8 julio 1987
Rafael Alberti (exiliado como Diego durante la dictadura franquista) y Dámaso Alonso (que permaneció en España) principales miembros de aquel grupo de intelectuales que permanecen vivos
Fallece el poeta Gerardo Diego, histórico de la generación del 27
Hechos
El 8.07.1987 falleció D. Gerardo Diego.
09 Julio 1987
Como la otra vez
Una vez hice escribir a Gerardo; y lo hice muy estrambote. Fui yo quien lo hizo. Fue en Santander, agosto de 1972, cuando yo lo escribía. Ahora voy a hacerlo poco exacto, como la otra vez:
Nos finge que el lo escribe: “Yo ardo, yo ardo.
todos me veis parpadear mi fuego.
Respiro mi volcán – ¡gracias! – y luego
dudo en mis propias rimas:tarde aguardo
nardo; absoluta densidad. Un nardo
que quilatando su perfume en juego
musical, hacia el mundo me despliego
y me obstino hacia mí, tímido cardo.
Cuando suben mareas de ternura,
me fluye en ritmo y rima la hermosura
del mundo, lo que miro y lo que anhelo:
versos de antier, de ayer, de hoy, de mañana:
es mi hora. En ella soy. El resto, humana
sombra, que al fin se sumirá en su cielo”.
Probreza, lo poco que valía mi verso, tratando de imitarle a él. Gerardo fue maravilloso e inmenso poeta. Yo le creo uno entre los primeros poetas de lengua española de todos los tiempos.
Dámaso Alonso
El Análisis
Con la muerte de Gerardo Diego desaparece uno de los últimos grandes nombres de la Generación del 27, el grupo poético que transformó para siempre la literatura española al combinar la tradición clásica —de Góngora a Bécquer— con las vanguardias europeas del siglo XX. Nacido en Santander en 1896, Diego deja una obra inmensa en la que conviven la experimentación y la poesía más clásica. Libros como Manual de espumas, Versos humanos —Premio Nacional de Literatura en 1925—, Alondra de verdad o Paisaje con figuras bastan para situarlo entre los grandes poetas españoles del siglo. Su célebre Antología de la poesía española contemporánea (1932 y posteriores ediciones) fue además decisiva para fijar la identidad de aquella generación formada por nombres como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre o Luis Rosales, entre otros. Si algún verso resume su sensibilidad, es quizá aquel de El ciprés de Silos que comienza: «Enhiesto surtidor de sombra y sueño…», convertido ya en uno de los grandes poemas de la literatura española.
La Guerra Civil quebró para siempre aquella brillante convivencia intelectual. Lorca fue asesinado en 1936; los que estaban posicionado con la izquierda Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén, Prados y Altolaguirre emprendieron el camino del exilio; otros, los posicionados en la derecha como Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre o Luis Rosales permanecieron en España, aunque cada uno mantuvo trayectorias personales y posiciones muy distintas respecto al nuevo régimen. Gerardo Diego, de sensibilidad conservadora y próximo al bando vencedor durante la guerra, pudo desarrollar su carrera literaria en la España franquista, mientras Aleixandre optó por una actitud mucho más independiente y Alonso centró su prestigio en la universidad y en la crítica literaria. Esa diversidad demuestra que la Generación del 27 nunca fue un bloque político, sino una extraordinaria comunidad de talento que la guerra dispersó dramáticamente. Con la desaparición de Gerardo Diego quedan ya muy pocos representantes directos de aquella edad de oro de la poesía española —entre ellos Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura en 1977—. Cuando desaparezcan también ellos, el 27 dejará de ser una generación viva para convertirse definitivamente en Historia; una Historia que seguirá recordando a Gerardo Diego como uno de sus arquitectos más refinados y como uno de los grandes maestros de la poesía española del siglo XX.
J. F. Lamata