3 marzo 2008

Derrotó a los rivales clásicos: el comunista Ziuganov y el ultra liberal Zhirinovski

Elecciones Rusia 2008 – El candidato de Putin, Médvedev ocupará la presidencia manteniéndole a él en el poder como primer ministro

Hechos

El 2 de marzo de 2008 se celebraron elecciones presidenciales en Rusia en las que ganó el candidato Dmitri Medveded

02 Marzo 2008

MÁS DE LO MISMO EN RUSIA

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Más de 100 millones de rusos están convocados hoy a las urnas para ratificar -más que elegir- a Dimitri Medvedev como tercer presidente de la nueva Rusia. La victoria de este abogado de 42 años, que ha hecho toda su carrera política a la sombra de Putin, está asegurada desde que su protector lo nombró sucesor.

Si el 70% de apoyo que recibe en las encuestas y el 80% de popularidad fueran reales, el Kremlin no habría necesitado prohibir las candidaturas más serias, monopolizar los medios audiovisuales a favor de su candidato y llenar los colegios electorales de regalos para atraer votantes. La OSCE, principal organización internacional de observación electoral, se ha negado a enviar observadores ante la bochornosa falta de limpieza en la votación.

Las únicas dudas son la participación y el poder real del nuevo presidente. Con Putin ya confirmado como futuro primer ministro, la distribución de poderes fijada en la Constitución del 93 no sirve de mucho. Habrá que esperar para saber el reparto real de funciones, pero pocos creen que, al menos en los primeros tiempos, Medvedev se atreva a desviarse de la senda marcada. La asistencia de uno de los dos, o de ambos, a la cumbre del G-8 este verano en Japón será la oportunidad de ver quién manda realmente en el Kremlin.

Una participación baja cuestionaría aún más, desde el primer día, la legitimidad de Medvedev, político con fama de liberal, burócrata eficaz y sin carisma, pero que jamás ha cuestionado las medidas con las que, desde 2000, Putin ha liquidado la pluralidad institucional, la libertad de expresión y la independencia judicial.

Con Putin como principal y casi único aval, Medvedev presenta un programa que se resume en dos palabras: continuidad y estabilidad. Con todos los medios de comunicación a favor, sólo se ha tomado un día libre para hacer campaña. Los candidatos que podían haberle hecho algo de sombra, como el ex primer ministro Mijail Kasianov, fueron descalificados de la carrera y a los tres candidatos admitidos -el comunista Ziuganov, el nacionalista Zhirinovski y el masón Bogdanov- las encuestas no les dan más del 30%.

En sus contados discursos de los últimos días, Medvedev ha prometido reducir los impuestos y la burocracia, liberalizar los medios de comunicación, restablecer la independencia de la Justicia y luchar contra la corrupción. Promesas, todas, atractivas pero muy poco creíbles viniendo de quien vienen. Sobre política exterior, salvo su respaldo a Serbia y el rechazo a la independencia de Kosovo, no se ha pronunciado aunque, como máximo responsable de Gazprom, ha tenido tanta o más influencia que el ministro de Exteriores en la utilización del gas y el petróleo para frenar la expansión de la OTAN, premiar a los aliados y castigar a los que se resisten a la resurrección de Rusia como gran potencia.

07 Marzo 2008

De Putin a Medvédev

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

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La incógnita sobre los poderes reales del presidente electo ruso durará poco

Zanjada la elección (más bien designación a dedo) del nuevo presidente ruso sin un sola sorpresa, conforme al férreo guión establecido por el saliente Vladímir Putin -70% del voto para el delfín Dmitri Medvédev-, el nuevo inquilino del Kremlin a partir de mayo tiene dos meses por delante para emitir los primeros signos sobre su personalidad política. Tanto para los rusos como para la comunidad internacional, muy especialmente la UE y Estados Unidos, se trata de atisbar si el joven Medvédev, que debe por entero su carrera política a Putin y con el que acordó de antemano nombrarle primer ministro, es simplemente un ilustre empleado del antiguo hombre del KGB o por el contrario es capaz de impulsar una agenda reformista propia.

Las señales iniciales no son alentadores. Si por un lado las escasas protestas de la oposición contra la farsa electoral del domingo eran resueltas con la inapelable contundencia de la policía rusa, por otro, la anunciada victoria de Medvédev ha coincidido con un nuevo corte del suministro de gas ruso a Ucrania, con implicaciones para Europa. Una UE que deberá entenderse con Medvédev y que ayer hizo un gesto conciliador hacia Moscú al enfriar en Bruselas las aspiraciones de incorporación a la OTAN de Ucrania y Georgia. La renovada bronca gasística con Kiev, aparentemente en vías de solución, tiene especial relevancia no sólo porque Putin utiliza los vastos recursos energéticos de su país como arma de choque en política exterior, sino porque su palanca en los últimos tiempos ha sido precisamente Medvédev, como jefe supremo del gigante monopolista Gazprom.

Putin ocupará la jefatura del Gobierno en mayo, cuando abandone formalmente la presidencia. De aquí a entonces, el presidente electo deberá tener listo su propio equipo de relevo, y ésta va a ser la primera prueba de hasta qué punto controla algunos resortes claves del poder. El círculo íntimo de Medvédev está integrado por gentes del derecho y los negocios, mientras que los puestos decisivos del Kremlin, de los que supuestamente deberán ser desplazados, los copan ahora veteranos de los servicios de seguridad y ex espías. Y ya se sabe que Putin ha usado el dominio absoluto sobre los nombramientos como una de las herramientas básicas de su omnipotencia.