15 octubre 1995

En TVE

Fracasa ‘Juntas, pero no revueltas’, el intento de trasladar a España el éxito de ‘Las Chicas de Oro’ de Estados Unidos

Hechos

El 15 de octubre de 1995 se estrena la serie ‘Juntas, pero no revueltas’.

14 Octubre 1995

Armas de mujer

Cristina Aldaz

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El escenario es un salón amplio y luminoso. En él está Rosa, sentada en un sofá y haciendo punto. A su lado, Julia devora un libro. En otro sillón, Benigna echa una placentera cabezada. Pero la tranquilidad dura poco. Pronto baja Nuri preguntando a gritos si está guapa y si alguien le deja unas pieles y unos pendientes de oro.

Esta escena bien podría ser el comienzo de cualquier capítulo de Juntas pero no revueltas, la serie que La Primera estrena mañana a las 22:00 horas, y de la que está previsto que se emitan, en un principio, 26 capítulos de media hora de duración.

La comedia, dirigida por el realizador Antonio del Real, está interpretada en sus papeles estelares por Amparo Baró (Benigna), Mónica Randall (Nuri), Mercedes Sampietro (Julia) y Kiti Mánver (Rosa), aunque en ella irán apareciendo artistas invitados como Incocencio Arias, Javier Sádaba, Pepe Martín, Teófilo Calle o Ana García Obregón.

Aunque la serie está inspirada en la producción nortemaericana Las chicas de oro, director y actrices insisten en afirmar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que los guiones son nuevos -los ha desarrollado un equipo coordinado por Fermín Cabal-, los personajes están dotados de un aire muy español y los problemas que padecen estas cuatro mujeres tienen mucho que ver con nuestra actualidad.

No obstante, las similitudes están al alcance de todo aquel que se haya deleitado con la serie estadounidense. Como en aquella, en Juntas pero no revueltas las chicas viven en un lujoso chalé propiedad de una de ellas. Bueno, mejor dicho, heredado del marido muerto de Nuri.

En la entrañable familia de solteronas, cada una cumple su cometido. Así, la «viuda alegre», una catalana de muy buen ver, está interpretada por una Mónica Randall que asegura que su Nuri es «menos puta que su versión americana, Blanche». De Benigna -Sofía en EEUU-, la abuelita charlatana que dice verdades como puños aunque no siempre sienten bien, se encarga Amparo Baró, encantada de su trabajo en la serie porque se ha sentido muy cuidada por Antonio del Real. «Cuida mucho a los actores, y ésto es lo mejor que te puede pasar», asegura la actriz.

A Mercedes Sampietro le ha correspondido el papel de Julia, la hija de Benigna, la «culta y equilibrada» del grupo. Es la Dorothy de la serie americana, casada de «penalti», separada desde hace tiempo y siempre en posesión de la verdad. Para completar el cuarteto está Rosa -Rose en Las chicas de oro-, a la que da vida Kiti Mánver. Rosa es andaluza, trabaja en la consulta de un psiquiatra y es la ingenua de la serie, aunque tiene un gran corazón.

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APOYO

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SOFIA.- Benigna (Amparo Baró): «Benigna es la madre de Julia, una anciana muy regañona. Siempre dice verdades, pero en el fondo es tierna y muy buena gente».

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BLANCHE.- Nuri (Mónica Randall): «Es una buena chica, algo infantil porque siempre ha vivido protegida por un marido. Aunque un poco fanfarrona, es graciosa».

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ROSE.- Rosa (Kiti Mánver): «Rosa es la ingenua, Tiene una capacidad de amor tan grande como para meter la pata. Es la más tierna y la que más risa produce».

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DOROTHY.- Julia (Mercedes Sampietro): «Es la mejor preparada. Tiene una idea muy clara de cómo tiene que se la vida y lucha por la individualidad de la mujer».

17 Octubre 1995

Faltan las risas

Rafael Torres

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Quienes se horrorizaron en su momento con las genuinas «chicas de oro», con su procacidad insulsa y su rijo teórico y desmesurado, se abstendrán de ver Juntas, pero no revueltas, la versión española recién estrenada en La Primera. Pero quien disfrutó con aquellas cuatro botarates, con sus ínfimas aventuras, con el yermo de sus diálogos y con la inanidad de su vida cotidiana, acaso se complazca también con las bobadas de estas clónicas de fabricación nacional.

Todo el lujoso chalé que habitan y comparten Benigna, Nuri, Rosa y Julia (Sofía, Blanche, Rose y Dorothy) está lleno, como es lógico, de lugares comunes, pero los guionistas añaden, por su cuenta, unos cuantos lugares comunes más, de manera que no hay tópico relacionado con la solterona, la viuda alegre o la talludita que no sirva para amorcillar el argumento. Se ha suavizado, ciertamente, el furor uterino que a los espectadores americanos de Las chicas de oro les hacía partirse de risa, y Nuri (Mónica Randall) no es aquella Blanche en celo permanente sino, cual corresponde a una española típica y tópica, una romántica de tres pares de narices. Sin embargo, ambas series se revelan igualmente concebidas y escritas por hombres, por hombres no muy dotados para la comprensión del otro sexo, así es que lo único singular que podría derivarse de ese asunto, la psicología de las damas, brilla, como se decía antiguamente, por su ausencia.

Pero, ¿cómo va a haber psicología ni gaitas si no hay personajes siquiera? Bueno, personajes sí hay, pero sin urdir, sin componer, sin personalidad. Y así, por ejemplo, sabemos que la tal Rosa (Kiti Mánver) es ingenua porque pone voz de tonta, y no porque su comportamiento nos revele una particular ingenuidad. Del mismo modo, nos enteramos de que Benigna (Amparo Baró) dice «verdades como puños» porque, cuando habla, las otras tres ponen cara de haber oído «verdades como puños», y la «intelectualidad» de Julia (Mercedes Sampietro) se nos revela gracias a que la susodicha lleva gafas y dice muchas tonterías.

Aunque los autores de Juntas, pero no revueltas lo relativizan, el parecido con el modelo americano es aplastante pero, queriendo ser finos, han incurrido en un fallo terrible: han suprimido las risas enlatadas. Para una comedia que no tiene gracia ninguna, cual el caso de Las chicas de oro o de su versión española, las risas ficticias son esenciales, pues sin ellas el público no sabe cuándo se tiene que reír, y no se ríe.

Por lo demás, Amparo Baró, Mónica Randall, Kiti Mánver y Mercedes Sampietro hacen lo que pueden, que no puede ser mucho con unos papeles tan inauditos. Excelentes actrices, prescinden de cuanta sabiduría han atesorado en tantos años de profesión para sacar adelante esa marcianada que no hace reír ni a las hienas pero que, y esto es lo único edificante, proporciona unos ingresos que caen como una bendición sobre un oficio comido por el paro.