19 octubre 1998
Fue el fundador de la patronal española (CEOE) y uno de los artífices de la celebración de las olimpiadas de Barcelona en 1992
Fallece el presidente del Comité Olímpico Español, Carlos Ferrer Salat
Hechos
El 19.10.1998 la prensa dio cuenta del fallecimiento de D. Carlos Ferrer Salat.
Lecturas
El COI no elegirá nuevo Presidente hasta diciembre, hasta entonces el cargo será ocupado interinamente por D. Alfredo Goyeneche.
19 Octubre 1998
Líder olímpico, líder empresarial
Carlos Ferrer Salat no ha podido llegar a cumplir los 26 años previstos para su permanencia como miembro del Comité Internacional Olímpico (CIO), al que pertenecía desde 1985, dos años antes de que fuese elegido presidente del Comité Olímpico Español (COE).
Ferrer Salat falleció ayer en su domicilio barcelonés a los 67 años.
Entró en el supremo organismo del deporte internacional de la mano de Juan Antonio Samaranch, completando de ese modo el cupo de dos miembros por país en el seno del CIO. Teóricamente habría seguido en el más alto organismo del deporte mundial hasta el año 2011, cuando él contase 80 años de edad. Hubiera asistido a los Juegos del 2000, del 2004 y del 2008.
Un infarto ha acabado con su vida, dedicada con extraordinaria intensidad y éxito al mundo del deporte y al de la empresa. Dos universos simultáneos y paralelos.
Quizá habría que remitirse a 1953 para escoger el origen cronológico de un Ferrer Salat doblemente triunfador. Ese año completa sus estudios de Ingeniería Química, una tradición familiar iniciada por su abuelo, funda Ferrer Internacional, S.A, una empresa dedicada al sector farmacéutico-químico, y se proclama campeón nacional absoluto de tenis. En cuanto a su actividad deportiva, representa a España en la Copa Davis en calidad de número uno del país.
Ferrer Salat fue también subcampeón nacional en 1951 y 1952. Jugador número uno del equipo español de Copa Davis en 1953 y 1954, lo capitaneó ese último año.
A lo largo de una veintena de años consolida su ascenso social y se licencia en Ciencias Económicas y Filosofía y Letras.
Ferrer Internacional es un grupo de 16 compañías con filiales en múltiples países. Ferrer, además, ha sido presidente de Medir Ferrer, S.A. y miembro del Consejo Europeo de IBM y de los consejos de administración de Seat-Volkswagen, de Electrolux Holding, S.A. y de Zúrich Internacional.
La década de los 70 lo proyecta decididamente a un primer plano de la vida nacional. En 1973 funda y preside el Banco de Europa. Preside también el Fomento de Trabajo Nacional -la patronal catalana- y la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), de la que es uno de los miembros fundadores más activos. Varias veces reelegido, mantuvo la Presidencia de la gran patronal española hasta 1984, fecha en la que, estatutariamente, debió abandonar el cargo (lo sustituyó José María Cuevas).
La relevancia de su labor empresarial lo había conducido en 1979 hasta el Comité Ejecutivo de la Trilateral, del que dimitiría en 1982.
En aquellos años 70 de efervescencia política, Carlos Ferrer, que había fundado también el Centre Català y, ya desde los 60, propugnaba un sistema económico y social liberal, abierto y, por decirlo así, europeo, pareció constituirse en una de las más importantes bazas de la derecha democrática española. No llegó a serlo, quizá porque la política, con todas sus seducciones, no fue tan atractiva para él como la empresa y el deporte. Pero anduvo cerca de la frontera que separa la vida privada, dentro de su relevancia social, del desempeño decididamente público.
En cierta ocasión, en una reunión en El Pardo, un nombre que tan sólo recoge ya los ecos de Franco extinto, Ferrer Salat le preguntó a Felipe González: «¿Qué te parecería si yo fuese el líder de la derecha?»
No se sabe qué contestó, si es que lo hizo, el gran tótem del PSOE, pero Ferrer desestimó su posible carrera política. Ni siquiera Abel Matutes lo animó a emprenderla cuando el hoy ministro de Asuntos Exteriores le ofreció, en el verano de 1984, una de las vicepresidencias de Alianza Popular.
En esos años 80 es cuando, ya como dirigente, el deporte se convierte en un aspecto fundamental de su vida, a raíz de su nombramiento como miembro del CIO. Su llegada a la Presidencia del COE, donde sucede a Alfonso de Borbón, supone una nueva era para el deporte español. Ferrer pone en marcha el Programa ADO (Asociación de Deportes Olímpicos 1992) que desembocaría en el éxito de participación en los Juegos de Barcelona. El deporte español ha sido otro, más fuerte y capaz, a partir de entonces.
Fue una iniciativa lógica. Ferrer, un empresario, aboga por que las empresas privadas financien becas para los deportistas olímpicos. Hoy el ADO ya no es lo que era. Tal vez lo volverá a ser cuando otra ciudad española -¿Sevilla? ¿Madrid?- sea sede de una nueva edición de los Juegos y ofrezca a los empresarios todo tipo de rentabilidades. Pero no por ello ha muerto el ADO. En su retroceso, mantiene unos ciertos mínimos de los que sigue beneficiándose nuestro deporte.
Durante su actividad de dirigente deportivo que alcanzó su cima en Barcelona-92, Carlos Ferrer no abandonó su faceta de líder empresarial. En mayo de 1988 había sido elegido vicepresidente de la patronal europea, la Unión de Confederaciones de la Industria de los Empleadores de Europa (UNICE). En 1990 ascendió a presidente. Desde ese puesto, y fiel a su ideología liberal, se mostró contrario a que en la Comunidad Europea se legislara sobre salarios, contratos y horarios. Reelegido en 1992, se mostró firmemente partidario de la ratificación del Tratado de Maastricht. Quería para España una flexibilización del mercado laboral.
Su último gran cargo empresarial fue, desde 1994 hasta 1996, el de presidente del Comité Económico y Social de la Unión Europea. En abril del 97 fue reelegido máximo dirigente del COE. Su mandato se hubiera prolongado hasta el 2001.
Carlos Ferrer Salat ha sido un hombre muy alto (medía 1,90), muy delgado, muy deportista (practicó, aparte del tenis, muchos otros deportes: atletismo, esquí, golf, vela, gimnasia, natación, pelota vasca y equitación) y muy cosmopolita. Hablaba varios idiomas y estaba casado con Blanca Serra Di Migni i Moulart, con la que tuvo dos hijos: Beatriz (una amazona que estuvo a punto de formar parte del equipo de hípica en Barcelona) y Sergio.
Había sido distinguido con numerosas condecoraciones españolas y extranjeras, entre ellas la Legión de Honor francesa.
Defensor del capitalismo deportivo, fue uno de esos catalanes universales, hijo de una alta burguesía cultivada y emprendedora, y heredero de una mentalidad precursora en gran medida del concepto y desenvolvimiento de la actual Europa.
Carlos Ferrer Salat nació el 22 de marzo de 1931 en Barcelona, donde falleció el 18 de octubre de 1998.
19 Octubre 1998
No sólo un amigo
He sido no solamente un viejo amigo de Carlos Ferrer, sino también un gran admirador suyo. Acerté plenamente cuando en el año 1985 lo promoví como miembro del CIO para España. En este CIO ha prestado grandes servcios y era, en este momento, el vicrepresidente de nuestra comisión de finanzas. Para nosotros era una firme garantía de buena administración.
En el deporte español ocupaba desde hace once años la presidencia del COE. Todos conocemos la conflictividad que había siempre en este organismo. Se produjo el milagro, los conflictos desaparecieron y el COE está hoy día más unido que nunca y sus relaciones con el CSD son ejemplares.
Carlos Ferrer se dio perfecta cuenta de que los éxitos en los Juegos Olímpicos de Barcelona requerían también una gran actuación del equipo español y se le ocurrió que el COE creara en colaboración con el CSD y TVE el programa ADO. Tenía toda la razón. El gran triunfo de Barcelona fue lograr que una gran organización estuviera acompañada de una lluvia de medallas, 13 de ellas de oro, para los deportistas españoles. Era un hombre que pensaba que la mejor forma de resolver los problemas era evitarlos.
Estuve con él en estos últimos días en una de las largas reuniones que teníamos periódicamente y me comentaba que su hija Beatriz había conseguido, como jinete, clasificarse para participar en los Juegos de Sydney en el año 2000. Cuando me lo comentaba le brillaban los ojos con orgullo.
Es dificil decir adiós a éste, en todo los sentidos, gran hombre, pero afortunadamente nos ha dejado un rastro que si sabemos seguirlo muy unidos, el deporte español podrá alcanzar aún nuevos laureles en los Juegos Olímpicos.
19 Octubre 1998
Él tenía razón
Carlos siempre hablaba con la razón y yo con el corazón. Por eso nos pasábamos el día discutiendo sobre cualquier cuestión. Si decía que íbamos a ganar 20 medallas en los Juegos Olímpicos él se echaba las manos a la cabeza y me decía: «Estas loco». Tengo que reconocer que casi siempre llevaba razón. Nos conocimos mucho tiempo antes de que comenzaramos a trabajar juntos por el deporte español hace once años, pero ha sido durante este tiempo cuando he llegado a profundizar en su personalidad. Trabajador infatigable, se preocupaba por todo. Ahora su cabeza estaba pendiente de todo lo que tenía que ver con las selecciones autonómicas y con la preparación de nuestros deportistas para los Juegos de Sindey. Con él he aprendido tanto que su marcha me va a dejar un hueco imposible de llenar.
Sus últimas horas de vida las pasó jugando al golf, uno de los muchos deportes que practicó, y pendiente de su hija Beatriz, nuestra campeona en doma española.
En estos momentos tan tristes me resulta difícil, muy difícil, hilvanar unas líneas por el amigo que se ha ido. Su labor, su esfuerzo, su ilusión y su trabajo como presidente del Comité Olímpico Español han proporcionado a este organismo la etapa más brillante de su historia y yo he tenido la inmesa fortuna de haber podido compartir este tiempo con él.
Carlos contribuyó a la creación del Plan ADO que permitió a nuestros deportistas encontrar tiempo y dinero para mejorar su formación. Bajo su mandato se lograron 40 medallas y, lo más importante, el COE logró una total independencia.
He perdido a mi presidente, a mi amigo…Cómo me gustaría volver a tener otra discusión con él, aunque como siempre se saliera con la suya.