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La prensa progresista considera a Kaczynski un ultraderechista por defender la moral cristiana

Elecciones Polonia 2005 – El conservador Lech Kaczynski (‘Ley y Justicia’) derrota al liberal Donald Tusk (‘Plataforma Cívica’)

HECHOS

Las elecciones presidenciales de Polonia de 23.10.2005 dieron el triunfo electoral a Lech Kaczynski

11 Julio 2006

Gemelos al poder

José Comas

El presidente de Polonia, Lech Kaczynski, de 57 años, nombró ayer a su hermano gemelo Jaroslaw, 40 minutos más joven que él y presidente del partido derechista Ley y Justicia (PiS), como nuevo primer ministro, tras la dimisión de Kazimierz Marcinkiewicz, el pasado viernes, por tensiones con dirigentes del partido. El nombramiento, que origina la insólita situación de dos gemelos al frente de los dos cargos más importantes de un país, ha sido mal acogido en la opinión pública y despierta inquietud por el posible giro derechista y euroescéptico del Gobierno de Polonia.

El PiS designó a Kazimierz Marcinkiewicz en octubre como primer ministro de un Gobierno en el que al final entraron a formar coalición los dos partidos más reaccionarios de la política polaca: el populista izquierdista Samoobrona (Autodefensa), que lidera Andrzej Lepper, personaje con antecedentes penales que entró como vicepresidente y ministro de Agricultura; y el ultraderechista católico Liga de las Familias Polacas (LPR) de Roman Giertych, que pasó a ocupar otra vicepresidencia y el Ministerio de Educación.

El relevado Marcinkiewicz tenía una popularidad del 70% como primer ministro

Con estos nombramientos, que serían como encomendar al conde Drácula la custodia del banco de sangre de la Cruz Roja, el PiS parece tener asegurada la mayoría necesaria para ganar dentro de 14 días la moción de confianza en la Dieta (Parlamento) que confirmará a Kaczynski al frente del Ejecutivo.

En el interregno de unos ocho meses que duró el Gobierno de Marcinkiewicz, Jaroslaw Kaczynski había quedado como presidente del partido y como detentador del verdadero poder en la sombra. Cuando la popularidad de Marcinkiewicz empezó a subir como la espuma, hasta llegar a casi el 70% de apoyo en la opinión pública, y comenzó a tomar decisiones por su cuenta sin contar con el patrón Kaczynski, los gemelos optaron por destituirlo.

El pecado de Marcinkiewicz parece ser haber seguido una línea política pragmática en asuntos exteriores, que facilitaba las relaciones con la UE, y aplicar una política liberal en economía. Al mismo tiempo, el primer ministro opuso resistencia al nombramiento de la ministra de Asuntos Exteriores Anna Fotyga, inexperta pero de la confianza de Kaczynski, y nombró por su cuenta como ministro de Hacienda a Pawel Wojciechowski.

La primera decisión ayer del nuevo jefe de Gobierno fue destituirlo, signo inequívoco de lo que le molestaba. Para rematar la faena que provocó su derribo, Marcinkiewicz mantuvo una reunión nocturna en la costa del Báltico con el dirigente del partido Plataforma Ciudadana (PO) Donald Tusk. Esto sin duda despertó las señales de alarma entre los Kaczynski. El partido liberal PO parecía el aliado lógico del PiS para formar un gobierno centrista en Polonia, con suficiente mayoría parlamentaria y un compañero de viaje más presentable que los populistas izquierdistas de Somoobrona y los ultramontanos católicos de la Liga de Familias Polacas.

Marcinkiewicz constituía una amenaza latente para el poder de los gemelos. Su popularidad en los sondeos doblaba a la del nuevo primer ministro. Un sondeo que publicó ayer el diario de referencia Gazeta Wyborcza pone de manifiesto que un 82% de los polacos opina que Marcinkiewicz fue un buen primer ministro. A Marcinkiewicz le han dado como premio de consolación que el PiS le presentará como candidato para la alcaldía de Varsovia en las municipales del próximo 12 de noviembre.

Con disciplina ejemplar Marcinkiewicz aceptó la destitución y declaró que no habrá forma de separarlo de su jefe de partido, Kaczynski. Por su parte Kaczynski anuncia su intención de llevar adelante el proyecto de fundar la cuarta república. A más de uno en Polonia y en Europa se le ponen los pelos de punta ante semejante perspectiva.

25 Octubre 2005

Derecha triunfante

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Polonia tendrá un presidente conservador, del mismo partido populista que hace un mes ganó las elecciones generales y que está en vías de encabezar una coalición de Gobierno. Tras la debacle socialdemócrata (ex comunistas) causada por cuatro años de escándalos, luchas intestinas y desbarajuste económico, en el Parlamento de Varsovia no habrá ningún grupo consistente de centro o izquierda. Los resultados de la segunda vuelta de las presidenciales del domingo llevarán a la jefatura del Estado a Lech Kaczynski. Sólo un acuerdo estético ha impedido que su hermano gemelo Jaroslaw, presidente del partido mayoritario Ley y Justicia, sea el nuevo primer ministro, aunque pocos dudan de que tras bambalinas dirigirá los movimientos del semidesconocido Marcinkiewicz.

En el triunfante retorno al poder de los conservadores polacos, el combinado institucional Presidencia-Gobierno no es baladí. Entre otros factores porque, a diferencia de otros miembros de la UE, el jefe del Estado, a su vez de las Fuerzas Armadas, tiene en Polonia considerables atribuciones: puede vetar la legislación e influye directamente sobre la economía y la política exterior. El perfil de Lech Kaczynski, ex miembro de Solidaridad, combina tradicionalismo y valores católicos con un cierto escepticismo a propósito de las ideas que proclama sobre el libre mercado.

Resuelta la jefatura del Estado, comienza la negociación entre los dos partidos conservadores más votados para repartirse un Gobierno de coalición que el primer ministro designado Marcinkiewicz quiere tener listo este fin de semana. Aunque teóricamente persiguen los mismos objetivos -liquidar la corrupción, podar la burocracia, acabar con un paro que ronda el 20%, romper decisivamente con el pasado-, ambos son tan diferentes como el país que los alumbra. Ley y Justicia, la formación de los Kaczynski, mayoritaria en el Parlamento, se nutre del mundo rural menos desarrollado y tiene un fuerte componente católico. Sus socios de la reformista Plataforma Cívica -a los que se daba como seguros ganadores en vísperas de los comicios de septiembre- han sido votados por las clases medias urbanas y apelan a valores más liberales. La estabilidad no es una de las características de Polonia, con 11 primeros ministros desde la caída del comunismo, en 1989, y un movimiento pendular que ha ido oscilando de derecha a izquierda en una sucesión de frágiles Gobiernos de coalición o minoritarios.

La llegada a la presidencia de Lech Kaczynski, un político casero, con puntos de vista contundentes sobre la homosexualidad o la pena de muerte, no es el mejor augurio para la Unión Europea. La Comisión hizo ayer votos porque el ex alcalde de Varsovia mantenga un compromiso inequívoco con la ampliación europea. Pero Bruselas va a encontrar presumiblemente a partir de ahora en Polonia, miembro reciente del club, un negociador más rocoso y dedicado a intereses concretos que interesado en conceptos transnacionales

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