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Fracaso de Pepe Navarro en TVE con el Late Night ‘Ruffus & Navarro’, por su poca audiencia

HECHOS

El 5.01.2006 TVE canceló el programa ‘Ruffus & Navarro’ tras apenas unos meses de emisión.

02 Diciembre 2005

¡Qué pereza las resurrecciones!

Carlos Boyero

Hasta el problemático aquí y ahora, demostrando una proteica capacidad para encajar o sortear con sonrisa de angelote incansables navajazos durante el año y medio desde que pilló esa cosa tan opiácea llamada poder (aseguran que también es peligroso, pero los experimentados cínicos dicen que sólo para el que lo ha perdido o aspira obsesivamente a él sin tenerlo) el luciferino Zapatero evidencia estar en posesión de palabra, de cumplir lo prometido aunque caigan truenos. Los soldaditos volvieron de aquella guerra intolerable, las sexualidades minoritarias pueden estar de boda si les apetece, los machotes de mano larga con sus hembras es probable que vayan al trullo (lo ideal sería que premiaran a su pareja si les dejan manquitos) si persisten en su vicio de canear al más débil.

Y aunque siempre me he planteado quién tenía razón en aquel inquietante diálogo de Grupo salvaje en el que un personaje se autojustificaba gritando: «Le he dado mi palabra» y otro le respondía: «No importa la palabra, sino a quién se la das», celebro algo tan insólito y milagroso como que un político cumpla lo que ofreció a sus electores una vez que ha ganado. No recuerdo que Zapatero se comprometiera a a terminar con los contratos basura, a mermar los sagrados beneficios de los banqueros y de los grandes empresarios, a provocar muecas de desagrado en los verdaderos dueños del tinglado. Sería bonito, pero pertenece al terreno de la utopía, a eso tan impensable y antiguo conocido como revolución.

El martes, entrevistado en Antena 3 por una señora esquinada aunque sosita y de expresividad muy limitada, Zapatero, además de lamentar el eco de las voces agoreras y el protagonismo de la exageración, se cebó con los globos pinchados que se deshacen como una pompa de jabón (repitió dos veces metáfora tan popular como poco literaria) y aseguró que la televisión pública dejaría de ser el órgano propagandístico del partido en el poder.

Si el cumplidor Zapatero lo dice, hasta puedo llegar a creerme que se haga realidad algo tan ilógico como ingenuo. Y, por supuesto, no sentiré añoranza de lacayos y censores tan modélicos como María Antonia Iglesias y Urdaci. Del sentido lúdico que va a imponerse en la televisión que ilusoriamente nos pertenece a todos no prometió nada, pero me llevo un hastiado susto cuando veo al inolvidable pelícano del Mississippi haciendo las monerías de antaño y recibiendo tratamiento de estrella en esta tele empeñada en redimirse.

Ha pasado el tiempo, aunque Pepe Navarro siga ofreciendo más de lo mismo. Y me aburro con este señor que tanto se gusta a sí mismo, el fatigoso representante del «cómo molo». Una tal Mari Nueva cuenta no sé qué sobre cómo hacerse pajas y asegura que no tiene tiempo «ni para hacerse un lavado polaco, o sea: huevos y sobaco». Qué nivel. Doy gracias por poder optar por los monólogos de Buenafuente. O por irme a la cama.

10 Diciembre 2005

Hay muchos desencajados

Encarna Jiménez

Los fichajes de tronío son la apuesta más arriesgada de las cadenas generalistas. Hay un reguero de eficaces profesionales que, al cambiar de medio o intentar otros caminos, no encajan con la audiencia, empiezan a sentirse incómodos, eso se transmite al público, y las audiencias y la seguridad en sí mismos se erosionan.Lo hemos visto en numerosas ocasiones y lo seguiremos viendo, sobre todo ahora que hay mayor competencia y la televisión a la carta se va imponiendo con una amplia oferta.

Le ha ocurrido a María Teresa Campos al dejar la mañana de Telecinco para ir a Antena 3, le pasó a Máximo Pradera y puede ocurrirle a cualquiera en esta temporada. En TVE tienen reciente los magros resultados de Wyoming y Julia Otero, caídos en combate, y ya andan metidos en otra con el desembarco de Pepe Navarro y su programa nocturno, Ruffus y Navarro, que no se sabe si viene del pasado o quiere instalarse en él. Esperemos que no acabe reeditando sus peores páginas y su vuelta no vaya más allá de servirle a él mismo para alojarse cómodamente a cargo de los presupuestos del Estado, que tienen la manga bien ancha en la financiación del Ente público.

En Cuatro, todavía en periodo de tanteo, hemos asistido a la espantada de Robinson que, a la primera de cambio, se ha ido de Maracaná, donde no encajaba, o no quería adoptar un papel en el que se sentía incómodo. Él se ha ido por su propio pie, pero el caso de Carolina Ferré ha sido una cuestión de empresa.Telecinco, después de un largo preparatorio, se cargó Plan C en tres sesiones. La presentadora valenciana ha resuelto bien las sustituciones, pero aún no le ha llegado la hora de que le pase como a Inés Ballester que, tras muchos años de trabajo discreto, ha visto que podía ponerse por delante de dos pesos pesados como Ana Rosa Quintana y María Teresa Campos.

Una incógnita que no sabemos cuándo se despejará es la resistencia de la pareja de Channel 4. Boris Izaguirre estaba acostumbrado a trabajar con Gestmusic, la empresa catalana que producía Crónicas marcianas cuyo plató se utiliza ahora para el magazín de Cuatro.Con Sardá, Boris se desnudaba y gritaba todo lo que quería, pero ahora todo es un juego a medias en el que él tiene que presentarse más formal y su compañera parece estar pensando en la canción de Burning: «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?», con lo bien que estaba en Madrid sin necesidad de hacer tantas tonterías. Mucho esfuerzo y gran promoción como estrellas de Cuatro para unos resultados escasitos.

Por si faltaba añadir un poco más de confusión y zozobra entre las cadenas en abierto, cuando llegue la Sexta, nutrida por productoras como Globomedia, Árbol y El Terrat, que suministran programas de gran calado a las otras televisiones, veremos como juegan sus cartas más altas y a quién se las venden. Las fiestas navideñas suponen un paréntesis que aprovecharán los directivos para replantearse estrategias y algún ángel caerá como Ícaro.

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