19 diciembre 1993
El Gobierno seguirá en funciones hasta las elecciones de mayo
Muere de cáncer el primer ministro de Hungría, Jozsef Antall, primer gobernante del país elegido democráticamente

Hechos
El 12.12.1993 falleció el primer ministro húngaro, Jozsef Antall.
Lecturas
Jozsef Antall, democristiano a la imagen europea, ha sido el hombre que ha dirigido el primer Gobierno poscomunista húngaro y el hombre que ha encarrilado la transición de su país hacia las libertades políticas y la economía de mercado. Su objetivo: apretar el acelerador para que Hungría recuperara lo antes posible todo el tiempo perdido durante 40 años de comunismo.
Nació el 8 de abril de 1932 en Budapest, hijo del líder del Partido de los Pequeños Propietarios Independientes, la principal formación húngara de los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Jozsef Antall siempre reconoció la influencia que en el tuvo su padre, que salvó a numerosos judíos durante la guerra y que en el Gobierno conservador de 1945-46 ocupó la cartera de Finanzas y Reconstrucción. Católico ferviente, doctor en Historia por la Universidad de Budapest, Jozsef Antall junio fue director de Archivos, Biblioteca y Museo de Historia de la Medicina de Budapest. En 1956, cuando los húngaros se sublevaron contra el régimen prosoviético, fue presidente del comité revolucionario del Liceo Eootvoes, participó en la reorganización del Partido de los Pequeños Propietarios y colaboró en la fundación de la Liga de Jóvenes Democristianos. Apartado de sus actividades profesionales por su participación en la revuelta, Antall no reaparece hasta 1974, con la estabilización de Janos Kadar, cuando publica numerosos estudios históricos y políticos.
En 1987 entra de lleno en la política con el inicio de la democratización del país. Participa en la fundación del Foro Democrático Húngaro (FDH, de centroderecha, ‘la fuerza tranquila’), del que es elegido presidente el 21 de octubre de 1989.
El 23 de mayo de 1990 Antall accede al puesto de primer ministro tras la victoria del FDH en las primeras elecciones libres que Hungría celebraba en 43 años. Reelegido presidente del Foro el pasado enero, en los últimos tiempos ha tenido que mantener unida a la coalición que dirige, entre una oposición que rentabiliza la dureza del ajuste económico y la revoltosa ala ultranacionalista de su grupo.
Antall afirmaba que el Foro es una unión de la tradición patriótica agraria y democristiana de los años treinta con el liberalismo húngaro del siglo pasado.
A pesar de ser menos carismático que un Vaclav Havel o un Lech Walesa, a pesar de que su popularidad había bajado por el citado ajuste económico, a pesar de que la oposición lo acusaba constantemente de arrogante, entre la ciudadanía ha quedado la fuerte imagen de un hombre tranquilo y honesto que ha sabido dar estabilidad a un país enclavado en una región muy inestable.
El Análisis
La muerte en el cargo de József Antall, a los 61 años, cierra la primera etapa de la nueva Hungría: fue el primer jefe de Gobierno elegido democráticamente después de más de cuatro décadas de comunismo y el hombre encargado de transformar en administración cotidiana lo que en 1989 había sido una revolución política. El país que recibió todavía llevaba profundamente impresas las huellas de János Kádár, el dirigente instalado tras la intervención soviética de 1956 que durante más de treinta años había presidido un régimen de partido único progresivamente menos represivo y más tolerable en lo material, pero siempre subordinado al bloque soviético. Antall deja una economía dolorosamente sometida a la transición hacia el mercado y una sociedad que empieza a descubrir que la libertad política no garantiza prosperidad inmediata; pero deja también algo que quizá constituya su principal balance: Hungría ya tiene política.
En las primeras elecciones libres de 1990, su conservador Foro Democrático Húngaro obtuvo 165 diputados, los liberales del SZDSZ 92, los agrarios 43, los socialistas —herederos reformados del antiguo partido comunista— 33, Fidesz 21 y los democristianos otros 21. Todavía es pronto para saber cuáles de estas siglas sobrevivirán y cuáles acabarán absorbidas o desapareciendo, pero ya existen derecha conservadora, liberalismo, socialdemocracia procedente del antiguo régimen, agrarismo, democracia cristiana y una nueva generación liberal agrupada en Fidesz: las sensibilidades empiezan a organizarse como en cualquier democracia occidental. Del sistema de Kádár permanece una burocracia formada bajo el comunismo, buena parte de sus élites económicas y administrativas y, sobre todo, una población que inevitablemente compara las inseguridades del capitalismo naciente con la estabilidad paternalista del antiguo régimen; lo que ya no permanece es el monopolio político que permitía a una sola organización hablar en nombre de todos. Antall no deja una democracia terminada, sino algo posiblemente más importante: una democracia en la que su partido puede perder las próximas elecciones y nadie necesita preguntarse si, por perderlas, desaparecerá también la democracia.
JF
