4 julio 1946
El Gobierno norteamericano cumplió su promesa 48 años después de derrotar militarmente a España
Estados Unidos concede la independencia de Filipinas tras liberarlo de la ocupación japonesa
Hechos
El 4.07.1946 Filipinas se proclamó un Estado Independiente y como tal fue reconocido por Estados Unidos de América.
Lecturas
El primer gran susto será el intento de asesinato a Manuel Roxas en 1947.
El Análisis
El 4 de julio de 1946, Filipinas ha alcanzado por fin su tan anhelada independencia, con Manuel Roxas investido como su primer presidente soberano. Culmina así un proceso que comenzó en 1898 con la guerra hispano-estadounidense, en la que los filipinos, esperanzados, creyeron que su lucha contra el dominio colonial español se vería coronada con la libertad. No fue así. En lugar de independencia, llegó la tutela de una nueva potencia: Estados Unidos, cuyo control se prolongó durante casi medio siglo. Las promesas de autodeterminación se fueron postergando entre gobernadores coloniales como William Howard Taft y una élite norteamericana que impuso sus ritmos y sus reglas. Para los filipinos, el desencanto fue profundo.
Sin embargo, nada pudo provocar tanto horror como los años de ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. El breve pero brutal dominio nipón, entre 1942 y 1945, dejó una huella de violencia, represión y muerte que ha sellado a fuego el recuerdo colectivo. Esa experiencia cambió profundamente la percepción de los estadounidenses: de tutores recelados pasaron a ser vistos como libertadores. La expulsión de las tropas imperiales japonesas a manos del general MacArthur y las fuerzas aliadas fue recibida con genuino fervor. Ese mismo fervor impregna hoy la proclamación de la independencia, otorgada por Estados Unidos como un acto que conjuga justicia histórica y alianza estratégica.
El nuevo Estado filipino, profundamente católico —legado de más de tres siglos de presencia española— y devastado por la guerra, inicia su andadura con un sentimiento de gratitud hacia su antiguo tutor estadounidense. Filipinas quiere ser, y probablemente será, uno de los aliados más estrechos de Washington en Asia, tanto por afinidad política como por necesidad. Atrás queda el colonialismo, primero español, luego americano; y también la pesadilla japonesa. Hoy, Filipinas mira al futuro con esperanza, en busca de una soberanía duradera y con la voluntad de ser un actor relevante en un Pacífico marcado por tensiones, reconstrucción y la naciente Guerra Fría.
J. F. Lamata Molina