29 junio 1998

Se rompe la paradójica situación de que el PNV gobernara con el PP a nivel nacional y con el PSOE a nivel autonómico

El PSOE vasco rompe el Gobierno de coalición con el PNV en Euskadi con el que había gobernado desde 1987

Hechos

  • El 29 de junio de 1998 se hizo pública la ruptura del acuerdo de coalición entre el PNV y el PSE-EE-PSOE para el Gobierno vasco con la dimisión de los consejeros del PSE-EE-PSOE.

Lecturas

fernando_buesaRosa_Diez D. Fernando Buesa y D. Rosa Díez, dos socialistas miembros del Gobierno presidido por el Sr. Ardanza (PNV), con el que ahroa rompen tras aprobar los nacionalistas vascos una ley en el Parlamento Vasco junto a los votos de Herri Batasuna que les permitirá no acatar la Constitución.

30 Junio 1998

Desmarques

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Los socialistas vascos advirtieron hace dos semanas al PNV que pondrían fin anticipado a su colaboración en el Gobierno vasco en el caso de que los nacionalistas votasen en el Parlamento, en compañía de HB, contra el requisito de acatar la Constitución y el Estatuto para adquirir la plena condición de parlamentario.Ayer, en el día señalado, los votos del partido de Arzalluz volvieron a ir en sintonía con los de HB y Eusko Alkartasuna en un asunto de elevado contenido simbólico. La Ejecutiva del Partido Socialista de Euskadi queda así emplazada a llevar a cabo su advertencia. El coste de la ruptura del acuerdo de gobierno con el PNV y EA no sería en sí muy elevado: a menos de cuatro meses de las elecciones del 25 de octubre, la legislatura ya está amortizada. De hecho, el Parlamento vasco celebra hoy su último pleno. Ello devalúa en la práctica el gesto del PSE. El riesgo está, sin embargo, en que, si los socialistas actúan en consecuencia, el PNV lleve a cabo las represalias anunciadas y extienda la crisis a las diputaciones forales de Vizcaya y Guipúzcoa y a los ayuntamientos vascos en los que cogobierna con ellos.

Intentar desentrañar la evolución futura de los acontecimientos supone alejarse de los motivos que los provocaron. Es cierto que el vasco podía seguir siendo el único Parlamento autonómico donde no es necesario acatar la Constitución para que un parlamentario adquiera todas sus prerrogativas, en contra de lo que establece la Ley General Electoral. Así ha ocurrido de hecho durante 18 años y así seguirá en la práctica, puesto que la reforma del Reglamento no obtuvo ayer la mayoría requerida.

También es verdad que el PNV no buscó deliberadamente a los parlamentarios de HB para configurar un bloque nacionalista con EA, frente al formado por PSE, PP, IU y los foralistas alaveses. Pero no se entiende por qué extraña restricción mental lo que hacen los diputados y senadores nacionalistas en Madrid no pueden hacerlo en Vitoria. Acatar la Constitución y el Estatuto de Gernika no significa comulgar con cada uno de sus preceptos, sino aceptar las reglas de juego establecidas en ambos textos. No es cierto que establecerlo como requisito obstaculice la participación institucional de HB. Por el contrario, existen muchos ejemplos que demuestran que la apertura en Euskadi de ámbitos de excepción de ley para integrar a quienes se sitúan fuera del sistema no ha logrado más que envalentonarles. Al partido de Arzalluz le ha sorprendido que el PSE haya decidido plantarse ante una sucesión de coincidencias parlamentarias de sus socios nacionalistas con HB. Porque al asunto del acatamiento hay que añadir en las últimas semanas el de la denuncia de la dispersión de los presos de ETA, la ley vasca del deporte o la votación sobre el condado de Treviño.

Un pragmatismo de vuelo raso y de simple ocupación de cargos impidió hacer creíbles las advertencias socialistas a los socios nacionalistas. Ahora, en cambio, los socialistas vascos no tienen la atadura de estar en el Gobierno central y quieren establecer la futura cooperación con los nacionalistas -las encuestas dibujan la reedición del Gobierno tripartito PNV-PSE-EA tras el 25 de octubre- sobre bases más equilibradas en cargas y compromisos recíprocos. Para conseguirlo tendrán que demostrar en los próximos días la firmeza de su postura, resistiendo la réplica del PNV a su órdago y las objeciones interesadas de los que ven peligrar sus cargos con la eventual ruptura del pacto de gobierno. Lo más penoso de este episodio es que hace poco menos de un año los partidos democráticos andaban buscando el aislamiento de HB en los ayuntamientos después del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Doce meses después, con seis concejales del PP asesinados, la ruptura del tripartito es una magnífica noticia para los violentos.

02 Julio 1998

Voladura controlada

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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LOS SOCIALISTAS vascos han consumado su amenaza de abandonar el Gobierno autonómico, como respuesta a la decisión del PNV de votar con Herri Batasuna en contra del requisito de acatar la Constitución y el Estatuto para adquirir la condición de parlamentario vasco. El gesto es coherente con la estrategia de aislar políticamente a HB, pero no se puede obviar su oportunismo. De entrada, la ruptura se limita a un Gobierno en trance de liquidación por cierre de legislatura. El Parlamento de Vitoria clausuró ayer de hecho sus trabajos. La alianza del tripartito se mantiene, al menos de momento, en Diputaciones y Ayuntamientos, a los que todavía queda un año de mandato.Una interpretación plausible de esta voladura controlada del Gobierno tripartito es el deseo del PSE o, para ser más exactos, de su nuevo secretario general, Nicolás Redondo Terreros, de articular su pacto con el PNV sobre bases más equilibradas y exigentes. Hasta ahora, los socialistas vascos se han mantenido en el Gobierno autonómico con el acuerdo tácito de que el PNV mantiene su propia política de pacificación, que es la que impone además en el Ejecutivo. Esta cuestionable exclusión del principal problema de las sociedades española y vasca -impuesta también en los acuerdos con el Gobierno central- no podía ser admitida por más tiempo, a juicio de los socialistas. Pero no deja de ser llamativo que se haya llegado a esta conclusión justo en las vísperas electorales y a cuenta de un tema -una reforma reglamentaria que obligaría a los diputados a acatar la Constitución- que se arrastra desde hace más de diez años. Si es sólo un pretexto para ir a las elecciones más ligeros de equipaje, sería una irresponsabilidad. Si se trata de transmitir el mensaje de que cualquier pacto futuro debe pasar también por un acuerdo básico sobre la política de pacificación, puede ser un gesto útil.

En este cruce de envites y órdagos de farol, el PNV ha resultado perdedor. Ante la opinión pública, porque la aproximación a HB y su intento de formar una mayoría nacionalista, implícita o explícita, con los cómplices políticos de ETA es un error grave. Así lo demuestra el que a última hora se haya echado atrás de su amenaza de romper el tripartito también en Ayuntamientos y Diputaciones si los socialistas materializaban su ruptura en el Gobierno de Vitoria. Es una prueba de que el PNV no se siente con fuerzas para dotar de estabilidad por sí solo a las instituciones vascas.

Una vez consumada la ruptura de una fórmula que funcionó mal que bien durante doce años, es a los electores a quienes corresponde decidir en un plazo de tres meses la configuración del próximo Gobierno. Y, a la luz de las encuestas, parece claro que el PNV tendrá que contar con algún partido no nacionalista para constituir una mayoría estable. Sólo cabe esperar que la ruptura de hoy sirva al menos para definir mejor las posiciones y los eventuales pactos de mañana.