18 diciembre 1989
El apoyo del presidente saliente José Sarney a Lula fue señalado como factor que pudo perjudicarle
Elecciones Brasil 1989 – El derechista Collor de Mello se convierte en el primer presidente democrático derrotando al izquierdista Lula
Hechos
El 17.12.1989 se celebraron elecciones presidenciales en Brasil que proclamaron presidente del país a Fernando Collor de Mello.
Lecturas
El mandato del Sr. Collor de Mello durará hasta su destitución en 1992.
Brasil culminó en 1989 una transición iniciada varios años antes: el 15 de noviembre, exactamente veintinueve años después de las últimas presidenciales directas, concurrieron nada menos que 22 candidatos. Los principales fueron Fernando Collor de Mello, joven gobernador de Alagoas presentado por el pequeño PRN como liberal, modernizador y «cazador de marajás» —funcionarios privilegiados—; Luiz Inácio Lula da Silva, antiguo obrero metalúrgico y dirigente sindical, fundador del izquierdista Partido dos Trabalhadores; Leonel Brizola, histórico dirigente laborista del PDT; Mário Covas, por el recién creado PSDB; Paulo Maluf, por el PDS; y Ulysses Guimarães, uno de los grandes protagonistas civiles de la democratización, por el desgastado PMDB. Collor ganó la primera vuelta con aproximadamente 28,5%, mientras Lula, con alrededor del 16,1%, consiguió por escaso margen arrebatar a Brizola la segunda plaza. El 17 de diciembre, ya en segunda vuelta, Collor derrotó a Lula por 35.089.998 votos contra 31.076.364: contando únicamente los votos válidos, aproximadamente 53% frente al 47%. Su compañero de candidatura era Itamar Franco; el de Lula, José Paulo Bisol.
Las siguientes elecciones presidenciales en Brasil serán en 1994.
–
El Grupo Globo, con Collor
24 Noviembre 1989
Tanteo en Brasil
La primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas ha ratificado los pronósticos más generalizados, sin dejar resuelto quién va a ser el primer mandatario elegido democráticamente en el país desde 1959. El populista de derecha Fernando Collor de Melo (Partido de Renovación Nacional) y el sindicalista de izquierda Luiz Inacio, Lula, da Silva (que lidera el joven Partido del Trabajo, pero que para estos comicios encabeza una coalición con la izquierda radical, el Frente Popular de Brasil) han obtenido los dos primeros lugares, por lo que disputarán la segunda y definitiva vuelta el próximo 17 de diciembre.Fernando Collor, que casi con el 30% del voto ha quedado en primer lugar, es, según las opiniones más extendidas en el mundo político e intelectual brasileño, un producto de laboratorio, sobre todo televisivo, que apela a los sentimientos más elementales de la opinión: ataca a la corrupción e ineficacia del Gobierno, por otra parte evidentes, y promete una renovación, pero no un cambio profundo. Su partido tiene las raíces económicas, sociales e históricas plantadas en los mismos medios que han hecho de Brasil una empresa abierta al expolio de las riquezas del país.
Lula, por su parte, es un líder indiscutiblemente honrado que propugna un socialismo de contornos mal explicados, pero democrático. Hasta sus partidarios más fervientes admiten, sin embargo, que es más un sindicalista radical que un político, y que su partido parece escasamente preparado para gobernar. Leonel Brizola, tercero ya no en discordia, puesto que ha quedado apartado -aunque por escasísimo margen- de la segunda vuelta, resultaba más verosímil, al menos desde el punto de vista europeo, como candidato a oponer a Collor. Su socialismo, antaño muy radical, ha adquirido en los años de la recuperación democrática un tono socialdemócrata a la europea.
Aunque la polarización de todo el voto de izquierda en torno a Lula es más complicada, la elección no está decidida. Collor no ha cesado de bajar en las encuestas desde que anunció su candidatura en agosto y podría haber alcanzado el techo de sus posibilidades en la primera vuelta. Aun así, su fuerza electoral es grande. Sin embargo, si en la segunda vuelta Lula contara, como podría ocurrir a juzgar por las declaraciones de los líderes perdedores, con la mayoría de los votos del Partido Democrático del Trabajo de Brizola, con los de los comunistas de Freire y con al menos parte de los del centro-derecha de Mario Covas, el candidato del Frente Popular de Brasil tendría una opción real de alcanzar la presidencia. Pero faltan aún tres semanas, y, en ese tiempo, los vuelcos de coaliciones y las deserciones de votantes pueden hacer que el panorama cambie radicalmente más de una vez.
18 Diciembre 1989
Esperanza para Brasil
Según los primeros datos fiables recogidos en la madrugada de hoy, el candidato del centro-derecha, Fernando Collor de Mello, es virtualmente nuevo presidente de Brasil, superando por un escaso pero suficiente margen al candidato de la izquierda radical, Lula da Silva. Pese al extremado fuego verbal desplegado durante la campaña, la jornada ha transcurrido sin incidentes y el tono general ha sido moderado y conciliador. Esta actitud permite concebir serias esperanzas . Brasil, octava potencia industrial del mundo, auténtico gigante de Iberoamérica, atraviesa sin embargo una muy difícil situación económica y un periodo de precariedad institucional. La deliberada voluntad modernizadora de Collor representa, en ese sentido una posibilidad evidente de progreso. Si Da SIlva, cuyo respaldo popular no ha sido en absoluto desdeñable, mantiene unas posiciones igualmente moderadas, Brasil tendrá ante sí una de las etapas más esperanzadoras de su historia.
El Análisis
La verdadera victoria de estas elecciones está en que hayan podido celebrarse. El golpe de 1964 había instaurado un régimen militar que, aunque mantuvo determinadas instituciones civiles y elecciones legislativas controladas, impidió durante más de dos décadas que los brasileños eligieran directamente al presidente. La dictadura se fue desmontando gradualmente y en 1985 el colegio electoral escogió al opositor moderado Tancredo Neves frente a Paulo Maluf; pero Neves enfermó antes de tomar posesión y murió, dejando la Presidencia en manos de su vicepresidente, José Sarney, personaje paradójico porque había hecho buena parte de su carrera dentro del partido que había sostenido al régimen militar. Sarney tuvo que pilotar la democratización y la Constitución de 1988, pero llega al final políticamente triturado por la inflación, la deuda, el deterioro económico y el fracaso de sus sucesivos planes de estabilización. Eso ayuda a explicar que los candidatos de las estructuras tradicionales sean barridos por dos hombres que se presentan como rupturistas: Collor por la derecha y Lula por la izquierda. El hecho de que en la segunda vuelta Sarney pidiera el voto para Lula, pareció perjudicar, más que beneficiar su candidatura.
Mucho más seria es la controversia sobre Roberto Marinho y el Grupo Globo. El episodio más comprometedor llegó después del último debate Collor-Lula del 14 de diciembre. Globo emitió al día siguiente en el Jornal Nacional un resumen que fue acusado de seleccionar los mejores momentos de Collor y los peores de Lula, además de conceder al primero alrededor de minuto y medio más. El PT recurrió ante el Tribunal Superior Electoral y hasta actores de la propia Globo protestaron; significativamente, la propia Memória Globo reconoce actualmente que aquella edición favoreció a Collor y que el episodio llevó a la cadena a decidir que en adelante no editaría debates políticos de esa manera. Eso no permite afirmar seriamente que «Globo hizo presidente a Collor»: ganó por más de cuatro millones de votos válidos, pero tampoco puede negarse que el grupo de Roberto Marinho ayudó a construir un clima favorable al candidato y que su tratamiento del último debate fue impropio de la neutralidad que cabría exigir al medio más poderoso del país. Collor recibe así una democracia recuperada, pero una economía casi incendiada: deberá frenar la hiperinflación, reducir una deuda pública gigantesca, modernizar un Estado ineficiente y demostrar que detrás del espectacular candidato televisivo existe un gobernante. Y tendrá otra dificultad: ha llegado a la Presidencia desde un partido minúsculo, sin una gran estructura parlamentaria propia. Brasil ha conseguido finalmente elegir presidente; ahora tendrá que descubrir si Fernando Collor sabe gobernar con la misma eficacia con la que supo venderse como el hombre destinado a salvarlo.
JF