21 enero 1871

El italiano Amadeo de Saboya se convierte en el Rey Amadeo I de España con el objetivo de instaurar una monarquía parlamentaria

Hechos

El 20 de enero de 1871 D. Amadeo de Saboya tomó posesión como Rey Amadeo I.

Lecturas

El 21 de enero de 1871 la prensa española informa de la toma de posesión de D. Amadeo de Saboya como nuevo Rey de España. El monarca expresa su deseo por instaurar una monarquía parlamentaria. Su gobierno nace tocado por la ausencia de D. Juan Prim Prats (asesinado el 31 de diciembre de 1870), el general que debía haber sido el principal valedor del nuevo monarca.

Su reinado durará hasta febrero de 1873. 

El Análisis

Macarronini I y el trono sin respaldo

JF Lamata

Don Amadeo de Saboya ya pisa suelo español, pero el trono que le espera en Madrid no parece hecho para descansar, sino para sobrevivir. El nuevo rey llega con buenas intenciones, eso nadie lo niega: un monarca constitucional, parlamentario, moderno, hasta ilustrado si se nos permite. Pero llega también solo, viudo político antes de coronarse, porque el único que le ofreció esta corona, el general don Juan Prim, fue asesinado antes de que pudiera entregársela en mano. A falta de padrino, el bautizo monárquico promete más zambullida que ceremonia.

La aristocracia, siempre afilada de lengua aunque torpe de afecto, ya le ha puesto mote: “Macarronini I”, como si el reino se hubiese entregado a un plato de cocina extranjera en vez de a un jefe de Estado. Para muchos, este rey no es más que un turista con corona, un experimento napolitano en un país que, aunque cambie de régimen como de chaqueta, sigue teniendo el alma más borbónica que nunca. Y eso que don Amadeo, en persona, no resulta antipático: viste bien, habla mejor, y ha llegado a pie al entierro de Prim, bajo la lluvia, sin más escolta que su dignidad.

Pero la dignidad no basta cuando se gobierna sobre un polvorín. Los partidos se pelean entre sí, los carlistas remueven viejos mapas, los republicanos hacen cálculos, y nadie —ni siquiera los más monárquicos— parecen dispuestos a sostenerle la escalera al nuevo rey. Que Dios le guarde, porque España, como de costumbre, anda distraída.

J. F. Lamata