18 octubre 1996

La Alianza Liberal se impuso al FSLN

Elecciones Nicaragua 1996 – El liberal Arnoldo Alemán gana en las elecciones al líder sandinista Daniel Ortega

Elecciones Nicaragua 1996 – El liberal Arnoldo Alemán gana en las elecciones al líder sandinista Daniel Ortega

Hechos

Las elecciones presidenciales de Nicaragua de 1996 dieron la presidencia a Arnoldo Alemán.

Lecturas

El 20 de octubre de 1996, Nicaragua celebró sus segundas elecciones presidenciales desde la derrota del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1990. El principal candidato de la oposición antisandinista era Arnoldo Alemán Lacayo, abogado de 50 años, antiguo alcalde de Managua entre 1990 y 1995 y dirigente del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que encabezaba una coalición de formaciones conservadoras denominada Alianza Liberal. Alemán defendía la economía de mercado, la protección de la propiedad privada y una ruptura más decidida con la herencia de la revolución sandinista, aunque también criticaba la gestión económica del Gobierno saliente de Violeta Barrios de Chamorro. Su principal adversario era Daniel Ortega Saavedra, de 50 años, presidente de Nicaragua durante la década revolucionaria de los ochenta y máximo dirigente del FSLN, que aspiraba a regresar al poder seis años después de su derrota electoral. Ortega había moderado considerablemente su discurso, presentándose como un socialdemócrata partidario de la reconciliación nacional, la economía mixta y el respeto a la propiedad privada. Entre los candidatos minoritarios figuraban el pastor evangélico Guillermo Osorno Molina, de Camino Cristiano Nicaragüense; el conservador Noel Vidaurre Argüello; y el escritor Sergio Ramírez Mercado, antiguo vicepresidente de Ortega, que había roto con el FSLN para fundar el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), defensor de una izquierda democrática y crítica con el liderazgo de su antiguo compañero. La presidenta Chamorro, constitucionalmente impedida de presentarse a la reelección, concluyó su mandato sin designar un heredero electoral capaz de reproducir la amplia coalición antisandinista de 1990.

El resultado confirmó la victoria de Arnoldo Alemán, con el 51,03 % de los votos, frente al 37,75 % obtenido por Daniel Ortega, mientras Guillermo Osorno consiguió el 4,10 %, Noel Vidaurre aproximadamente el 2,3 % y Sergio Ramírez apenas el 0,4 %. La participación rondó el 77 % del censo. La ventaja de más de trece puntos permitió a Alemán superar el umbral legal del 45 % y ganar directamente la presidencia, sin necesidad de una segunda vuelta. El proceso electoral estuvo marcado por graves problemas organizativos, retrasos en la apertura de colegios y deficiencias en el reparto del material de votación, circunstancias que llevaron al FSLN a denunciar un supuesto fraude y a exigir la anulación de los resultados en varios territorios. Sin embargo, las misiones internacionales de observación, incluidas las de la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea, consideraron que las irregularidades no alteraban sustancialmente el resultado. El Consejo Supremo Electoral confirmó la victoria de Alemán, cuya proclamación definitiva se produjo el 23 de noviembre de 1996. En las elecciones parlamentarias, la Alianza Liberal obtuvo 42 escaños frente a los 36 del FSLN, lo que obligaba al nuevo presidente a buscar apoyos para gobernar. Alemán asumiría la presidencia el 10 de enero de 1997, poniendo fin a los seis años de gobierno de Violeta Chamorro y confirmando que el sandinismo, pese a conservar una sólida base electoral, seguía sin recuperar la confianza de la mayoría de los nicaragüenses.

Resultados de las elecciones presidenciales

Comparación entre las elecciones de 1990 y 1996. No hubo segunda vuelta en ninguno de los dos comicios.

Candidato Partido o coalición 1990 1996
Violeta Barrios de Chamorro UNO 54,74 % —
Daniel Ortega FSLN 40,82 % 37,75 %
Arnoldo Alemán Alianza Liberal — 51,03 %
Guillermo Osorno Camino Cristiano — 4,10 %
Noel Vidaurre Partido Conservador — ≈2,3 %
Sergio Ramírez MRS — ≈0,4 %
Otros candidatos Diversos 4,44 % ≈4,4 %
EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

09 Enero 1997

Adiós, Violeta

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Leer

UNA SEGUNDA transición comienza mañana en Nicaragua. El 25 de febrero de 1990, la revolución sandinista se jugó su futuro en las urnas y lo perdió ante una coalición derechista presidida por Violeta Chamorro. El pasado 20 de octubre, otra coalición aún más conservadora, dirigida por el ex alcalde de Managua Arnoldo Alemán, repetía victoria. En ambos casos los sandinistas han mantenido más del 35% del voto. Cuando se produce el traspaso de poderes cabe hacer balance de los seis años de la presidenta, figura discutida a derecha e izquierda, pero básicamente positiva para el país.La derecha la ha criticado por complaciente con el sandinismo, al que de hecho asoció al poder con la continuidad en la jefatura del Ejército de Humberto Ortega, hermano del ex presidente Ortega. Chamorro se negó también a deshacer las expropiaciones del régimen anterior y las adjudicaciones posteriores de las que se beneficiaron los propios líderes sandinistas.

Todo ello cabe adjetivarlo, desde posiciones menos beligerantes, como un esfuerzo de reconciliación nacional, una actitud pragmática, puesto que el sandinismo retenía en la Asamblea Nacional fuerza suficiente para hacer ingobernable el país. Además, hay el sentimiento de que sólo con la contribución de todos los ciudadanos podrá Nicaragua salir adelante. Pero ello no fue posible en los seis años de esa primera transición.

En el aspecto económico, los esfuerzos de doña Violeta, o de su virtual jefe de Gobierno, su yerno Antonio Lacayo -el filosandinista que, según sus detractores, gobernaba con permiso de los derrotados-, se orientaron a combatir la inflación.

La presidenta heredó en 1990 una inflación del 14.000%, logró reducirla, en algún momento, por debajo del 4% y se sitúa ahora mismo en tomo al 10%. El corolario de ese éxito ha sido, sin embargo, una recesión de gravísimos costes sociales. Uno de cada dos nicaragüenses está hoy desempleado. Y esa pendiente sólo puede remontarse si la ayuda internacional no le falla a su sucesor como sí le faltó a ella.

El Análisis

Los sandinistas cumplirán una década en la oposición

JF Lamata

La segunda derrota electoral consecutiva de Daniel Ortega confirma que el sandinismo conserva una base social considerable, pero también que sigue despertando un rechazo suficiente para impedirle regresar al poder. Durante una década, el Frente Sandinista gobernó Nicaragua con una posición prácticamente hegemónica, amparado en el prestigio de haber derrocado en 1979 a la dictadura de Anastasio Somoza. Pero aquella legitimidad revolucionaria terminó desgastada por la guerra contra la Contra, el servicio militar obligatorio, la inflación, el desabastecimiento, las restricciones políticas y los conflictos en torno a las confiscaciones de propiedades. En 1990, Ortega creyó que su popularidad y la movilización de sus seguidores le garantizarían la victoria, pero Violeta Chamorro consiguió reunir a una mayoría social que deseaba la paz y el fin de la confrontación. Seis años después, la situación económica continúa siendo difícil, el desempleo sigue castigando al país y las reformas del Gobierno de Chamorro han provocado descontento. Ortega esperaba beneficiarse de ese malestar y presentarse como un dirigente más moderado, capaz de recuperar los aspectos sociales de la revolución sin repetir sus errores. Sin embargo, Arnoldo Alemán ha conseguido movilizar de nuevo el voto antisandinista, demostrando que una parte decisiva del electorado teme más el regreso de Ortega que la continuidad de las dificultades económicas. El FSLN ha perdido tres puntos porcentuales respecto a 1990, pero conserva casi cuatro de cada diez votos: suficiente para mantener una influencia política importante, aunque insuficiente para gobernar.

También merece atención el papel de Violeta Chamorro, cuyo mandato ha permitido consolidar la transición pacífica iniciada en 1990, aunque no haya resuelto los problemas económicos y sociales del país. La presidenta no ha sido la candidata de la victoria liberal ni ha reconstruido la Unión Nacional Opositora que la llevó al poder: aquella coalición terminó fragmentada y Alemán se ha impuesto con un proyecto propio, que incluso cuestionaba aspectos de su gestión. Su principal contribución a estas elecciones ha sido institucional, al completar su mandato, respetar la imposibilidad de presentarse de nuevo y facilitar una nueva transferencia del poder por las urnas. Paradójicamente, la alternancia democrática que Chamorro ayudó a consolidar ha vuelto a perjudicar al partido que perdió frente a ella. El sandinismo debe preguntarse por qué, después de seis años en la oposición y de una crisis económica que parecía ofrecerle una oportunidad de regreso, sigue sin convencer a la mayoría. La respuesta quizá esté en que los nicaragüenses pueden sentirse decepcionados con el presente sin desear por ello volver al pasado. Ortega conserva una organización sólida y una militancia fiel, pero mientras el FSLN siga identificándose tan estrechamente con su liderazgo y con los recuerdos más conflictivos de la década revolucionaria, tendrá dificultades para ampliar su electorado.

JF