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A Mario Soares le sustituirá un compañero de su mismo partido como presidente del país

Elecciones Portugal 1996 – El socialista Jorge Sampaio logra una victoria cómoda sobre el derechista Cavaco Silva

HECHOS

El 14.01.1996 se celebraron elecciones presidenciales en portugal en las que venció el candidato del Partido Socialista, Jorge Sampairo.

EL PS COPA JEFATURA DEL GOBIERNO Y DEL ESTADO

AntonioGuterres2 El Partido Socialista (PS) que ya poseía el cargo de primer ministro para Antonio Guterres desde las últimas elecciones legislativas, ahora sumará también la jefatura del Estado para Sampaio, copando así los dos principales poderes de la República.

16 Enero 1996

Sampaio, presidente

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Las elecciones presidenciales, portuguesas se han zanjado rotundamente con la victoria del socialista Jorge Sampaio, ya en la primera vuelta, sobre su contrincante de la derecha, el antiguo jefe del Gobierno de Aníbal Cavaco Silva, al que ha superado en más de siete puntos. El éxito de Sampaio tiene un significado muy especial, por mucho que lo anticiparan las encuestas, en la medida en que acentúa el predominio de la izquierda en el país vecino, donde ya los socialistas triunfaron en las elecciones legislativas de octubre pasado.El Partido Socialista portugués gobierna con mayoría absoluta en el Parlamento, tiene las principales alcaldías del país y hereda ahora la presidencia de las manos de otro socialista ilustre, Mario Soares. El líder del centro-derecha, Cavaco Silva, intentó en la campana servirse de la amenaza que podía constituir el eventual monopolio socialista de los grandes puestos de poder, para subrayar que sólo su victoria daría lugar a unequilibrio que, repetía, ya había sido útil a Portugal en anteriores ocasiones. Con ello se refería a su propia cohabitación con el presidente Soares.

Pero la eficacia de ese argumento ha sido nula. En realidad, Cavaco, que había planteado su campaña por acceder al palacio de Belém como un proyecto de largo alcance, ha cometido gravísimos errores que han contribuido al triunfo de su adversario. Primero se retiró de la jefatura del Gobierno con excesiva antelación y sin dejar claro cuáles eran sus propósitos electorales. Tardó mucho en desvelar su aspiración a la presidencia de la República, y cuando lo hizo, Sampaio ya había iniciado su recorrido por el país dando a conocer su candidatura. Cavaco reaccionó entonces con un tono hosco y cortante y no poca arrogancia contra su oponente.

Sin embargo, en la base de la ola de izquierda que Portugal está viviendo -y que le distingue de lo que parece típico en la Europa de hoy- existen causas más profundas. Tras la etapa de monetarismo duro a lo Cavaco -acompañada al final de graves acusaciones de corrupción y de autoritarismo contra su persona-, en la sociedad portuguesa se manifiesta el deseo de un Gobierno capaz de prestar mayor atención a las necesidades sociales. Y los socialistas han sabido encamar esa aspiración, tanto en las elecciones de octubre como en la campaña actual. A la vez, y es una característica positiva que presenta la política portuguesa, esa evolución hacia la izquierda no parece alterar el fuerte arraigo del europeismo. Las ventajas que ha significado para ese país su incorporación a Europa son sentidas por capas amplísimas de la población; baste de ejemplo Lisboa, que recibe de la Unión Europea ayudas equivalentes al 3% del PIB portugués.

Por ello, no cabe pensar que la masiva presencia socialista en la gobernación del país vaya a limitar el esfuerzo nacional por unirse cada vez más estrechamente a la Unión Europea. Es evidente que las exigencias del Tratado de Maastricht para acceder a la moneda única representan para Portugal, con una economía más débil que la media europea, dificultades enormes. Pero ha conseguido reducir de forma drástica su inflación, que desde el 13,4% de 1990 ha pasado a una previsión del 3% para el año en curso. En materia de déficit, el Gobierno portugués se propone reducirlo al 4,3% este año, para alcanzar la meta del 3% en el próximo. En resumen, no renuncia a figurar entre los países del primer círculo en el momento de aplicar el plan de Maastricht.

Mario Soares, por su parte, se ha destacado por su preocupación por mejorar las relaciones entre Portugal y España. Y existen fuertes razones para pensar que Sampaio continuará en esa fructífera línea.

16 Enero 1996

De los claveles a la rosa

ABC (Director: Luis María Anson)

Jorge Sampaio, el candidato del Partido Socialista (PS) a la Presidencia de la República ha ganado la votación y se convierte en el quinto jefe de Estado de la República portuguesa, con un brillante resultado electoral que permite al PS acaparar todos los grandes centros de decisión del país, puesto que la victoria de sus hombres en la pasada consulta legislativa el primero de octubre le otorgaba confortable mayoría relativa en la Asamblea Parlamentaria. La victoria de Sampaio pone punto final a la cohabitación que durante los dos últimos quinquenios mantuvieron el presidente socialista de la República, Mario Soares, y el jefe del Gobierno, Aníbal Cavaco Silva, líder del Partido Social-Demócrata (PSD), derrotado ayer en su intento por alcanzar la suprema magistratura.

La lenta evolución del electorado portugués desde 1991 progresivamente inclinado hacia la izquierda después de los dos grandes triunfos del centro-derecha en 1987 y 1991 – que había tenido sus primeras manifestaciones en las municipales y europeas- tuvo su gran explosión popular el pasado octubre cuando rozó la mayoría absoluta en la Asamblea legislativa y culmina con la elección presidencial de ayer, como suprema manifestación de la voluntad por cambiar a los titulares del poder, en nombre del cansancio de la ciudadanía. Esta lenta pero imparable ‘marea rosa’, que parece enlazar con la ‘revolución de los claveles’ obedece a fenómenos archiconocidos en el comportamiento democrático de los pueblos que ven en la alternancia la mejor garantía para mantener el buen juego transparente de las instituciones.

La gran cuestión para el desarrollo de la política durante los próximos cinco años se plantea sobre la manera en que pueda democráticamente ser mantenido el equilibrio político en el interior del marco constitucional, cuando todos los poderes, tanto el Legislativo – con mayoría socialista casi absoluta – como el Ejecutivo – en manos de un Gobierno lógicamente del mismo color rosa, con buen respaldo parlamentario – resulta reforzado ahora por una Presidencia de la República ejercida por otro correligionario socialista. El peligro de ver aparecer un ‘Estado-PS’ parece legítimo y Cavaco Silva ha pasado su campaña electoral en denunciar el riesgo de abuso que tantas fuerzas en una sola mano puede significar para la vida nacional portuguesa.

La primera prueba que espera al nuevo dispositivo institucional será la aprobación del Presupuesto dentro de unas semanas, cuando todos los partidos de la oposición parecen haberse puesto de acuerdo para rechazar el proyecto presentado por jefe del Gobierno, Antonio Guterres, que podría dar pretexto al presidente del a República para disolver la Cámara y convocar nuevas elecciones, con la esperanza de alcanzar, por fin, la mayoría absoluta en la Asamblea y engrosar así el blindaje del actual Gobierno socialista, para acentuar el carácter monocolor, en rosa uniforme, de la actual etapa política de la vida portuguesa.

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