21 diciembre 1993
Elecciones Serbia 1993 – El ex comunista y ultranacionalista Slobodan Milosevic seguirá siendo el líder máximo

Hechos
Fue noticia el 21 de diciembre de 1993.
Lecturas
El 19 de diciembre de 1993, la República de Serbia, integrada junto con Montenegro en la nueva República Federal de Yugoslavia, celebró elecciones parlamentarias anticipadas en un contexto marcado por la guerra de Bosnia-Herzegovina, las sanciones internacionales contra Belgrado y una profunda crisis económica caracterizada por la hiperinflación. El presidente serbio, Slobodan Milošević, que había sido reelegido jefe de la República en diciembre de 1992, buscaba reforzar su posición después de romper su entendimiento parlamentario con el ultranacionalista Partido Radical Serbio (SRS), dirigido por Vojislav Šešelj. Las elecciones enfrentaron al gobernante Partido Socialista de Serbia (SPS), heredero de la antigua organización comunista, con una oposición fragmentada entre nacionalistas radicales, liberales, demócratas y monárquicos. El SPS consiguió ampliar considerablemente su representación, pasando de 101 a 123 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional, aunque quedó a tres diputados de la mayoría absoluta.
Los principales resultados fueron los siguientes:
| Partido o coalición | Dirigente | Votos | Escaños |
|---|---|---|---|
| Partido Socialista de Serbia (SPS) | Slobodan Milošević | 36,65 % | 123 |
| Movimiento Democrático de Serbia (DEPOS) | Vuk Drašković | 16,64 % | 45 |
| Partido Radical Serbio (SRS) | Vojislav Šešelj | 13,85 % | 39 |
| Partido Democrático (DS) | Dragoljub Mićunović | 11,57 % | 29 |
| Partido Democrático de Serbia (DSS) | Vojislav Koštunica | 5,07 % | 7 |
| Minoría húngara de Voivodina | András Ágoston | 2,61 % | 5 |
| Coalición de partidos albaneses | Varios | 0,68 % | 2 |
La principal novedad fue el retroceso del Partido Radical de Šešelj, que perdió 34 escaños respecto a los comicios de 1992, mientras que la oposición democrática avanzó sin conseguir articular una alternativa mayoritaria. La coalición DEPOS, encabezada por el escritor nacionalista moderado Vuk Drašković, quedó como segunda fuerza parlamentaria; el Partido Democrático de Dragoljub Mićunović aumentó su representación de seis a 29 diputados, mientras que el Partido Democrático de Serbia de Vojislav Koštunica obtuvo siete. La mayoría de los partidos de la población albanesa de Kosovo mantuvo su boicot electoral, denunciando la política de las autoridades serbias sobre la provincia. Las elecciones se celebraron entre denuncias opositoras de irregularidades y de utilización partidista de los medios públicos. El resultado permitió a Milošević mantenerse como figura dominante de la política serbia, aunque necesitaba apoyos adicionales para garantizar una mayoría parlamentaria estable.
La solución llegó mediante el entendimiento del SPS con Nueva Democracia, una formación moderada encabezada por Dušan Mihajlović, que había concurrido integrada en la coalición opositora DEPOS. Sus cinco diputados proporcionaron a los socialistas una mayoría de 128 escaños. El nuevo Parlamento eligió presidente de la Cámara a Dragan Tomić, mientras que Mirko Marjanović sustituyó a Nikola Šainović al frente del Gobierno serbio. Milošević, que no concurría personalmente a estas elecciones legislativas por ocupar ya la presidencia de la República, conseguía así prolongar su predominio político sin depender de los radicales de Šešelj, cuyas posiciones sobre la guerra de Bosnia y las negociaciones internacionales habían entrado en conflicto con las suyas.


21 Diciembre 1993
Repite Milosevic
LAS ELECCIONES generales adelantadas a sólo un año de la cita anterior en las urnas no han cambiado la situación en Serbia. Cualquier esperanza de que estos comicios pudieran tener una influencia positiva en la consecución de una paz justa en los Balcanes era desde un principio ilusoria. Ha vuelto a ganar el líder ex comunista y ultranacionalista Slobodan Milosevic. Su partido socialista sigue siendo el más votado. Según los últimos resultados provisionales, podría incluso estar cerca de la mayoría absoluta en un Parlamento en el que ya no hay fuerza alguna que defienda una primacía de la sociedad civil, que apoye la pluralidad política y étnica y propugne el respeto a las fronteras. En definitiva, conceptos que forman parte sustantiva de las democracias occidentales. La liquidación de toda alternativa al frenesí nacionalista que Milosevic auspició parece consumada. Desde la oposición de Vuk Draskovic hasta las candidaturas lideradas por notorios ultranacionalistas, como Vojislav SeselJ o Zelko Raznatovic -contra quienes pesan órdenes de búsqueda internacionales-, pasando por el partido socialista y el Partido Democrático, todos pedían en su programa la anexión de los territorios ocupados en los países vecinos de Croacia y Bosnia. Los líderes occidentales que han transigido con Milosevic creyendo que con sanciones económicas y alguna pequeña amenaza iban a debilitar a este hombre, se han equivocado.Con la televisión, las imprentas de moneda y la policía y el ejército bajo su control, no tiene nada que temer en el interior de Serbia. Los potenciales votantes de posibles grupos realmente democráticos y antirracistas han huido en masa del país. Son más de 250.000 los jóvenes con estudios que han emigrado en el último año y medio. Milosevic podrá ahora reforzar su poder ya casi omnímodo, seguir achacando a la comunidad internacional y a oscuras conjuras los males que aquejan a su país y seguir alimentando la guerra insufrible que asuela Bosnia-Herzegovina. Sólido otra vez en su cargo, seguirá maniobrando para engañar a Occidente, a la espera de que los intereses de algunos vecinos le ayuden a levantar al menos parcialmente las sanciones, y siempre al acecho del momento más adecuado para sus planes de expansión hacia Kosovo y Macedonia.
Serbia atraviesa momentos dramáticos: una hiperinflación desconocida en Europa desde tiempos de la República de Weimar; un embargo comercial y de petróleo impuesto por la ONU hace año y medio, que, en combinación con la ausencia de reformas y la sistemática compra de votos y voluntades por parte del régimen, han paralizado la industria y tiene a la mayoría de la población en los límites inferiores de la pobreza. Cunde la desesperanza, se han disparado los suicidios, y el crimen organizado, en parte dirigido desde el poder, ha impuesto su ley en las ciudades.
El resultado de los comicios es también indicativo.
de la fuerza relativa de los partidos de la oposición.
Un Gobierno de triple alianza sería teóricamente posible con una combinación, por lo demás bastante he terogénea, de los radicales de Seselj, la coalición opo sitora Depos y el Partido Democrático. Pero Milosevic no tiene intención de dejar el poder y cuenta con todos los instrumentos necesarios para retenerlo, por las buenas y por las malas. Ha incrementado y no mermado su poder político.
Entre las masas de electores serbios, intoxicadas por la propaganda de la radio y televisión de Belgrado, es el hombre que ha hecho frente a Occidente, -a la llamada conjura gerinano-vaticana- y no ha dado su brazo a torcer ante las presiones externas. El refórzamiento de Milosevic, junto a la victoria de un personaje similar en Moscú, Vladímir Zhirinovski, debería hacer pensar a cuantos creyeron que transigiendo con él se lograrían soluciones en los Balcanes. Mientras Milosevic siga sólidamente anclado en el poder y los serbios apuesten por la victoria de la fuerza y el poder de la raza que él encarna, no habrá paz en los Balcanes.
El Análisis
Las elecciones serbias confirman que el verdadero poder de la nueva Yugoslavia no reside tanto en sus instituciones federales como en el presidente de una de sus dos repúblicas, Slobodan Milošević. Aunque formalmente la República Federal de Yugoslavia está presidida por Zoran Lilić y dispone de un Gobierno federal propio, es Milošević quien concentra la influencia política decisiva sobre Belgrado, apoyado en el Partido Socialista, los servicios de seguridad, los medios de comunicación estatales y su ascendiente sobre las autoridades de Montenegro. Su trayectoria desde finales de los años ochenta permite comprender cómo se ha llegado a esta situación: primero reforzó el poder serbio dentro de la antigua federación mediante el control de Kosovo y Voivodina y la influencia sobre Montenegro; después, ante la resistencia de Eslovenia y Croacia a aceptar una federación dominada por Serbia, respaldó un proyecto político que buscaba mantener unidos en un mismo Estado a los territorios de población serbia. La desintegración de Yugoslavia no puede atribuirse exclusivamente a Milošević, pues también intervinieron los nacionalismos de las restantes repúblicas y la crisis del sistema comunista federal, pero su política contribuyó decisivamente a transformar una disputa constitucional en una confrontación territorial y militar. En 1993, su poder se extiende mucho más allá de las fronteras administrativas de Serbia: las autoridades serbias de Croacia y de Bosnia dependen en buena medida del apoyo económico, político y militar de Belgrado, mientras los negociadores internacionales consideran a Milošević un interlocutor imprescindible para intentar detener la guerra.
La contradicción fundamental de esta política se manifiesta en Bosnia-Herzegovina. Milošević ha respaldado a los dirigentes serbobosnios encabezados por Radovan Karadžić, cuya aspiración a reunir los territorios de mayoría serbia amenaza la integridad del Estado bosnio, pero al mismo tiempo intenta presentarse ante las potencias occidentales como un dirigente pragmático capaz de imponer acuerdos de paz. Su apoyo al Plan Vance-Owen durante 1993, rechazado finalmente por la Asamblea serbobosnia, puso de manifiesto tanto su considerable influencia como los límites de su autoridad sobre los nacionalistas de Bosnia. También explica su enfrentamiento con Vojislav Šešelj, cuya defensa de una Gran Serbia sin concesiones diplomáticas ha terminado por convertirse en un obstáculo para la estrategia del presidente. El resultado electoral permite a Milošević prescindir de los radicales en el Parlamento serbio, pero no resuelve el dilema que domina la política de Belgrado: cómo compatibilizar las reivindicaciones territoriales serbias con el levantamiento de las sanciones internacionales y el final de las guerras. La nueva mayoría socialista puede reforzar su capacidad de maniobra, pero la paz dependerá de decisiones que van mucho más allá de la Asamblea de Serbia. El problema de Yugoslavia es que su principal dirigente político no ocupa formalmente la jefatura del Estado federal y, sin embargo, dispone de una influencia determinante sobre conflictos que se desarrollan fuera de las fronteras de la república que preside.
JF
