18 noviembre 1949

Satisfacción en Estados Unidos por la derrota del candidato pro-japonés

Elecciones Filipinas 1949 – Elpidio Quirino gana a José Laurel, colaborador de los japoneses durante la invasión

Hechos

  • Elpidio Quirino (Partido Liberal) – 80.199 votos
  • José Laurel (Partido Nacionalista) –  73.120 votos
  • José Avelino (Independiente) – 31.677 votos

Lecturas

Elpidio Quirino es presidente de Filipinas desde la muerte de su antecesor, Manuel Roxas. 

Resultados electorales para la presidencia:

Elpidio Quirino – Partido Liberal – 1.803.808 – 50.93%
José P. Laurel – Partido Nacionalista – 1.318,330 – 37.22%
José Avelino Rama – Avelinista del Partido Liberal – 419.890 – 11.85%

Resultados electorales para la vicepresidencia:

Fernando López – Partido Liberal – 1.341.284 – 52.19%
Manuel Briones – Partido Nacionalista – 1.184.215 – 46.08%
Vicente J. Francisco Rama – Avelinista del Partido Liberal – 44.510 – 1.73%

Las siguientes elecciones serán en 1953

El Análisis

Filipinas vota entre la memoria y el porvenir

JF Lamata

Las elecciones presidenciales celebradas en Filipinas en 1949 han puesto de manifiesto que la joven república no sólo ha heredado de Estados Unidos un modelo institucional, sino también un sistema político claramente bipartidista. En un proceso electoral ajustado y tenso, el actual presidente Elpidio Quirino, del Partido Liberal, ha conseguido revalidar su cargo frente a José Laurel, candidato del Partido Nacionalista y figura central durante la ocupación japonesa. Con este resultado, el país opta por la continuidad institucional y por mantener intacta la alianza estratégica con Estados Unidos.

La candidatura de José Laurel, sin embargo, plantea cuestiones que van más allá de la política doméstica. Ex-presidente durante los años oscuros de la ocupación nipona, Laurel ha logrado reconstruir su imagen pública hasta el punto de disputar la jefatura del Estado en condiciones casi igualitarias. A diferencia de lo ocurrido en Europa, donde los colaboracionistas como Tiso, Quisling o Petain fueron condenados o apartados, Laurel ha sido capaz de convencer a buena parte del electorado de que su papel no fue el de traidor, sino el de un pragmático obligado por las circunstancias a ejercer una presidencia tutelada para minimizar el sufrimiento de su pueblo. Su ascenso demuestra la complejidad del juicio histórico y cómo las heridas de la guerra pueden cerrarse con más rapidez cuando la reconstrucción nacional lo exige.

No obstante, el triunfo de Quirino —y también de su compañero de partido Fernando López como vicepresidente electo— será recibido con alivio en Washington. En plena Guerra Fría, con China comunista emergiendo al norte y con los ecos aún recientes de la insurgencia Hukbalahap, Estados Unidos necesita una Filipinas alineada, estable y previsible. Y en este contexto, Quirino representa la garantía de continuidad institucional, de colaboración estrecha y de fidelidad a los valores democráticos que se espera de uno de los principales aliados asiáticos de Occidente.

J. F. Lamata