20 junio 2010

Santos era el ministro de Defensa de Álvaro Uribe presentándose como un presidente con

Elecciones Colombia 2010 – Juan Manuel Santos Calderón (Partido de La U) gana por amplia mayoría a Antanas Mockus (Partido Verde)

Hechos

La segunda vuelta se celebró el 10 de junio de 2010.

02 Junio 2010

La tarea de Santos

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Leer

No se recuerda que un candidato presidencial haya perdido en Colombia una segunda vuelta con casi el 47% de los sufragios en la primera. Y si la diferencia con el segundo aspirante es de 25 puntos, la cosa parece ya más que bendecida.

Juan Manuel Santos Calderón, ex ministro de Defensa y delfín del presidente Álvaro Uribe, tan conservador como su ex jefe, se diría que ha desmentido a las encuestas que auguraban un codo a codo con el candidato de la oposición Antanas Mockus, exitoso ex alcalde de Bogotá y profesor universitario. Pero quizá no tanto. El voto del hijo de inmigrantes lituanos ha sido fundamentalmente urbano y en la ciudad mucha gente responde que votaría a fulano de tal y luego se va al campo a pasar el domingo. Es en el medio rural donde el voto es seguro, y ese ha sido del candidato oficialista.

Pero el vencedor simbólico ha sido Uribe. Sin su padrinazgo, Santos lo habría tenido mucho más difícil; sus votos llevan por ello la U de Uribe grabada a fuego, e incluso algunos de los de Mockus vienen de un uribismo que detesta las irregularidades y desafueros, quizá no responsabilidad directa del presidente colombiano, pero que tiznan gravísimamente los dos mandatos del líder aún en activo y enormemente popular. No es exagerado decir, por ello, que ese cuarenta y tantos por ciento que suele votar en Colombia valora más la victoria sobre la criminal guerrilla de las FARC que los llamados falsos positivos, los más de 2.000 campesinos a los que los militares dieron muerte para hacerlos pasar por guerrilleros y acumular, así, condecoraciones y recompensas.

El uribismo ha triunfado en unas elecciones cuya primera vuelta ha sido ejemplar para los estándares latinoamericanos. Pero que nadie prometa nada. Los presidentes colombianos se toman a sí mismos muy en serio, y no están a las órdenes de ningún ex, por mucha tutoría que este haya ejercido sobre ellos. El más que probable Gobierno de Santos será verosímilmente neoliberal, acendradamente pronorteamericano y tratará de rematar a la infausta guerrilla, pero también santista. Uribe ha destruido lo que quedaba del viejo sistema de partidos, con liberales y conservadores caídos a cifras abisales. Por el bien del país, el nuevo presidente debería obrar por la reconstrucción de ese andamiaje, aunque en clave de modernidad.

22 Junio 2010

Presidente Santos

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Leer
Los colombianos optan rotundamente por consolidar los logros de la etapa Uribe

La abrumadora victoria del candidato oficialista Juan Manuel Santos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales muestra hasta qué punto los colombianos han preferido consolidar los progresos de la era Uribe al idealismo y la ingenuidad política del ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus. El continuismo certificado por las urnas, al igual que la enorme abstención característica de Colombia, debería servir al presidente electo para evitar algunos de los errores y escándalos que han marcado la larga etapa de Álvaro Uribe, pese a la sostenida popularidad del mandatario saliente.

Santos, educado en EE UU, ha obtenido un inobjetable mandato para lidiar con los principales problemas de Colombia, algunos tan viejos como las declinantes guerrillas. Como titular de Defensa, el heredero político de Uribe ha dirigido los golpes más importantes asestados a las acorraladas FARC, una estrategia de confrontación absoluta que ha prometido mantener inmediatamente después de conocer su rotunda victoria electoral. Otros retos, como el déficit público o el elevado paro, son menos llamativos informativamente, pero parece claro que la agenda del próximo presidente colombiano, economista de formación, deberá ser mucho más social que la de su predecesor. El masivo voto del ámbito rural le recuerda que resulta imperativo combatir con denuedo las desigualdades sangrantes y la corrupción en un país donde casi la mitad de sus 45 millones de habitantes viven en la pobreza. Presumiblemente no le faltará apoyo parlamentario para construir una coalición funcional cuando asuma el cargo, en agosto; ya anuncian su colaboración los partidos conservadores y parte de la oposición liberal.

No es probable que en las tensas relaciones de Colombia con Venezuela o Ecuador la nueva presidencia aporte un cambio sustancial. Santos se declara incompatible con las políticas del excéntrico Hugo Chávez; y en Quito no le perdonan que autorizara en 2008 una operación contra la cúpula de las FARC en territorio ecuatoriano. Pero en el ámbito internacional, Bogotá mira sobre todo a EE UU, su principal aliado hemisférico, que aporta cientos de millones de dólares anuales a la lucha contra la insurgencia y el tráfico de cocaína. Juan Manuel Santos es ferviente partidario de elevar a nivel auténticamente estratégico esta asociación, tan mal vista por los vecinos izquierdistas de Colombia.