7 mayo 2001

Abad estaba preparando su campaña electoral para ser elegido presidente de la comunidad en las elecciones autonómicas de 2003

ETA asesina en plena campaña electoral vasca al senador Manuel Giménez Abad, presidente del Partido Popular en Aragón

Hechos

El 07.05.2001 D. Manuel Giménez Abad presidente del Partido Popular de Aragón.

Lecturas



Manuel Giménez Abad, presidente del Partido Popular de Aragón, de 52 años, estaba casado y tenía dos hijos. Fue asesinado en una céntrica calle de la capital maña por un etarra que le disparó tres tiros por la espalda cuando se dirijía con su hijo al campo de fútbol de La Romareda para ver un partido del Real Zaragoza, el 6 de mayo de 2001.

07 Mayo 2001

ETA nunca se fue

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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No es que ETA haya regresado: nunca se fue. Ayer asesinó a un senador, Manuel Jiménez Abad, presidente del PP de Aragón, pero hace 15 días ya intentó, sin conseguirlo, matar a dos concejales, madre e hijo, de ese mismo partido en Hondarribia e Irún y a dos miembros de Unidad Alavesa en Vitoria; más recientemente, el 2 de mayo, la Ertzaintza desactivó en Urnieta (Guipúzcoa) un artefacto que seguramente se desprendió de un vehículo al que había sido adosado con la intención de matar a su ocupante.

Desde que en España hay elecciones, nunca ETA ha dejado de tratar de condicionarlas, o al menos de dejar su impronta criminal, en los días anteriores a la cita con las urnas. Así ha sido en todas las elecciones, de cualquier orden, con las únicas excepciones de las autonómicas de 1994 y 1998 y las municipales de 1999; estas dos últimas, dentro del periodo de tregua. Rota ésta, en vísperas de las elecciones generales del año pasado, ETA asesinó al dirigente socialista Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez.

La realidad se impone una y otra vez a las especulaciones sobre supuestas treguas tácitas. Los malos resultados que predicen todas las encuestas para el brazo político de los terroristas habían dado pie a la teoría de que esta vez no habría atentados para no perjudicar aún más las expectativas de Euskal Herritarrok. Era una teoría racional, porque, por debajo de un nivel dado de representación institucional, ETA pierde capacidad de condicionar al nacionalismo democrático, que es uno de sus objetivos actuales. Pero en ese cálculo se olvida que ETA no aspira tanto a conseguir tal o cual objetivo político (modificar la política nacionalista, por ejemplo) como a dejar establecido que esa modificación o cualquier otro hecho político ha sido resultado de su recurso a la violencia.

Porque ETA no es sólo una organización radicalmente independentista, sino un grupo totalitario: una banda que aspira a perpetuarse demostrando que mediante la violencia se alcanzan objetivos que no se lograrían sin ella. La ignorancia voluntarista de la verdadera naturaleza de ETA está detrás de los equívocos irresponsables de los partidos que hasta ayer mismo reivindicaban su apuesta de Lizarra con el argumento de que ETA es la expresión de un conflicto político no resuelto y que, por ello, la única forma de acabar con ella es una negociación en la que se satisfagan total o parcialmente sus exigencias. Ese planteamiento ha sido compartido durante años por muchas personas y partidos no sólo nacionalistas; pero la característica principal del periodo abierto por la rebelión cívica de Ermua es que muchos vascos -el domingo próximo se comprobará cuántos- ya no se tragan esa teoría.

Pero el atentado de ayer también viene a recordar que, con independencia de cuáles sean los resultados del 13-M y el signo del Ejecutivo que salga de las urnas, ese Gobierno y su oposición tendrán que ponerse de acuerdo entre sí y con el Ejecutivo español en torno a un plan de deslegitimación política y eficacia policial contra los que ayer asesinaron a un hombre que se dirigía al fútbol con su hijo.

07 Mayo 2001

La víctima número treinta

Carlos Martínez Gorriarán

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Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, es la persona número 30 asesinada por ETA desde el fin de la tregua-trampa. Si otros intentos hubieran tenido éxito, los muertos serían ya muchos más de treinta. Y esto es así porque esta es la naturaleza y el fin de ETA: asesinar a cuantos más mejor entre los que reconoce como sus enemigos, esto es, cualquiera que se le resista. Por eso no creo demasiado pertinente entrar en especulaciones acerca de por qué mata ETA en esta campaña electoral y qué explicación pueda tener este asesinato en particular. ¿Pretendería ETA perjudicar al PP o más bien dañar el PNV? (ya verán, la segunda será la estúpida y cínica explicación de Ibarretxe y su compañía de falsas víctimas profesionales); ¿querría ETA amedrentar a los votantes vascos para aumentar la abstención o tal vez lo contrario? La verdad es que esto no tiene ninguna importancia ni nos lleva a ninguna parte. Un amigo muy experto en estas lides suele decir que los terroristas esperan a leer los análisis publicados en la Prensa para explicar después el sentido del crimen en el inevitable comunicado posterior. La explicación de un asesinato como el padecido por Manuel Giménez sólo es elemental y terrible: ETA le arranca la vida para seguir siendo ETA, un parásito de la muerte y el terror que no puede medrar de ninguna otra cosa. Así que dejémonos de hermenéuticas alambicadas y vayamos a lo único esencial: primero, llorar el duelo por Manuel Giménez Abad y rendirle homenaje con su familia, amigos y compañeros; segundo, perseverar en la lucha contra ETA y todo —todo— lo que representa; tercero, ganar las elecciones el 13 de mayo y mandar a los nacionalistas a la oposición —sin revancha, pero de modo implacable— para que esa lucha tenga más pronto que tarde el único final deseable, que es el fin de ETA como peste y peligro a tener en cuenta. Una vez más, se lo debemos a esta víctima, la número treinta.

07 Mayo 2001

La lógica terrorista

Mario Onaindia

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Lo primero que se pregunta la gente cuando se produce un atentado terrorista que ha segado la vida a un ciudadano ejemplar, como en este caso Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, es ¿por qué? Unos intentan proyectar sus cálculos electorales sobre la mente de los terroristas. Y otros predican que el terrorismo carece de lógica.

Y sin embargo, los terroristas tienen una lógica implacable que funciona con entera frialdad al margen de coyunturas electorales o no: buscan el exterminio de quienes defienden el Estatuto y la Constitución para poder construir una Euskal Herría basada en el apartheid de los no nacionalistas, a los que trata de privar de los derechos políticos.

Y por desgracia, a la hora de llevar a cabo este proyecto, los terroristas se han encontrado con el inestimable apoyo de las instituciones regidas por el PNV y por EA, tanto firmado el acuerdo de Estella como deslegitimado una democracia cuyo rechazo se debe fundamentalmente a estar pasado en que somos ciudadanos vascos todas las personas que vivimos en Euskadi.

Ante esta insoportable situación, algunos profesores, jubilados, periodistas, escritores… han asumido la tarea de defender la Constitución y el Estatuto, fieles al llamamiento de Fernando Buesa de protagonizar una revuelta social democrática.

Cualquier análisis político que se pare sólo en los votos y en los escaños para hacerse la ilusión de que el 13 de mayo puede surgir una situación de estabilidad para cuatro años y haga abstracción tanto de la implacable estrategia de Eta como de esa revuelta que se va fraguando cada vez con mayor energía, está condenado al fracaso.

Mario Onaindía

07 Mayo 2001

Un voto por Manuel Giménez Abad

Jon Juaristi

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Al asesinar a Manuel Giménez Abad, ETA no busca intervenir en la campaña electoral del País Vasco, sino dejar claro el nulo respeto que le merece la democracia. Resulta patético que, a estas alturas, haya todavía quien se pregunte por el sentido de la inactividad de la banda durante el pasado mes y medio. Si ETA no ha matado a nadie en estos cuarenta y cinco días es porque no ha tenido ocasión de hacerlo.
Ha dado, finalmente, con una víctima fácil, desprovista de protección policial por propia voluntad. Creer que los terroristas ajustan su agenda al calendario de las instituciones estatales o autonómicas demuestra desconocer la naturaleza del nacionalismo antidemocrático, cuyo objetivo no se cifra tanto en la independencia de Euskadi, Euskal Herría o cualquier otro nombre que se le quiera dar a la utopía pseudovasca, como en la destrucción de las libertades en toda España.
ETA nació de la nostalgia totalitaria cuando en el franquismo de los sesenta comenzaron a apuntar tímidos signos de permisividad que despertaron en la sociedad española la esperanza de una cercana democratización. Esto no es revisionismo histórico (o, en caso de serlo, lo sería sólo de la estúpida leyenda progresista que sostiene aún que ETA, en sus orígenes, fue algo muy distinto de lo que es en el presente). Jamás ETA estuvo del lado de la libertad política. Por el contrario, trató siempre de impedir su advenimiento.
Los españoles ganamos la democracia contra dos fuerzas mellizas: el búnker franquista y el búnker abertzale. De la primera, quedan solamente algunos ridículos saldos; la otra se ha salvado de la extinción gracias, sobre todo, a la complicidad de un partido apacentado por una capilla de sinvergüenzas.
El 13 de mayo los vascos deberán elegir entre seguir bajo la dictadura de la chusma etarra o dar su apoyo a un gobierno decidido a combatir el totalitarismo en todos los terrenos. Porque de totalitarismo se trata.
Un totalitarismo sincrético, que ha heredado todas las premisas básicas de los totalitarismos de izquierda y de derecha. Un totalitarismo de nuevo cuño, muy esquemático, reducido a puro odio a la libertad y a la vida.
Un totalitarismo que odia a España porque España ha sido y es el único marco nacional que puede asegurar a los vascos el disfrute de libertades democráticas y el pacífico desarrollo y enriquecimiento mutuo de sus múltiples culturas.
ETA no es un problema exclusivo del País Vasco: ETA es hoy la gangrena de toda la democracia española. Por si esto no había quedado suficientemente claro con anterioridad a la insidiosa «tregua» de 1999, la banda ha ido desparramando su lotería de la muerte sobre todo el mapa español. Ni contencioso vasco ni folclore local. Estamos ante un contencioso claramente español: el que enfrenta a la gran mayoría de los ciudadanos con el último totalitarismo asesino de Europa.
A comienzos del pasado siglo, Unamuno pronosticó la alianza de siniestros comunismos con oscuros separatismos de aldea. No pensaba don Miguel en los comunismos marxistas, que surgirían años después como secuela de la revolución bolchevique, pero sí en la rencorosa criatura política que los hermanos Arana acababan de alumbrar en el cogollo de su Bilbao liberal.
Es triste que acertara. Nunca dejó de ver Bilbao como una metáfora de lo mejor de España, de la que había luchado sin tregua por las libertades desde la primera guerra civil. Hoy España resiste contra la tiranía en todas sus ciudades y pueblos, y por eso ETA golpea a toda España. ETA asesina a demócratas como Manuel Giménez Abad porque intuye que gentes como él, políticamente comprometidas con la democracia española, que es la única democracia de los vascos, son los peores enemigos de su utopía homicida.
No podemos hacer otra cosa por Manuel Giménez Abad que llorarle, como a las otras víctimas del delirio de los totalitarios póstumos. Pero, como afirmaba no hace mucho María San Gil, la valiente concejal popular de San Sebastián, los vascos podrían asumir que las elecciones del próximo domingo suponen una disyuntiva ética.
Votar por los partidos del frente de Estella, por los compañeros de viaje de los asesinos de Giménez Abad y de tantos otros, equivale a añadir al crimen la irrisión, el desprecio de los muertos. En las sociedades democráticas, volcadas hacia el futuro, los muertos han dejado de ser una pesada herencia histórica, pero ello no significa que debamos ceder a formas injuriosas del olvido.
Quienes voten el 13 de mayo por los partidos constitucionalistas cumplirán -tiene razón María San Gil- un último deber ético con Manuel Giménez Abad y todos losGiménez Abad de esta desdichada historia: certificarán con su voto la inocencia y la nobleza de las víctimas.
El 13 de mayo, los que cayeron defendiendo la libertad de todos no serán una herencia engorrosa.

07 Mayo 2001

ETA rompe la baraja

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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No eramos probablemente los únicos en albergar la esperanza de que ETA iba a permanecer inactiva durante la campaña electoral vasca, entre otras razones, por la propia conveniencia de no perjudicar a su brazo político EH. Pero no fue así. La banda terrorista asesinó ayer en Zaragoza a Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, de tres tiros a bocajarro, en presencia de su hijo.

ETA demuestra con ello lo poco que le importan las urnas y el desprecio que le merecen la democracia y las instituciones vascas. Por utilizar una metáfora elocuente, la banda ha decidido romper la baraja antes de comenzar la partida que dos millones de vascos juegan el próximo domingo.

Pero ETA pone de relieve también que le es absolutamente indiferente la suerte electoral de EH, que va a perder probablemente miles de votos por este atentado. Las últimas encuestas dan a la coalición abertzale siete u ocho escaños, cerca de la mitad de los 14 que ahora tiene. Si se produjese este resultado, EH perdería unos 70.000 votos respecto a las elecciones autonómicas de 1998, más de la tercera parte de su apoyo popular. El atentado deja sin discurso a Otegi, que fue el gran beneficiado por la tregua de hace dos años.

Pero la muerte de Giménez Abad debería suponer, además, un aldabonazo a la conciencia de los dirigentes del PNV, que no son responsables de este asesinato pero que sí han construido un discurso político que sirve de coartada a ETA y han sido incapaces de poner diques al miedo que siente la sociedad vasca.

Con «los amigos del PNV», por utilizar la desafortunada expresión de González, al frente del Gobierno vasco, no hay ninguna esperanza de que las cosas puedan cambiar. Un moderado como Juan María Atutxa decía hace pocos días que los nacionalistas deben esforzarse por reintegrar a los etarras en la sociedad vasca. Si el partido de Arzalluz gana las elecciones, los violentos van a seguir disponiendo de espacios de impunidad en el País Vasco e imponiendo su ley en la calle.

La eficacia de la lucha contra el terrorismo es un argumento más, y uno de los más poderosos, para que los electores vascos revaliden dentro de seis días la alternativa de un Gobierno del PP y del PSOE que sea capaz de colaborar con los Ejecutivos de Madrid y París para acorralar a ETA.