18 noviembre 1953

Elecciones Filipinas 1953 – Ramón Magsaysay (Partido Nacionalista) vence a Elpidio Quirino (del Partido Liberal)

Hechos

  • Ramón Magsaysay (Partido Nacionalista) – 255.273 votos
  • Elpidio Quirino (Partido Liberal) – 70.504 votos

Lecturas

Las anteriores elecciones en Filipinas fueron en 1949.

elpidioquirino  El hasta ahora presidente Elpidio Quirino, ha sido ampliamente derrotado.




Elecciones a la Presidencia de Filipinas:

Ramón Magsaysay (Partido Nacionalista) – 2.912.992 votos.

Elpidio Quirino (Partido Liberal) – 1.313.991 votos.

Elecciones la Vicepresidencia de Filipinas:

Carlos P. García (Partido Nacionalista) – 2.515.265 votos.

José Yulo (Partido Liberal) – 1.483.802 votos.

 

El Análisis

La hora de la alternancia

JF Lamata

La contundente victoria de Ramón Magsaysay en las elecciones presidenciales de Filipinas marca algo más que un simple relevo en el poder: inaugura por primera vez en la joven república una alternancia real entre partidos, afianzando un sistema bipartidista al estilo estadounidense, con el Partido Liberal y el Partido Nacionalista como protagonistas. Magsaysay, antiguo ministro de Defensa, ha derrotado con claridad al presidente saliente Elpidio Quirino, quien no ha sabido disipar la imagen de corrupción, clientelismo y agotamiento que rodeaba a su administración.

El Partido Nacionalista no solo se impone en la presidencia con una ventaja aplastante (más del doble de votos), sino también en la vicepresidencia, con Carlos P. García venciendo con holgura a su rival liberal. La clave del éxito de Magsaysay ha sido su perfil de hombre sencillo, de discurso enérgico contra la corrupción y su papel como firme defensor del orden frente a las guerrillas comunistas del Hukbalahap, ganándose así el apoyo del electorado rural y de Washington. En contraste, Quirino pagó el precio de haber gobernado un país con crecientes desigualdades, acusado de dejar que las élites urbanas se enriquecieran mientras la mayoría quedaba olvidada.

Con estas elecciones, Filipinas reafirma su voluntad de consolidar una democracia electoral aún joven, pero vibrante, bajo un sistema que ya empieza a parecerse —en forma, al menos— al modelo de la metrópoli estadounidense. Queda por ver si el nuevo presidente logrará traducir la legitimidad de su victoria en reformas reales que beneficien a los sectores más desfavorecidos. El bipartidismo ha echado raíces; ahora es el turno del buen gobierno.

J. F. Lamata