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Encará Sánchez (COPE) demanda a Jesús Mariñas por aludir en la revista ÉPOCA a sus supuestas relaciones con Isabel Pantoja

HECHOS

En 1991 se hizo el público el pleito entre Dña. Encarna Sánchez y la revista ÉPOCA de D. Jaime Campmany por los artículos de D. Jesús Mariñas que aludían a la locutora y a la cantante Dña. Isabel Pantoja.

El periodista rosa D. Jesús Pérez Mariñas había sido uno de los invitados por Dña. Encarna Sánchez Jiménez para el programa ‘Y Ahora, Encarna’ de Antena 3 TV que pretendía ser ‘un juicio a los periodistas manipuladores’ poniéndoles frente a sus víctimas. Acudieron Dña. Karmele Marchante, D. Julián Lago San José o Dña. María Eugenia Yagüe Díaz de Tejada, así como el expolítico D. Antonio Hernández Mancha entre otros, pero el Sr. Mariñas declinó en el último momento asistir a lo que consideró que era una ‘trampa’.

Poco después de aquella emisión D. Jesús Pérez Mariñas, que tenía una sección de cotilleos en la revista Época denominada “La vida en rosa” en el número correspondiente al 28 de enero de 1991 publicó un artículo  titulado ‘De la retirada de Encarna al crimen de los Urquijo’ en la que junto a insistir en el fracaso del programa de Antena 3 TV, deslizaba la idea de que Dña. Encarna Sánchez cobraba a políticos a cambio de entrevistarles (600.000 pesetas al que fuera presidente de Alianza Popular, D. Antonio Hernández Mancha y un millón de pesetas al secretario general de Convergencia, D. Miquel Roca Junyent).

Además, en el texto desprendía insinuaciones sobre la conducta sexual de Dña. Encarna Sánchez de la que podía interpretarse que le estaba atribuyendo una ambigua relación con otra mujer Dña. Isabel Pantoja. Como decir que ‘estaba enamorada’ al hablar de los éxitos de la Sra. Pantoja, referirse a la locura como “Encarna Sánchez / Señor Sánchez” y también al comentar sobre los deseos de Dña. Encarna Sánchez de adoptar un niño diciendo que ‘más que un hijo sería un nieto’ y que se ve que ‘no tiene bastante con Paquirrín [el hijo de Dña. Isabel Pantoja]’.

Dña. Encarna Sánchez Jiménez demandó al Sr. Pérez Mariñas, al director de la revista Época D. Jaime Campmany Díaz de Revenga y a la empresa editora Demanda a Difusora de Información Periódica (DINFE).

En el pleito la Sra. Sánchez aportó un documento de D. Antonio Hernández Mancha desmintiendo haber pagado por entrevista alguna a la Sra. Sánchez.

Los demandados serían condenados a pagar cinco millones de pesetas en sentencia hecha pública el 20 de julio de 1993

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28 Enero 1991

De la retirada de Encarna

Jesús Mariñas

En las tertulias no todo era vivir o penar la trascendencia del momento de la dimisión de Alfonso Guerra. También frivolizábamos. Llegábamos a la conclusión de que cada palo, aguante su vela.

  • Oye, ¿Pero Encarna y tú no sois tan amigos? – me preguntó una de las contertulias entreveradas.
  • Sí, amigos y residentes en Madrid

Guerra, la ética. Nati Abascal, la estética. Encarna Sánchez, ni ética ni estética. Pobre, hay que ver como la han puesto. Aunque más le duele la falta de audiencia, esos bajo mínimos reflejados/denunciados por los encuestadores. De buena me libré no yendo a su convocatoria. Una cita indefinida donde nadie sabía a qué iba, el patético Hernández Mancha aún debe de preguntarse para qué. Claro que esta vez no pasó por taquilla, cuando su enfrentamiento con Fraga pagó 600.000 pesetas por ser entrevistado. Roca Junyet llegó hasta el millón.

Porque Encarna predica pero no da ejemplo. Tras lo último le han llamado de todo: desde predicador a Barbie pasada por La Moraleja. Incluso señor Sánchez, es mucha la sagacidad de Michi Panero. Con Encarna no hay dudas, ni ella se lo cuestiona en vacilaciones hamletianas. Bien lo mostró/demostró en lo último, bueno es. Pero lo cierto es que la sñeora/señor Sánchez es como Guerra: no tiene corazón, pero tiene alma, en su caso no sé si llegará a Almita. Y cuando se le enamora como ahora – la Pantoja finalista a los Gramy, el mundo está loco-loco – pierde el sentío. Y hasta la proporción. Por La Moraleja dicen que entre su casa y su casa la vereita verde no cría yerba, no cría yerba.

A ella le pasa eso y a mí lo otro, soy rebelde porque el mundo me hizo así. No puedo mantener mis buenas intenciones. Acaban conmigo y hasta con ellas. De buena me salvé. Encarna Sánchez nos había preparado una encerrona, el pobre Octavio Aceves no dejaba de reconocerlo:

  • A mí me avisaron para que leyese mis predicciones astrológicas para el 91. Luego me encontré que era un coloquio.

En mi caso concreto, la señora/señor Sánchez me convocó ‘para algo muy divertido’. Luego, María Navarro, una mano derecha que no ve ni se entera de lo que hace la izquierda, amplió el tema:

  • Encarna proyecta hacerte varias preguntas sobre sociología de la ‘jet’.

Me salvé de milagro, la Providencia me ampara. No concretaron el día y hora de grabación y me llamaron cuando ya estaban en el plató y yo camino de un almuerzo informal, revestido de negro hasta las orejas. Me consideré impresentable para estar a la altura – o bajura, viendo los índices ya no se´donde ponerla, la ambigüedad hasta en eso – de Canna. Cuando Karmele Marchante llegó al plató, pregunto por mí. Y por Rosa Villacastín, otra de las ausentes:

  • Los están maquillando en la sala de al lado.

Pasó el tiempo, minutos, hasta horas, Karmele venga a buscarnos: “Pero, ¿dónde están dónde se han metido?” Llegaría a malpensar que aprovechábamos para una estética general donde Isabel Pantoja perdió cuanto le sobraba. Menos el pelo de la dehesa. Aunque yo puedo contar, revelar o desvelar que la repentina delgadez de Isabel es cosa de los cirujanos. Siete horas estuvo en el quirófano para que le pusieran a punto pecho, cintura y muslos. Para mantener la operación en secreto, Isabel Pantoja llegó al extremo de sacarse los puntos ella misma sin que le pusiera las manos encima el cirujano Monereo. Finalmente, Karmele Marchante topó con la cruda, triste, para ella tremenda realidad: incomparecencíamos al debate. Tomó un tranquilizante, y así salvó el mal trago. Mientras Sánchez no dejaba de aludirme. Todos mis comentarios le servían de referencia y base. Punto de apoyo o ataque:

  • Esos que se meten con el pelo de la Pantoja – una pilosidad inexistente para ella, tiene oportunidad de comprobarlo en cada una de sus incesantes salidas y entradas.
  • Me contaron que fue fino el día de Reyes ver a Isabel aparcada ante el chalé de Encarna, Paquirrín de la mano, metiendo en su coche los paquetes que le daba la presentadora. Era de noche, pero la Moraleja se iluminó como a mediodía – no-me-lo-pue-do-creer – repetían del Golfo al Soto. Encarna sabe como ninguna otra que Isabel no se afeita. Es omnipotente, casi tan mesiánica como Saddam. El verbo se hizo Encanra, Dios qué cosas cuentan de ella. De la última aún se están riendo por los despachos de la COPE. Encarna salé de su cubículo y les suelta:
  • La leche, Fidel no se me pone. Tendré que llamar a la Thatcher.

Claro que no cambia y rectifica aunque eso sea cosa de sabios. Conocerla es amarla, dije de María Jesús Llorente. Y lo mantengo. Juzgaba por desconocimiento mío y huidas de ella. Nos encontramos y el flechazo fue mutuo con permiso de don Alfonso. Lo mismo le pasa a la Sánchez – insisto, lo de señor Sánchez es un invento de Michi, a cada uno lo suyo – tras pasarse la vida – ¿veinte, treinta años? – diciendo que no había nadie como Raphael y Rocío Jurado. Pero ahora los pone a parir – incluso humanamente, a Raphael llegó a llamarle lo que nadie le había dicho – porque ya no los representa su intimo amigo Paco Gordillo. Mujer de criterio.

Cierto que vivimos de comentar sobre los famosos. También lo hacen en la ‘Mesa camilla’ de Encarna Sánchez/señor Sánchez sin más conocimiento que la relación personal. ¿O eso no lo criticas? Es posible que la Sánchez ignore tanto a sus contertulias como cuando las llevó a televisión y hasta silenció el nombre de Mary Carmen Yepes, Paca Rico subía por los tejados al verse de comparsa. Claro que ellas pasan como yo paso de Encarna.

  • Oye, que te ha lanzado tantas indirectas porque le dijeron que la pusiste a parir el día que entrevistó a Portabales. Que estabas en casa de José María García con Fraile, Monste, María Eugenia, Cari y Carlos. Eso le soplaron antes de empezar el programa.

Llamada al canto. Me gusta precisar, bastante tengo con lo propio para que encima me echen culpas ajenas. De haber estado, mantendría la postura del momento:

  • Oye, Encarna, que esa noche yo estaba en Buenos Aires. Y hasta allí todavía no llegas. Pero no desesperes, cosas más difíciles se han visto.
  • ¿Pero qué me dices, papi? A mí nadie me ha contado nada. Lo que pasa es que este es un país de mierda donde no me entienden. ¿Has visto la que se ha organizado conmigo? Era mi intención. A nadie más le dedican las páginas que a mí. Ni al aburrido de Iñaki, ni a José Luis Coll, ni a Tere Campos… En América yo sería una diosa. Quise organizarla y lo estoy consiguiendo. Porque es mi último año. ¿Lo oyes papi? Este año me retiro. Voy a llevármelo. Lo tengo decidido desde hace mucho tiempo.
  • ¿Es cierto que Jaime Ostos arremetió contra uno de tus invitados? ¿Qué le llamó de todo?
  • Sí, contra María Eugenia Yagüe. Le dijo de todo: hija de tal, frustrada, amargada y travesti… Como mujer yo no podía soportarlo. María Eugenia, llorando pidió que lo eliminásemos de la grabación. Tuvimos que cortar 10 minutos. Como mujer yo no podía soportarlo, me hizo pensar en su niña.

A Encarna podrían cuestionársele muchas cosas. Problemas de ética y estética, ¿cómo tener allí a Lola Flores el día que la condenan y no preguntarle sobre el tema? A Lolita la hubieran podido callar recordándole que su marido lo vende todo: lo que es íntimo y hasta privado. Desde recuerdos de Paquirri al cumpleaños con la Pantoja.

  • Pero yo me voy este año, papi.

Pero ella resuelve cuando no responde a las expectativas previstas. La pantalla no es un púlpito para adoctrinarnos, todo se le pega a la señora / señor Sánchez.

Razón tiene Encarna: vivimos un país goyesco lleno de monstruos de la sinrazón. Encarna y el peliculón son la mejor evidencia. Porque aunque Encarna se vista de seda – o en Chanel y Miguel Rueda – Encarna se queda. Igualito que la del cuento. Quizá por eso se llaman Copito de nieve. Sí, sí, tiene el mismo gesto que el albino. ¿O será porque siempre va, delante o detrás, de la mona Chita?

Bingo, al que lo descubra.

Jesús Mariñas

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