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El nuevo presidente, del Partido de la República Islámica, estará a las órdenes del Líder Supremo

Elecciones Irán 1981 (2) – Victoria aplastante de Ali Jamenei, el candidato de Jomeini, con más del 95% de los votos

HECHOS

El 5.10.1981 Sayer Ali Jamenei fue proclamado vencedor de las elecciones a la presidencia de Irán.

04 Octubre 1981

Jameini, presidente de un Irán roto

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

EL 96%, característico de toda elección amañada, ha dado la presidencia de la República Islámica de Irán al hojatoleslam Alí Jamenei, el «candidato de Dios», el «mártir viviente» -herido y medio paralizado en un atentado- que representa la corriente integrista, de la que es uno de los principales cerebros. Es la primera vez que un hombre de religión ocupa la Presidencia de la República. El significado que se puede dar a esta elección-designación es el de que el poder emanado del imán Jomeini no está dispuesto a la menor concesión, al más leve pacto con las distintas fuerzas que combaten en el país. Quince mil mollahs -depositarios de la doctrina pura- 30.000 milicianos, tratan de sostener este poder, continuamente vulnerado por los atentados de una extraña eficacia -tanta que sólo pueden estar realizados desde el interior mismo del aparato del régimen-, mientras los militares se concentran en la zona fronteriza de Irak, donde se realiza una lenta guerra de posiciones -como si los dos adversarios evitasen emplearse a fondo- y en la zona del Kurdistán, donde hay guerrillas tribales.La elección de Jamenei para la Presidencia de la Repúblíca no tiene más importancia, como queda dicho, que la afirmación de una línea teocrática intransigente y el cumplimiento de un trámite constitucional, pero no modifica el terrible cuadro del país. Este cuadro se descompone en una acumulación de situaciones negativas: una guerra exterior, un fuerte terrorismo interior, un terrorismo de Estado, una oposición de numerosas cabezas en el exilio, un mundo occidental hostil, un mundo islámico que teme el contagio del revolucionarismo despertado por el imán, unas guerrillas tribales o raciales, una paralización casi absoluta del trabajo, una disminución grave en la producción de la riqueza del país -el petróleo- y una tensión pendiente de la vida de un hombre de 81 años, el imán Jomeini, que cree firmemente que es el intérprete único de Alá. Con este inventario de tragedias se puede difícilmente pronosticar un buen futuro; ni siquiera cualquier forma de futuro.

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