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La presentación de la candidatura del vicealcalde para liderar el partido en Madrid desató una fuerte polémica en una formación acostumbrada a que no haya nunca más de una candidatura en los congresos regionales

Esperanza Aguirre elegida presidenta del PP madrileño derrotando las aspiraciones del ‘gallardonista’ Manuel Cobo

HECHOS

  • El 7.10.2004 se anunció una candidatura alternativa a la de la Sra. Aguirre para la presidencia del PP madrileño encabezada por D. Manuel Cobo. Esta se retiró el 15.10.2004. El congreso se celebró el 27.11.2004 eligiendo a la Sra. Aguirre nueva presidente.

PÍO GARCÍA ESCUDERO, FORZADO A DEJAR LA PRESIDENCIA DEL PP MADRILEÑO

pio_garcia_escudero D. Pío García Escudero

D. Manuel Cobo: “Esperanza Aguirre no puede ocupar todo el espacio del PP en Madrid”

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D. Alberto Ruiz Gallardón: “Esperanza Aguirre no tiene ese espíritu centrista y liberal de Manuel Cobo”

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Dña. Esperanza Aguirre: “No voy a aceptar una imposición bajo la amenaza de que haya otra candidatura”

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07 Octubre 2004

AGUIRRE GANA, GALLARDON PIERDE

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La duda que ha planeado durante meses sobre la Presidencia del PP de Madrid se ha resuelto definitivamente. La renuncia de Pío García Escudero a presentarse ha dado vía libre a Esperanza Aguirre, que ayer anunció oficialmente su candidatura. Su segura elección acabará con la excepción madrileña dentro del PP, pues era la única comunidad en la que el líder del partido no era el presidente autonómico.

Esta circunstancia tuvo su lógica debido a que el PP ostentaba el Gobierno de la Nación y, aunque Rodrigo Rato era el líder más visible de la organización regional, nunca eso se llegó a plasmar en el cargo. Con Rato en Washington y el partido en la oposición, hubiera sido absurdo que un mero hombre de compromiso como Pío García Escudero, portavoz del Grupo Popular en el Senado, se mantuviera al frente del PP madrileño. Máxime cuando Eduardo Zaplana tuvo que renunciar al liderazgo popular valenciano para dedicarse en exclusiva a su trabajo como portavoz en el Congreso.Para nadie es un secreto además que la presidenta de la comunidad madrileña mantiene una excelente sintonía con Mariano Rajoy.

El empuje y la tenacidad de Esperanza Aguirre han pillado con el pie cambiado a Ruiz-Gallardón, que ha insistido mucho en la necesidad de que García Escudero siguiera en el cargo. Al alcalde, evidentemente, no le hace ninguna gracia este cambio en el PP regional que, por otra parte, ratifica la impresión de que el perdedor del XV Congreso del pasado fin de semana fue el regidor madrileño. Con Aznar o sin él, no logra quitarse de encima su condición de verso suelto del partido.

La sensibilidad de Gallardón no coincide con la de la mayoría del PP. Aunque sí representa a un sector social que a Rajoy le resultará imprescindible si quiere ganar las elecciones generales.El nuevo líder debería tener en cuenta a Gallardón a la hora de tomar las decisiones, por lo que sería lógico que le invitara a participar en el sanedrín donde se delibera sobre la estrategia del partido.

08 Octubre 2004

GALLARDON Y AGUIRRE DEBEN COMPETIR CON RESPONSABILIDAD

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, dio ayer la campanada cuando su número dos, Manuel Cobo, anunció la presentación de su candidatura para la Presidencia del PP regional. Es la primera vez que quien fuera considerado el único dirigente crítico de la era Aznar se decide a dar la batalla por el poder en el seno de la organización del partido. Bien es verdad que lo hace, otra vez, a su manera, sin atreverse a encabezar personalmente una candidatura alternativa a la oficial de Esperanza Aguirre. Gallardón ha optado por tirar la piedra y esconderse en la lista anunciada por el vicealcalde Cobo, su máximo hombre de confianza.

La dirección del PP intentó ayer quitar hierro a la pugna Gallardón versus Aguirre, señalando que es habitual la existencia de varias listas en los congresos regionales y provinciales, aunque por sus protagonistas e ingredientes la pelea madrileña supone, de hecho, una notable convulsión en el seno de un partido que en los últimos quince años convirtió la unidad sin fisuras en su más preciada seña de identidad.

Sin embargo, la existencia de más de una candidatura no debería ser motivo para rasgarse las vestiduras, ya que si de algo adolecen los partidos políticos españoles es de falta de democracia interna, sobre todo cuando están en el poder. Que las bases del partido puedan optar entre distintas alternativas puede y debe servir para vigorizar la organización, siempre que los contendientes compitan en buena lid, prescindan de egolatrías y hagan una campaña seria y limpia para lograr el voto de los compromisarios. En este sentido, son discutibles las declaraciones del ex secretario general del PP, Javier Arenas, en las que asegura que «el bien del partido» pasa por un «acuerdo» entre las dos listas.

Sucede, sin embargo, que los precedentes inmediatos de la batalla de Madrid, así como las declaraciones de los protagonistas y sus adláteres, ayer mismo, evidencian actitudes poco inteligentes o muy agresivas que constituyen un riesgo para la estabilidad del partido y, a la postre, de las instituciones madrileñas gobernadas por el PP.

Si Ruiz-Gallardón se equivoca al no encabezar él mismo la candidatura y al decir que la lista oficial es poco «centrista», la agresividad mostrada por Esperanza Aguirre tampoco casa muy bien con el talante liberal del que presume. La presidenta de la Comunidad acusó desmesuradamente al alcalde de «chantaje» por haberle pedido que Cobo fuera el secretario general de su candidatura.

Al margen de que pueda o no lograrse una lista de integración, que sólo sería posible con el arbitraje de la dirección nacional, Gallardón y Aguirre no deben olvidar nunca que están condenados a entenderse como máximos responsables del Ayuntamiento y la Comunidad. Dos instituciones que no pueden ni deben verse afectadas por una pugna partidaria.

08 Octubre 2004

El integrador

Federico Jiménez Losantos

Ya de por sí es bastante confuso y a menudo oportunista el término «centro», que curiosamente sólo usa la derecha, como para que además le añadan «integrador», que es lo que hizo Gallardón en su discurso del XV Congreso del PP, que constituyó una forma plúmbea de sepukku, harakiri o eutanasia política. Cuando leí lo del «centro integrador», viniendo de quien siempre presume de estar poco integrado en la política de su propio partido, recordé inevitablemente las fórmulas tradicionales de escisión en la izquierda, sobre todo en tiempos de Franco.

Cuando un grupúsculo de, pongamos, treinta elementos, sufría una escisión de, digamos, doce, los escindidos siempre se ponían un nombre que en vez de reconocer la diferencia pretendía representar la unidad del partido o partidito que acababan de romper. Si antes se llamaban, por ejemplo, Guardia Roja Revolucionaria, se rebautizaban Unidad Revolucionaria Roja. Y si esa Unidad volvía escindirse (cosa frecuentísima, porque escindirse es como rascar, todo es empezar), se bautizaba como Unificación Roja Revolucionaria.Y si todavía eran más de dos y se escindían de nuevo, entonces ya lo remataban como Unión de Guardias Rojos Revolucionarios.No dejaba de ser un homenaje a Lenin, que en la escisión del POSDR (aproximadamente Partido Obrero Social Demócrata Ruso) bautizó a sus bolcheviques como si fueran mencheviques, pretendiendo que su minoría era la mayoría. Si al final le salió bien a Lenin, ¿por qué no iba a salirle bien al camarada Pepe, alias Vladimiro?

Bueno, pues la primera manifestación del «centro integrador» de Gallardón ha consistido en desintegrar al PP de Madrid, apenas una semana después de proclamar tan seráfica doctrina. Primero, se empeñó en sabotear la candidatura a la presidencia de Esperanza Aguirre, único presidente autonómico que no preside el partido de su región, defendiendo que Pío García Escudero era el gran líder del PP en Madrid, al que se debían todas las victorias.Cuando Pío dejó de prestarse al juego del sabotaje, porque constató que el alcalde de Madrid no salía más fuerte sino más desprestigiado del XV Congreso y se quitó heroicamente de en medio, Gallardón trató de imponerle a Aguirre como secretario general o factotum del partido a su vicealcalde Cobo. Y como Esperanza Aguirre no tragó, empujó a Cobo a presentar su candidatura, con el propio Gallardón en la lista pero echando por delante al subalterno, por si las moscas.

Hablar de Cobo como alternativa a Aguirre es como si en la ya histórica pelea de guerristas y felipistas por el control del PSOE Juan Guerra hubiera pretendido ser la alternativa a Felipe González, con Miemmano en su lista. Grotesca pretensión. Pues no lo es menos esta maniobra de tirar la piedra y esconder la mano por parte de Alberto I El Integrador.

El Análisis

SIN DEMOCRACIA INTERNA

JF Lamata

¿Puede haber un congreso en el que dos políticos aspiren a un mismo puesto? Lo saludable sería que sí, para que haya democracia hace falta que haya, como mínimo, dos candidatos. En el PSOE es relativamente habitual, pero en el PP parece que caen truenos con sólo insinuarlo. En toda su historia sólo ha habido un congreso nacional don dos candidatos: el de 1987 (aunque intentó evitarse). Y en los regionales se intenta impedir con todas sus fuerzas. Una pugna en la federación de Madrid, una de las más grandes – 70.000 militantes – entre dos candidatos era algo que un partido tan pretoriano como el PP no iba a permitir. Y de hecho, no lo permitio, el ‘aparato’ respaldó al Sr. Aguirre y Manuel Cobo tuvo que sacar bandera blanca.

J. F. Lamata

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