28 julio 2009
Los dirigentes del Partido Popular defienden la honorabilidad del responsable de sus finanzas
Luis Bárcenas dimite como tesorero del Partido Popular tras ser implicado en el ‘caso Gürtel’ pero sigue siendo senador del PP
Hechos
El 28.07.2009 el Partido Popular anunció que D. Luis Bárcenas había dimitido como tesorero.
Lecturas
Desde el inicio de la investigación del llamado caso Gürtel se especulaba con la posibilidad de que el senador D. Luis Bárcenas Gutiérrez, tesorero del Partido Popular desde 2008, pudiera ser una de las personas que hubieran recibido sobornos por parte del entramado de empresas de D. Francisco Correa Sánchez a cambio de ayudar que este obtuviera adjudicaciones para sus empresas de eventos de administraciones del PP.
El 16 de junio de 2009 D. Vicente Martínez Pujalte, diputado del Partido Popular, fue el primer cargo del partido que en público recomendaba al Sr. Bárcenas Gutiérrez que dimitiera. El 25 de junio de 2009 era el vicesecretario de Comunicación del PP, D. Esteban González Pons el que declaraba que la petición de dimisión no era sólo la opinión del Sr. Martínez Pujalte, sino la opinión de ‘muchos compañeros que piensan como él’.
El 12 de julio de 2009, tras conocer que D. Luis Bárcenas Gutiérrez ha decidido conceder su primera entrevista tras el estallido del escándalo al periódico ABC, el diario El Mundo de D. Pedro J. Ramírez Codina pide la dimisión del Sr. Bárcenas al que acusa de querer chantajear a la cúpula del partido. El día 13 de julio de 2009, el mismo día que ABC publica la entrevista al Sr. Bárcenas firmada por D. José Antonio Navas Rodríguez en la que este asegura que la financiación del Partido Popular es correcta y sin ningún tipo de ‘caja B’, el diario El País publica una información de D. Carlos Elordi Cue en la que se asegura que el Sr. Bárcenas Gutiérrez se jacta de tener papeles e información comprometida de dirigentes del PP como Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma. La presidenta del PP de Madrid comparecerá a los periodistas para retar al Sr. Bárcenas Gutiérrez a que haga pública toda la información que tenga sobre él.
El 22 de julio de 2009 D. Luis Bárcenas Gutiérrez comparece por primera vez ante el Tribunal Supremo y, finalmente el 2008 se anuncia que ha demitido como tesorero del Partido Popular, aunque seguirá siendo senador. Ni el Partido Popular ni el Sr. Bárcenas Gutiérrez informan entonces de que seguirá teniendo despacho en Génova y cobrando mensualmente un sueldo sin que se conozcan sus funciones.
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EL NUEVO TESORERO ROMAY, NO ASUMIRÁ LAS FUNCIONES HASTA DENTRO DE UN AÑO DESPUÉS
12 Julio 2009
Rajoy debe acabar con el chantaje de Bárcenas al PP
QUE EL PP está sufriendo un chantaje de su tesorero y senador Luis Bárcenas parece cada día más claro. La expresión puede sonar fuerte pero eso es lo que está sucediendo: Bárcenas ha asegurado en unas declaraciones a la cadena Cope que sólo dimitirá «de forma transitoria» cuando el Tribunal Supremo pida el suplicatorio al Parlamento, ya que sigue gozando de «la confianza» de Rajoy. Según mantiene en esa entrevista, nadie en la dirección del partido le ha pedido que dimita y con el único que ha hablado «directamente» del asunto es con Rajoy.
Ello no es cierto, porque, como EL MUNDO revela hoy, Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, le pidió el pasado 3 de julio en la sede de Génova que renunciara al cargo de forma inmediata. Bárcenas se negó, argumentando que su abogado, Miguel Bajo, le había aconsejado que permaneciera en el puesto de tesorero.
Bárcenas se lo está poniendo muy difícil a Rajoy, ya que ha contratado a su propio abogado y a un asesor de imagen al margen del partido. Va diciendo que no se atreven a echarle porque sabe demasiado y amenaza con «llevarse por delante» a Esperanza Aguirre e Ignacio González o con revelar datos comprometedores sobre la boda de la hija de Aznar.
En una reciente columna de Raúl del Pozo, que causó conmoción en el partido, una persona que podía ser el propio Bárcenas o alguien que hablaba en su nombre tachaba de «retrasada mental» a la propia María Dolores de Cospedal, número dos en Génova.
Llegados a este punto, a Rajoy no le queda otra alternativa que exigir la dimisión de Bárcenas, cuya permanencia en el cargo cuestiona su autoridad. Rajoy no puede tolerar que el tesorero diga en público que él es quien va a decidir cuándo deja la dirección y que, en cualquier caso, su salida se hará «de forma transitoria».
Bárcenas va a ser imputado por graves delitos, entre ellos, el de haber aceptado sobornos a cambio de contratos y favores. No puede, por tanto, administrar los tiempos ni decir que su dimisión será «transitoria».
Y menos aceptable todavía es que vaya por el mundo amenazando a sus compañeros de partido y jactándose de que goza de apoyos como los de Álvarez Cascos, Arenas o Ana Mato. De seguir así, corre el riesgo de convertirse en el Rafael Vera del PP, amagando de forma permanente con el chantaje de oscuros secretos.
Si Bárcenas tiene algo que decir, que lo diga de una vez. Que no se calle nada de lo que sabe, pero que, acto seguido, dimita para no provocar más daño al PP. Ayer, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega volvió a insistir en que los ciudadanos merecen «explicaciones».
Igualmente, sería deseable que Cascos, Mato y Arenas se desmarcaran públicamente de Bárcenas, aprovechando su buena relación personal para pedirle que abandone el cargo de tesorero.
Habrá quien argumente que Bárcenas merece la presunción de inocencia. Ello vale en el plano de lo penal pero no en el político. No puede seguir en la dirección del PP cuando pesan sobre él sospechas de delitos tan graves como el cohecho. Por otro lado, Bárcenas no ha dado todavía una justificación convincente del enorme incremento de su patrimonio.
En última instancia, el responsable de su permanencia es Rajoy, que afirmó hace unas semanas que no quiere cometer «una injusticia». Rajoy tiene que defender los intereses y la imagen del partido y, por ello, sólo le queda la opción de exigir la inmediata dimisión de Bárcenas.
13 Julio 2009
Bárcenas cuenta a su entorno que se llevó del PP cajas con papeles
Las mieles del éxito en las europeas se van disipando y el PP recibe un disgusto casi a diario. Mariano Rajoy, siempre tranquilo, algo que sus más cercanos achacan a que en 30 años en política ha visto de todo y sabe que al final los escándalos se reconducen, sigue evitando cualquier pregunta de los periodistas, como si el asunto no fuera con él. Pero en Génova, la sede central del partido, los dirigentes están muy nerviosos porque muchos creen que debería dar un golpe en la mesa y echar ya a su tesorero, Luis Bárcenas, al que él nombró hace sólo un año. El senador no sólo se ha enrocado en su negativa a dimitir hasta que el Tribunal Supremo pida el suplicatorio, sino que además está lanzando todo tipo de mensajes amenazantes.
A quien quiere escucharle, el tesorero ha llegado a narrar que él, que fue gerente durante 20 años, tiene información delicada de casi todos los dirigentes importantes y del partido. Como prueba de su fuerza, Bárcenas cuenta que se ha llevado a casa documentación comprometida. Hasta nueve cajas retiró el fin de semana pasado, según ha explicado él mismo estos días aunque sin aclarar el contenido de esos documentos.
«En el partido me tratan mucho peor que a Camps, y debería ser al revés, porque yo manejo una información delicada que Camps nunca tendrá y he cubierto las espaldas a mucha gente en estos años. Encima, yo ni siquiera estoy imputado, él sí», sentencia Bárcenas a las múltiples personas con las que ha tenido contacto estos días.
El tesorero hace llegar mensajes amenazantes a todo el mundo, e insiste una y otra vez en que él sólo dimitirá si se lo pide Rajoy. Su osadía llegó a tal nivel que el pasado lunes, en una reunión con el líder, le dijo a la cara: «Tú me nombraste, tú me puedes destituir. Si he perdido tu confianza me voy, pero no quiero que nadie me envíe señales de tu parte».
Rajoy, según fuentes de la dirección, le contestó que él no iba a pedirle la dimisión, que eso es una cuestión personal y que el tesorero debía manejar sus propios tiempos. Entonces, Bárcenas le exigió que controlara a las personas de su entorno y que dejara de mandarle emisarios, como Dolores de Cospedal, para animarle a marcharse. Rajoy, según las mismas fuentes, negó absolutamente que él hubiera enviado a ningún emisario y atribuyó cualquier presión a decisiones personales de los dirigentes. Sin embargo, la mayoría de los cuadros consultados asumen que el líder sí está presionando a Bárcenas a través de emisarios, y se ha instalado la sensación de que Rajoy no le pide directamente que se vaya por temor a una mala reacción de una de las personas con más información delicada dentro del PP.
Mientras el caso Bárcenas empeora, y Rajoy opta por esperar a lo que decida el Supremo, la preocupación con el caso Camps también crece internamente. El PP se ha dividido en dos. Los juristas, y esto incluye al entorno de quienes están preparando el recurso que se presenta hoy, ven muy complicado enfrentarse a un auto como el del juez José Flors, que detalla los elementos para probar que la red de Correa pagó varios trajes de Camps. Creen que si el presidente no puede probar de ninguna manera el pago de los trajes, la situación es muy delicada porque sí parece suficientemente probado -a través de facturas, correos electrónicos y documentos tanto de la red como de la tienda- que la red pagó esas prendas.
Sin embargo, los políticos, especialmente los valencianos, están convencidos de que Camps se puede salvar. Apelan a una decisión que ellos confían en que sea política y no jurídica, la que tendrán que tomar tres jueces, con toda probabilidad todos conservadores, cuando analicen el recurso que Camps presentará hoy.
Estos políticos aseguran que la presión ambiental para estos jueces está siendo muy fuerte, y creen que no asumirán la responsabilidad de acabar con la carrera política del hombre más poderoso de la Comunidad Valenciana. Las apuestas internas están abiertas y seguirán en los próximos días, pero la preocupación es creciente y la dificultad de los populares para hacer llegar sus mensajes políticos aumenta cada día.
14 Julio 2009
Avisen al taxidermista
Señor Tesorero Nacional del Partido Popular, don Luis Bárcenas, presente de inmediato su dimisión porque una vez que Jotapedro [Pedro J. Ramírez] le ha puesto en el punto de mira de su rifle de repetición su situación se hace insostenible. Ya está dado el encargo de que avisen al taxidermista para que se ocupe de convertirle en nuevo trofeo cinegético y sea incorporado a la galería instalada en el mundo mundial junto a los de las últimas piezas cobradas. Así por ejemplo la de Ramón Calderón, que hubo de abandonar la presidencia del Real Madrid; la de Mariano Bermejo, relevado del Ministerio de Justicia; o la de Alberto Saiz, defenestrado de la dirección del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). A estas alturas y con toda la mili que lleva hecha, más de veintiocho años en la gerencia y tesorería nacional del PP y de su antecesora Alianza Popular, debería saber que los mismos hechos adquieren distinta gravedad según el diario en que sean publicados.
Porque las referencias que puedan haber aparecido en las páginas de EL PAÍS sobre irregularidades o imputaciones delictivas de miembros del Partido Popular, incluida Su Señoría, resultan por completo inválidas para los lectores afines a esas siglas, inconmovibles si son buenos sectarios a cuanto les llega con esa denominación de origen.
Pero ¡ay! cuando la misma noticia figura inserta en las columnas del diario de la avenida de San Luis. Entonces, el protagonista puede considerarse políticamente sacrificado sin remisión en el altar de Génova 13. Además, las señales que anda enviando Bárcenas agravan su situación. Nadie retiraría durante un fin de semana de un despacho oficial asignado en la sede del partido las nueve cajas con documentación, que refiere en su crónica de EL PAÍS Carlos E. Cué, si su contenido fuera inocuo. Se trata, sin duda, de papeles comprometedores y además el fin de semana, como la nocturnidad, es una circunstancia agravante por mucho que ahora Luis Bárcenas diga poner la mano en la Biblia -mucho más templada que el fuego- para asegurar que la financiación del PP se ha llevado de libro y que no hay una sola irregularidad.
De manera que usted insiste en que no hay nada, absolutamente nada pero, en flagrante contradicción con esa negativa, ha preferido llevarse la documentación a casa para ponerla a buen recaudo a modo de escudo protector o de acta de acusación contra quienes pretendieran quitarle de en medio, como la secretaria general, María Dolores de Cospedal, o la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a quien habría amenazado con llevársela por delante, según informaba el domingo el diario en el que la buena gente pepera tiene puestas todas sus complacencias y al que su particular «garganta de seda» viene entregando sus más delicadas confidencias en forma de serial codificado. Un proceder, este de las gargantas profundas o de seda, que confirma la vigencia en el área de la información de esa particular adaptación del principio de incertidumbre de Heisenberg, según la cual las fuentes noticiosas se comportan de manera tanto más explícita cuanto mejor consideren garantizada la ocultación de su identidad y se producen de forma tanto más hermética cuanto más identificadas teman aparecer.
Pero por esa senda del amago no hay salida. Porque a todos aquellos que se sienten amagados, vale decir chantajeados, por hipotéticas revelaciones suyas sobre financiaciones o chorizadas varias sólo les queda la salida de reaccionar conminándole a usted a que las haga públicas para no quedar invalidados por la sospecha deshonrosa. Amigo Bárcenas, la disuasión nuclear era efectiva cuando la doctrina de la Mutua Destrucción Asegurada (MDA) bajo la condición silenciosa de no ser exhibida. Porque quien alardea de tener armas de destrucción masiva capaces de aniquilar la honorabilidad del prójimo, será incitado de modo irremediable a presentarlas y tanto si lo hace como si se abstiene quedará condenado. Deberá optar por sacrificarse en una escena de las de «¡muera Sansón y los filisteos!», propia de los suicidas del fanatismo islamista que esperan ser premiados con las huríes del Profeta, o tendrá que aguantar el canturreo irónico de «¡la manga riega, que aquí no llega!», abochornado por la consiguiente pérdida de credibilidad.
Un repaso somero, que va de José María Ruiz-Mateos, a Javier de la Rosa, pasando por Mario Conde, hubiera podido anticipar a Bárcenas el error de una opción, que siempre se convierte en atajo para entrar antes en el truyo.
P.D. Del CNI hablaremos el próximo día.
29 Julio 2009
Explosión controlada
Luis Bárcenas ha presentado su dimisión como tesorero del Partido Popular. Mantiene, sin embargo, su acta como senador por Cantabria. Con este gesto, Mariano Rajoy empieza, al fin, a depurar responsabilidades por la implicación de algunos altos cargos de su partido en la trama de corrupción dirigida por Francisco Correa. Se trata, con todo, de un gesto limitado, y no sólo por el hecho de que Bárcenas abandone su puesto de manera supuestamente transitoria, según se hace constar en los comunicados emitidos por el PP y el propio interesado; es limitado porque de los dos cargos que ostenta Bárcenas, uno orgánico y otro institucional, sólo deja el que podría afectar a la honorabilidad de su partido y no el que la compromete respecto a su representación en el Senado. Si la dirección nacional del PP estuviera convencida de la absoluta inocencia de Bárcenas tendría que haber actuado al revés: mantenerlo en su puesto orgánico y exigir el abandono del cargo de senador. Detrás de esta decisión asoma de nuevo, en consecuencia, una utilización de las instituciones como parapeto contra la acción de los tribunales.
Las diversas instancias judiciales por las que ha transitado la instrucción delcaso Gürtel, desde la Audiencia Nacional hasta el Tribunal Supremo, pasando por el Tribunal Superior de Madrid, han considerado que los indicios contra Bárcenas eran suficientes para imputarlo y, por tanto, la asunción de responsabilidades políticas era inevitable. La única incógnita es por qué el PP ha escogido este momento. Y, sobre todo, por qué lo ha escogido con la improvisación que ayer quedó de manifiesto en la sede de la calle de Génova: mientras la secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal, seguía defendiendo la continuidad de Bárcenas como senador y tesorero, éste trataba con Rajoy los términos de su dimisión. Una explicación política podría ser tal vez que los dirigentes del PP han visto en la ventaja electoral concedida por el último barómetro del CIS al PP sobre el PSOE una oportunidad para neutralizar los efectos negativos del abandono de Bárcenas y reforzar el liderazgo de Rajoy. La explicación judicial tendría que ver, en cambio, con la posibilidad de que sea inminente la tramitación del suplicatorio para procesar a Bárcenas, tras la deferencia del Tribunal Supremo al permitirle declarar bajo la insólita figura de «imputado provisional».
La explosión controlada que hay implícita en la dimisión de Bárcenas resuelve una parte de los problemas judiciales a los que se enfrenta el PP, pero a costa de acentuar otros. El presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, tiene a partir de ahora menos argumentos para no asumir responsabilidades políticas por la causa que tiene pendiente en el Tribunal Superior de Justicia de su comunidad. Y la dirección nacional del PP, por su parte, subraya el doble rasero con el que está abordando la situación judicial de sus distintos dirigentes. Al margen de que debería rendir cuentas por haber intentado desacreditar a jueces, fiscales y medios de comunicación para desviar la atención y transferir las responsabilidades de unos hechos que, finalmente, han llevado a la dimisión del tesorero del partido.
Aunque la dimisión se presente como transitoria, Rajoy ha ampliado su margen de actuación en el tratamiento político del caso Gürtel. Pero son muchos, y muy graves, los asuntos que quedan pendientes, sin contar con los que se van a añadir en los próximos días, vista la solidez de las pruebas que pesan sobre el Gobierno de Esperanza Aguirre por el espionaje político. Sería un error que el presidente del PP empleara ese margen para buscar la impunidad de los encausados, en lugar de hacerlo para desterrar la sombra de la corrupción que se cierne sobre su partido.
29 Julio 2009
La fontana de oro
29 Julio 2009
Una dimisión con el suplicatorio en los talones
Como dice el refrán castellano, más vale tarde que nunca. Luis Bárcenas presentó ayer su dimisión como tesorero del Partido Popular a Mariano Rajoy, una semana después de declarar ante el Tribunal Supremo por delitos de cohecho y fraude fiscal.
Un comunicado hecho público por el propio Bárcenas señala que la dimisión se ha producido «de mutuo acuerdo» con Rajoy, con el que se entrevistó al término de la reunión del comité ejecutivo del PP. Otro comunicado del PP le agradece los servicios prestados y señala que, por el momento, no se cubrirá el cargo de tesorero a la espera de que «se acredite su inocencia».
Aunque en círculos internos del partido se rumoreaba que Rajoy quería relevar a Bárcenas antes de acabar este mes de julio, lo cierto es que el procedimiento judicial se ha acelerado en las últimas horas y ello ha podido ser determinante. Ayer, a requerimiento urgente del juez instructor, el fiscal del Supremo se pronunció a favor de que continúe el procedimiento contra Bárcenas y el diputado Jesús Merino.
Para seguir la investigación penal y proceder contra ambos aforados, el Tribunal Supremo debe solicitar el suplicatorio al Parlamento a instancias del juez instructor, que probablemente dará este paso en los próximos días.
Por otro lado, Luis Bárcenas había declarado públicamente que él dimitiría como tesorero en el momento en que el Supremo pidiera el suplicatorio, lo que le dejaba ya muy poco margen para buscar una salida airosa.
Todo indica, pues, que a Bárcenas se le acababa el tiempo y que se ha visto obligado a dejar el cargo. Y ello, por una razón elemental: no era verosímil que el Supremo fuera a archivar la causa tras su declaración y teniendo en cuenta los indicios que existen en el sumario. Por el contrario, en su testimonio ante el juez y el fiscal, el tesorero del PP había aportado una documentación que necesariamente tendrá que ser investigada, al igual que su versión de que «Luis El cabrón» es el empresario Luis Delso, lo que éste ha negado de forma tajante.
La inminencia de la petición de suplicatorio del juez a la Sala de lo Penal, que con toda probabilidad respaldará su criterio y cursará la petición al Parlamento, ha sido lo que ha forzado probablemente la dimisión de Bárcenas.
Es lo mejor que podía hacer por su partido, ya que era imposible que continuara en el cargo de tesorero tras las graves acusaciones que el Supremo está investigando sobre el cobro de sobornos a cambio de contratos. Nadie le puede negar la presunción penal de inocencia, pero era impensable que Bárcenas continuara administrando las cuentas del PP mientras la Justicia le imputa por tan graves delitos.
Su resistencia numantina a dimitir había creado un grave problema de autoridad a Mariano Rajoy, cada vez más presionado por Dolores de Cospedal y otros muchos dirigentes del partido para que forzara la salida de Bárcenas, sin contar con el desgaste de imagen que ha sufrido el PP durante estos últimos meses.
Otro refrán castellano dice que bien está lo que bien acaba. Rajoy podrá irse de vacaciones más tranquilo tras la dimisión de Bárcenas, que ahora podrá dedicar todas sus energías a defenderse. Falta le hará porque los indicios que obran en su contra son muy sólidos. Es una pena que haya tenido que sentir la inminencia del suplicatorio pisándole ya los talones para dar el obligado paso de apartarse de la arena pública.