30 septiembre 1992
El que fuera el primer Jefe de Estado democrático del país es derribado tras apenas dos años en el poder
La Cámara de Diputados destituye al Presidente de Brasil, Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción
Hechos
El 30.09.1992 La Cámara de Diputados de Brasil suspendió por 441 votos a favor y 38 en contra a Fernando Collor de Mello como presidente del país.
Lecturas
CRONOLOGÍA DE LA CAÍDA DE COLLOR:
1989-1990 | El presidente de la nueva democracia. Fernando Collor de Mello, joven gobernador de Alagoas y candidato de una formación prácticamente construida alrededor de su persona, el PRN, vence a Lula en diciembre de 1989 y asume la Presidencia el 15 de marzo de 1990. Es el primer presidente elegido directamente por los brasileños desde 1960 y llega presentándose como el modernizador que acabará con los privilegios de los marajás de la Administración. A su lado aparece ya Paulo César «PC» Farias, empresario alagoano y tesorero de su campaña, sin cargo institucional relevante pero con enormes contactos alrededor del nuevo poder. El Gobierno emprende privatizaciones y liberalización económica, pero el traumático bloqueo de depósitos del Plan Collor, la inflación y la recesión erosionan rápidamente la extraordinaria popularidad inicial del presidente.
1991-principios de 1992 | PC Farias se convierte en problema. Empiezan a circular denuncias sobre los negocios de PC Farias y sobre su capacidad para obtener dinero de empresarios interesados en decisiones gubernamentales. Al mismo tiempo aparecen otros escándalos en el Ejecutivo. En marzo de 1992, Veja publica la grabación en la que el exministro de Trabajo Antônio Rogério Magri admite haber recibido 30.000 dólares. Collor intenta reaccionar remodelando su Gobierno, pero el problema ya no consiste en un ministro concreto: empieza a extenderse la impresión de que alrededor de la Presidencia funciona una estructura informal de intermediarios.
Mayo de 1992 | El hermano acusa al presidente. La bomba procede de la propia familia. Pedro Collor de Mello, hermano menor del presidente y responsable de los negocios periodísticos familiares en Alagoas, estaba enfrentado con PC Farias. Entrega documentación a la revista Veja y en su edición de finales de mayo acusa públicamente a PC de ser testaferro de Fernando Collor y de dirigir una red de cobro de comisiones y tráfico de influencias con conocimiento del presidente. La acusación resulta devastadora precisamente porque no procede de Lula ni de la oposición, sino del hermano del jefe del Estado. Collor responde acusándolo prácticamente de desequilibrio mental y anuncia acciones judiciales. Pedro se somete a exámenes psicológicos y continúa hablando.
Junio | La CPI y PC Farias. El Congreso crea una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI). Pedro Collor ratifica sus acusaciones y PC Farias comparece durante horas ante los parlamentarios. El antiguo tesorero admite irregularidades fiscales, pero niega dirigir una estructura corrupta al servicio del presidente. Sin embargo, comienzan a aparecer testimonios de antiguos colaboradores. El expresidente de Petrobras Luís Octávio da Motta Veiga denuncia presiones del entorno de PC; Renan Calheiros, antiguo dirigente próximo a Collor, asegura que había advertido al presidente de las actividades de Farias.
27-29 de junio | El chófer y los teléfonos. Dos revelaciones aproximan por primera vez el dinero de PC al entorno personal del presidente. IstoÉ publica el testimonio de Eriberto França, chófer de Ana Acioli, secretaria particular de Collor. França explica que dinero procedente del entramado de PC servía para pagar gastos personales de la familia presidencial y posteriormente ratifica sus declaraciones ante la CPI. Dos días después, O Globo publica registros que muestran numerosas comunicaciones telefónicas entre las empresas de PC Farias y dependencias del Gobierno, debilitando la defensa presidencial de que el empresario era simplemente un antiguo colaborador electoral con el que ya no mantenía relaciones.
Julio | El dinero llega a la Casa da Dinda. Las investigaciones siguen el rastro de cheques y cuentas utilizados para sufragar gastos privados del presidente. Veja publica nuevas pruebas relativas a pagos vinculados a PC Farias y la Policía Federal encuentra documentación comprometedora. La cuestión deja progresivamente de ser «¿era PC Farias corrupto?» para convertirse en «¿se benefició personalmente Collor del dinero administrado por PC?». La respuesta que va construyendo la CPI apunta hacia la residencia presidencial, la Casa da Dinda, cuyos gastos y costosa reforma aparecen vinculados al entramado financiero investigado.
Agosto | Los caras-pintadas. El escándalo salta definitivamente de los periódicos a las calles. Estudiantes con el rostro pintado —los célebres caras-pintadas— encabezan manifestaciones reclamando el impeachment. Collor intenta demostrar que todavía conserva apoyo popular y pide a los brasileños que el 16 de agosto salgan vestidos con los colores verde y amarillo. Sus adversarios responden vistiendo de negro y las calles ofrecen una imagen políticamente demoledora para el presidente. La movilización contra Collor adquiere ya carácter nacional. La televisión, incluida Rede Globo, ofrece una enorme cobertura de las protestas y de las investigaciones parlamentarias.
24-26 de agosto | La CPI condena políticamente a Collor. El senador Amir Lando, relator de la comisión, presenta sus conclusiones después de 85 días de investigación. El informe establece conexiones entre Collor y el denominado «esquema PC» y considera que el presidente se benefició de fondos de origen irregular. La CPI aprueba el informe por 16 votos contra 5. Ya no se trata únicamente de revelaciones periodísticas: una investigación del propio Congreso ha proporcionado la base política para iniciar el procedimiento constitucional.
1 de septiembre | Petición de impeachment. Dos figuras de enorme autoridad institucional, Barbosa Lima Sobrinho, presidente de la Associação Brasileira de Imprensa, y Marcello Lavenère, presidente de la Ordem dos Advogados do Brasil, presentan formalmente ante la Cámara la petición de impeachment. Collor se niega a dimitir. Mientras tanto, la Fiscalía y la Policía Federal continúan estrechando el cerco sobre PC Farias.
Septiembre | Los periódicos y las televisiones contra el presidente. A estas alturas prácticamente todo el gran sistema informativo brasileño investiga el caso. Veja había desempeñado el papel detonante con las acusaciones de Pedro Collor y continuó publicando exclusivas sobre los pagos y la Casa da Dinda. IstoÉ consiguió una pieza decisiva con el chófer Eriberto França. O Globo documentó las comunicaciones entre el entramado PC y el Gobierno, mientras Folha de S.Paulo realizó un seguimiento sistemático del Collorgate, sus movimientos financieros y el procedimiento parlamentario. Rede Globo, cuya cobertura de las presidenciales de 1989 había sido acusada por el PT de favorecer a Collor frente a Lula, dedica ahora amplísimos espacios del Jornal Nacional a la CPI y transmite en directo momentos decisivos del proceso. El presidente que tres años antes había dominado formidablemente la política televisiva comprueba que ya no controla el relato.
29 de septiembre | 441 votos. La Cámara de Diputados debe decidir si autoriza el procesamiento del presidente. Collor necesita impedir que la oposición alcance los dos tercios; fracasa espectacularmente. En una sesión seguida masivamente por televisión, 441 diputados votan a favor de continuar el impeachment. Sólo 38 lo rechazan, con una abstención. La dimensión de la derrota demuestra que el presidente no sólo ha perdido la opinión pública: se ha quedado prácticamente sin aliados en el Congreso.
2 de octubre | Itamar Franco. El Senado abre formalmente el proceso y Collor queda apartado temporalmente de la Presidencia. El vicepresidente Itamar Franco, político mineiro de perfil muy diferente al del presidente y que llevaba tiempo distanciándose de él, asume interinamente la jefatura del Estado. El Brasil que había elegido conjuntamente la fórmula Collor-Franco en 1989 contempla cómo el vicepresidente se convierte en la garantía constitucional de continuidad mientras se juzga al presidente.
29 de diciembre | La última maniobra. Cuando el Senado está a punto de decidir definitivamente su suerte, Collor presenta su dimisión, intentando hacer desaparecer el objeto del procedimiento y, especialmente, evitar la inhabilitación política. El Senado rechaza en la práctica esa salida: continúa el juicio y, por 76 votos contra 3, le impone la pérdida de los derechos políticos durante ocho años. Itamar Franco pasa a ser definitivamente presidente de Brasil.
30 Septiembre 1992
El vía crucis de Collor
En su número del pasado 24 de mayo, la revista brasileña Veja publica una entrevista con Pedro Collor de Mello, hermano menor del presidente. Pedro acusa a Collor de que el empresario Paulo César Farias -tesorero de la campaña electoral de su hermano, conocido por las siglas de su nombre, PC- es testaferro del presidente y cobra comisiones en su nombre: «30% para él [Collor] y 70% para mí [Farias]». Pedro añade que su hermano consumió cocaína y le indujo a tomarla. Collor replica en la televisión que todo era mentira, y anuncia una querella criminal contra su hermano.
El 1 de junio se constituye la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) sobre Farias. Pedro Collor confirma sus denuncias. PC declara el día 9 y admite haber cometido fraude en su declaración de la renta y sobre los gastos de la campaña electoral de Collor.El 9 de junio el secretario de Collor, Claudio Vieira, reconoce haber mantenido negocios con las empresas de Farias y cinco días más tarde el ex presidente de la empresa pública Petrobras, Luis Octavio da Motta Veiga, denuncia en Veja las presiones de Farias y del entorno de Collor para conceder préstamos a la compañía aérea privatizada Vasp en condiciones perjudiciales para la entidad que presidía. El día 17, el empresario Takeshi Imai saca a la luz pública la existencia. del esquema PC en el Ministerio de Salud para recaudar comisiones de los proveedores.
El 21 de junio Renán Calheiros, ex diputado del Partido de la Reconstrucción Nacional (PRN) y pionero de la candidatura de Collor, después enemistado con él, declara a Veja que había advertido al presidente sobre los negocios sucios de Farias. Collor niega en la televisión las declaraciones de Calheiros.
El 27 de junio la revista Istoé publica una entrevista con Eriberto Freire Franca, chófer de la secretaria de Collor, Ana Acioli. El chófer declara que Farias depositaba cheques en las cuentas de la secretaria, encargada de pagar los gastos de Collor y su familia. Franca ratificó después ante la CPI sus declaraciones.
Rosinete, la secretaria
El 29 de junio, el diario O Globo revela las conexiones telefónicas entre Farias y el gabinete presidencial. Collor niega en televisión haber mantenido relaciones económicas con Farias y asegura que su secretario Vieira proveía sus cuentas. El 3 de julio, la CPI descubre que la secretaria de Farías, Rosinete Melanias, depositaba fondos en las cuentas de la secretaria. de Collor. El 5 y 7 de julio, el diario Folha de Sao Paulo publica documentos que muestran las transacciones, por medio de personas interpuestas, entre Farias y Collor, para la venta de solares vecinos a la Casa da Dinda, residencia del presidente y su familia en Brasilia.
A partir del 7 de julio la CPI empieza a descubrir la presencia de fantasmas, personas inexistentes que abrían cuentas y efectuaban ingresos en las cuentas de la secretaria de Collor. Después la CPI averigua que la secretaria de Farias manejaba varias cuentas de fantasmas. El 27 de julio, el secretario de Collor, Vieria, lanza la operación Uruguay, una descabellada entelequia bancaria, para justificar los ingresos exorbitantes en la cuenta de la secretaria de Collor. Se trataba de justificar los ingresos a base de créditos y compra de oro a través de Montevideo. Una secretaria del empresario y play boy de Sao Paulo Alcides Diniz, amigo personal de Collor, declara que los documentos de la operación Uruguay se prepararon con la participación de Farias y varios hombres del entorno de Collor.
Sigue la lluvia de cheques de fantasmas percibidos por personas próximas a Collor. Dimiten el ministro de Educación, José Godemberg, y el portavoz presidencial, Pedro Luiz Rodrigues. El 13 de agosto Collor lanza la idea de que el pueblo le manifieste su apoyo saliendo a la calle con los colores de la bandera nacional. La propuesta se convierte en un bumerán: las calles se llenan de miles de manifestantes con ropas negras para exigir la destitución de Collor.
El 21 de agosto, la CPI descubre que dinero de Collor y sus amigos se libró de la congelación de fondos impuesto por el plan Collor el 15 de marzo de 1990, tras la toma de posesión presidencial.
El 24, el informe de la CPI concluye que Collor deshonra el cargo de presidente y que recibió 6,5 millones de dólares (unos 650 millones de pesetas) del llamado esquema PC, la red de relaciones y cuentas de Farias, que habían sido llenadas con las coimas y negocios sucios de tráfico de influencias. La CPI aprueba el informe, por 16 votos contra cinco, y la petición para iniciar el proceso de destitución.
El 28 de agosto la esposa de Collor, Rosane, es condenada a devolver el dinero público, gastado en una fiesta, que se considera privada, en honor de una amiga. Ese mismo día los ministros de Collor firman un pacto de gobernabilidad por el que se comprometen a permanecer en sus puestos para que el Gobierno no quede paralizado. Collor anuncia el 30 de agosto en televisión que no piensa dimitir.
El 9 de septiembre, Collor pide al Tribunal Supremo Federal (TSF) que la Cámara de Diputados vote en secreto sobre el proceso de destitución y que se amplíe el plazo para su defensa. El día 12, el fiscal general de la República, Arístides Junqueira, envía una lista de 15 preguntas a Collor por tener «indicios vehenientes» de que el presidente ha cometido delitos en el desempeño de su cargo y que pueden originar un procesamiento penal. El día 17, doña Leda, la madre del presidente, sucumbe a la tensión y sufre tres infartos que la dejan en un coma de 1 que aún no ha salido. Collor acude a visitarla al. hospital y es abucheado.
La secretaria de la esposa de Collor declara que parte del dinero recibido de Farias se dedicó a la Casa da Dinda.
El 23 de septiembre el Tribunal Supremo falla contra las peticiones de Collor de ampliar el plazo para su defensa y votación secreta. La CPI aprueba al día siguiente el inicio del mecanismo para votar el procedimiento de destitución.
01 Octubre 1992
El Collor del dinero
Desde la votación que precedió al aguillotinamiento de Luis XVI, no se había visto nada igual. Los diputados de un Parlamento nacional votando a viva voz en contra y, sobre todo, en favor del procesamiento del señor presidente. El procedimiento produce asombro. Casi tanto, como comprobar lo fina que resulta la piel de la civilización en lugares como Brasil. Collor de Mello parece el profeta de la modernización, es joven y se viste a la última moda, pero bajo el barniz palpita el corazón de un corrupto cacique rural. El derrotado presidente es originario de Alagoas, un estado olvidado de la mano de Dios, donde 27 familias acaparan el 40% de los ingresos. Una de las grandes aportaciones de Alagoas al nutrido patrimonio de la corrupción brasileña es el «voto carbono». Una vez visitada la urna, los lugareños deben presentar al «jefe» una copia de su papeleta hecha con papel de calco para poder recibir la «gratificación». El sistema lleva aparejadas dosis de intimidación «corporal». El progenitor del defenestrado presidente se hizo célebre por disparar sobre un colega en pleno Senado, errar el tiro y matar a otro político. La falta absoluta de moralidad demostrada por Collor de Mello durante sus 30 meses en el cargo y sus ínfulas «imperiales» son el reflejo lógico de los valores de un terrateniente del nordeste. Un señorito que llegó prometiendo progreso y lo que hizo fue trasplantar a la Brasilia el vicioso estilo político de Alagoas. El escarmiento de ayer es insuficiente para «limpiar» las altas esferas brasileñas, pero servirá de aviso. El golpe militar perpetrado en Brasil en los años «60» fue el preludio de cuartelazos en todo el continente. Los «Esquadrons da Morte» brasileños precedieron a los siniestros grupos parapoliciales de los países vecinos. Ahora, en cambio, están funcionando las instituciones democráticas y no sería malo para Latinoamérica que, también esta vez, cundiera el ejemplo.
01 Octubre 1992
Brasil ejemplar
Hasta el último momento, los partidarios de Collor pensaban contar con 200 diputados para impedir la destitución del presidente brasileño: sólo 38 han votado a su favor, mientras 441 optaron por, su caída. Estas cifras dan idea de la poderosa ola de condena popular que, sacudiendo a todo el país, ha logrado cambiar radicalmente la correlación de fuerzas en un Congreso en. el que, hasta ahora, Collor había tenido un apoyo mayoritario.Sin duda, un factor esencial ha sido la votación pública, y además en vísperas de unas elecciones locales en las que no pocos diputados son candidatos para cargos municipales. La amplitud de la protesta contra las corrupciones en las que se ha visto « envuelto Collor ha afectado a todas las esferas de la vida nacional. La eventualidad de que el presidente no fuese destituido era analizada por una de las principales instituciones financieras en estos términos: «La inestabilidad económica aumentará, no habrá reforma fiscal, el déficit público estallará y la inflación subirá aún más velozrnente». El voto del Congreso ha evitado lo peor, una seria agravación de la crisis.
El rasgo más significativo de este proceso político es que se ha desarrollado dentro del orden constitucional. Cada poder ha desempeñado su función: el judicial, el legislativo, incluso el ejecutivo, ya que los ministros decidieron asegurar la gobernabilidad del país (y el de Economía, proseguir la negociación de la deuda.externa), pero distanciándose de un presidente cuya conducta, a la luz de las investigaciones, aparecía cada vez más culpable. Además, y por primera vez desde hace un siglo, el Ejército, pese a la grave crisis nacional, no ha mostrado ninguna veleidad intervencionista: ha permanecido callado, obedeciendo a la legalidad. Es sin duda una mutación histórica.
Todo ello ha sido posible gracias al funcionamiento de la Constitución de 1988, que permitió que una prensa libre denunciara los hechos ante la opinión pública. Si en el agitado movimiento popular que se ha levantado contra el presidente se dan algunos rasgos de un populismo que tanto ha pesado en la historia de Brasil, esta vez -y es una novedad decisiva- el movimiento ciudadano se ha enmarcado en el sistema constitucional. Ello confirma el juicio del senador Henrique Cardoso en el sentido de que asistimos a «la expresión de la vitalidad de la democracia brasileña».
Con todo, la decisión del Congreso no va a operar ningún milagro. De momento, Collor queda destituido para 180 días, en espera de que el Senado decida su eliminación definitiva. Así ocurrirá con toda probabilidad, sobre todo a la vista de los resultados de la votación de los diputados. Ello anuncia una etapa en la que el vicepresidente Itamar Franco, personalidad de escaso relieve, asumirá la jefatura del Estado en una situación económica y social dificilísima y con un sistema político cuyos muchos defectos han salido a la luz en la presente crisis. Collor fue elegido gracias, sobre todo, a la televisión; su partido político no era sino una agrupación de amigos. Esta experiencia ha enfriado el entusiasmo que hubo anteriormente por la elección directa del jefe de Estado. En todo caso, el pueblo brasileño deberá decidir en 1993 sobre la forma de elegir a su presidente.
La reacción de la sociedad brasileña contra la posible corrupción presidencial ha sido ejemplar. Indica que una práctica admitida hasta ahora (con más o menos discreción) en numerosos países de Latinoamérica choca cada vez más con la conciencia cívica de los pueblos. La ciudadanía, y sus parlamentarios, ha demostrado en Brasil que es la democracia la que elimina la corrupción, y se fortalece al hacerlo.
04 Diciembre 1992
La traición de Collor
ELEGIDO CASI clamorosamente a la presidencia de Brasil hace tres años, Fernando Collor de Mello está a punto de ser destituido con ignominia. El triunfador de hacel.000 días no ha resultado el paladín democrático de los descamisados que pretendía ser, sino sólo el de su propio bolsillo, poco más que un niño mimado y consentido embarcado en una espiral de inmoralidad y delito que le ha costado el puesto.El Senado brasileño aprobó el miércoles el informe de la comisión investigadora especial: Collor es reo de corrupción y prevaricación. Confirma así el veredicto (casi una condena popular) emitido por la Cámara de Diputados el pasado 29 de septiembre, cuando por 441 votos a favor y 38 en contra suspendió provisionalmente al presidente. Abre, además, el camino para su enjuiciamiento por el propio Senado el próximo día 22 y su posterior destitución formal. Más aún, es muy probable que la Cámara apruebe el levantamiento de su inmunidad jurisdiccional para que la justicia ordinaria le procese por delitos comunes.
Con la destitución de Collor se cerrará una etapa de degradación generalizada en cuyo final ha desempeñado un importante papel la presión popular. Y vale la pena recordar que hace dos meses, coincidiendo con el principio del fin de Collor, en los comicios municipales, la izquierda tradicional tuvo avances espectaculares, sobre todo en las grandes ciudades, Río, Sáo Paulo y Belo Horizonte, indicativo de que la marea está cambiando.
30 Diciembre 1992
La caída de Collor
FERNANDO COLLOR de Mello, presidente en suspenso de Brasil, dimitió ayer de su cargo cuando el Senado había empezado a discutir su más que probable destitución. Hacía meses que su desgracia política se había consumado. Cuando, en julio pasado, visitó España con ocasión de la 11 Cumbre Latinoamericana, Collor ya tenía a la opinión pública brasileña en su contra: había estallado el escándalo de su enriquecimiento ¡lícito y de las prácticas de inmoralidad en su Administración. Como consecuencia de ello y de las revelaciones y acusaciones, a finales de septiembre, la Cámara de Diputados, por aplastante mayoría, suspendió a Collor cautelarmente en el ejercicio de la presidencia. El 4 de diciembre, el Senado aprobaba el informe de una comisión investigadora especial: el presidente era reo de prevaricación y corrupción. Se abría así el camino para su enjuiciamiento, tanto por el Senado como por los tribunales civiles.Como Richard Nixon hace dos décadas, Collor ha preferido dimitir antes que pasar por el trago de su juicio público. En, el caso de Nixon, se suspendía ipso facto el procedimiento. Pero, a juzgar por las manifestaciones de los senadores brasileños en la sesión de ayer, nadie garantiza a Collor que con su dimisión se librará del enjuiciamiento político y, menos aún, del penal por la vía ordinaria.
Que un escándalo de esta naturaleza ocurra en Brasil, un país en el que la corrupción es moneda corriente, es revelador del nivel de displicente inmoralidad del ya ex presidente. Collor, que, con su imagen de juventud y eficacia, había prometido revolucionar los modos políticos de la vida brasileña cuando fue elegido de manera fulgurante hace tres años, ha caído víctima de su propia inmoralidad y de la de su entorno. En palabras de un intelectual brasileño, ha pagado el precio de la incongruencia entre su proyecto de modernización y su personalidad política tradicional.
Hace tres años, Fernando Collor de Mello irrumpía en la política nacional brasileña con un mensaje de fuerte reforma económica, de represión de la corrupción, de reducción del gasto público, de limitación del gigantesco tamaño del funcionariado. Congeló depósitos bancarios, precios y salarios, aplicó un duro programa de estabilización económica, consiguió rebajar la inflación a dos dígitos. Parecía que, por fin, había llegado a Brasil la modernidad y que podía concebirse la esperanza de que, a las expectativas de desarrollo del que se anunciaba como gigante latinoamericano del siglo XXI, correspondería una Administración limpia y ágil. Todos estaban enamorados de Collor.
Hasta que su hermano menor, enfadado con él por un quítame allá esas pajas, le acusó de enriquecimiento ¡lícito y de costumbres personales más que reprobables. Apareció entonces en escena un curioso personaje, Paulo César Farías, que había sido tesorero de su campaña presidencial y al que se acusaba de inundar las cuentas corrientes del presidente con millones de dólares conseguidos con amenazas y extorsiones., Pese a las protestas de inocencia de Collor, todo resultó ser verdad. Tras una larga y penosa etapa de investigaciones en el Congreso y por la policía federal, se demostró que las acusaciones eran ciertas. Y empezaron las deserciones políticas en masa. De ellas, la más importante, la que, en última instancia, ha acabado con él, ha sido la de su mentor político, Roberto Marinho-, el propietario del gigante de la comunicación O Globo.
Se abre para Brasil una etapa nueva y sin duda traumática. Siempre lo es un aldabonazo de ese calibre en una sociedad, por muy acost umbrada que esté a la anarquía económica, al caciquismo político y a la inmoralidad social. . El nuevo presidente, Itamar Franco -que ya lo era interino-, tiene por delante una ardua tarea de reconciliación nacional y reconstrucción de la moralidad pública. En ella, el riesgo mayor no es la involución militar, sino la medida en que la clase politica sea capaz de responder al reto que le ha planteado una sociedad cansada de corrupción.
El Análisis
Fernando Collor quedará unido a una extraordinaria paradoja histórica. Fue el primer presidente elegido directamente después de la dictadura militar, pero no exactamente el «primer presidente democrático» de la nueva etapa: José Sarney había encabezado desde 1985 el Gobierno civil surgido de la transición, aunque llegó a la Presidencia mediante elección indirecta y por la muerte de Tancredo Neves antes de tomar posesión. Collor sí era el primer jefe del Estado que podía decir que había recibido directamente el mandato de los brasileños desde Jânio Quadros en 1960. Llegó como joven modernizador, enemigo de los privilegios y cazador de marajás; abrió la economía, inició privatizaciones y quiso presentar Brasil como una potencia moderna. Pero carecía de un verdadero gran partido, gobernaba mediante una coalición frágil y su programa económico había infligido un sacrificio extraordinario a los ciudadanos sin conseguir rápidamente la estabilidad prometida. Cuando Pedro Collor abrió la puerta de los negocios de PC Farias, el presidente carecía ya del prestigio económico, del respaldo parlamentario y finalmente del apoyo popular necesarios para cerrarla. El hombre que había llegado prometiendo limpiar Brasil termina acusado de beneficiarse de una estructura de intermediación instalada alrededor de su propia Presidencia.
Sin embargo, la caída de Collor puede ser una victoria de Brasil más que una derrota de su democracia. Dos décadas antes, una crisis semejante habría hecho mirar inmediatamente hacia los cuarteles. En 1992 son una revista, otros periódicos y televisiones, una comisión parlamentaria, fiscales, abogados, estudiantes manifestándose y finalmente 441 diputados quienes derriban políticamente al presidente. No hacen falta tanques. Ése es quizá el dato más importante. Pierden Collor, PC Farias y una clase de empresarios que había confundido proximidad al poder con derecho a comerciar con él; también queda golpeada la imagen de quienes habían apostado por Collor como gran renovación nacional. Ganan el Congreso, una prensa que ha demostrado capacidad para investigar incluso al hombre al que algunos de sus grandes medios habían favorecido electoralmente, y sobre todo Itamar Franco, que recibe inesperadamente dos años de Presidencia sin disponer de una verdadera fuerza política propia. También puede beneficiarse Lula: el hombre derrotado por Collor en 1989 contempla cómo su vencedor se destruye precisamente en aquello contra lo que el PT había construido buena parte de su discurso moral. Pero Itamar hereda un país con inflación, recesión, instituciones desacreditadas y un sistema partidista fragmentado. La pregunta que deja Collor no es sólo quién ocupará el Palacio del Planalto, sino si la democracia brasileña será capaz de demostrar que sabe hacer algo más difícil que expulsar a un presidente: gobernar mejor después de expulsarlo.
J. F.