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El periodista franquista Pedro Rodríguez llegó a achacarle en INTERVIÚ el control de hasta un 35% de las acciones de PRISA

Fracasa el intento de Antonio García-Trevijano de comprar el diario EL PAÍS (PRISA) por el apoyo de la redacción a Polanco

HECHOS

El 25.11.1981, D. Pedro Rodríguez publicó en INTERVIÚ que D. Antonio García Trevijano se había hecho con el 35% de las acciones del Grupo PRISA la editora del diario EL PAÍS.

25 Noviembre 1981

MALDICIÓN: TREVIJANO ATACA DE NUEVO

Pedro Rodríguez

¿Cómo García Trevijano ha podido controlar un paquete que le convierte en mayoritario? Porque, claro: tener ahora mayoría en EL PAÍS equivale a una vicepresidencia del Gobierno

Claro que lo que le preocupa al Gobierno de verdad de la buena es el terrible anuncio: García Trevijano desembarca en EL PAÍS como Mac Arthur en Corregidor. Por un momento Moncloa enloqueció tratando de hacerse con fotocopias de la carta – presunta carta, perdón – del director de EL PAÍS a Trevijano.

El argumento de la película es este: Trevijano cena en un piso privado con el director. Le comunica la horrible nueva: ha pasado a controlar – para sí o para alguien – el 35% de las acciones del periódico. ¿Me serás fiel en salud y enfermedad, en riqueza o en pobreza hasta que Polanco no separe? La carta es posterior a la cena – las copias andan circulando por ahí – y jura eterna fidelidad a Polanco y a la casa actual. Trevijano contesta diciendo que se ve que ésa es una carta para ‘que la lea Polanco’. Bueno, es igual. Es anécdota.

Pero, ¿cómo García Trevijano ha podido controlar un paquete que le convierte en mayoritario? Porque, claro: tener ahora mayoría en EL PAÍS equivale a una vicepresidencia del Gobierno, claro. Hombre, parece claro, examinando la historia del periodismo español, que si eres periodista, vale más no fiarse de Trevijano, que luego, encima, se pone muy digno.

Pero lo que cotiza en el mercado del rumor es que estamos hablando de una operación democristiana. Por lo demás, el Banco del que Trevijano es abogado entró en la UVI bajo el manto protector del Banco de España, y, de momento, sigue vivo. El revival, el remake, regreso de Trevijano, que iba para jefe de Estado en la ‘Platajunta’, es uno de los momentos estelares, planetarios del discreto encanto de la transición.

Pedro Rodríguez

Primera Página

Juan Luis Cebrián

Felipe González nos alertó de que se estaba produciendo un movimiento extraño entre los accionistas de PRISA en el que, mediante compras clandestinas o secretas de acciones, el notario García-Trevijano pretendía hacerse con el control de la compañía. Las adquisiciones tenían que ser secretas porque existía un derecho preferente por parte de los accionistas, y quienes manejaron aquella auténtica conspiración, liderada como no podía ser menos, por Darío Valcárcel, sabían que cualquier movimiento accionarial de ese tipo sería abortado por Polanco, dispuesto ya entonces a comprar todos los paquetes que salieran a la venta.

A finales de 1981 Beatriz Rodríguez Salmones me preguntó si estaba dispuesto a aceptar una invitación a desayunar en su casa con el peculiar individuo, poseedor de una considerable fortuna, que se decía provenía no sólo de su actividad como notario sino también de un secadero de cebollas de su propiedad. Me pidió Beatriz total discreción, tenía que ir sólo y no informar previamente a nadie de la cita. Acepté de inmediato y decidí no comunicárselo ni a Polanco ni a Ortega, no fuera a estropearse el encuentro con una filtración de quien fuera. Además quería evitar el probable deseo de Jesús de acompañarme o sustituirme.

Había conocido a García-Trevijano años atrás siendo subdirector de INFORMACIONES. Su persona me inspiraba gran desconfianza y su gestión al frente del Diario MADRID del que fue el último propietario y con el que acabó físicamente dinamitando el edificio de la sede para construir un bloque de pisos, le había convertido en un individuo singularmente no querido entre los periodistas.

Me recibió en casa de Beatriz con gran cordialidad.

  • Sé que Polanco y tú tenéis un pacto, pero te has equivocado de aliado. El primer accionista del periódico, de lejos, soy yo, y quiero ponerme de acuerdo contigo. Tengo prácticamente el 20% de las acciones y puedo tener todavía mucho más, de modo que soy a fin d cuentas su dueño, aunque sé que nada de eso vale sin tu apoyo, porque tú controlas la redacción. Te garantizo autonomía e independencia absolutas en la línea editorial. Mi única ambición es presidir la Tercera República española, y en este punto concreto quiero ser claro contigo.

Me confirmó que Darío había ido en su busca para organizar el tinglado y que una gran cantidad de fundadores de la empresa habían decidido vender sus acciones ante lo que consideraban una traición al espíritu inicial de esta. Le pregunte si entre ellos estaba Areilza.

  • El primero de todos – contestó de inmediato.
  • ¿Y Fraga?
  • Fraga no, aunque no está de acuerdo con el periódico.

Darío presentó su dimisión para evitar ser destituido y el Consejo acordó proceder jurídicamente contra la compra de acciones clandestina que había realizado García-Trevijano. Este quedó muy desencantado del resultado de mi entrevista, probablemente debido a la desinformación que Valcárcel o quien fuera le pasara sobre una inexistente debilidad en las relaciones entre Polanco y yo, quizá al hilo de nuestras trifulcas. Cesó en el proceso de adquisición y se mantuvo al margen de la pelea entre accionistas durante más de un año.

En la primavera de 1983, después de la victoria socialista en diciembre del año anterior me vino a visitar Ramón Mendoza entonces pequeño inversor nuestro, y me relató una historia casi risueña: como presidente que era de la Sociedad Hípica y de Cría Caballar, coincidía todas las semanas con García-Trevijano en el hipódromo de Madrid, adonde acudía a montar el hijo del notario. Es una conversación informal le había comentado que, fracasada la operación de apoderarse del periódico y gobernado el PSOE con mayoría absoluta, había decidido vender sus acciones, por lo que estaba dispuesto a negociar.

Mendoza y yo manteníamos buenas relaciones desde años atrás. Él era socio del suegro de un hermano mío en diversos negocios de importación del suegro de un hermano mío en diversos negocios de importación y exportación con países de América Latina y el este de Europa. Le expliqué a Polanco que el único amigo verdaderamente rico que yo tenía era Ramón, y le sugerí que podía ser un accionista importante.

Mendoza puso condiciones: debía cesar cualquier ataque nuestro contra él, pues se había sentido muchas veces injustamente criticado; también debía tener la capacidad de publicar al menos dos artículos mensuales, y cuando su hijo compitiera en la hípica debíamos hacernos eco, naturalmente en sentido positivo, habida cuenta de las habilidades de su vástago como jinete. El 5% de la empresa pasaría a sus manos.

Jaime García Añoveros acudió junto con Baviano y a Adolfo Valero al despacho de García-Trevijano para ejecutar la compraventa de sus acciones de PRISA. Estaban presentes Darío Valcárcel y Rafael Pérez Escolar, este como abogado del vencedor. Los enviados de Ramón Mendoza se presentaron con una maleta que guardaba 60 o 70 millones de pesetas en efectivo.

Durante muchos años Ramón había tenido la exclusiva de la importación del petróleo soviético a España. La consiguió, en competencia con la familia Garrigues, “porque mientras que ellos creen que aquí, en Moscú hay que cortejar a los dirigentes del PCUS, yo sé que los que deciden son los del KGB”. Parte de las comisiones que la venta del petróleo ruso generaba las destinaba Ramón a financiar el PCE. Manuel Azcárate me confesó que él mismo había sido correo de varios envíos de ese género.

Ignoro si los billetes que encerraba la valija depositada en la mesa de García-Trevijano tenían o no la misma procedencia, pero con toda seguridad se trataba dinero opaco. Tan opaco que una vez firmadas las transacciones y en el momento de las despedidas, Pérez Escolar metió su pecadora mano en el montón de millones en efectivo allí depositados y con hábil rapidez se llevó un paquete: “Esto es para mí”.

Cerrar el paso a Trevijano

Gregorio Marañón Beltrán de Lis

La verdadera dimensión del conflicto del accionariado de PRISA se puso de manifiesto cuando Jesús descubrió en 1979 una trama liderada por el notario y hombre de negocios Antonio García-Trevijano (1927-2018) para controlar la sociedad. Se trataba de un conocido conspirador de muchas causas, que defendió siempre la ruptura frente a la Transición, y la república frente a la monarquía aunque apoyase también al Conde de Barcelona. Mantuvo durante décadas una oscura vinculación política y económica con el cruel dictador guineano Francisco Macías Nguema. Pocos años después de este intento de apoderarse de PRISA, participó destacadamente en la conspiración del llamado caso Sogecable.

Trevijano pudo intentar hacerse con el control de PRISA porque la participación de Polanco era insignificante y la compañía carecía de accionistas de referencia. Capitalizó el descontento existente por la línea editorial del periódico entre algunos accionistas adquiriendo abiertamente sus acciones, y muchas más de manera ilegal al incumplir las formalidades estatutarias. También firmó numerosos contratos de opción de compra, llegando a controlar algo más del 40% del capital social.

Con el apoyo del Banco Urquijo y de otros accionistas como Diego Hidalgo, Manolo Varela Uña, Juan Salvat y Álvaro Noguera, Jesús reaccionó con rapidez y, dos años después, conformó un grupo que representaba más del 50% de PRISA, cerrando así el paso a Trevijano, que se rindió. Ramón Mendoza, entonces amigo del notario, y que devino en uno de los mejores amigos de Jesús, intermedió en la negociación de la venta de las acciones de Trevijano a Jesús, que pudo así tomar el control de la sociedad y cambiar la composición de su órgano de gobierno. Colaboré con Jesús, día a día, en aquella batalla. Diego Hidalgo, uno de mis mejores amigos, se convirtió en el segundo accionista de PRISA: había adquirido las acciones de José Ortega con el fin de ayudarle a superar la quiebra de Alianza Editorial, en uno más de sus gestos altruistas. Por mi parte, adquirí el 1,5%. Jesús volvió a proponerme que me incorporara al Consejo, acepté su propuesta y en junio de 1983 Juan Luis Cerián y yo nos incorporamos al Consejo de Administración. Nunca imaginé que permanecería 35 años, ni que sería cesado a propuesta, entre otros, del propio Juan Luis y de los hijos de Jesús Polanco

El Análisis

TREVIJANO PERDIÓ LA BATALLA

JF Lamata

Aunque la guerra de accionistas de PRISA no terminó oficialmente hasta la junta en la que D. Jesús Polanco fue elevado a la Presidencia de la compañía, en junio de 1984, lo cierto es que para noviembre de 1981, cuando se conoció el capital de EL PAÍS que había logrado reunir el Sr. García-Trevijano, el polémico abogado ya había perdido la batalla, entre otras cosas, porque el abogado era bien consciente de que para ganar la batalla tenía que permanecer como ‘tapado’, pero la indiscreción de sus socios, Sres. Dario Valcárcel y Pérez Escolar, había puesto en guardia a los Sres. Polanco y Cebrián.

La auténtica batalla se había producido en el periodo 1979-1980. El grupo del Sr. Polanco estaba en guerra con el grupo de los ‘liberales ortegianos’ de D. Miguel Ortega, D. Julián Marías y demás, que había fundado un ‘Sindicato de Accionistas’, en medio de esa guerra desembarcó el Sr. Trevijano, para comprar acciones. No fue casualidad que en aquella época el diario INFORMACIONES, controlado en parte por el Sr. García-Trevijano, publicara un dossier contra los Sres. Polanco y Cebrián recordando, entre otras cosas, el pasado franquista de ambos.

Pero en la batalla por EL PAÍS no contaban sólo las acciones, contaba – y mucho – la imagen. El Sr. García-Trevijano aún no gozaba de la mejor imagen posible por sus relaciones con el ex dictador de Guinea que le costaron su salida de la Junta Democrática. Pero mucho más importante que eso, quien tenía mejor imagen, la imagen de EL PAÍS y casi encarnación del periodismo democrático, era D. Juan Luis Cebrián. Y se dio la circunstancia de que el Sr. Cebrián apoyó al Sr. Polanco. Sin el apoyo del Sr. Cebrián, ni el grupo del Sr. Trevijano, ni el grupo del ‘Sindicato de Accionistas’ tenían nada que hacer.

J. F. Lamata

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