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Estados Unidos apoya a Guillermo Endara, ganador de las elecciones anuladas por Noriega, para la presidencia del país

El dictador panameño, Manuel Antonio Noriega, se entrega a las tropas de Estados Unidos que habían invadido el país

HECHOS

El 3.01.1990 Manuel Antonio Noriega fue apresado por soldados del ejército de los Estados Unidos.

UN EX ALIADO DE ESTADOS UNIDOS

noriega_bush George Bush con el General Noriega en 1990.

Los medios de todo el mundo se hicieron eco de la estupenda relación que había tenido George Bush, cuando era Director de la CIA con el General Noriega en los tiempos de antaño. En España se publicaron importantes artículos al respecto como los que escribieron para el diario EL PAÍS los periodistas D. Albert Montagut y D. Antonio Caño.

03 Enero 1990

El 'agente' Noriega

Albert Montagut

El general Manuel Antonio Noriega sabe demasiado. Ésta es al menos la impresión que se tiene en Estados Unidos, donde se teme que el juicio del hasta hace poco hombre fuerte panameño pueda dejar al descubierto algunos trapos sucios del Gobierno norteamericano. George Bush, sin embargo, dice que no tiene miedo de las denuncias que pueda formular Noriega en un eventual juicio, pero su fotografía junto al general panameño, cuando ambos eran los jefes de los servicios de espionaje de sus respectivos países, no le beneficia en absoluto.

Existen informaciones oficiales que demuestran que Noriega trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) mientras Washington conocía perfectamente las vinculaciones de tipo comercial que el general mantenía con los narcotraficantes colombianos.Washington también sabía que Noriega era un déspota mucho antes de que losmarines encontraran cocaína, dinero en efectivo, fetiches, una foto de Hitler y material pornográfico en uno de sus refugios panameños.

Un informe de uno de los subcomités de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, fechado el pasado mes de abril, un mes antes del pucherazo del general Noriega, señala que la Administración del ex presidente Ronald Reagan conocía las actividades del general. El informe señalaba, asimismo, que la CIA también tenía constancia de sus escaramuzas.

Colaboración

William Casey, el director de la agencia durante el proceso del Irangate,declaró que la relación del general Noriega con los narcotraficantes no se denunció porque el general panameño «facilitaba una valiosa ayuda» en la política de EE UU «,en América Central y en especial en Nicaragua». Casey murió el 6 de mayo de 1987 y se llevó a la tumba muchos secretos sobre Noriega.

La conexión norteamericana de Manuel Antonio Noriega se inició hace mucho tiempo, antes de que el general se convirtiera en la bestia negradel presidente George Bush. Ahora su pasado podría servir al militar panameño, que se refugió en la nunciatura de la capital, para involucrar en su juicio a la Administración estadounidense.

Dos jueces de Tampa y Miami, en el Estado de Florida, le acusan de narcotráfico, de blanquear el dinero de los barones de la droga de Colombia y de aceptar sobornos.

George Bush, por su parte, se ha apresurado a declarar que no teme el juicio de Noriega, ni tampoco lo que el general pueda declarar para no hundirse solo. «El sistema [judicial norteaniericano] funciona y las cortinas de humo no le servirán de nada», ha declarado el presidente.

Noriega y Bush se conocieron en un almuerzo celebrado en Washington en 1976. El actual presidente norteamericano dirigía en aquel momento la CIA y el general estaba al mando de los servicios de espionaje panameños.

El general Noriega estaba considerado entonces como uno de los mejores especialistas en espionaje del continente americano. Se le conocen relaciones con Managua y La Habana y al mismo tiempo su presencia en el esquema ideado por Oliver North para suministrar armas a la contra parece más que probado.

La relación de Noriega con los norteamericanos viene de lejos. En uno de sus muchos viajes a Estados Unidos visitó Fort Bragg, en Carolina del Norte, donde llevó a cabo con éxito un cursillo de psicología militar.

En aquella época, ni Noriega ni los propios militares norteamericanos podían imaginar que soldados entrenados y equipados en Fort Bragg serían los que le derrocasen del poder en Panamá.

Richard D. Gregorie, que en el año 1988 dirigió una investigación judicial sobre Noriega y que se dedica a la abogacía privada desde el pasado mes de enero, ha declarado que nunca consiguió la autorización para acceder a los documentos sobre Noriega que están en poder del Pentágono o la Agencia Central de Inteligencia.

Una vieja relación

Según Gregorie, cuando solicité a la CIA información sobre el general Noriega de forma reiterada, los funcionarios de la agencia le entregaron una carpeta con recortes de periódicos referidos al general y otros materiales de escaso interés. Gregorie cree que la relación entre Noriega y Washington se inició a principios de los años setenta.

Este investigador afirma que Noriega, jefe absoluto del servicio de espionaje panameño -el G-2-, recibió dinero procedente de la Agencia Central de Inteligencia por sus informaciones a las agencias norteamericanas sobre Cuba y operaciones militares én América Central.

Lawrence Barcella, un fiscal federal que logró procesar a un ex jefe operativo de la CIA, Edwin P. Wilson, cree que la CIA jamás revelará su relación con el general Noriega, porque la agencia preserva los nombres de sus contactos del mismo modo que hace con sus operaciones.

Pero Noriega aún no ha caído en las manos de sus antiguos amigos. El general continúa encerrado en la Nunciatura de Panamá. El Vaticano le protege y la legislación panameña impide su extradición a Estados Unidos. El presidente Bush sigue reclamando su envío a Miami y sigue asegurando que no le teme.

Los tribunales de justicia de Miami alegan que Noriega, el hombre que sabe demasiado, ha recibido más de 4,6 millones de dólares (unos 500 millones de pesetas) procedentes de los narcotraficantes colombianos, mientras que en Tampa le acusan de haber aceptado sobornos por valor de un millón de dólares. Ahora la cuestión no es probar esas acusaciones sino detener al sospechoso y sentarle en el banquillo de los acusados.

04 Enero 1990

Miles de panameños exigieron a Noriega que se entregara

Antonio Caño

La invasión norteamericana de Panamá obtuvo ayer, por un lado, la entrega del general Noriega, y, por otro, y previamente, el refrendo apoteósico de decenas de miles de personas que se echaron a la calle en la capital del país para aplaudir a los ocupantes y exigir que les entreguen a Manuel Antonio Noriega. Los manifestantes dijeron estar dispuestos a mantener la presión popular hasta que el general derrocado saliese de la nunciatura. Mientras tanto, el Gobierno de Guillermo Endara amenazaba con romper relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua si ambos países no reconocen de inmediato a las nuevas autoridades panameñas.

La convocatoria de la Cruzada Civilista fue el primer gran acto de masas desde que el 20 de diciembre las tropas de Estados Unidos invadieron Panamá y expulsaron del poder a Noriega, que pidió asilo político en la embajada del Vaticano. Fue también una de la rnayores concentraciones de los últimos años en este país y, al mismo tiempo, una seria forma de presión sobre el Papa, que se negaba a entregar a Noriega a Washington.La población demostró claramente, a través (de un acontecimiento masivo y festivo, que quiere deshacerse de Noriega antes que nada, sin consideraciones sobre los principios del derecho de asilo y, psor supuesto, sin escrúpulos sobre la legitimidad de una fuerza de ocupación a la que ayer aplaudieron a rabiar.

Gentes de toda condición social -aunque predominaba la presencia fácilmente distingible de personas de clase media y alta- se arrojaron con banderas, ropas blancas y carteles contra Noriega sobre el reforzado cerco militar en torno a la nunciatura. Hasta elmomento de cerrar esta edición (las 4.30, hora peninsular española), no se habían registrado incidentes de gravedad, aunque las tropas norteamericanas detuvieron a dos hombres a los que los manifestantes identificaron como provocadores norieguistas.

Abundaban las camisetas que llevaban grabada la frase «just cause» (causa justa) -el nombre -de la operación militar norteamericana en Panamá- y otras decenas de alusiones a la invasión y contra Noriega, a quien popularmente se identifica con una piña por su rostro picado por la viruela.

Fue una verbena pro norteamericana. Una muchacha a la que preguntarnos ¿cómo está todo? contestó espontáneamente: «fine, thank you». Nunca esos soldados de cualquier rincón de EE UU habrían soñado con desfilar entre tantas personas que les aplaudían y vitoreaban.

Liberación

Alberto Conté, ex presidente del Colegio de Periodistas y dirigente de la Cruzada Civilista, explicó desde los micrófonos que «mientras el pueblo panameño ve la intervención norteamericana corno una liberación, muchos, demasiados países, la condenan». «¿Por qué no les preguntan a los panameños», añadió, «qué es lo que queremos: un Noriega con respalído de la Organización de Estaáos Americanos o una intervención de liberación?».

La gente, sin dudar, respaldaba lo segundo. «Hernos encontrado en esta intervención», dijo el dirigente civilista, «la única salida para acabar con una dictadura que fue copia burda del nazismo». Incontenibles en los adjetivos, insaciables en sus ofensas contra el general refugiado en la nunciatura, los oradores y los asistentes confraternizaron en un acto de histeria popular.

Algunos carteles pedían al presidente Guillermo Endara romper relaciones con el Vaticano y otros caricaturizaban al nuncio Sebastián Laboa como una serpiente. Todo desmedido, exhuberante, en medio del calor y los vendedores de helados y agua de piña.

«Te llegó la hora, MAN (Manuel Antonio Noriega): o te sacan o te sacarnos», decía una pancarta. No se produjeron, sin embargo, intentos de linchamiento. Las tropas norteamericanas habían interceptado con tanques y alambres de espino todos los accesos a la nunciatura Soldados con prismáticos estaban situados en las terrazas de los edificios próximos para seguir de cerca cualquier movimiento.

El acto, que fue transmitido en directo por la radio y la televisión, pudo ser seguido desde su cuarto de asilo por el general Noriega, quien poco después tomó la decisión de entregarse a los soldados norteamericanos, frente a la alternativa de alargar esta crisis indefinidamente.

La manifestación, que contaba con el respaldo del presidente Endara, estaba destinada a interferir en las negociaciones que Estados Unidos, el Vaticano y el Gobierno panameño mantenían para buscar a una salida a un caso que se había hecho sumamente complejo.

La entrega del general Noriega originó de inmediato en Pana má un verdadero carnaval, con miles de personas celebrando la noticia en calles y balcones, informa Efe. En toda la ciudad so naban pitos y se escuchaban gritos de alegría. También se forma ron caravanas de coches que ha cían sonar sus bocinas con estridencia.

Advertencia

Por otra parte, el canciller pana meño, Julio Linares, advirtió que «Cuba y Nicaragua están crean do las condiciones para una rup tura de relaciones». «Cuba ha di cho claramente que no reconocerá al Gobierno de Guillermo Endara», recordó el ministro de Relaciones Exteriores. «Entonces», añadió, «tendrá que retirar su misión diplomática en Panamá y nosotros haremos otro tanto».

Un portavoz del Gobierno cubano dijo que hoy se enviaría un avión a Panamá para evacuar a las familias de los diplomáticos y a otros cubanos que se encontraban en ese país en el momento de la invasión. El portavoz declinó referirse a si se permitirá abordar esa nave a las decenas de panameños que tomaron refugio -entre ellos la esposa de Noriega- en el Embajada cubana y en la residencia del embajador. Linares afirmó que el caso de Nicaragua es «igual al de Cuba» y aseguró que «ningún país puede mantener aquí una misión diplomática que no reconozca al Gobierno». «No es Panamá la que está rompiendo relaciones diplo máticas con Cuba y Nicaragua. Son ellos quienes las están rom piendo con nosotros», añadió el canciller.

Cuba y Nicaragua fueron los únicos países de América Latina que mantuvieron hasta el último momento su respaldo al régimen del general Noriega, y los dos únicos Estados del mundo, además de Libia, que dieron respaldo económico y asesoramiento militar y político al general derrocado. Tras la invasión norteamericana dos funcionarios diplomáticos cubanos fueron temporalmente detenidos para su identificación, mientras que la residencia del embajador nicaragüense fue allanada y registrada la pasada semana por las fuerzas esta dounidenses. Cuba y Nicaragua han condenado radicalmente la invasión y la colaboración de las nuevas autoridades panameñas con las tropas norteamericanas.

El canciller Linares anunció, por otra parte, que «no ha sido contemplada una acción rnilitar» para sacar al general Noriega de la nunciatura. El Gobierno pre tende así calmar la fiebre lincha dora provocada por la Cruzada Civilista (el movimiento social que dirigió las protestas de los dos últimos años).

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