11 febrero 1873
El intento de una monarquía parlamentaria que dejara atrás las monarquías absolutas
El rey de España Amadeo I abdica y abandona el país dando el paso a la I República presidida por Estanislao Figueras Moragas
Hechos
El 11.02.1873 D. Amadeo I de Saboya abdicó como Rey de España.
Lecturas
El 12 de febrero de 1873 la prensa española recoge la abdicación de D. Amadeo de Saboya como Rey de Italia por considerar este que no cuenta con el afecto de los españoles (era Rey desde 1871).
El día 13 de febrero de 1873 la prensa española recoge la proclamación de la I República.
El 12 de febrero de 1873 D. Estanislao Figueras Moragas asume la jefatura del Estado de España con el título de ‘presidente del Poder Ejecutivo de la República española’. Pertenece al Partido Republicano Federal. Permanecerá en el cargo hasta el 11 de junio de 1873.
EL IMPARCIAL
12-2-1873
El rey D. Amadeo I de España, elegido por la libérritas voluntad de la nación, se ha descendido la corona devolviéndola a las Cámaras que representan la soberanía nacional.
Mantenedor EL IMPARCIAL de la candidatura del ilustre príncipe para rey de España; defensor constante de la Constitución y de dinastía creada por las Cortes Constituyentes, hoy que nos deja el caballeroso, el leal, el digno vástago de la casa de Saboya, que durante dos años de reinado no ha dado motivo ni pretexto siquiera para que pueda formularse una queja sobre su digno proceder; hoy que al abandonar esta nueva patria, a donde no ha de volver, solo lleva consigo el recuerdo de tantas injusticias como recoge en todos los pueblos, y especialmente en España, al que ejerce un elevado cargo, acompaña el ilustre príncipe nuestro profundo respeto por la lealtad con que ha cumplido el pacto constitucional; nuestra gratitud, por todo el bien que ha procurado a esta trabajada nación; nuestro cariño, por su inteligente generosidad con la desgracia y la indigencia; nuestra admiración, por la grandeza de alma que ha demostrado renunciando la corona de una gran nación antes de consentir que para mantenerla derramarán una gota de sangre sus revoltoso y mal avenidos súbditos.
EL IMPARCIAL no fue ciertamente cortesano mientras el caballeroso rey y la reina en virtudes doña María Victoria han honrado el solio español; EL IMPARCIAL, diario monárquico-democrático sabe que esos nombres ya no pueden ser emblema para su escudo político, pero serán recuerdo glorioso de la empresa que con gran decisión y sinceridad acometimos para restaurar el principio monárquico bajo la égida de la libertad, para ser torpemente destruida por los especuladores políticos que más alardean el título de los monárquicos.
Fieles a nuestros antecedentes democráticos, acatamos respetuosamente todos los actos de la soberanía y la República Española tendrá en nuestras columnas el más holgado espacio para la defensa del ideal de la democracia, sin que el respeto que a nosotros nos debemos nos permita modificar lo fundamental sobre que descansan nuestras arraigadas convicciones, antecedentes y títulos políticos.
El Análisis
Don Amadeo de Saboya ha hecho las maletas. Ha abdicado con educación, con una melancolía casi italiana, y con el tono resignado de quien ha intentado ser rey en España sin haber nacido en sus tempestades. El llamado por muchos, con no poca mala leche, “Macarronini I”, podría haber sido, en otras circunstancias menos españolas, el primer gran monarca liberal de nuestra historia moderna. Pero aquí seguimos prefiriendo un mal rey de casa —como lo fue don Fernando VII, rey absoluto y absolutista— a un buen rey extranjero con ideas de apertura.
Don Amadeo quiso reinar con leyes, con respeto al Parlamento y sin imponer espadones ni cortesanas. Le respondimos con pronunciamientos, insultos y un desfile ininterrumpido de crisis ministeriales. Al final, dejó una carta honesta, reconociendo que este país, más que ingobernable, parece activamente decidido a no dejarse gobernar. Y ahora, para poner la guinda en el pastel de nuestra inestabilidad, las Cortes proclaman la República.
Una república sin repúblicanos, dirigida por el señor Estanislao Figueras, que no ha tenido ni tiempo de estrenar despacho antes de empezar a apagar fuegos. Porque seamos serios: esto no es Francia, ni mucho menos Suiza. Es España, mayoritariamente monárquica, dividida hasta en las provincias, y con la sospechosa costumbre de hacer de cada solución un nuevo problema. Se fue un rey decente, y llega el caos con banda institucional.
J. F. Lamata