31 enero 1951

Elecciones Brasil 1951 – El ex dictador Getúlio Vargas vuelve al poder ahora por la vía democrática

Hechos

El 31.01.1951 Getúlio Vargas reasumió la jefatura del Estado en Brasil.

Lecturas

Vargas había dimitido en 1945.

A los cinco años de haber sido depuesto, Getúlio Vargas vuelve a ser presidente del Brasil. Lo decidió el voto mayoritario a su favor en las elecciones de octubre de 1950.

En su discurso de investidura Vargas ha resaltado la necesidad de intensificar la producción agrícola, suprimir la especulación, colaborar con Estados Unidos en el fomento de la economía, brindar apoyo a la Organización de Naciones Unidas y sostener la paridad del crucero.

Vargas se presentó a las elecciones como candidato del Partido Trabalhista Brasileiro, y derrotó por una holgada mayoría a sus rivales de la Unión Democrática Nacional (Eduardo Gómez) y del Partido Socialdemócrata (Cristiano Machado). En la anterior legislatura, que siguió a su derrocamiento en octubre de 1945, Vargas fue elegido diputado por nueve estados senador por dos, sin haber pronunciado un solo discurso ni haber abandonado su retiro en San Borja.

Su apoyo fue decisivo en la elección del presidente que le sucedió Euricio Gaspar Dutra.

Getúlio Vargas se suicidará en 1954. 

El Análisis

Vargas regresa, ¿dictador reciclado o demócrata renacido?

JF Lamata

El 31 de enero de 1951, Getúlio Vargas regresó al poder en Brasil, esta vez a través de las urnas, tras imponerse en las elecciones presidenciales. Apenas seis años antes había caído en desgracia, forzado a renunciar en 1945 al final del Estado Novo, su régimen autoritario. Durante ese tiempo, el país vivió bajo la presidencia de Eurico Gaspar Dutra, un general que promovió la apertura democrática, redactó la Constitución de 1946 y alineó a Brasil con los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. Pero para muchos, Vargas nunca se fue del todo: su carisma, su red clientelar y su influencia en el movimiento obrero y en el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) hicieron que permaneciera en la sombra como el “padre de los pobres”, aguardando el momento de volver.

Su retorno plantea una paradoja: ¿es Vargas ahora un demócrata convencido o simplemente un dictador reciclado que aprovecha la legalidad para reinstalarse en el poder? El ex caudillo supo leer el clima social de posguerra: la población urbana y los trabajadores industriales lo seguían viendo como el garante de derechos laborales y de mejoras sociales, frente a una élite conservadora recelosa. A diferencia de su etapa de mano dura, su segundo mandato se enmarca en un régimen constitucional, con instituciones parlamentarias que limitan su poder. Sin embargo, su estilo personalista y su tendencia a concentrar decisiones hacen que la pregunta sobre si volverá a tentar al autoritarismo esté lejos de resolverse.

En política exterior, Vargas navega entre tensiones. Brasil sigue siendo un socio estratégico de Estados Unidos, aunque el presidente reclama más beneficios concretos a cambio de ese alineamiento, sobre todo en materia de inversiones industriales y energéticas. Con la España de Franco, mantiene relaciones frías, marcadas por el aislamiento internacional del régimen español en esos años. Con la URSS, apenas existen vínculos: la Guerra Fría encajona a Brasil en el bloque occidental, aunque Vargas mantiene cierta retórica nacionalista que incomoda a Washington. Su gran apuesta no está tanto en el exterior como en casa: el impulso al desarrollo industrial, el fortalecimiento de Petrobras y la idea de un Brasil autónomo y moderno. El dilema sigue siendo el mismo: ¿será este Vargas el constructor de la democracia social brasileña, o el eterno caudillo incapaz de convivir con ella?

J. F. Lamata