
¡Ay, qué espanto!
RECONOZCO lo ingrato de adaptar a nuestra idiosincracia esa bosta foránea titulada Ay, que calor. El pretendido afrodisíaco, disfrazado de concurso alucinante, ha sustituido al adiposo tratante de blancas italiano por el estilizado Luis Cantero y ha copiado milimétricamente la fórmula original, pero ha conseguido la inimaginable hazaña de superar en zafiedad y en estulticia al modelo primitivo. Ignoro si el invento de Berlusconi tiene capacidad para desbordar los controles de natalidad en nuestro país, si estimula a la amodorrada imaginación sexual de maridos hastiados y de onanistas rutinarios, pero no albergo ninguna duda sobre la hegemonía de este programa en cualquier clasificación de aberraciones televisivas. El audaz, mundano y relamido Cantero comienza su «show» citando a Chesterton: «Los angeles pueden volar porque ellos mismos se toman a la ligera», suplicando indulgencia ante los previsibles errores iniciales, prometiendo que irán ajustando el programa al ordenador de nuestros deseos (Corín Tellado no superaría esta poética frase) y asegurando que serán sutiles, divertidos y a veces inteligentes. En esta ocasión alcanzaron apocalípticas cumbres relacionadas con la tosquedad, el aburrimiento y la estupidez, pero agradecemos sus intenciones lúdicas. La desinhibida pareja que se ha atrevido a despelotarse en público responde a los raciales nombres de Pepa y José Manuel. La desenvoltura de la heladera Pepa, aspirante a la escuela de arte dramático y «a hacer algo» (no especifica), provoca que esté a punto de escoñarse en medio de su strip- tease. El funcionario José Manuel, viril y retórico, se lo monta en plan torero a la hora de mostramos sus excitantes atributos físicos. Una «miss» España farfullea con enigmática pronunciación: «Las misses tenemos que tener la justa medida, además de elegancia, distinción y simpatía». Las chicas «Chin-chin» no superan el nivel de una grisácea barra americana. Lo excepcional está representado por una dama galesa con previsibles malformaciones de columna o de cervicales debido al escandaloso tamaño de sus glándulas mamarias. Es la única del grupo que no las enseña, pero lo compensa con su agudeza mental al responder a la petición de Cantero -para que demuestre su conocimiento del idioma castellano- con un original: «Me gusta mucho España». En el intermedio nos sugieren a los hombres que escribamos una carta declarando nuestros ingresos, carácter e intenciones y nos invitaran a superar pruebas de seducción con las «mamachichos». Apago la tele. Sospecho que si me trago entero el engendro me quedaré frígido e impotente durante el resto de mi vida.
El Análisis
Pocos periodistas españoles parecían tan adecuados como Luis Cantero para ponerse al frente de un concurso tan provocador como ¡Ay, qué calor!. Durante la segunda mitad de los años setenta había sido uno de los reporteros más atrevidos de Interviú, la revista de Antonio Asensio que convirtió el destape en un fenómeno editorial. Cantero no se limitaba a entrevistar personajes: se introducía personalmente en situaciones extravagantes, recorría el mundo explorando sus costumbres sexuales en la serie La vuelta al mundo en 80 camas y llegaba a aparecer semidesnudo en sus propios reportajes. Su audacia alcanzó incluso al presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, a quien abordó en bañador durante sus vacaciones de agosto de 1978, después de aproximarse a su yate en aguas de Ibiza junto al fotógrafo Oriol Maspons. Aquella mezcla de descaro, humor, erotismo y desafío a las convenciones parecía encajar perfectamente con el primer Telecinco de Valerio Lazarov.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre provocar a la España de la Transición y hacerlo en 1990: el desnudo que en 1977 simbolizaba la ruptura con décadas de censura empieza a convertirse en un recurso comercial cada vez más repetido. Cantero representa una forma de transgresión que tuvo sentido en un momento histórico muy concreto, pero cuyo futuro televisivo resulta incierto. ¡Ay, qué calor! puede atraer espectadores por la novedad, aunque es discutible que el espectáculo de las chicas del chin-chin y los concursantes desnudándose consiga mantener indefinidamente su capacidad de sorpresa. El periodista que había sabido escandalizar a los lectores de Interviú quizá descubra que la televisión exige renovar constantemente los recursos con los que se busca la atención del público. Su paso por Telecinco terminará siendo una experiencia aislada como presentador, sin que conste una segunda oportunidad comparable al frente de otro programa televisivo. Una paradoja para quien hizo del atrevimiento su principal seña de identidad: el destape le abrió las puertas de la televisión, pero no le garantizó una carrera duradera en ella.
JF
