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El que fuera el primer Jefe de Estado democrático del país es derribado tras apenas dos años en el poder

La Cámara de Diputados destituye al Presidente de Brasil, Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción

HECHOS

El 30.09.1992 La Cámara de Diputados de Brasil suspendió por 441 votos a favor y 38 en contra a Fernando Collor de Mello como presidente del país.

30 Septiembre 1992

El vía crucis de Collor

José Comas

El hermano del presidente abrió hace cuatro meses la 'caja de Pandora'

En su número del pasado 24 de mayo, la revista brasileña Veja publica una entrevista con Pedro Collor de Mello, hermano menor del presidente. Pedro acusa a Collor de que el empresario Paulo César Farias -tesorero de la campaña electoral de su hermano, conocido por las siglas de su nombre, PC- es testaferro del presidente y cobra comisiones en su nombre: «30% para él [Collor] y 70% para mí [Farias]». Pedro añade que su hermano consumió cocaína y le indujo a tomarla. Collor replica en la televisión que todo era mentira, y anuncia una querella criminal contra su hermano.

El 1 de junio se constituye la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) sobre Farias. Pedro Collor confirma sus denuncias. PC declara el día 9 y admite haber cometido fraude en su declaración de la renta y sobre los gastos de la campaña electoral de Collor.El 9 de junio el secretario de Collor, Claudio Vieira, reconoce haber mantenido negocios con las empresas de Farias y cinco días más tarde el ex presidente de la empresa pública Petrobras, Luis Octavio da Motta Veiga, denuncia en Veja las presiones de Farias y del entorno de Collor para conceder préstamos a la compañía aérea privatizada Vasp en condiciones perjudiciales para la entidad que presidía. El día 17, el empresario Takeshi Imai saca a la luz pública la existencia. del esquema PC en el Ministerio de Salud para recaudar comisiones de los proveedores.

El 21 de junio Renán Calheiros, ex diputado del Partido de la Reconstrucción Nacional (PRN) y pionero de la candidatura de Collor, después enemistado con él, declara a Veja que había advertido al presidente sobre los negocios sucios de Farias. Collor niega en la televisión las declaraciones de Calheiros.

El 27 de junio la revista Istoé publica una entrevista con Eriberto Freire Franca, chófer de la secretaria de Collor, Ana Acioli. El chófer declara que Farias depositaba cheques en las cuentas de la secretaria, encargada de pagar los gastos de Collor y su familia. Franca ratificó después ante la CPI sus declaraciones.

Rosinete, la secretaria

El 29 de junio, el diario O Globo revela las conexiones telefónicas entre Farias y el gabinete presidencial. Collor niega en televisión haber mantenido relaciones económicas con Farias y asegura que su secretario Vieira proveía sus cuentas. El 3 de julio, la CPI descubre que la secretaria de Farías, Rosinete Melanias, depositaba fondos en las cuentas de la secretaria. de Collor. El 5 y 7 de julio, el diario Folha de Sao Paulo publica documentos que muestran las transacciones, por medio de personas interpuestas, entre Farias y Collor, para la venta de solares vecinos a la Casa da Dinda, residencia del presidente y su familia en Brasilia.

A partir del 7 de julio la CPI empieza a descubrir la presencia de fantasmas, personas inexistentes que abrían cuentas y efectuaban ingresos en las cuentas de la secretaria de Collor. Después la CPI averigua que la secretaria de Farias manejaba varias cuentas de fantasmas. El 27 de julio, el secretario de Collor, Vieria, lanza la operación Uruguay, una descabellada entelequia bancaria, para justificar los ingresos exorbitantes en la cuenta de la secretaria de Collor. Se trataba de justificar los ingresos a base de créditos y compra de oro a través de Montevideo. Una secretaria del empresario y play boy de Sao Paulo Alcides Diniz, amigo personal de Collor, declara que los documentos de la operación Uruguay se prepararon con la participación de Farias y varios hombres del entorno de Collor.

Sigue la lluvia de cheques de fantasmas percibidos por personas próximas a Collor. Dimiten el ministro de Educación, José Godemberg, y el portavoz presidencial, Pedro Luiz Rodrigues. El 13 de agosto Collor lanza la idea de que el pueblo le manifieste su apoyo saliendo a la calle con los colores de la bandera nacional. La propuesta se convierte en un bumerán: las calles se llenan de miles de manifestantes con ropas negras para exigir la destitución de Collor.

El 21 de agosto, la CPI descubre que dinero de Collor y sus amigos se libró de la congelación de fondos impuesto por el plan Collor el 15 de marzo de 1990, tras la toma de posesión presidencial.

El 24, el informe de la CPI concluye que Collor deshonra el cargo de presidente y que recibió 6,5 millones de dólares (unos 650 millones de pesetas) del llamado esquema PC, la red de relaciones y cuentas de Farias, que habían sido llenadas con las coimas y negocios sucios de tráfico de influencias. La CPI aprueba el informe, por 16 votos contra cinco, y la petición para iniciar el proceso de destitución.

El 28 de agosto la esposa de Collor, Rosane, es condenada a devolver el dinero público, gastado en una fiesta, que se considera privada, en honor de una amiga. Ese mismo día los ministros de Collor firman un pacto de gobernabilidad por el que se comprometen a permanecer en sus puestos para que el Gobierno no quede paralizado. Collor anuncia el 30 de agosto en televisión que no piensa dimitir.

El 9 de septiembre, Collor pide al Tribunal Supremo Federal (TSF) que la Cámara de Diputados vote en secreto sobre el proceso de destitución y que se amplíe el plazo para su defensa. El día 12, el fiscal general de la República, Arístides Junqueira, envía una lista de 15 preguntas a Collor por tener «indicios vehenientes» de que el presidente ha cometido delitos en el desempeño de su cargo y que pueden originar un procesamiento penal. El día 17, doña Leda, la madre del presidente, sucumbe a la tensión y sufre tres infartos que la dejan en un coma de 1 que aún no ha salido. Collor acude a visitarla al. hospital y es abucheado.

La secretaria de la esposa de Collor declara que parte del dinero recibido de Farias se dedicó a la Casa da Dinda.

El 23 de septiembre el Tribunal Supremo falla contra las peticiones de Collor de ampliar el plazo para su defensa y votación secreta. La CPI aprueba al día siguiente el inicio del mecanismo para votar el procedimiento de destitución.

01 Octubre 1992

El Collor del dinero

Alfonso Rojo

Desde la votación que precedió al aguillotinamiento de Luis XVI, no se había visto nada igual. Los diputados de un Parlamento nacional votando a viva voz en contra y, sobre todo, en favor del procesamiento del señor presidente. El procedimiento produce asombro. Casi tanto, como comprobar lo fina que resulta la piel de la civilización en lugares como Brasil. Collor de Mello parece el profeta de la modernización, es joven y se viste a la última moda, pero bajo el barniz palpita el corazón de un corrupto cacique rural. El derrotado presidente es originario de Alagoas, un estado olvidado de la mano de Dios, donde 27 familias acaparan el 40% de los ingresos. Una de las grandes aportaciones de Alagoas al nutrido patrimonio de la corrupción brasileña es el «voto carbono». Una vez visitada la urna, los lugareños deben presentar al «jefe» una copia de su papeleta hecha con papel de calco para poder recibir la «gratificación». El sistema lleva aparejadas dosis de intimidación «corporal». El progenitor del defenestrado presidente se hizo célebre por disparar sobre un colega en pleno Senado, errar el tiro y matar a otro político. La falta absoluta de moralidad demostrada por Collor de Mello durante sus 30 meses en el cargo y sus ínfulas «imperiales» son el reflejo lógico de los valores de un terrateniente del nordeste. Un señorito que llegó prometiendo progreso y lo que hizo fue trasplantar a la Brasilia el vicioso estilo político de Alagoas. El escarmiento de ayer es insuficiente para «limpiar» las altas esferas brasileñas, pero servirá de aviso. El golpe militar perpetrado en Brasil en los años «60» fue el preludio de cuartelazos en todo el continente. Los «Esquadrons da Morte» brasileños precedieron a los siniestros grupos parapoliciales de los países vecinos. Ahora, en cambio, están funcionando las instituciones democráticas y no sería malo para Latinoamérica que, también esta vez, cundiera el ejemplo.

01 Octubre 1992

Brasil ejemplar

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Hasta el último momento, los partidarios de Collor pensaban contar con 200 diputados para impedir la destitución del presidente brasileño: sólo 38 han votado a su favor, mientras 441 optaron por, su caída. Estas cifras dan idea de la poderosa ola de condena popular que, sacudiendo a todo el país, ha logrado cambiar radicalmente la correlación de fuerzas en un Congreso en. el que, hasta ahora, Collor había tenido un apoyo mayoritario.Sin duda, un factor esencial ha sido la votación pública, y además en vísperas de unas elecciones locales en las que no pocos diputados son candidatos para cargos municipales. La amplitud de la protesta contra las corrupciones en las que se ha visto « envuelto Collor ha afectado a todas las esferas de la vida nacional. La eventualidad de que el presidente no fuese destituido era analizada por una de las principales instituciones financieras en estos términos: «La inestabilidad económica aumentará, no habrá reforma fiscal, el déficit público estallará y la inflación subirá aún más velozrnente». El voto del Congreso ha evitado lo peor, una seria agravación de la crisis.

El rasgo más significativo de este proceso político es que se ha desarrollado dentro del orden constitucional. Cada poder ha desempeñado su función: el judicial, el legislativo, incluso el ejecutivo, ya que los ministros decidieron asegurar la gobernabilidad del país (y el de Economía, proseguir la negociación de la deuda.externa), pero distanciándose de un presidente cuya conducta, a la luz de las investigaciones, aparecía cada vez más culpable. Además, y por primera vez desde hace un siglo, el Ejército, pese a la grave crisis nacional, no ha mostrado ninguna veleidad intervencionista: ha permanecido callado, obedeciendo a la legalidad. Es sin duda una mutación histórica.

Todo ello ha sido posible gracias al funcionamiento de la Constitución de 1988, que permitió que una prensa libre denunciara los hechos ante la opinión pública. Si en el agitado movimiento popular que se ha levantado contra el presidente se dan algunos rasgos de un populismo que tanto ha pesado en la historia de Brasil, esta vez -y es una novedad decisiva- el movimiento ciudadano se ha enmarcado en el sistema constitucional. Ello confirma el juicio del senador Henrique Cardoso en el sentido de que asistimos a «la expresión de la vitalidad de la democracia brasileña».

Con todo, la decisión del Congreso no va a operar ningún milagro. De momento, Collor queda destituido para 180 días, en espera de que el Senado decida su eliminación definitiva. Así ocurrirá con toda probabilidad, sobre todo a la vista de los resultados de la votación de los diputados. Ello anuncia una etapa en la que el vicepresidente Itamar Franco, personalidad de escaso relieve, asumirá la jefatura del Estado en una situación económica y social dificilísima y con un sistema político cuyos muchos defectos han salido a la luz en la presente crisis. Collor fue elegido gracias, sobre todo, a la televisión; su partido político no era sino una agrupación de amigos. Esta experiencia ha enfriado el entusiasmo que hubo anteriormente por la elección directa del jefe de Estado. En todo caso, el pueblo brasileño deberá decidir en 1993 sobre la forma de elegir a su presidente.

La reacción de la sociedad brasileña contra la posible corrupción presidencial ha sido ejemplar. Indica que una práctica admitida hasta ahora (con más o menos discreción) en numerosos países de Latinoamérica choca cada vez más con la conciencia cívica de los pueblos. La ciudadanía, y sus parlamentarios, ha demostrado en Brasil que es la democracia la que elimina la corrupción, y se fortalece al hacerlo.

04 Diciembre 1992

La traición de Collor

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

ELEGIDO CASI clamorosamente a la presidencia de Brasil hace tres años, Fernando Collor de Mello está a punto de ser destituido con ignominia. El triunfador de hacel.000 días no ha resultado el paladín democrático de los descamisados que pretendía ser, sino sólo el de su propio bolsillo, poco más que un niño mimado y consentido embarcado en una espiral de inmoralidad y delito que le ha costado el puesto.El Senado brasileño aprobó el miércoles el informe de la comisión investigadora especial: Collor es reo de corrupción y prevaricación. Confirma así el veredicto (casi una condena popular) emitido por la Cámara de Diputados el pasado 29 de septiembre, cuando por 441 votos a favor y 38 en contra suspendió provisionalmente al presidente. Abre, además, el camino para su enjuiciamiento por el propio Senado el próximo día 22 y su posterior destitución formal. Más aún, es muy probable que la Cámara apruebe el levantamiento de su inmunidad jurisdiccional para que la justicia ordinaria le procese por delitos comunes.

Con la destitución de Collor se cerrará una etapa de degradación generalizada en cuyo final ha desempeñado un importante papel la presión popular. Y vale la pena recordar que hace dos meses, coincidiendo con el principio del fin de Collor, en los comicios municipales, la izquierda tradicional tuvo avances espectaculares, sobre todo en las grandes ciudades, Río, Sáo Paulo y Belo Horizonte, indicativo de que la marea está cambiando.

30 Diciembre 1992

La caída de Collor

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

FERNANDO COLLOR de Mello, presidente en suspenso de Brasil, dimitió ayer de su cargo cuando el Senado había empezado a discutir su más que probable destitución. Hacía meses que su desgracia política se había consumado. Cuando, en julio pasado, visitó España con ocasión de la 11 Cumbre Latinoamericana, Collor ya tenía a la opinión pública brasileña en su contra: había estallado el escándalo de su enriquecimiento ¡lícito y de las prácticas de inmoralidad en su Administración. Como consecuencia de ello y de las revelaciones y acusaciones, a finales de septiembre, la Cámara de Diputados, por aplastante mayoría, suspendió a Collor cautelarmente en el ejercicio de la presidencia. El 4 de diciembre, el Senado aprobaba el informe de una comisión investigadora especial: el presidente era reo de prevaricación y corrupción. Se abría así el camino para su enjuiciamiento, tanto por el Senado como por los tribunales civiles.Como Richard Nixon hace dos décadas, Collor ha preferido dimitir antes que pasar por el trago de su juicio público. En, el caso de Nixon, se suspendía ipso facto el procedimiento. Pero, a juzgar por las manifestaciones de los senadores brasileños en la sesión de ayer, nadie garantiza a Collor que con su dimisión se librará del enjuiciamiento político y, menos aún, del penal por la vía ordinaria.

Que un escándalo de esta naturaleza ocurra en Brasil, un país en el que la corrupción es moneda corriente, es revelador del nivel de displicente inmoralidad del ya ex presidente. Collor, que, con su imagen de juventud y eficacia, había prometido revolucionar los modos políticos de la vida brasileña cuando fue elegido de manera fulgurante hace tres años, ha caído víctima de su propia inmoralidad y de la de su entorno. En palabras de un intelectual brasileño, ha pagado el precio de la incongruencia entre su proyecto de modernización y su personalidad política tradicional.

Hace tres años, Fernando Collor de Mello irrumpía en la política nacional brasileña con un mensaje de fuerte reforma económica, de represión de la corrupción, de reducción del gasto público, de limitación del gigantesco tamaño del funcionariado. Congeló depósitos bancarios, precios y salarios, aplicó un duro programa de estabilización económica, consiguió rebajar la inflación a dos dígitos. Parecía que, por fin, había llegado a Brasil la modernidad y que podía concebirse la esperanza de que, a las expectativas de desarrollo del que se anunciaba como gigante latinoamericano del siglo XXI, correspondería una Administración limpia y ágil. Todos estaban enamorados de Collor.

Hasta que su hermano menor, enfadado con él por un quítame allá esas pajas, le acusó de enriquecimiento ¡lícito y de costumbres personales más que reprobables. Apareció entonces en escena un curioso personaje, Paulo César Farías, que había sido tesorero de su campaña presidencial y al que se acusaba de inundar las cuentas corrientes del presidente con millones de dólares conseguidos con amenazas y extorsiones., Pese a las protestas de inocencia de Collor, todo resultó ser verdad. Tras una larga y penosa etapa de investigaciones en el Congreso y por la policía federal, se demostró que las acusaciones eran ciertas. Y empezaron las deserciones políticas en masa. De ellas, la más importante, la que, en última instancia, ha acabado con él, ha sido la de su mentor político, Roberto Marinho-, el propietario del gigante de la comunicación O Globo.

Se abre para Brasil una etapa nueva y sin duda traumática. Siempre lo es un aldabonazo de ese calibre en una sociedad, por muy acost umbrada que esté a la anarquía económica, al caciquismo político y a la inmoralidad social. . El nuevo presidente, Itamar Franco -que ya lo era interino-, tiene por delante una ardua tarea de reconciliación nacional y reconstrucción de la moralidad pública. En ella, el riesgo mayor no es la involución militar, sino la medida en que la clase politica sea capaz de responder al reto que le ha planteado una sociedad cansada de corrupción.

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