18 junio 1982
En el reportaje se asegura que existe una gran sintonía entre el pueblo turco y el ejército
El reportaje ‘Golpe de Estado a la Turca’ de Jesús González Green emitido por TVE desata la ira del Congreso que lo considera «apología del golpismo»
Hechos
El 18 de junio de 1982 se emite por TVE el reportaje ‘Golpe de Estado a la Turca’.
Lecturas
Los responsables del reportaje.
La etapa de Carlos Robles Piquer iba a tener un final abrupto. El detonante iba a ser un documental sobre Turquía. El 12 de septiembre de 1980 un golpe de Estado en Turquía llevó al poder al general Ahmet Kenan Evren, que impuso una dictadura militar tras derrocar al primer ministro Süleyman Damirel. Quedaba suspendida la constitución, disuelto el parlamento y prohibidos los partidos políticos. El golpe de Estado no pillaba de sorpresa ante el incremento de la violencia política por la existencia de grupos extremistas armados que habían aumentado la inseguridad y el desencanto hacia la clase política en la población, temerosa de una guerra civil.
El 18 de junio de 1982 TVE emite por la primera cadena el reportaje ‘Golpe a la turca’. El reportaje ha sido realizado por Jesús González Green. Inicialmente el reportaje había sido encargado a Manuel Alcántara, que no pudo hacerse cargo de él por estar realizando otra pieza. El encargo pasó entonces a González Green que realizó la pieza bajo la supervisión de Castro Beraza y Homero Valencia, director y subdirector de informativos. El propio Carlos Robles Piquer visionó el programa y dio el visto bueno antes de su emisión. Además de emitirse a nivel nacional, la misma pieza fue reemitida el 21 de junio de 1982 por Pedro Macía en el circuito canario.
Su emisión desató una oleada de indignaciones entre los políticos, en especial los de los partidos de izquierda que consideraron que aquella pieza era ‘una apología del golpismo inadmisible’ (Rodrigo Guerra, PSC-PSOE) o “el gol más claro que se le había metido a la democracia” (Nicolás Sartorius, PCE). González Green defendió su trabajo diciendo que mientras que los políticos tenían que explicar los hechos de acuerdo a los intereses de sus partidos, su misión era dar la versión objetiva sin tener en cuenta las repercusiones.
El 29 de junio de 1982 la Comisión de Control Parlamentario de RTVE en el Congreso hace pública una nota en la que dicen que la comisión, por unanimidad, reprueba la pieza de ‘el golpe a la turca’ por poder ser considerado como una apología del golpismo y que supone un incumplimiento de los artículos 3 y 4 del Estatuto.
La Comisión ha acordado por unanimidad reprobar la emisión del programa ‘El golpe a la turca’, que puede interpretarse como una apología del golpismo, pese a la moción condenatoria del mismo aprobado por el Parlamento Español.
Asimismo, la Comisión considera inadmisible que sin tener en cuenta las numerosas protestas que dicho programa ha originado se permitiera su emisión tres días después en el archipiélago canario.
La Comisión acuerda también dirigirse al consejo de administración de RTVE para que se fijen las oportunas responsabilidades que pudieran derivarse por el posible incumplimiento de los artículos 3 y 4 del Estatuto. Por último, la Comisión ha apreciado la necesidad de la difusión de esta nota en la totalidad de los medios informativos dependientes del ente público Radio Televisión Española.
Al ser por unanimidad quiere decir que los grupos parlamentarios de UCD y AP respaldaron la reprobación. Que AP se sumara, no sorprende, dado que el grupo parlamentario de AP por aquellos días se denomina Coalición Democrática, por ser una coalición de AP con otras fuerzas, y el representante de este grupo en la comisión de control a la televisión era Antonio de Senillosa, accionista de El País, que no estaba afiliado a Alianza Popular, y cuya línea por esa época solía coincidir con la del periódico del que era accionista. Más destacable es que se sumara el representante de UCD, Antonio Vázquez Guillén, que consideró la emisión de aquella pieza como ‘inoportuna’. Aparentemente UCD había asumido como error la elección de Carlos Robles Piquer para dirigir la televisión única.
El 22 de julio de 1982 por la mañana el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, llama a Carlos Robles Piquer a La Moncloa a pedirle que presente su dimisión como Director general de RTVE. El posicionamiento de los medios ante este cese era el inverso que con la caída de Fernando Castedo. PSOE y PCE celebraban su dimisión forzada, mientras que Alianza Popular la lamentaba.
30 Junio 1982
Meter la pata por inercia
Ineficacia y dejación de funciones en grado sumo han coincidido en la gestación y posterior emisión del reportaje ‘Golpe de Estado a la Turca’ por TVE.
Para quien conozca mínimamente las estructuras que imperan en Prado del Rey, la frase de un miembro de la Comisión de Control Parlamentario de RTVE, de que ha sido el mayor gol metido en la portería de España en estos Mundiales, no puede estar más fuera de la realidad.
Nadie en TVE ha querido meter un gol, ni González Green, ni Castro Beraza, ni Robles Piquer, y tampoco Pedro Macía, que repitió el reportaje tres días después en Canarias. Así no se hacen las cosas en TVE, en Prado del Rey se mete la apta simplemente por inercia.
La gestación del reportaje se produjo así: Manolo Alcalá, reportero de ‘Secuencias del mundo’, lo propuso, pero tuvo que trasladarse a hacer otro trabajo y el encargo le cayó a González Green. El bueno de Jesús llegó a Ankara y se entusiasmo al ver que no tenía que levantar los brazos para cruzar de una calle a otra.
No contento con eso, se descolgó con unas declaraciones a un periódico de Ankara, en las que lo más suave que hace es aludir a la perfecta comunión del pueblo turco con el Ejército ‘que sacó a su país de la anarquía’, aunque, eso sí, más adelante dice que la situación de Turquía no tiene nada que ver con España. González Green fue el primero, pecó de inocente.
Homero Valencia, subdirector de informativos, fue el segundo. Vio el programa y, tras recortarle dos o tres intervenciones de comerciales a favor del golpe y hacer que se incluyeran los testimonios del director de cine y una mujer torturada en la cárcel, se fue a Castro Beraza, su jefe y le dio OK. Homero Valencia fue el principal irresponsable.
El siguiente fue Castro Beraza, aunque con el atenuante de que tiene que hacer caso a alguien, y el siguiente fue Robles Piquer, que se fio de la palabra de Castro Beraza, sabiendo que quien más agua caliente le ha puesto en el sillón ah sido, precisamente, su jefe de Informativos.
30 Junio 1982
Don Carlos
Una de las corruptelas más fáciles en una democracia naciente consiste en atomizar las responsabilidades. En buscarlas en los rincones en lugar de hacerlo en el centro del salón. Es un efecto de respuesta a las dictaduras, pero es una grave disfunción. En el Ente Público RTVE tenemos un buen ejemplo. Es evidente que la radio y la televisión estatales resultan más gubernamentales de lo debido y que sus contenidos, con cuantas excepciones quieran hacerse, no se corresponden con la demanda social. Pero eso no autoriza al Parlamento, ni a nadie, a «disparar sobre el pianista». Robles Piquer no es, en mi opinión, un buen director general del Ente y la emisión de un programa sobre Turquía y sus modalidades golpistas no parece especialmente adecuada para los momentos actuales de la vida española, pero todo ello no es motivo suficiente para que las fuerzas representativas se ceben, o traten de hacerlo, en la figura de Robles Piquer o en la de los autores del inoportuno reportaje turco [González Green, Homero Valencia]. La responsabilidad es, básicamente, de quienes nombraron a Robles Piquer. Ir descendiendo en la escala, impulsados por la anécdota de los días, a la búsqueda de «culpables» sobre quienes hacer recaer el peso de la «tele» no es un buen camino. Es algo que, en el mejor de los casos, sólo consigue desmoralizar a quienes han de fabricar los programas que se sirven a los sufridos españolitos. Observo en la gente de Prado del Rey, en donde hay un nutrido grupo de excelentes profesionales, el nivel de moral más bajo desde los días del viejo paseo de La Habana. Ese zarandeo permanente a que se ven sometidos, la presión política y las muchas imperfecciones de la famosa Ley 4/80, han disminuido la capacidad creadora y productiva de los teleservidores en perjuicio de su audiencia. Si la RTVE no funciona adecuadamente es una responsabilidad del Gobierno y, en última instancia, de su presidente. No será, en ningún caso, ni para el Parlamento ni para la opinión pública, algo limitado al señor Robles Piquer o a los autores de un reportajillo. Es demasiado pueril y elemental bajar tanto el punto de mira. Algo que, además, terminará provocando la imposibilidad de reclutar a nadie con cara y ojos dispuesto a enfrentarse con un puesto de responsabilidad en estas esferas de lo público. La TV hay que mejorarla en España, el país de una más baja renta de imágenes per cepita de todo el mundo occidental, por el camino de establecer su pluralismo y de sanear las estructuras del Ente Público, pero no disparando, con más saña que eficacia, contra algunas de sus figuras.
El Análisis
La imagen del general Kenan Evren, el dictador de Turquía, apareció ante Jesús González Green por TVE para reivindicar la lucha de su régimen contra el terrorismo y que las informaciones que acusaban a su Gobierno de represión y torturas eran «exageradas». Junto con él, profesores, académicos y periodistas se sucedieron en aquel reportaje para asegurar que el golpe fue necesario ante la incapacidad de los partidos políticos de contener la violencia y el terrorismo. Todo lo que decían era verdad. La represión y la tortura de Evren era tan cierta como que la situación antes del golpe eran sostenible y de no haber sido por el golpe el resultado inevitable hubiera sido una guerra civil. El problema, por tanto, no es que Jesús González Green emitiera ni un solo dato que no fuera verdad. Su reportaje no ocultaba los crímenes de la dictadura de Evren, sólo explicaba porque su dictadura se convirtió en algo inevitable.
En la España de 1982, traumatizada por intento de golpe de Estado que se había hecho en nombre de la lucha anti-terrorista era un resultado que no resultaba ‘conveniente’ emitir para no sentar la base de que estaba justificado dar golpes de Estado para frenar el terrorismo. No era, por tanto, un problema de veracidad, era un problema de conveniencia.
J. F. Lamata